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Créditos de la imagen: Jaromir Literario

Por Javier Martínez Conde


Si todavía no logramos definir a la poesía, ¿es posible delimitarla y clasificarla? ¿Qué es la poesía de Instagram? ¿Quién es McLuhan y qué es lo que predijo?

Este texto está centrado en tres grandes preguntas. Quien se las hace no es más que un poeta en ejercicio de su oficio, recorriendo la frontera del asombro y el sentido, sin mayores certezas que la experiencia personal, enmarcada en el contexto que le cabe. O parafraseando a Laura Devetach, a partir de la construcción del propio camino lector.

Pertenecemos a la generación de las redes sociales. La comunicación se ha vuelto inmediata. La sobreinformación y la dependencia se convirtieron en problemas urgentes para las nuevas sociedades hipermediatizadas y frágiles. Muy pocos hechos se conservan en la memoria colectiva porque siempre habrá una novedad que reemplace a la anterior. Desde el vamos, esta nota sella su fecha de vencimiento en el momento mismo en que es publicada y únicamente puede ser rescatada desde relecturas puntuales. Lo mismo pasa con las obras de arte.


Muy pocos hechos se conservan en la memoria colectiva porque siempre habrá una novedad que reemplace a la anterior.


De la poesía podemos decir que, aunque existen ejemplos incuestionables que sobrevivieron al paso del tiempo envejeciendo envidiablemente y desafiaron tanto forma como contenido fundando acaso lenguas enteras (pienso en La Divina Comedia), se la suele asociar tanto a la escritura breve como a la fugacidad de su impacto. Esto puede deberse a una consideración originalmente malintencionada para desacreditarla. Tanto se ha dicho de la poesía como género menor que termina por ocultarse su carácter intrínseco: en todas las artes y en todas las eras ha persistido su influencia insoslayable.

Dado que definir a la poesía con palabras de análisis es una empresa no solo imposible sino también absurda, podríamos preguntarnos cómo reconocerla. Cito a Devetach: “Hablo como poeta pensando su quehacer y desde el deseo de ajustar y compartir con sus semejantes una noción más amplia del campo de lo artístico del que necesariamente tiene que incluirse lo poético. Lo poético como forma de estar en el mundo, como forma de conocimiento. Que sería un estar abiertos, el ampliar las propias disponibilidades hacia los aspectos artísticos que la realidad nos brinda y hacia el arte en general, con menos prejuicios y encasillamientos” (del libro La construcción del camino lector).

La poesía entonces es una forma de estar en el mundo, un estado en el que se permanece, una mirada que transita aquella frontera inicial entre el sentido y el asombro. Este modo de ver está lógicamente condicionado por el mundo que habita. Un mundo hoy por hoy breve, fugaz y acelerado. Un mundo de conexiones agrupadas bajo los mismos dos o tres techos que monopolizan el mercado de la comunicación. Instagram, por ejemplo, que además es una red social que tiene casi como único atractivo la publicación de imágenes. De acá se desprende una nueva cuestión: ¿qué lugar pueden ocupar las palabras y en especial la poesía en un portal donde el foco predominante es lo visual? Para eso hay que introducir a McLuhan.


¿qué lugar pueden ocupar las palabras y en especial la poesía en un portal donde el foco predominante es lo visual?


Marshall McLuhan fue un filósofo canadiense recordado por su frase “El medio es el mensaje”, publicada en su libro Comprender los medios de comunicación: Las extensiones del ser humano (1964). Con esto quiso decir que la forma del medio elegido para emitir algo se incrusta en el mensaje que transmite, influyendo en cómo este último se percibe. Una noticia sobre un crimen comentada en la radio no es igual a la noticia sobre el mismo hecho pensada para el diario. Un poema imaginado para ser oral no funciona de la misma manera cuando se lo lee silenciosamente y viceversa, aunque los versos se conserven idénticos. Algo en esa transposición es modificado por la propia percepción de quien recibe el mensaje. Un poema emitido por Instagram está obligado no solo a conciliar con ciertos recursos de lo visual para justificarse sino también a amoldarse a la fugacidad del contexto que le toca para conseguir el tipo de validación que el medio ofrece.

¿Esto condiciona el tipo de poesía que se crea y se consume en Instagram? Evidentemente. El bombardeo de selfies y propagandas impone un modo casi único de percibir cómoda y amigablemente al poema: una extensión acotada y un discurso cotidiano y olvidable que pueda dar paso a la próxima historia, a la próxima notificación, al próximo poema breve, fugaz y acelerado. ¿Esto representa un problema para la poesía en general? No necesariamente. Primero: claro está que hay poesía después de Instagram. El arte se amolda a los formatos, pero también los excede. Hay infinidad de poemas y de autores que, por fuera de esta pequeña ventana, continúan expandiendo los límites de la creación, sin prejuicios ni encasillamientos: estando en poesía. Segundo: los poemas no son buenos o malos por el marco que los exhibe sino por la capacidad de transmitir (a través de recursos estéticos como la imagen, el ritmo o la versificación) una emoción puntual, una revelación. Y eso es posible en cualquier soporte, Instagram incluido.

La última pregunta que cabe hacerse es más bien personal y es quizás la única que importa: ¿la poesía que escribo se parece a la que me gustaría consumir o la poesía que se consume interfiere en lo que escribo? A veces la respuesta se encuentra en los poemas, como este de Laura Devetach.

No sé qué hacer 

con estos versos. 

Quizás 

ponerlos aquí 

para que cada cual 

se sirva 

por su propia mano.


Imagen: Diego Rojas

Por Leandro Surce


La continuidad del espacio no sólo nos permite habitarlo. La posible coextensión es el correlato físico de la empatía. [Descartes jamás sospechó esta gran virtud de la res extensa]. Para ponerse en el lugar o en los zapatos del otro, siempre constituirá un requisito fundamental tener “un poco de tacto”. Y no debería ser una novedad que el tacto halla su aplicación natural posándose sobre cuerpos 3D. [No se puede tocar un número natural. Como bien advirtió Borges en su cuento “El disco”, los objetos de dudosa profundidad están condenados a perderse de vista]. Así pues, entrar en contacto es una forma de enhebrar extensiones. Ahora bien, ¿qué tiene que ver todo este rodeo con los haikus? Que si admitimos que el mundo cabe en una canción (así dice Fito Páez) también deberíamos admitir que cabe en ese micropoema de origen nipón llamado haiku. 

Ahora bien, para entrar o salir de un mundo hace falta tener dónde meter el pie. Es decir, recrear un espacio profundo, habitable. Piensen, no sé, en el cubo de Necker. En una caja. En algo que se puede llenar, vaciar o atravesar. Estimo que ningún o ninguna contorsionista pondría en entredicho este repaso lógico de la intimidad del espacio. Leer un haiku es dar ese paso que ejecuta la intención de superar un umbral. Se está de pronto en otro lugar. Se está en otra estación del año (al típico estilo japonés). En otra geografía. Sin embargo, nada de eso sucede si las extensiones no se conectan: si el lector no empatiza, no entra en ese pequeño mundo que el haiku ha atrapado instantánea y sorpresivamente1

Explicación del cubo de Necker

Dada su acotada extensión (en la versión clásica: 3 versos de 17 sílabas totales), al igual que sucede en ese otro género bonsái que llamamos microrrelato, la complicidad del lector es clave para favorecer el acceso a ese nuevo o viejo mundo. Esta complicidad habilita la posibilidad de una continuidad de planos. Una buena estrategia para lograrla es investir al lector de cierta responsabilidad o protagonismo. Veamos un par de ejemplos. Se trata de ejemplos occidentales. Ya que antes lo mencionamos, analicemos un haiku de Borges tomado de su libro La cifra. Dice así. Yo digo que es un haiku maldito:

En el desierto
acontece la aurora.
Alguien lo sabe. 

¿Quién lo sabe? Al menos dos personas. En principio la desdichada persona que está perdida en el desierto observando con desesperación cómo sale el sol (su verdugo). Pero enseguida también lo sabe usted: el lector o la lectora, que ahora que leyó (que metió un pie en ese mundo terrible), sabe que alguien está sufriendo. ¿Y qué va hacer usted ahora? Borges nos maldice proponiendo una empatía negra. Este haiku escupe un dilema moral a los ojos que lo recorren. No olvidemos que para Borges estar perdido en medio del desierto es el peor de los castigos posibles: “…en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que te veden el paso” (“Los dos reyes y los dos laberintos”, El Aleph).

Pasemos ahora a un ejemplo menos dramático. Para entrar de la mejor manera a este mundo habría que tener presente que en la época que se escribió (mediados del siglo pasado) era menos inusual usar sombrero. Jack Kerouac escribe: 

Todo el día                                                                       
llevando un sombrero
que no estaba en mi cabeza.

Si usan lentes les habrá pasado eso de buscarlos por todos lados sólo para descubrir que, pendiendo del cordón, los iban hamacando de un lado al otro a la altura del pecho. Si eso les ha pasado empatizarán más fácilmente con este haiku. El sombrero no está dos veces en la cabeza: no está ni en un plano físico (no se lo lleva puesto) ni en un plano metafísico (no se ha pensado en el sombrero, por eso se lo olvidó). Seguro de chicos también les habrá pasado eso de ir a la escuela sin la mochila. No darse cuenta de que no la tenían puesta sino hasta sentarse en el banco. Sensaciones así se actualizarán para permitirles entrar en este breve mundo. 

Por último. Volvamos a las raíces. Otra forma de empatía: repasar una experiencia contemplativa que se ha tenido aunque quizá no se había reparado en ella de tal o cual forma; se sabe: existen tantas perspectivas como estrellas en la noche más oscura.

Aunque la persigan
nunca parece apurada,
la mariposa. 

No iba a ser tan irrespetuoso como para intentar hablar de haikus y despedirme sin proponer un ejemplo autóctono. En este caso el poema es de un tal Garaku (debemos tanto a Lafcadio Hearn como a la editorial argentina También el caracol que haya llegado hasta nosotros). Esta sensación puede actualizarse perfectamente recreando esta experiencia de observación. El vuelo errático de la mariposa… ¿cómo distinguir distintas marchas si su modo de progresar elude la linealidad? El espacio que este haiku condensa ha sido muy probablemente habitado por el lector con anterioridad. Sabemos que las mariposas vuelan más o menos así por eso el haiku “nos toca”, “nos llega”.  

Objetos 3D de diseño inclusivo. Haikus. Jirones de mundos posibles pero sólo al alcance de manos que se extiendan abiertas.  


Notas

  1. Según Arturo Carrera (no tengo razones para no creerle), a su regreso de Japón, Roland Barthes escribió: “El haiku reproduce el gesto indicativo del niño pequeño que muestra con el dedo cualquier cosa, diciendo tan sólo: ¡esto!, ¡mirá allá!, ¡oh!, ¡ah!”. Haikus de las cuatro estaciones, Interzona (Bs. As., 2013).

Ph: Lucía Peluffo

Por Gonzalo Sanguinetti


Leer los poemas de Gonzalo Sanguinetti nos enfrenta a la paradoja de la lectura: sucede fuera del tiempo pero en el tiempo. Ahí estás frente a los textos con tu cuerpo, tu historia y los pendientes que registraste en tu agenda (y los que te negaste a escribir). Y sin embargo todo lo que sucede no sucede aquí, sucede más allá. Imaginen ese instante preciso en que los brotes de los árboles estallan de vida sin aviso… como todos los años, como en todos los ciclos… algo nuevo e irrepetible aparece. Así es la belleza de la poesía de Sanguinetti.


I.

intimidamos misterios 

empuñando nombramientos 

ya heridos de silencio 

herida es huella que hizo boca  

hablamos para cicatrizar 

abriendo 

puntuamos el morir 

viviendo 


II.

a orillas de la voz 

relumbran 

insumisiones del silencio 

rumores de alas 

intrigas encantadas de inminencia 

pero quién ayunará nombres 

para oír lo herido 

cantar lo indecible?


III.

cuándo será 

que haremos vida 

así… 

como hacemos verso 

con extática gentileza 

declarado temblor 

y anhelada evanescencia 

acariciada ingravidez 

así… 

como nos hace un beso 

deshaciéndonos aparecer 


IV.

anidar 

sobre el reparo de la nada 

entre el diluvio de ruido 

abrigar un silencio leve 

ante la velocidad impasible 

demorar el gesto de existir 

en el cultivo de la espera 

escuchar crujir el mundo 

suelo fecundo  

del que nacerá todo derrumbe 


V.

qué hacer con esta rotura 

                  de mundo? 

morimundo de sí  

llaga que nos es 

alguien pregunta dónde  

             recibir a quienes vendrán? 

                       quienes ya están sin dónde? 

labraremos en la espera 

el lugar de una venida? 

escribiremos en las palabras 

memorias de silencios que fuimos? 

podremos cantar las alas de algún pájaro? 

tender a la rotura 

hundir allí la escucha  

herirse de locura 

lo demás es una extensa fatiga 

aún resta concebir manos 

que escriban lo imposible 

mientras tanto 

hacemos poesía


*Gonzalo Sanguinetti: Nació en la Ciudad de Buenos Aires (1989) y aún vive allí. Se graduó en Psicología (UBA) y se encuentra preparando su tesis de maestría sobre poesía y hospitalidad. En 2020 editó, junto a Milena Caserola, su primer poemario titulado Versuras. Como docente cultiva escuchas y preguntas en aulas públicas de la Facultad de Psicología de la UBA. Habita espacios y tiempos clínicos con voces que deciden conversar con sufrimientos que las habitan. Vive encantado por el asedio poético de palabras, por lo que dice el silencio y lo que anida en lo imperceptible… Misterios a los que no puede desobedecer.

**Algunos de los poemas de “En la intimidad de la lengua” fueron editados en Versuras, otros son inéditos. La curaduría es de Roma Godoy.


Todas las fotografías de esta serie son de Lucía Peluffo.

Lucía Peluffo estudió Diseño Industrial en la UBA y se formó en los talleres de Lena Szankay, Proyecto Imaginario y Agustina Triquell, entre otros.

En 2016 publica el libro “Somos uno. Somos dos”. Fue finalista en el Festival Encontros da Imagem (Portugal) y en el Premio al Fotolibro Latinoamericano del Museo Cuatro Caminos (México). Proyectó este trabajo en el Tbilisi Photo Festival (Georgia).

Con la serie “Isabel” participó en festivales como Itinéraires des Photographes Voyageurs (Francia), San José Foto (Uruguay) y Voies Off (Rencontres d’Arles, Francia), y en muestras colectivas e individuales en espacios como Alimentación General y la Fundación ICBC. En el año 2019 presentó el libro de esta serie en Ivorypress (España), coeditado junto a Gonzalo Golpe y el estudio Underbau.

El año anterior gana una mención en el premio de maquetas FELIFA-Futura con el libro “No sé si es una tormenta”, donde Federico Paladino, editor de La Balsa, conoció el trabajo y decidió publicarlo un año más tarde.

En el 2020 realizó el proyecto “Una tentativa de equilibrio” en el marco de la Residencia 1plus2, en Toulouse (Francia), que finalizó en una exposición y publicación por la editorial Filigranes. Este será expuesto en 2021 durante el festival Boutographies (Francia).

Obtuvo el 3° Premio en los Tokyo International Foto Awards en 2016 y fue finalista de los premios Francisco Ayerza (2016 y 2017), del IV Premio ArtexArte y del VI Premio AAMEC.

Actualmente trabaja de manera independiente como diseñadora editorial e industrial, en el desarrollo de exposiciones; y vive entre Argentina y Francia.

Para conocer más de su obra pueden visitar su sitio web:  https://lulupeluffo.com/


Por María Belén Corso


Leer los poemas de María Belén es una gran ocasión para abrazar la ternura y devolverle la mirada.


Sueño I

Sueño en una tarde de verano
que el abejorro llega a mis piernas
que el dolor no existe
que el aguijón es dulce
que es verdad
que le hace tan feliz mi pierna
que oxigena la sangre
y se queda conmigo.


Una canción en la radio

Suena una canción en la radio

que te produce algo en el pecho

que no podés explicar

lo único posible es sentir

que Hermenegildo Sábat

cuando te dijo El piropo

sobre el aire que no te alcanza

tenía razón.

Esa mañana de invierno

llegaste de visita vestida de florcitas

y el Maestro

te vio, sonrió y habló.

La canción suena de noche

en el patio, mientras cenás con tu familia

no comprenden por qué

dejaste de cortar la pizza y quedaste inmóvil

vos tampoco ¿Cómo explicar?

Capaz algo similar sucede sin gravedad

lo dudo

me gusta creer que flotaría

acá no floto.

La insuficiencia ¿Qué será cardíaca?

Entonces, le susurrás a la abuela

que también es Maestra

-Te falta comida, hijita.

Volvés tu media atención a la pizza

no hay caso

abandonás el patio

entrás a la habitación

y decidís escribir.

Te peleás con vos porque prometiste

no regodearte en el desencanto

no provocar espanto.

Qué hermoso sería

que Sábat no tenga razón

en esta noche de verano

donde el amor está 

sentado alrededor de una mesa

pero yo no sé

por qué 

no logro comer.


El mensaje

Hubiera preferido cualquier cosa te juro
mirá, yo que promesas no hago
y al cielo poco pido porque sé que sí cumple
a su manera, claro
tergiversa deseos 
hace creer que la luna escucha 
teléfono descompuesto,
al sol algo le dice pero él orgulloso
escupe sobre los pies mojados de alguien
como yo, chiquita cuando el mensaje no llega;
es así, nosotras sufrimos de eso
cuesta hacernos entender.


Fe

Ya no reviso el correo con mayúsculo detenimiento
busqué la silla de lona y me vine al patio 
miro cómo las mariposas bajan y cumplen
con su fidelidad libadora, yo espero ¡qué verbo!
encontrarme sin preámbulos 
con la de ojitos celestes y manchas anaranjadas;
dicen que todas son espíritu, nunca ausencia
ya lo creo, acá aman y duermen, por siempre
yo las junto, en una cajita rosa
y les beso el ala izquierda
en un acto de Fe.


**María Belén Corso (Buenos Aires, 1993). Es Lic. en Artes Visuales, docente de Lenguaje visual en la UNA y cursa Gestión Cultural en la UNLaM. En 2019, ganó la beca creación del Fondo Nacional de las Artes con el poemario “Pétalo nocturno” (Ed. Alción en 2020 y Ed. Tipas móviles en 2021). El mismo año expuso junto al colectivo @mujeresquecortanypegan por motivo del 8M en Madrid y fue seleccionada en el Premio Jóvenes Grabadores en PANAL 361. Integra las antologías ‘Textos viajeros’ (Ed. Galiarte, 2020), ‘Calíope, Antología de mujeres poetas del conurbano’ (Ed. Lítica, 2020) y ‘Clímax’ (VULVA fanzine, 2020), entre otras.


Ph: Solange Salmon

Por Alejandra Pérez Tujague


Los poemas de Alejandra Pérez Tujague tejen tramas invisibles que conducen imagen tras imagen a la primera luz de la mañana. En sus versos conjura la oscuridad nombrándola y encanta a la bestia cansada con la calidez de su voz. A continuación una selección de sus poemas.


La ahogada

Una vez tuve miedo

todo lo demás

fue aprender a ocultarlo

amaestrada en la quietud

en la invisibilidad

dejo caer mi cuerpo al río

como una recién asesinada

el barro me bautiza

y salpica a los vivos

y a los muertos

de este entierro.


Residuos

Oigo el camión de la basura

dejo las bolsas atadas

como lo hacías vos

hay noches que lo olvido

y los perros desparraman los restos

de mi boca sale olor

la ato con fuerza

para no nombrarte

pero a veces lo olvido

y los perros te alcanzan.


Aprendizaje

Mi abuela analfabeta

me enseñó a leer

puso sobre la mesa

su boca de loba

en acecho

para que escribiera con hambre

no la ternura

el devenir

la propia versión

de los hechos.

no el conocimiento


Proceso

Cuando todo esté bien
voy a limpiar la casa
abrir las ventanas
y pasear al perro

ahora
solo quiero quedarme 
desnuda sobre las sábanas

los insectos
agujerean mis poros
con fina dedicación 

veo desde acá
el polvo sobre las cosas

cuando todo esté bien
la casa se va a sacudir.


Gravedad

Por estas calles

donde la gente pasa

a hacer su vida

paso yo también

a hacer la mía

elevo el corazón

y lo arrojo al aire

como una piedra 

que nunca

cae.


** Alejandra Pérez Tujague: Nació en Buenos Aires (1973). Es psicóloga social y estudiante de Trabajo Social (UNAJ). Y madre de Salomé, Joaquín y Victoria. En 2020, la editora Griselda García publicó su primer poemario, El fuego en el que creo. 

[Los poemas de esta selección, surgen de: Poemas del libro El fuego en el que creo (2020), Griselda García Editora. Buenos Aires]

*** Solange Salmon: Nació en Buenos Aires en 1974. Es politóloga, actualmente cursa la carrera de Pedagogía y Educación Social (ISTLyR), y en paralelo estudia temas vinculados a infancias y juventudes. Comenzó a explorar la fotografía hace 5 años, asistiendo a diversos talleres con referentes en el área, como Alberto Goldenstein, Valeria Bellusci y Marcos Adandía.


Imagen: Melina Gómez

MAPPA es un ciclo mensual de poesía que se realiza el tercer viernes de cada mes desde hace cuatro años en el barrio de Palermo.

La polisemia inscrita en su nombre revela en profundidad la esencia y misión de este ciclo: por una parte, la sigla MAPPA significa “Micrófono Abierto de Poesía Performática y Autónoma” y hace referencia a su dinámica constitutiva, el evento se compone principalmente de la apertura del micrófono para todos los invitados que quieran compartir textos poéticos propios o ajenos en un lapso no mayor a tres minutos por persona con la finalidad de constituir un evento plural y diverso; por otra parte, la misma idea de un “mapa” poético manifiesta el objetivo de generar un encuentro que permita difundir el trabajo de los artistas, de otros ciclos o eventos culturales y de generar redes entre las personas.

MAPPA nació a principios de 2017 y desde mediados de ese mismo año se realiza mensualmente en Código Montesco, un teatro-bar ubicado en Gorriti 3956 gestionado amable y responsablemente por Elián St’Esteben. Según Javier Martínez Conde, escritor y gestor cultural organizador del ciclo, Código Montesco es más que la locación donde se realiza el evento, “es una casa, Montesco es parte inseparable de MAPPA”. Probablemente este sea uno de los motivos que hacen del evento un espacio tan cálido, ameno e informal, constituyendo a MAPPA como un acontecimiento amistoso de solidaridad social y cultural.


Los miembros fundadores del ciclo poético han sido Elías Fernández Casella, Florencia Kania, Federico Jerez y Javier Martínez Conde, quien se encuentra actualmente a cargo del mismo. Entre sus distintas formaciones también estuvieron Sofía Arriola e Ire Paz. En palabras de su organizador, detrás del mismo “hay toda una comunidad, MAPPA no es sólo los organizadores, el evento se sostiene porque logró generar una familia que trasciende al hecho de juntarnos a escuchar poesía”.


¿Cómo acontece una noche en MAPPA? Cada tercer viernes del mes cerca de las 21 hs. comienza la velada poética de la mano de su organizador (quien suele ser también el presentador, aunque muchas veces hay presentadores huéspedes) y quien sea el poeta invitado. Con la apertura del micrófono abierto, los participantes se anotan para leer sus poemas y tienen un tiempo aproximado de tres minutos cada uno, garantizando que todo aquel que se inscriba pueda participar. Esta modalidad hace del evento uno de los pocos ciclos poéticos de la ciudad abiertos al público general sin competencia, puntaje o debate como sí tienen los talleres o los slams. La literatura respira en mitad de la noche de la mano de los músicos invitados y al finalizar el ciclo el bar sigue abierto y la música sonando. En un tiempo difuso que se extiende junto a la comunión de los asistentes, las noches terminan en Código Montesco aún más tardes que el ciclo o a través de este. Será por eso que para su organizador “MAPPA lo hace la gente que viene”.

Cuándo y dónde: Tercer viernes de cada mes en Código Montesco, Gorriti 3956.

Facebook: MAPPA

Instagram: @ciclomappa


Ph: Carolina Celeste González

“El hombre que construye a Robot

necesita primero ser un Robot él mismo,

vale decir podarse y desvestirse

de todo su misterio primordial”.


Leopoldo Marechal, Poema del robot


1. En estos días hubo una polémica noticia en torno a un concurso de poesía que fue ganado por un supuesto Bot. El escritor venezolano Rafael Cabaliere ganó el III Premio Espasa de Poesía y como no era alguien conocido en el mundillo editorial y en el mundillo de la poesía en red comenzaron a surgir fuertes rumores en base a su identidad. Entre todos los rumores que surgieron, el más difundido consideraba que el autor del libro “Alzando Vuelo” era un robot informático, un bot programado para escribir poesía a partir de un algoritmo. La historia termina con la editorial aclarando públicamente que Rafael Cabaliere existe, que es un informático y publicista venezolano y que se había puesto en contacto con la editorial para cobrar el premio de 20.000 euros. Hay dos cosas profundamente decepcionantes de la noticia: la primera es que sólo hayan pensado que era un bot a partir de que casi no tenía fotos en sus redes sociales al contrario que los otros poetas; la segunda, la poética de autoayuda con la que ganó el concurso. Está bien, no es la primera vez que la realidad es menos interesante que la ficción. A partir de esa noticia se me ocurrió repasar algunos tópicos vinculados a la poesía y los algoritmos de escritura sobre los que vengo rumiando hace un tiempo. 

2. En 1950, Alan Turing pensó un test para responder la pregunta “¿Pueden pensar las máquinas?”, él creía que si una máquina podía mantener una conversación basada en un material escrito por un humano, con un dominio tal que el humano no pudiera discernir si estaba hablando con una máquina o un humano, se podría decir entonces que la máquina tiene inteligencia. En el 2013, Benjamin Laird y Oscar Schwartz diseñaron el test de Turing de poesía Bot or not donde quien participa debe leer poemas y discernir si fueron escritos por robots o por personas. Si tipean “Bot or not” en un buscador de internet lo van a encontrar rápidamente y ahí pueden probar el test, si pueden leer en inglés los invito a que lo hagan. 


La poesía robótica como un sistema axiomático, relega la semántica a un segundo plano. 


3. Raymond Kurzweil es el Director de ingeniería de Google y unos de los fundadores de la Singularity University en Silicon Valley. Antes de eso, a mediados de los noventa, diseñó el RKCP –un software– que todavía corre para Windows 95 y 98 capaz de trabajar con un texto fuente que se le proporcione. El programa analiza y detecta cómo se usa el lenguaje en ese texto, para luego volver a generar uno nuevo que emule el estilo del anterior. Veamos:

Un ciervo herido salta más alto.

he escuchado el narciso

he escuchado la bandera hoy

he escuchado al cazador decir:

No es sino el éxtasis de la muerte.

Y luego el freno está casi hecho.

Y el amanecer crece tan cerca

Que podemos tocar la desesperación

y la esperanza frenética de todas las épocas.

Esto último es la traducción de un poema que fue creado a base de cientos de poemas escritos por la poeta Emily Dickinson. RKCP analizó la forma en que ella usaba el lenguaje, aprendió el modelo y luego volvió a generar un modelo siguiendo la misma estructura. Pero lo importante a saber del algoritmo es que no conoce el significado de las palabras que usa. El lenguaje es la materia prima con la que trabaja, podría ser algo en alta o baja poesía, podrían ser discusiones de Twitter o posteos en Facebook. La poesía robótica como un sistema axiomático, relega la semántica a un segundo plano. 


un algoritmo puede escribir poemas con el estilo de un autor de un modo similar que un fanático de dicho autor puede escribirlos ¿pero puede escribir de un modo tal que marque un antes y un después?


4. Frente a la posibilidad de vernos totalmente superados por los robots en el campo de la literatura cabe preguntarse por una de las figuras centrales de la filosofía del arte kantiana: el Genio. En su imprescindible análisis sobre el juicio estético y el juicio teleológico desarrollado en Crítica del Juicio, Immanuel Kant define al Genio como el talento innato del artista productor que le da la regla al arte, más específicamente al arte considerado como bello. El artista genio se define por ser original respecto a sus antecesores, por ser un ejemplo para los artistas posteriores y para colmo muchas veces ni siquiera tiene una explicación coherente sobre cómo realizó sus obras. Ahora bien, las potencias intelectuales que confluyen en el genio son la imaginación y el entendimiento pero con fines distintos al conocimiento; es a partir del juego de estas facultades que se da una proporción –que ninguna ciencia puede aprender y que ninguna escuela de bellas artes puede enseñar, como nos dice Kant– encontrada por el genio mediante la expresión de aquello inefable en el estado del alma en la representación propia de los distintos formatos artísticos. 

A partir de esto nos queda la pregunta: un algoritmo puede escribir poemas con el estilo de un autor de un modo similar que un fanático de dicho autor puede escribirlos ¿pero puede escribir de un modo tal que marque un antes y un después? Supongo que no, pero no estoy tan seguro. Con que uno pueda hacerlo es suficiente, después de todo, son muy pocos los artistas que alcanzan el difuso estatuto de Genio.

5. ¿O acaso la obra del Genio es un código de programación que aún no sabemos leer?

6. En el año 2014, el artista de pop psicodélico japonés, Shintaro Sakamoto, compuso la canción “You can be a Robot, too” para su disco Let’s Dance Raw donde la letra, que significativamente es cantada por el coro de niños de Kamome, nos habla de la posibilidad de convertirnos en robots a partir de un chip que nos colocamos entre las cejas, mediante esa transformación práctica y para nada costosa, nos liberamos de la ansiedad y de la angustia. El tema y la letra son alegres, lo cual encierra un magnífico gesto irónico que bien podría dialogar con el concepto de positividad de Byung-Chul Han o con el tratamiento que Mark Fisher hizo sobre la depresión, pero no me quiero ir tanto por las ramas. Un detalle no menor es la aceptación creciente del avance tecnológico por parte de la sociedad: “20% de Japón está de acuerdo” dice el primer estribillo de la canción, “50% de Japón está de acuerdo” el segundo. Asistimos a una mutación sensitiva a partir de los avances tecnológicos en el campo de la informática, la teoría de sistemas y la comunicación que podría llevar a preguntarnos si la escritura ya no está siendo modificada a partir del momento en que nuestra experiencia pasa a estar mediada por algoritmos. 


¿O acaso la obra del Genio es un código de programación que aún no sabemos leer?


7. En una entrevista del año 2005 recopilada en el libro Para una autopsia de la vida cotidiana, uno de los escritores ingleses de ciencia ficción más prestigiosos,  J. G. Ballard, dijo: “Muchas de las cosas que he escrito hace 20 o 30 años están empezando a hacerse realidad”. Ballard es un escritor que ha volcado su atención a la modernidad técnica y rechazó el sentimentalismo sobre el regreso a la autenticidad humana. Curiosamente, una de sus novelas cortas Estudio 5, las estrellas, publicado en 1961, nos contaba la historia de Paul Ransom, editor de una revista de poesía de vanguardia, Ola IX, que publicaba los textos de poetas residentes de la ciudad ficticia en la que se ubican la mayoría de sus historias del futuro, Vermilion Sands. En este escenario filo-distópico, la poesía es generada automáticamente por unos aparatos, denominados VT –Verse Transcriber– capaces de escribir poesía perfecta al ser programados con los parámetros adecuados como ritmo, rima o tema. La historia se centra en la aparición de una musa –Aurora Day– que convoca a una nueva manera de escribir, sin la ayuda de los VT. Ahora bien, cabe preguntarse: ¿Nos encontramos hoy frente a ese problema o ni siquiera podemos decir que haya un punto de retorno posible?


Asistimos a una mutación sensitiva a partir de los avances tecnológicos en el campo de la informática, la teoría de sistemas y la comunicación que podría llevar a preguntarnos si la escritura ya no está siendo modificada a partir del momento en que nuestra experiencia pasa a estar mediada por algoritmos. 


8. “Premisas de la edad de las máquinas. La prensa, la máquina, el ferrocarril, el telégrafo son premisas cuya conclusión literaria nadie se ha atrevido a extraer todavía” Friedrich Nietzsche, El caminante y su sombra, § 278.

9. Nietzsche señaló que los útiles de escritura participan en la formación del estilo de la misma, a raíz de la incorporación de la máquina de escribir a su actividad intelectual tanto él como críticos y amigos se percataron de las modificaciones en su prosa. Así de maleables y plásticos son nuestros pensamientos. Como señala Friedrich A. Kittler: “bajo el influjo de la máquina la prosa de Nietzsche cambió de argumentos a aforismos, de pensamientos a juegos de palabras, del estilo retórico al telegráfico”. A riesgo de terminar realizando una reducción del problema, el punto no es probar lo que ya hace tiempo fue probado, que los robots pueden escribir poesía (incluso más decente que la de muchos ganadores de premios internacionales) sino dar pie al pensamiento sobre aquello que la literatura y la técnica pueden hacer hablar una sobre la otra.  


Entrevista a Tomás Rosner

Por Matías Segreti *


Tomás Rosner nació en Buenos Aires en 1986. Es abogado y docente de “Derecho y literatura” en la Facultad de Derecho (U.B.A) e integra el Seminario Permanente de Derecho y literatura (Instituto Gioja U.B.A). Es el creador de la cuenta de Instagram @los_fatales y organiza el ciclo de tradición oral “Los Fatales”, que este año fue seleccionado por el Centro Cultural Recoleta en la categoría “lecturas performáticas”. También co-produce Poesía en tu Sofá Argentina, espacio de encuentro virtual de poetas de diferentes lugares del país, cada uno desde su casa. Además, da talleres de poesía presenciales y virtuales. En 2018 publicó Ginseng (Modesto Rimba) que fue reeditado en 2019 y se consigue en papel o e-book
vía Abre Cultura


¿Cómo surge Los Fatales?

Durante diez años, la política fue mi vida. Eso empezó en la facultad de derecho con NBI en los primeros años y después cuando faltaba poco para recibirme, con algunxs compañerxs fundamos La Centeno. Además, trabajando en el Poder Judicial, me metí a militar fuerte en el sindicato. Eso sin contar que siempre intenté hacer algún aporte para que creciera el peronismo en Ciudad de Buenos Aires. Las elecciones de 2015 fueron una experiencia bastante chota: vi muchas miserias, dejé el cuerpo y fue el punto final de un proceso que, después de tantos años, venía desgastado.

Sin embargo, todo ese tiempo, la literatura hacía apariciones. Para mí y para muchxs de mis compañerxs de militancia, la literatura era algo que importaba. Nos pasábamos citas de libros, hablábamos de poesía. De hecho, estoy convencido de que para entender  la política es clave un abordaje literario. Fijate que los mejores libros sobre el peronismo vienen de la ficción, Los Reventados de Asís antes; el tuyo y el de Juan Von Zeschau ahora…  pero me estoy yendo por las ramas…


Para mí y para muchxs de mis compañerxs de militancia, la literatura era algo que importaba. Nos pasábamos citas de libros, hablábamos de poesía. De hecho, estoy convencido de que para entender la política es clave un abordaje literario.


Cuando perdimos el ballotage de 2015, sentí que atravesaba una muerte simbólica y busqué conectar con lo que me hacía feliz antes de la militancia. Ahí,  para salvar las papas, apareció la poesía. Mis amigues siempre me decían que tenía que compilar las citas que les mandaba por whatsapp; y con esa idea surgió Los fatales. Las citas de libros no como constancia de conocimiento sino como encuentro amoroso: la idea de tener una cita con alguien! Después, la cuenta engordó un montón y las citas son solo un aspecto de todo lo que se difunde, pero la historia empezó así.


Las citas de libros no como constancia de conocimiento sino como encuentro amoroso: la idea de tener una cita con alguien!


¿Por qué la poesía? ¿Cuál es tu relación con ella?

Fue medio de casualidad. Hasta esa época, la poesía me interesaba (había leído a Fabián Casas, ponele), pero nunca había profundizado.

Mientras la interna del peronismo me tenía para el cachetazo, invité a salir a una chica que me encantaba (ahora somos novios). La excusa era intercambiar libros. Yo me olvidé, pero ella cayó con unos de poesía under que me gustaron mucho. Gracias a ella también conocí la movida de los slams de poesía oral. Ese circuito me estimuló mucho. Fue un flash ver cómo crecía un texto con una buena interpretación: se me abrió un universo. 

A partir de ese momento, empecé a trabajar con dos momentos a los que le doy la misma importancia. Escribir el poema y corregirlo con si fuese un bonsai (ese ejercicio espiritual del que hablaba Abelardo Castillo). Después, trabajar en la interpretación. 

Podés tener el mejor poema del mundo que si no lo sabés leer, cuando lo quieras compartir, no va a pasar nada. Leónidas Lamborghini decía que la poesía es la vacilación entre sonido y sentido. Bueno, para que aparezca la dimensión sonora en su totalidad es necesario leer en voz alta. Si además de leerlo en voz alta, se lo leés a más gente la experiencia crece todavía más.


... empecé a trabajar con dos momentos a los que le doy la misma importancia. Escribir el poema y corregirlo con si fuese un bonsai (ese ejercicio espiritual del que hablaba Abelardo Castillo). Después, trabajar en la interpretación. 


Para mí la oralidad es muy importante y no se limita a la poesía. Por eso, desde el año pasado empecé a armar eventos de “tradición oral” en los que reúno diferentes artistas: cuenteros, hiphoperos, performers, payadores, incluso profesores. O sea, diferentes trabajos que tienen algo en común: el compromiso con la palabra. En tiempos de crisis de la experiencia, reunirnos en torno a la escucha de una historia nos permite habitar y respirar lo real. Ahora por la pandemia, tuvimos que mudarnos al formato streaming. Armamos Poesía en Tu Sofá Argentina, pero la premisa es la misma: dejar el cuerpo para hacer vital lo digital.

Paz del Percio, Tomás Rosner y Maxo Garrone. (Ph: Mili Morsella)

¿Es necesaria la poesía?

Durante un tiempo, me identifiqué con la idea de que el arte no era útil, pero sí necesario. Sin embargo, últimamente, venía cambiando de opinión. No digo que sea útil en el aspecto más especulativo que el término, por cierto, tiene, sino en el sentido de que puede servir para vivir mejor. En cuarentena, leí el libro de Rebecca Solnit Una guía sobre el arte de perderse y me terminé de convencer.

A pesar de que soy adicto a la lectura y creo que no hay que pedir nada a cambio de leer, valoro especialmente los libros que me ayudan a ver la realidad de otra manera. Como dice Carlos Skliar: “leer lo cercano para pensarlo de otro modo, leer lo ajeno para percibir lo próximo”. No me interesa la lectura en tanto camino de libros hacia otros libros, pero sí como herramienta para entender que el mundo puede ser visto de otro modo. 

Leer y escribir poesía nos proporciona una mirada que no está mediada por el sentido común. Eso es clave para relacionarnos con algunas cuestiones que si bien son inherentes a la vida, no tienen ningún lugar en nuestra educación. La incertidumbre, la confusión, lo desconocido. En otras palabras, todo lo que nos va a pasar como seres humanos.

Es muy loco cómo desde que empezó la pandemia, hay mucha gente que busca refugio en la poesía o la filosofía. Me parece lógico porque proporcionan otras maneras de entender el mundo. Como decía Mirta Rosenberg “en tiempos de catástrofe, la poesía crece”.

¿Dónde se encuentra, dónde está la poesía para vos?

La poesía está en todos lados, pero no todo es poesía.

Ah re que se extendía un montón en una pregunta y en la otra hacía un haiku…



¿Qué pensás de la inspiración?

Mmmm…

A veces, aparece una electricidad: te ponés a escribir y queda algo que, como diría Gerardo Montoya, es de relativa dignidad. Eso es lo más parecido a la inspiración que conocí, pero nunca estuve en trance ni nada por el estilo.

Me parece que hay que confiar en las intuiciones. Si viste brillo en una situación o en una frase, lo mejor es ponerse a jugar con eso sin la presión de que tenga que transformarse en qué sé yo, Tierra Baldía, por citar el ejemplo del Gran Poema.

Me funciona conectar con el texto desde lo lúdico ¡para presionarnos y tener que cumplir con los mandatos está el resto de este planeta en ruinas!

¿Cómo escribís? 

Casi siempre estoy escribiendo. No algo literario, digamos, pero sí estoy escribiendo. Tomando nota de una idea que se aparece, armando un posteo, mandando un mail. Escribo aunque no necesariamente sea algo, digamos, literario.  

Escribo de dorapa, sentado, acostado. En una libreta, en un google docs, en un cuaderno. En lo que tenga a mano en ese momento. De hecho, cuando estoy leyendo un libro y me dan ganas de escribir, lo hago ahí mismo. Qué pelotudez esa de que marcar un libro es faltarle el respeto. Están en pedo. Todo lo contrario. Nos quieren convencer de que la experiencia de la literatura pasa por apoyar un libro al lado de un lemon pie en Le Blé.


Nos quieren convencer de que la experiencia de la literatura pasa por apoyar un libro al lado de un lemon pie en Le Blé.


¿Cómo tratás en tus poemas lo político, lo social?

No les doy un tratamiento especial. Simplemente aparece. Si bien me alejé de la militancia territorial o sindical, sigo militando y valoro a la política como herramienta de transformación. En un poema, lo mejor que podés hacer por ese mundo es evitar ser consignista, ¿viste? Para eso, están los comunicados. Si caés en lo panfletario, el poema pierde power.

Hace poco vi un meme, el de los perritos, que decía algo así como: poeta del Siglo XVI, conoce las tramas de la construcción del lenguaje, va a la guerra, escribe 15 sonetos por noche, muere. Y después estaba el poeta del Siglo XXI, juega con el lenguaje y se saca selfies. ¿Cómo ves la escena poética actual?

Ese meme es espectacular.

Me parece que hablar de una moda de la poesía es demasiado, pero sí es cierto que está en expansión y eso me encanta. Lxs pibitxs podrían estar haciendo cualquier banana y sin embargo, están escribiendo, leyendo, recitando. Eso no puede ser malo y ponerse en policía de la poesía me parece un lugar inhabitable.

Después, claro, uno puede analizar ciertas cuestiones del fenómeno. Hay algo de la ansiedad de época que favorece a la poesía en tanto texto breve, ¿no? El rol de Instagram también es central porque si bien favorece la difusión de poesía, por momentos, la condiciona bastante. No voy a demonizar a las redes ni mucho menos (sería muy hipócrita, Los Fatales es, sobre todo, Instagram), pero me parece fundamental para nuestra generación no centrar nuestra búsqueda en la cosecha de likes. Fabián Casas dice que uno likea por empatía, el like es igual a uno mismo y justamente, la mejor poesía es la que pone en crisis nuestro sistema de creencias: la que nos contradice.


La gracia de la literatura es que se regodea en la ambigüedad, que es críptica, no explica el chiste como otros trabajos con la palabra como, por ejemplo, el periodismo. Creo que eso hay que tenerlo claro. También me parece fundamental conocer la tradición poética que nos precede. Escribimos con los pedazos de otros y salvo que seas un marciano, la única manera de mejorar la escritura es leer. 

Pero volviendo a la pregunta, me pone contento ser contemporáneo de un montón de artistas geniales que exploran la palabra, la oralidad y que también hacen puentes entre las disciplinas vecinas como el teatro y el arte plástico. Ni hablar toda la movida de arte digital, es una locura. El otro día descubrí al art gaming, son videojuegos con impronta poética, me partieron la cabeza.


Escribimos con los pedazos de otros y salvo que seas un marciano, la única manera de mejorar la escritura es leer. 


*Matías Segreti es escritor y docente. Publicó las novelas “El día que conseguí trabajo” (2020) y “Aunque a nadie ya le importe” (2018). En 2019, el libro de relatos “Los brutos”. Es editor de Revista URBE.

Ph: Mora Urzagasti

Por Violeta Sabater


1.

Bailar sin parar hasta que el cuerpo se venza

cuando nada se sabe de las heridas

o de la palabra pasado

Se busca entre pisos

de madera o de mármol

o de baldosas

el cuerpo que pulsa

El momento exacto donde el pájaro

justo al darnos la vuelta,

convierte en libertad el vuelo

de su silueta

2.

Entre mutaciones,

apartarse de eso a lo que le dicen linaje

o hacerle honores

borrando las palabras que solía escribir

buscando los surcos 

mudando verdades

o reafirmándolas

3.

No sé si afirmamos lo que dijimos 

No sé si negamos lo que dijimos

Pero hubo un momento

en que nuestro decir acordado se expandió,

duró,

hasta volverse eco.


Ph: Maximiliano Ubalde

Por Julián Ferreira


Lo que te digo, 

en este momento, en este lugar,

en este cuartito repleto de fantasmas

es que voy a escribir lo que quiera.

Suficiente tengo con mi vida. 

Estoy tan solo en esta habitación, 

tan asustado, 

tan borracho

y a pesar de todo tan tranquilo. 

Allá afuera, lo sé,  

alguien va a encontrar un mundo,

entre tanto sinsentido.

Una persona 

en estas palabras.

Lo sé. Tiene que ser así.  

Estoy seguro y agradecido por eso. 


*Este poema forma parte de la antología Poesía desde el encierro, de Editorial Niña Pez.