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Foto: Federico Bini

Por Unai Rivas Campo


“cuando el sabio mira a la luna, el necio mira al dedo”

Refrán.

La esquizofrenia es un chiste que no se entiende a sí mismo. Esto que aquí afirmo no debe ser tomado en forma literal, es una metáfora. Usamos la palabra metáfora para hablar de relaciones entre elementos que se constituyen en forma análoga en diferentes conjuntos. Dicho en un lenguaje más sencillo: usamos metáfora para decir que en lo macro y en lo micro los hechos se organizan en forma parecida. Así, cuando un muchacho controla la última hora en la que su novia se conectó a las redes sociales, podemos decir que el muchacho actúa como una metáfora de esta sociedad de control. Lo que arriba se controla por miedo al terrorismo, abajo se controla por miedo al amor. Al final es el control frente al miedo. Gente cosificando gente. Lo que cambia es el contexto, los hechos se mantienen análogos. La metáfora siempre está. 

Como todo lo que existe, la metáfora esquizofrénica funciona en diferentes contextos o conjuntos. Así, la llamada función psicótica actúa desde su núcleo hasta conjuntos más amplios.  

En el núcleo de la psicosis está la esquizofrenia. Aquí la capacidad de distinguir entre elementos y conjuntos -o texto y contexto- falla en forma estrepitosa. De esta manera, cuando se trata de esquizofrenia la palabra “cuchillo” no puede ser distinguida del contexto en el que esa palabra se está diciendo. De tal modo que un esquizofrénico al escuchar “cuchillo” podría creer que va a comer un asado o que lo van a asesinar. Así palabra y contexto se fusionan. Esta incapacidad del esquizofrénico para entender la metáfora lo lleva a existir en una metáfora permanente. Recuerdo a una joven paciente esquizofrénica que una vez me escuchó decir la palabra “ok”. En aquel momento estaba angustiada y aquella palabra mía le quedó grabada. A partir de entonces, la palabra “ok” y yo pasamos a ser la misma cosa. Luego de eso, si escuchaba a alguien decir “ok” en la TV, ella sentía que me estaba escuchando a mí y me lo hacía saber: “Te vi en la tele, ok, ok”, decía. Y cuando se enojaba conmigo, gritaba la palabra “ok” mientras apretaba el puño y daba golpes en el aire. Era su forma metafórica de pegarme. Sin embargo aquel gesto no era vivido como una metáfora, era literal. 


Esta incapacidad del esquizofrénico para entender la metáfora lo lleva a existir en una metáfora permanente


Por supuesto que esta incapacidad para lo metafórico también sucede en círculos intermedios del aparato psíquico. Existen muchas personas con rasgos psicóticos. Sujetos sin ningún diagnóstico clínico que trabajan, crían a sus hijos y pagan sus impuestos. Estos humanos pueden ser muy buenos en trabajos monótonos donde la tarea está previamente estructurada. Pueden seguir una secuencia de acciones pero tener enormes dificultades para entender la naturaleza de lo que hacen. La realidad está repleta de esto. Las personas con estos rasgos generan un enorme aburrimiento a quien conversa con ellos. Algo en su incapacidad para registrar conjuntos hace que nuestros cuerpos -entendidos como conjunto- no se sientan registrados en su presencia. La incapacidad para la metáfora dificulta cualquier conversación. Sin metáfora no es posible analizar una serie de ideas (elementos) y construir a partir de esas ideas una conclusión (conjunto). En otras palabras, las personas con rasgos psicóticos pueden funcionar en un mundo plano, moverse como peones en un tablero sin jamás entender bien de qué trataba su lugar en el juego. Por eso resulta difícil dialogar con las personas con rasgos psicóticos. Sucede que ningún conjunto de argumentos podrá sacar a esa persona de ahí. Será en vano y terminaremos agotados y enojados tratando de explicar algo que el otro no puede comprender. No importan los argumentos que se ofrezcan para fundamentar nuestra idea general, la persona con rasgos psicóticos tomará nuestras ideas en forma aislada y responderá desde lo literal o cambiando de tema con ideas que pertenecen a otros conjuntos de sentido.

La psicosis aún persiste incluso donde lo psicótico no opera ni en el núcleo ni en sus capas intermedias. De hecho, la mayor parte de los humanos hemos usado alguna vez mecanismos de orden psicótico. Sucede cuando en una discusión cualquier palabra es tomada en forma literal y alguien dice la palabra “boludo” en términos amables y es leída por el otro en forma de insulto. O como cuando te hacen un chequeo de rutina, y hasta que no te dan los resultados, escuchas la palabra cáncer y te dan escalofríos. El problema no está en las palabras, está en los mecanismos psíquicos de supervivencia que, frente al miedo o la bronca, simplifican la realidad para hacerla lo más básica posible.


Es en nuestra piel, el órgano más vulnerable, donde los cuerpos se cruzan con los cuerpos de los demás. Ahí surge la posibilidad de una identidad política, de un mundo más allá del individuo


Los mecanismos psicóticos se dan hasta en la capa más externa del círculo. Es en nuestra piel, el órgano más vulnerable, donde los cuerpos se cruzan con los cuerpos de los demás. Ahí surge la posibilidad de una identidad política, de un mundo más allá del individuo. Es la zona donde los mecanismos psicóticos dañan más nuestro sentido político. Cuando los medios nos asustan o nos enojan diciendo “se robaron un PBI”, “Venezuela dictadura”, o se arroja cualquier clase de acusación en forma de arenga, no se está buscando explicar nada más allá de la arenga. La arenga pasa así a justificarse a sí misma escapándole al miedo y apelando al control y a la bronca. Elementos y conjuntos se fusionan. La palabra y aquello que la palabra designa pasan a ser la misma cosa. Entonces el diálogo político se hace imposible. Acá se encuentran aquellas personas que, teniendo una forma sana de existencia y siendo capaces de razonar con claridad en su vida cotidiana, son unos necios políticos.

El humor falla en la psicosis. Porque sin una contradicción, sin una discontinuidad entre lo que sucede y su contexto, el chiste es imposible. Eso explica la risa perturbadora del esquizofrénico, que al no poder diferenciar texto de contexto, estalla a reír sin aparentes motivos. Del mismo modo, en otras capas más alejadas del núcleo, sucede la risa nerviosa, esa que aparece frente al miedo o la vergüenza.

Ahora bien, no todo lo psicótico es insano. En el arte la función psicótica empieza a operar en su forma más vital. La insanía queda de lado y en una película, una novela, o en una obra de teatro sentimos que personaje y actor son la misma cosa. En el arte las reglas de la cordura se pueden romper sin miramientos, y, al igual que en los sueños, la única regla está en la capacidad de transmitir. No importa entonces lo realista que sea un poema, porque un padre puede ser Dios y a su vez un Dios puede ser todos los padres del mundo. Por eso en un poema una jaula puede ser pájaro. En el arte se construyen mundos completos donde los personajes actúan como elementos que salen adelante dentro de un conjunto establecido de reglas. Aquí la función psicótica actúa como función de la imaginación y de esta forma es que se construyen universos expandidos -conjuntos de reglas alternativas- como “El Señor de los Anillos” o “Star Wars”.


En el arte las reglas de la cordura se pueden romper sin miramientos, y, al igual que en los sueños, la única regla está en la capacidad de transmitir


Y finalmente tenemos a la religión. Allí donde el pan es carne y el vino es sangre. Donde las ofrendas a la Pachamama no son una representación del amor del pueblo por la tierra, sino que son el amor del pueblo por la tierra. Donde a la tierra no se le dice “madre” sino que se la vive así. El arte y la religión no son creencias, son propiedades de la función psicótica. Formas mediante las cuales nos apropiamos del mundo a la vez que nos deshacemos en el mismo. Arte y religión son entonces experiencias lisérgicas. La expresión más vital de la función psicótica que permite a los humanos conectarse con lo sagrado. Allí, a través de ritos, podemos religarnos con conjuntos mayores a nosotros mismos. Allí, desde la libertad, podemos hacer que la jaula se vuelva pájaro y comunicar el Pathos más allá de las ataduras de la razón. 

La psicosis no es entonces una enfermedad mental, la psicosis es una función. Una función que responde como puede frente a la insanía de una realidad enajenada e impuesta. Ronald Laing llegó a demostrar cómo dicha función era una forma de sanarse de la captura de la esquizofrenia. Porque cuando miramos la esquizofrenia no estamos mirando la enfermedad, estamos frente a la consecuencia. La enfermedad no está ahí. Lo insano está en un conjunto más amplio. Es algo más allá: una Máquina dañando nuestros cuerpos, nuestra animalidad. Por eso, hay que dejar de mirar a la luna, la enfermedad está en el dedo que señala.


Imagen: Abrazar (se), Camila Mack

Entrevista a Camila Orrantía

Por Martina López


Camila Orrantía nació y vive en Buenos Aires. Estudió Psicología en la Universidad de Buenos Aires y actualmente se desempeña como co-ayudante en la materia Psicología Educacional. Realizó una variedad de seminarios y cursos de formación en Educación Sexual Integral y es diplomanda en E.S.I por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Realizó trabajos de integración en escuelas de nivel primario y participa de actividades de recreación en grupos de adolescentes con discapacidad. Tiene el objetivo de especializarse también, a futuro, en el área de Sexología.


¿Qué introducción harías a la ESI (Educación Sexual Integral)? 

Desde mi punto de vista, como bien indica su nombre, la ESI viene a aportarle a la sociedad el aspecto integral que tiene la sexualidad. En la escuela, lo más común es que cuando se trabaja la sexualidad, se ponga el foco en el aspecto biológico. También en la vida social en general, cuando la gente se refiere a lo sexual, suele remitirse y pensar en eso: el coito, lo genital, lo reproductivo. Y se olvida de todos los otros aspectos que incluye.

Entonces, la ESI viene a cumplir el derecho de todes les niñes y adolescentes a recibir una educación sexual que contemple todos los aspectos que la integran. Aspectos como el psicológico, el ético, el afectivo, el social. Además de lo biológico. Y poder aplicarla en todas las materias. Durante mucho tiempo, antes de la sanción de la Ley de Educación Sexual Integral, al estar focalizado en lo biológico, los contenidos sobre sexualidad se daban en materias como Biología o Ciencias Naturales.

En cambio, ahora, con el Programa Nacional de Educación Sexual Integral, lo que se propone es intentar abordarlo transversalmente en todas las materias; o poder, en el mejor de los casos, también, darle un espacio curricular específico para poder trabajarla desde ahí.  

Con tu formación en psicología, educación, ¿cuáles son los aspectos que más te interesan de la ESI?

Mi interés en la ESI tiene que ver con que creo que puede ayudar a comprender lo compleja que es la sexualidad humana, y que es algo que nos acompaña como seres humanos desde que nacemos. Creo que esto es algo que a la sociedad le falta ponerse a pensar, porque cuando nos olvidamos de lo compleja que es, podemos generar mucho daño. Cuando olvidamos que les niñes tienen sexualidad, cuando ignoramos el daño que se produce por la desinformación, cuando preferimos empezar a hablar de temas sexuales recién desde la pubertad, cuando ignoramos la importancia que tienen las emociones… todo eso puede generar daños. La sexualidad hace a nuestra identidad, nada más ni nada menos, y nos acompaña en todo lo que hacemos.

Me parece importante de la ESI que nos ayude a concientizar que la sexualidad está en lo que pensamos, en lo que experimentamos, en la manera de actuar, de vestir, de ser, de relacionarnos. Eso es lo que trato de transmitir, que hay que intentar no reducirla. Porque la sexualidad incluye temas de orientación sexual, de identidad de género, pero también muchos otros temas. Me parece necesario que trabajemos constantemente para tener eso presente.


La sexualidad hace a nuestra identidad, nada más ni nada menos, y nos acompaña en todo lo que hacemos. Me parece importante de la ESI que nos ayude a concientizar que la sexualidad está en lo que pensamos, en lo que experimentamos, en la manera de actuar, de vestir, de ser, de relacionarnos.


En tu trayectoria como estudiante, como docente y en tu trabajo en educación, ¿recordás alguna experiencia en la que la ESI no estaba presente, y era necesaria?

Sí. En mi experiencia tanto como estudiante en el colegio, como cuando trabajé como maestra integradora en colegios, a pesar de que estuviera vigente la Ley, a pesar de que hace años que el Programa Nacional de Educación Integral es parte de la currícula educativa, sigue habiendo un montón de fallas. Entonces vivís un montón de experiencias en las que decís: ¿dónde está la ESI? Desde mi experiencia como alumna, siento que la educación sexual que tuve estuvo acotada al área reproductiva, a los métodos anticonceptivos, a la prevención de embarazo. Realmente no recuerdo haber tenido un espacio que tuviera que ver con Educación Sexual Integral.

Después, más desde mi rol de maestra integradora, en los colegios en los que trabajé noté una perspectiva vinculada a la necesidad de cumplir con el programa por si había una inspección, o de “acá está, me imprimo un par de folletos y la ESI la trabajamos dos veces al año”. Y me parece que ese es el mayor problema. Necesitamos entender que la ESI no es un taller de educación sexual una vez al año, en determinadas fechas o jornadas que vienen de propuestas del Estado. Si comprendiéramos todo lo compleja y amplia que es la sexualidad, no pensaríamos que alcanza con trabajarla solo una vez al año: entenderíamos que podemos darla siempre, por más que no la mencionemos explícitamente.


Y sí, lamentablemente tuve experiencias con docentes que tenían ese pensamiento, que elegían dar talleres aislados, sin informarse, desde su criterio personal, no abriendo a charlas colectivas con todes les alumnes. Muy centrades todavía en “tengo que cumplir” y en transmitir contenidos vinculados a la anticoncepción, a enfermedades de transmisión sexual y ya. No se pasa a más de eso. Y ahí volvemos a caer en lo mismo, a reducirla, como si todo lo que pasa alrededor no fuera educación sexual también. Esto no se trata solo de mi experiencia personal, es una denuncia colectiva que se hace constantemente en relación a la mala implementación de la ESI.

Claro, o sea que pareciera que una parte de quienes están formando a otres en ESI, no tienen el conocimiento necesario ni se abren a escuchar lo que tienen les jóvenes para decir, ¿no? 

Exacto. Y también que se sigue acarreando una idea de “yo ya la sé, tengo tanta cantidad de años, ¿qué más puedo aprender sobre la sexualidad?”. Por eso, yo insisto en que la sexualidad nos acompaña continuamente: siempre estamos conociéndonos, conociendo a le otre, experimentándonos.

Aparecen cosas nuevas continuamente. O sea, sí, quizás no tenés nada nuevo para contar sobre métodos anticonceptivos, pero eso no es lo único que les estudiantes necesitan saber. Siempre surgen ideas nuevas, debates nuevos, que hay que incluir en la educación. Y muchas veces esas profesoras, esas maestras –y las nombro en femenino porque en mi experiencia siempre fueron maestras mujeres, pero ese es un tema para analizar en otro lado– tienen esa mirada de ya saberlo, de pararse frente al curso y ya. 

Vos hiciste una investigación sobre cómo las representaciones de les docentes sobre la sexualidad les dan determinadas características a su forma de aplicar la ESI. ¿Querés contarnos un poco qué viste en la institución que analizaste?

Yo trabajé con un jardín laico, en el cual casualmente la mayor parte de les docentes eran religioses, particularmente evangelistas. Cuando me entrevisté con el equipo de dirección, lo que surgía como límite en les docentes cuando les tocaba hablar de ESI, era la idea de que la religión o mismo la ideología no eran compatibles con algunas ideas que planteaba la ESI. Y eso lo veían como un obstáculo para conversar de ese tema en el aula. Muches preferían no hacerlo, preferían que se encargara de ello la pareja pedagógica, o había resistencia.

Por darte un ejemplo: nos comentaron que en las capacitaciones del Ministerio les sugerían que en los cuadernos de comunicados dejaran de poner como destinatarios “Señores Padres” y empezaran a hablar de “familias”.  Muches docentes se oponían a esto porque creían que no tenía sentido cambiar algo que se había hecho siempre de la misma manera. Y la realidad es que estas resistencias que surgen también son entendibles, aunque no justificables.

Por suerte, por lo que vi en el equipo directivo de ese jardín, si bien por un lado se defendían de las resistencias de las docentes con respecto a la ESI diciendo “la ley lo establece, excede nuestro criterio personal”, también trataban de generar capacitaciones, reuniones y charlas para que todo el tiempo esto se pusiera en juego. Digo, algo hay que hacer con eso, hay que capacitarse, hay que charlarlo, creo que no se trata simplemente de hacer una bajada de línea y decir “a partir de ahora se pone familias, no padres”. Porque estes adultes, al igual que les niñes y adolescentes, también están atravesades por sus representaciones de la sexualidad. Y esto hay que tenerlo en cuenta. 

Hay que abrir un espacio para poder hablar con les docentes que presentan discusiones a la ESI, para que comprendan que cuando se resisten a cambiar están ignorando el hecho de quizás le destinatarie no sea un padre, sino una sola madre, o dos madres, por poner un ejemplo.

Entonces, ¿en qué lugar queda le niñe que recibe esa nota?, se puede preguntar a sí misme ¿qué pasa con mi familia?, ¿es rara, es distinta, está mal?, ¿por qué no la incluyen? Creo que se trata de ponerse a trabajar estos temas.


Hay que abrir un espacio para poder hablar con les docentes que presentan discusiones a la ESI, para que comprendan que cuando se resisten a cambiar están ignorando el hecho de quizás le destinatarie no sea un padre, sino una sola madre, o dos madres, por poner un ejemplo.



Cuando se empezó a implementar la ESI en nivel inicial, muchas personas decían: “pero, desde tan chiquitos, educación sexual en el jardín”. Sin embargo, en el nivel inicial aparecen de forma mucho más evidente ciertos temas vinculados a la sexualidad que después se sostienen en los siguientes niveles educativos. En este jardín, por ejemplo, si alguien en la sala cumplía años, eran globos celestes o globos rosas, se dividía por género siempre. La reacción contra la ESI tiene que ver con la desinformación sobre en qué consiste la Ley, y con que se ignora todo el perjuicio que genera no pensar que hasta los detalles más chiquitos pueden provocar algún tipo de daño, o una discriminación a alguien que no cumple con lo que se tiene naturalizado o establecido. 


Camila Orrantía

La reacción contra la ESI tiene que ver con la desinformación sobre en qué consiste la Ley, y con que se ignora todo el perjuicio que genera no pensar que hasta los detalles más chiquitos pueden provocar algún tipo de daño, o una discriminación a alguien que no cumple con lo que se tiene naturalizado o establecido. 


Con respecto a este momento tan extraño de aislamiento obligatorio, ¿cómo se podría o debería estar desarrollando la aplicación de la ESI? 

Yo creo que, si el proyecto institucional es trabajar la ESI de forma transversal, y se logra dar continuidad a las clases -teniendo en cuenta que no todos los colegios están en las mismas condiciones- las instituciones deberían y podrían continuar trabajando en la ESI.

Pero bueno, la verdad es que en este contexto cualquier tipo de contenido se vuelve muy delicado, y también llegar a les alumnes. A veces es difícil saber por qué faltan tanto, si se comprometen con las tareas… Hay muchos casos en los que tienen dificultades en la casa. Es increíble cómo, con la cuarentena, se pueden hacer mucho más visibles algunos de esos temas. Hay que pensar eso: que están continuamente en las casas, con esos problemas, sin un espacio de intimidad. Y así es mucho más difícil encontrar un lugar donde preguntar o hablar de esas inquietudes, que quizás antes, en el ámbito del aula o en una situación de confianza con le profesore, se podía generar más fácilmente.


Hace poco empecé a trabajar en un colegio nuevo y se me hacen más visibles las dificultades que genera el contexto para establecer vínculos con la comunidad educativa. Al no tener un día a día con les alumnes, al verles solo un ratito por la computadora, al no tener un contexto de clase, sin un pasillo donde poder charlar y ver qué está pasando, conocerles cuesta mucho.

Hace poco, en una reunión, escuché cómo una alumna le comentaba a una profesora que ella sentía que siempre que se hablaba sobre sexualidad, especialmente sobre masturbación, se hablaba de la masculina y nunca de la femenina.

La sensación que me dió fue que la docente no sabía bien qué hacer con eso, porque le dijo que era posible lo que la estudiante le decía, pero le sugería conversarlo con la profesora de Biología, que era más “experta”. No pretendo juzgar la situación porque es algo que vi en minutos, pero creo que demuestra cómo la falta de capacitación genera miedo en les docentes ante ciertos temas que plantean les alumnes y en seguida la respuesta es: “mejor lo hablamos en Biología” o “cuando tengamos el taller de ESI lo charlamos”, piensan que necesitan prepararse para ese momento.

Teniendo en cuenta que comentabas que uno de los ámbitos de mayor reticencia a la ESI es en el vínculo con las familias, ¿te parece que en la cuarentena, cuando muchas familias se están incluyendo más en la educación de sus hijes, la ESI encuentra más dificultades todavía con respecto a las familias? 

Sí. En el aislamiento aparecen muchas quejas sobre cómo se maneja la escuela, si les dan mucha tarea. Pareciera que cuando la familia y la escuela se juntan, hay cortocircuito. Da la sensación de que siempre que se cruzan hay chispas: o porque la escuela delega mucho en la familia, y la familia se queja; o porque la familia se mete demasiado y el colegio lo padece. Pero desde mi punto de vista, es clave trabajar en esa unión. Sin pisarse, porque son dos instancias totalmente distintas, pero ambas trabajan en función de les chiques. Entonces me parece inevitable que el objetivo sea trabajar en conjunto. 

¿Y cómo ves la sexualidad en la sociedad en este contexto?

En relación con la sexualidad en la cuarentena, vi algunas estadísticas de análisis que hizo la UBA, que mencionaban que hubo una baja en el interés, en la fantasía, en el deseo sexual de la gente. Les entrevistades eran personas que convivían con sus parejas.

Cuando te lo ponés a pensar, generalizando la situación, la verdad es que es esperable. Porque estamos hace mucho tiempo encerrades, aislades, conviviendo durante mucho tiempo con la o las mismas personas. Digo, más allá del distanciamiento, que genera un impedimento obvio para el encuentro sexual con quien no se convive, entre las personas que conviven habría una baja de la libido. Y me parece que eso se traslada de muchos aspectos de la vida cotidiana que vivimos hoy: estás más desanimade con el trabajo, todo muy rutinario dentro de cuatro paredes, no frecuentás a gente, no salís a espacios que antes eran tuyos.

Por más que intentemos recrear todos los espacios en la virtualidad, vos antes si hacías un deporte, un hobbie, cualquier actividad, ibas a ese espacio y ese momento era tuyo, y recién después te reencontrabas con quien convivías. Y ahora todo eso no funciona. Todo eso se volcó a un mismo ambiente. Entonces es inevitable, en un punto, que haya una baja en el interés en todas las áreas. Y no me asombra que la sexualidad sea una de ellas. 

Para finalizar: a futuro, ¿qué te parece que sería interesante que pase con la ESI o en el cruce entre sexualidades y educación?

En relación a la ESI, yo creo que siempre el freno fueron los grupos que se oponen a ella. Grupos como “Con mis hijos no te metas”. Cuando escuchás lo que dicen, te das cuenta de que el mayor problema es la falta de información sobre a qué apunta la ESI.

Yo creo que cuando logremos concientizar con mayor alcance, vamos a poder derribar un montón de mitos y miedos que tienen, sobre todo, las familias. Y también vamos a poder trabajar con ellas en conjunto, para poder aplicarla. Porque la realidad es que la ESI no viene a robarle a la familia les hijes para inculcarles algo.

La ESI viene a cumplir un derecho y a poder darles herramientas a les niñes y adolescentes sobre su sexualidad, que va a hacer, nada más ni nada menos, que una parte importante de su identidad. Y para que puedan hacer un uso consciente y responsable de esas herramientas. Me parece que la clave para el futuro siempre va a ser poder darle correcta información a las familias, la cantidad de veces que sea necesario, no generar una lucha entre “ESI sí, ESI no”, porque es un derecho y no se tiene que modificar.

Para mí, se debe apuntar a incluir a las familias en la aplicación de la ESI a sus hijes. Por esto también pretendo seguir formándome en el área, en este tema que me apasiona, para tener siempre nuevas herramientas. Para poder seguir pensando sin cerrarme. Creo que la clave es nunca pensar que te las sabés todas porque ahí caés en la trampa, hay que formarse y seguir compartiéndolo.


La ESI viene a cumplir un derecho y a poder darles herramientas a les niñes y adolescentes sobre su sexualidad, que va a hacer, nada más ni nada menos, que una parte importante de su identidad.