Etiqueta

Noviembre 2020

Browsing

Entrevista a Tomás Rosner

Por Matías Segreti *


Tomás Rosner nació en Buenos Aires en 1986. Es abogado y docente de “Derecho y literatura” en la Facultad de Derecho (U.B.A) e integra el Seminario Permanente de Derecho y literatura (Instituto Gioja U.B.A). Es el creador de la cuenta de Instagram @los_fatales y organiza el ciclo de tradición oral “Los Fatales”, que este año fue seleccionado por el Centro Cultural Recoleta en la categoría “lecturas performáticas”. También co-produce Poesía en tu Sofá Argentina, espacio de encuentro virtual de poetas de diferentes lugares del país, cada uno desde su casa. Además, da talleres de poesía presenciales y virtuales. En 2018 publicó Ginseng (Modesto Rimba) que fue reeditado en 2019 y se consigue en papel o e-book
vía Abre Cultura


¿Cómo surge Los Fatales?

Durante diez años, la política fue mi vida. Eso empezó en la facultad de derecho con NBI en los primeros años y después cuando faltaba poco para recibirme, con algunxs compañerxs fundamos La Centeno. Además, trabajando en el Poder Judicial, me metí a militar fuerte en el sindicato. Eso sin contar que siempre intenté hacer algún aporte para que creciera el peronismo en Ciudad de Buenos Aires. Las elecciones de 2015 fueron una experiencia bastante chota: vi muchas miserias, dejé el cuerpo y fue el punto final de un proceso que, después de tantos años, venía desgastado.

Sin embargo, todo ese tiempo, la literatura hacía apariciones. Para mí y para muchxs de mis compañerxs de militancia, la literatura era algo que importaba. Nos pasábamos citas de libros, hablábamos de poesía. De hecho, estoy convencido de que para entender  la política es clave un abordaje literario. Fijate que los mejores libros sobre el peronismo vienen de la ficción, Los Reventados de Asís antes; el tuyo y el de Juan Von Zeschau ahora…  pero me estoy yendo por las ramas…


Para mí y para muchxs de mis compañerxs de militancia, la literatura era algo que importaba. Nos pasábamos citas de libros, hablábamos de poesía. De hecho, estoy convencido de que para entender la política es clave un abordaje literario.


Cuando perdimos el ballotage de 2015, sentí que atravesaba una muerte simbólica y busqué conectar con lo que me hacía feliz antes de la militancia. Ahí,  para salvar las papas, apareció la poesía. Mis amigues siempre me decían que tenía que compilar las citas que les mandaba por whatsapp; y con esa idea surgió Los fatales. Las citas de libros no como constancia de conocimiento sino como encuentro amoroso: la idea de tener una cita con alguien! Después, la cuenta engordó un montón y las citas son solo un aspecto de todo lo que se difunde, pero la historia empezó así.


Las citas de libros no como constancia de conocimiento sino como encuentro amoroso: la idea de tener una cita con alguien!


¿Por qué la poesía? ¿Cuál es tu relación con ella?

Fue medio de casualidad. Hasta esa época, la poesía me interesaba (había leído a Fabián Casas, ponele), pero nunca había profundizado.

Mientras la interna del peronismo me tenía para el cachetazo, invité a salir a una chica que me encantaba (ahora somos novios). La excusa era intercambiar libros. Yo me olvidé, pero ella cayó con unos de poesía under que me gustaron mucho. Gracias a ella también conocí la movida de los slams de poesía oral. Ese circuito me estimuló mucho. Fue un flash ver cómo crecía un texto con una buena interpretación: se me abrió un universo. 

A partir de ese momento, empecé a trabajar con dos momentos a los que le doy la misma importancia. Escribir el poema y corregirlo con si fuese un bonsai (ese ejercicio espiritual del que hablaba Abelardo Castillo). Después, trabajar en la interpretación. 

Podés tener el mejor poema del mundo que si no lo sabés leer, cuando lo quieras compartir, no va a pasar nada. Leónidas Lamborghini decía que la poesía es la vacilación entre sonido y sentido. Bueno, para que aparezca la dimensión sonora en su totalidad es necesario leer en voz alta. Si además de leerlo en voz alta, se lo leés a más gente la experiencia crece todavía más.


... empecé a trabajar con dos momentos a los que le doy la misma importancia. Escribir el poema y corregirlo con si fuese un bonsai (ese ejercicio espiritual del que hablaba Abelardo Castillo). Después, trabajar en la interpretación. 


Para mí la oralidad es muy importante y no se limita a la poesía. Por eso, desde el año pasado empecé a armar eventos de “tradición oral” en los que reúno diferentes artistas: cuenteros, hiphoperos, performers, payadores, incluso profesores. O sea, diferentes trabajos que tienen algo en común: el compromiso con la palabra. En tiempos de crisis de la experiencia, reunirnos en torno a la escucha de una historia nos permite habitar y respirar lo real. Ahora por la pandemia, tuvimos que mudarnos al formato streaming. Armamos Poesía en Tu Sofá Argentina, pero la premisa es la misma: dejar el cuerpo para hacer vital lo digital.

Paz del Percio, Tomás Rosner y Maxo Garrone. (Ph: Mili Morsella)

¿Es necesaria la poesía?

Durante un tiempo, me identifiqué con la idea de que el arte no era útil, pero sí necesario. Sin embargo, últimamente, venía cambiando de opinión. No digo que sea útil en el aspecto más especulativo que el término, por cierto, tiene, sino en el sentido de que puede servir para vivir mejor. En cuarentena, leí el libro de Rebecca Solnit Una guía sobre el arte de perderse y me terminé de convencer.

A pesar de que soy adicto a la lectura y creo que no hay que pedir nada a cambio de leer, valoro especialmente los libros que me ayudan a ver la realidad de otra manera. Como dice Carlos Skliar: “leer lo cercano para pensarlo de otro modo, leer lo ajeno para percibir lo próximo”. No me interesa la lectura en tanto camino de libros hacia otros libros, pero sí como herramienta para entender que el mundo puede ser visto de otro modo. 

Leer y escribir poesía nos proporciona una mirada que no está mediada por el sentido común. Eso es clave para relacionarnos con algunas cuestiones que si bien son inherentes a la vida, no tienen ningún lugar en nuestra educación. La incertidumbre, la confusión, lo desconocido. En otras palabras, todo lo que nos va a pasar como seres humanos.

Es muy loco cómo desde que empezó la pandemia, hay mucha gente que busca refugio en la poesía o la filosofía. Me parece lógico porque proporcionan otras maneras de entender el mundo. Como decía Mirta Rosenberg “en tiempos de catástrofe, la poesía crece”.

¿Dónde se encuentra, dónde está la poesía para vos?

La poesía está en todos lados, pero no todo es poesía.

Ah re que se extendía un montón en una pregunta y en la otra hacía un haiku…



¿Qué pensás de la inspiración?

Mmmm…

A veces, aparece una electricidad: te ponés a escribir y queda algo que, como diría Gerardo Montoya, es de relativa dignidad. Eso es lo más parecido a la inspiración que conocí, pero nunca estuve en trance ni nada por el estilo.

Me parece que hay que confiar en las intuiciones. Si viste brillo en una situación o en una frase, lo mejor es ponerse a jugar con eso sin la presión de que tenga que transformarse en qué sé yo, Tierra Baldía, por citar el ejemplo del Gran Poema.

Me funciona conectar con el texto desde lo lúdico ¡para presionarnos y tener que cumplir con los mandatos está el resto de este planeta en ruinas!

¿Cómo escribís? 

Casi siempre estoy escribiendo. No algo literario, digamos, pero sí estoy escribiendo. Tomando nota de una idea que se aparece, armando un posteo, mandando un mail. Escribo aunque no necesariamente sea algo, digamos, literario.  

Escribo de dorapa, sentado, acostado. En una libreta, en un google docs, en un cuaderno. En lo que tenga a mano en ese momento. De hecho, cuando estoy leyendo un libro y me dan ganas de escribir, lo hago ahí mismo. Qué pelotudez esa de que marcar un libro es faltarle el respeto. Están en pedo. Todo lo contrario. Nos quieren convencer de que la experiencia de la literatura pasa por apoyar un libro al lado de un lemon pie en Le Blé.


Nos quieren convencer de que la experiencia de la literatura pasa por apoyar un libro al lado de un lemon pie en Le Blé.


¿Cómo tratás en tus poemas lo político, lo social?

No les doy un tratamiento especial. Simplemente aparece. Si bien me alejé de la militancia territorial o sindical, sigo militando y valoro a la política como herramienta de transformación. En un poema, lo mejor que podés hacer por ese mundo es evitar ser consignista, ¿viste? Para eso, están los comunicados. Si caés en lo panfletario, el poema pierde power.

Hace poco vi un meme, el de los perritos, que decía algo así como: poeta del Siglo XVI, conoce las tramas de la construcción del lenguaje, va a la guerra, escribe 15 sonetos por noche, muere. Y después estaba el poeta del Siglo XXI, juega con el lenguaje y se saca selfies. ¿Cómo ves la escena poética actual?

Ese meme es espectacular.

Me parece que hablar de una moda de la poesía es demasiado, pero sí es cierto que está en expansión y eso me encanta. Lxs pibitxs podrían estar haciendo cualquier banana y sin embargo, están escribiendo, leyendo, recitando. Eso no puede ser malo y ponerse en policía de la poesía me parece un lugar inhabitable.

Después, claro, uno puede analizar ciertas cuestiones del fenómeno. Hay algo de la ansiedad de época que favorece a la poesía en tanto texto breve, ¿no? El rol de Instagram también es central porque si bien favorece la difusión de poesía, por momentos, la condiciona bastante. No voy a demonizar a las redes ni mucho menos (sería muy hipócrita, Los Fatales es, sobre todo, Instagram), pero me parece fundamental para nuestra generación no centrar nuestra búsqueda en la cosecha de likes. Fabián Casas dice que uno likea por empatía, el like es igual a uno mismo y justamente, la mejor poesía es la que pone en crisis nuestro sistema de creencias: la que nos contradice.


La gracia de la literatura es que se regodea en la ambigüedad, que es críptica, no explica el chiste como otros trabajos con la palabra como, por ejemplo, el periodismo. Creo que eso hay que tenerlo claro. También me parece fundamental conocer la tradición poética que nos precede. Escribimos con los pedazos de otros y salvo que seas un marciano, la única manera de mejorar la escritura es leer. 

Pero volviendo a la pregunta, me pone contento ser contemporáneo de un montón de artistas geniales que exploran la palabra, la oralidad y que también hacen puentes entre las disciplinas vecinas como el teatro y el arte plástico. Ni hablar toda la movida de arte digital, es una locura. El otro día descubrí al art gaming, son videojuegos con impronta poética, me partieron la cabeza.


Escribimos con los pedazos de otros y salvo que seas un marciano, la única manera de mejorar la escritura es leer. 


*Matías Segreti es escritor y docente. Publicó las novelas “El día que conseguí trabajo” (2020) y “Aunque a nadie ya le importe” (2018). En 2019, el libro de relatos “Los brutos”. Es editor de Revista URBE.

Entrevista a Agustina Russo y Matías Álvarez

Por Martina López


Agustina Russo y Matías Álvarez nacieron en Necochea, una pequeña ciudad de la costa atlántica.
Agustina es Licenciada en Artes Combinadas (U.B.A). En su paso por la capital se formó en diferentes áreas artistas incluyendo el teatro, el cine, la danza y la expresión corporal. Actuó y asistió obras de la escena porteña tales como Presente (2018) y En la sombra de la cúpula (2016-2017). Llega al tango en el año 2016, formándose con diverses maestres tanto de CABA como de La Plata. Ente los años 2017 y 2018 formó parte del equipo de asistentes de la escuela DNI tango.
Matías estudió Artes visuales (orientación grabado y arte impreso) en la UNLP. Su recorrido por las artes visuales inicia en el año 2012 y ha expuesto en distintas galerías y centros culturales de las ciudades de Necochea, Junín y La Plata. Hace tres años que forma parte de la Cátedra Lenguaje Visual 2b de la UNLP en carácter de Adscripto. En el 2018 tomó sus primeras clases de tango y de Chi Kung en la ciudad de la Plata; desde entonces ha participado de diversos talleres de tango tanto en La Plata como también en Buenos Aires.
Bailan juntes desde hace tres años, formándose en diversas escuelas. En el 2019 fueron parte del seminario intensivo que dictó DNI, así como también de las clases del festival TIN. Hace tres años que en el verano viajan a distintos puntos de Sudamérica llevando su tango por diferentes países (Brasil- Uruguay-Chile- Argentina) bajo el proyecto “Tango Itinerante”. Actualmente se encuentran en Necochea gestando una nueva propuesta virtual, llamada “El tango late en el interior”, donde convocan bailarines de CABA para generar un intercambio que visibilice el tango del interior del país y lo retroalimente.


Para empezar, ¿quieren contarnos cómo funciona una milonga?

Agustina (A): En el tango hay dos expresiones muy marcadas: el tango social y el tango escenario. Hay parejas que fusionan ambas, y hay otras que se dedican a una o la otra. Y después está la milonga, que es el evento o espacio social de quienes bailamos tango, de otras personas que quieren bailar. Es un espacio que se ha transformado mucho, culturalmente, al igual que la sociedad.

Algo que nos parece muy bueno es que las milongas son un lugar donde socialmente suceden o se aceptan cosas que en la calle, en el mercado, o mismo en tu casa, no.

El ejemplo más claro es el hecho de abrazarte a alguien que no conocés. Eso, como expresión política o expresión social, es algo que el tango tiene a favor, y que está muy bueno que no se pierda. En este contexto de pandemia es lo que más sufrimos quienes somos amantes del tango. Y es un desafío para quienes quieren aprender tango. Vos no vas caminando por la calle y decís “hola, ¿cómo andás?” y te abrazás con alguien que no conocés. 

Matías (M): Una milonga clásica de antaño, que es lo que nos interesa deconstruir, es un evento al cual van hombres y mujeres. Los hombres se sientan de un lado y las mujeres del otro. Cada une lleva sus zapatos, van súper empilchades y súper perfumades. Los hombres mueven la cabeza para invitar a bailar, las mujeres siempre dicen que sí.

Y eso es otro quilombo, entender que te están cabeceando a vos y no a la piba de al lado. Y cuando empiezan a bailar el hombre propone y la mujer acompaña. Hoy lo que está pasando es otra cosa: van pibes, pibas, disidencias, todes se sientan juntes. 

A: Ya no es tan binario. 

M: Claro, la gente baila de zapatillas, de ojotas, de lo que quiera. En la milonga se baila tango, se baila trap, se baila de todo. Con el mismo abrazo, el abrazo se rompe, no se bailan las tandas completas… suceden otras cosas. 

A: Y sin embargo todo esto sigue existiendo en muchas milongas muy conocidas, mismo en Capital Federal. Los varones por un lado y las mujeres por el otro, y no vayas a sentarte en otro lugar porque literalmente te sacan del espacio. Si todavía funciona, es porque todavía hay mucho terreno por desandar, hay mucho por hacer.  


… las milongas son un lugar donde socialmente suceden o se aceptan cosas que en la calle, en el mercado, o mismo en tu casa, no. El ejemplo más claro es el hecho de abrazarte a alguien que no conocés.


¿Nos pueden contar sobre su mirada particular del tango y cómo ven que ha cambiado ese mundo con respecto a como era antes?

M: El tango no deja de ser una expresión de la sociedad, de personas que viven, que se mueven, que se manifiestan. Por eso, todos los cambios que hay, como la incorporación de la perspectiva de género, lo atraviesan para bien. Pero eso no quita que el tango haya dejado de ser lo que era.

Yo, por ejemplo, tuve el privilegio de estudiar tango en La Plata, que es como un paréntesis de lo que sucede en el tango a nivel mundial, porque ahí la mayoría de los espacios son autogestivos, tienen una incorporación de la perspectiva de género súper instalada, súper militante. Donde la gente baila descalza y el vino sigue costando ochenta pesos.

Es un lugar muy privilegiado en ese sentido, hay una conciencia muy fuerte no solo de género, sino también de clase.

Pero eso no sucede en todos lados. Cuando vuelvo a Necochea, me choco con un paredón inmenso, porque acá la gente se sigue empilchando de pies a cabeza para bailar, los hombres bailan solamente con mujeres, siguen cabeceando para invitarlas a bailar. Siguen estando instaladas y operan un montón de prácticas que a nosotres hoy nos parecen nefastas.

Si bien la lucha de género está atravesando el tango, está recién iniciando y queda muchísimo camino por andar y muchísimas estructuras por derrumbar. Y nos toca a nosotres, es una tarea que hacemos con gusto. Hoy en día, estando en Necochea, nos ponemos a pensar proyectos y nos resulta difícil no desalentarnos. Porque el público que consume tango tiene tal cantidad de estructuras instaladas que es muy difícil convocar desde otro lado.

Para mí, son muy importantes los cambios que se están dando, porque en muchos lugares el tango dejó de ser rojo y negro, pero en otros no. Y para alguien que vive del tango, que es gestore, que organiza milongas, es muy difícil elegir a qué público convocar, cómo hacer funcionar su milonga.

Hay como dos lados de una brecha, y si te vas de un lado o del otro, hay mucha gente a la que dejás de convocar. Se hace muy difícil sostener un espacio y militar al mismo tiempo, aunque sea súper necesario.

A: El tango es como un espejo, porque es una manifestación cultural y social, entonces refleja lo que pasa en la calle. Vos entrás en una milonga y te encontrás con el machista, la feminista, la persona trans, están todes. Y ya que esta lucha de empezar a abrirnos mentalmente está empezando a fortalecerse a nivel social, el tango va por el mismo camino.

Como gestores culturales, queremos lograr que esa lucha social que se vive en la calle también entre en la milonga, en las clases de tango, en el imaginario social y cultural que se crea del tango. Porque eso también es muy difícil de romper: cuando vas a otro país, para la gente el tango es rojo y negro, es usar tacos, es la mujer semidesnuda, mostrando su cuerpo, sus piernas, y el hombre llevándola. Rojo y negro es a lo que se reconoce como el color del tango en términos de vestuario: la mujer de rojo y el hombre de negro. 

Otra cosa que queremos cambiar es el lenguaje.

Cuando vos entrás a una clase de tango sin perspectiva de género, te horrorizás de la agresividad y la violencia de las palabras que se usan. Es un camino que recién está empezando, todavía hay mucha resistencia… Y eso no quiere decir que bajemos los brazos, sino que nos hace darnos cuenta de que tenemos que seguirnos empoderando y levantando la bandera. Entendemos que no vale quedarnos de brazos cruzados, solo de la boca para afuera, porque entonces ¿con el cuerpo qué hacemos?    

M: Sí, mismo militar cuando vamos a milongas. Nosotres vamos a la milonga, y la mitad de los tangos propone une y la otra mitad propone le otre. Es algo muy notorio, porque quien propone tiene siempre la mano izquierda arriba y con la otra mano, abraza a la otra persona.

Cuando vamos a la milonga, por la forma del abrazo, se ve claramente quién está proponiendo. Eso también es posicionarse, porque en muchos lugares hay un montón de personas que están ahí mirando y no les cabe ni medio, les choca, les perturba; capaz hasta se van de la milonga por eso. Eso también es una forma de militar, de demostrar que pasan otras cosas. 


Si bien la lucha de género está atravesando el tango, está recién iniciando y queda muchísimo camino por andar y muchísimas estructuras por derrumbar. Y nos toca a nosotres, es una tarea que hacemos con gusto.


A: Claro, porque en la concepción tradicional de lo que es el tango, el hombre es el que propone. Esto en el sentido de que, cuando estás bailando tango, tiene que haber dos roles definidos, por lo menos en un principio, para saber quién propone el movimiento y quién alimenta ese movimiento para que después se genere otro. Tiene que ser siempre cincuenta y cincuenta.

Hay lugares, la mayoría, en los que se concibe a esto como que si yo te propongo y yo te marco que hay que ir para allá y vos no fuiste para allá, te confundiste vos, porque sos mujer y yo te estoy llevando. Lo que nosotres buscamos es un estudio mucho más profundo del cuerpo.

Porque tanto para proponer como para alimentar una propuesta, tenés que tener una conciencia corporal muy amplia: la magia que propone el tango es poder comunicarte con une otre sin hablar. Sin que esté la palabra de por medio, sino pasando todo por el cuerpo. Entonces tengo que descubrir cómo hago para generar y para invitar a la otra persona a ir para allá, ir para acá.

Como mucha gente no quiere o no sabe cómo pasar por ese conocimiento, por ese entendimiento del movimiento, se quedan en la idea de que en el tango el hombre propone y la mujer se deja llevar. Y no te cuento lo que pasa cuando ven bailar a dos mujeres juntas. Es como “¡échenlas!”.

Es así, como en toda revolución, va haber gente que no le cierre o que le cueste un poco más entender a lo que vamos. Si le tuviera que explicar a alguien que no entiende de qué se trata el tango o nunca vivió la experiencia de entrar a una milonga, le diría que es comparable a lo que pasa a nivel social y que eso se traspola al cuerpo.

M: No te explico cómo reaccionan muches cuando ven a un hombre que se pone tacos, que en La Plata se ve más, especialmente en las parejas de tango queer, pero en otros lugares nunca, y les resulta súper disruptivo. Por eso, si bien en muchos lugares el tango no dejó de ser rojo y negro, también hay un tango travesti, un tango diverso, un tango que se baila en zapatillas. Conviven muchos tangos. 

¿Pueden contarnos un poco más sobre estas prácticas que están tratando de deconstruir, por ejemplo el “cabeceo”? 

A: El cabeceo es el gesto, o la expresión corporal, que hace el hombre para invitar a bailar a una mujer desde una distancia.

M: Cuando yo empecé a bailar tango en algunos espacios de La Plata, el cabeceo no existía, me enseñaron que para sacar a bailar a un hombre, una mujer, a quien quisieras, vos te tenías que acercar a la mesa, saludar e invitar a bailar a la persona. Yo no entendía el concepto, y decía: ¿qué es, te dan un cabezazo, te dan un golpe con la cabeza?   

A: Por otro lado eso que le pasó está bueno, porque si vos te formás en un lugar donde no te enseñan qué es el cabeceo, es mucho más fácil, porque después no tenés que darte cuenta de que está mal y deconstruirlo. Nunca te lo enseñaron, no lo aprendiste, quizás ves a les demás y te preguntás qué están haciendo. 

M: Mismo en La Plata ya hay un montón de milongas que funcionan con un protocolo que hicieron las pibas, que es muy importante. Con el protocolo de respaldo lo que lograron es cambiar estas reglas que imponen que el hombre saca a bailar a la mujer, baila llevando a la mujer y que cuando saca a bailar a una mujer tienen que terminar una tanda, que son tres o cuatro tangos.

Con el protocolo, baila quien quiere con quien quiere, la cantidad de tangos que quiera y en el momento en que te sentís incómode podés cortar la tanda e irte. Entonces se volvió mucho más ameno: los espacios que se generan, las clases que se dan, todo va de la mano con esto que estamos contando. Yo cuando voy a bailar a capital siento que es otro mundo. Porque por más que compartas la danza te resulta muy extraño el espacio. 

A: Sí, también hay muchos espacios que dicen cumplir con el protocolo, pero es todo de la boca para afuera, entonces vos –y en este caso hablo como mujer- no te sentís acompañada para decir: “bueno, sí, dejo a esta persona plantada en la pista” porque se le bajó la manito y en vez de tenerla en la cintura, la tiene un toque más abajo, o porque me dice cosas mientras bailo. Si ese protocolo no está acompañado de conciencia cultural, de educación, de deconstrucción, no sirve.

Hay muchos espacios que parecen re progres, pero después cuando vas a una de las clases de tango que dan, te dicen que el hombre lleva a la mujer. Sabemos que nuestra idea del tango todavía es bastante utópica, que hay pocos espacios que la pueden llevar a cabo, y los que pueden es porque vienen luchando hace un montón.


Hay muchos espacios que parecen re progres, pero después cuando vas a una de las clases de tango que dan, te dicen que el hombre lleva a la mujer.


M: Sí, son pocos los espacios y los exponentes del tango, muchas de las parejas que a nosotres nos gustan y que vemos como referentes, no dejan de ser hombre y mujer, el hombre proponiendo y la mujer siguiendo. Más allá de que los movimientos tengan otra gracia, se genere otra empatía en la pareja, no dejan de ser eso binario con lo que de alguna manera queremos romper.

Es muy difícil para las disidencias meterse a un espacio que, hegemónicamente, o históricamente, fue del hombre. ¿Cómo hacer una milonga más diversa cuando no hay clases y espacios que les integren, por ejemplo? Nos damos cuenta de que hay algo que está avanzando y transformándose, pero es una parte mínima del tango. 

A: Pero está buenísimo que podamos hablar de eso. Y que haya muchas parejas conocidas que lo digan. Falta mucho todavía. 

¿Cómo piensan la relación entre sus formaciones en otras áreas artísticas y la práctica de tango? 

A: En mi recorrido, yo llegué al tango después de haber atravesado otras manifestaciones artísticas, y me parece muy enriquecedor poder probar, poder jugar a vincularlas con el tango. Tanto desde la práctica como desde la teoría.

En mi experiencia de haber podido acceder a la Universidad, acceder a tanto conocimiento, y haberme dado cuenta allí que la práctica y la teoría son lo mismo, poder generar una reflexión teórica sobre lo que une hace, ya sea el tango u otra disciplina, me parece muy enriquecedor, y fortalece la idea de para qué lo hago.

Si bien está muy bueno atravesar otros lenguajes artísticos, yo creo que pondría en primer lugar el haber podido atravesar mi carrera en Filosofía y Letras, en términos de lo que me enriqueció a nivel práctico. Me explotó la cabeza. Es algo que no está muy valorado, ¿viste?, la gente tiene una idea de que si bailás no te sirve de nada estudiar teoría.

Sin embargo es lo mismo, es una reflexión sobre lo que vos hacés, lo que otres hacen. Cuando pasé por otras danzas, entendí también que es lo mismo pero con otro lenguaje: explorar tu cuerpo y tu movimiento es lo mismo en el tango, en la expresión corporal, en contemporáneo, en árabe (que hice cuando era chica). Es el descubrir qué es lo que puedo hacer yo con mi cuerpo, cómo puedo expresarme con él, cómo puedo generar vínculos en eso. Pasé por muchas manifestaciones artísticas distintas y hoy el tango es lo que más me llena. 

M: Quizás esa falta de teoría y reflexión en el tango, no en todo, pero sí en la mayoría de les bailarines, sea lo que hace que todavía le falte tanta evolución desde la perspectiva de género, desde un movimiento más popular. Porque hay una idea de que por dedicarse a bailar no corresponde plantearse cosas, sino pensar que son así y listo. 

A: Es como si la gran mayoría viera las dos cosas por separado, como si no pudieras hacerlas al mismo tiempo. Y yo las veo como las dos caras de la misma moneda. Creo que es algo que pasa en muchas disciplinas artísticas, que si te dedicas a la práctica no se puede investigar, no se puede reflexionar, no se puede conversar de por qué hacemos lo que hacemos. Me parece súper necesario. 

En algunos de los videos que filmaron aparecen bailando músicas distintas al tango. ¿Perciben un enriquecimiento de su práctica en el tango por experiencias en otros géneros de la danza u otras disciplinas físicas?

M: Hoy hay un movimiento importante en ese sentido, se están empezando a aunar otros tipos de danzas con el tango. O aparecen bailarines que llegan al tango ya habiendo hecho una carrera muy grosa en otra danza, y se nota en su calidad de baile, en sus movimientos.

Yo en lo particular, cuando empecé a bailar tango en La Plata, les profesores con quienes me formé abordaban el tango desde el Chi Kung, que es un disciplina similar al Tai Chi. Se proponía otra calidad de movimiento y era súper notorio, porque se enseñaba desde otro lugar a tierra, con otro peso, con otra forma de proponer el paso, con otro abrazo.

También ahora, que estamos haciendo un profesorado de yoga, vemos que nuestro tango está virando para otro lado, porque empezás a juntar otras cosas que funcionan bien. En el ensayo empezás a probar cosas que aprendiste en yoga y te das cuenta de que también aplican al tango. Nos interesa ponerle otra impronta, aunar esos caminos.

A: En lo que a nosotres nos interesa construir, se hace difícil ver qué pasos son de tango y qué pasos no. En cambio, si vas a una clase tradicional de tango, te dicen: “Este es el paso básico”. Pero ahí también nos metemos en otra cuestión enorme, que es la pedagogía. Por un lado, preguntarnos qué tanto les bailarines están preparades para ser transmisores de ese conocimiento.

Y por otro, cuán importante es prepararse para poder transmitir ese conocimiento. Porque si yo la quiero hacer fácil, digo: los ocho pasos del tango son estos. Y salís de la clase pensando que sabés los ocho pasos del tango. Pero cuando vas a una milonga, no te sirve para nada. Porque los pasos que te enseñan son lineales, y en la milonga se baila de forma circular. Es muy contradictorio. 

M: También por esas carencias que tiene la pedagogía se genera que muy poca gente se acerque al tango. Hay un profesor de tango muy conocido, que dice que cuando tenés la suerte de poder ser le primere profesore de une alumne cuando recién se acerca a una nueva disciplina (la disciplina que sea), tenés una tarea enorme. Porque podés iniciarle y que le encante, o matarle: si le das una mala clase, la persona no vuelve a bailar nunca más.

A mí me pasó: la primera clase que tomé fue en Necochea y dije que no iba a bailar tango nunca más, que no era para mí. Dos años después probé de nuevo en La Plata y fue otra cosa. Allá, por ejemplo, no se enseñan esos ochos pasos básicos. 

A: Por suerte. Por eso la pedagogía del tango es un mundo de reflexión enorme e importante. Porque aunque se haya estudiado un montón a nivel corporal, saber transmitirlo es otra cosa.

Ser buena bailarina no me hace una buena docente. No se trata solo de explicarlo con las palabras, sino de cómo hago para enamorarte de eso, cómo darte lugar a que lo experimentes. Porque lo que me funciona a mí, por ahí a otre no le funciona. Es importante invitar a la exploración. Por más que a mí me hayan dicho cómo se hace el ocho, tengo que atravesarlo en el cuerpo, y quizás hasta encontrar otra manera.

M: En los profesorados de tango que existen te enseñan que él tiene que llevar y ella tiene que seguir. Siguen violentando con esas palabras de las que nos quejamos. En ese sentido, la pedagogía sigue estando un poco atrasada. Como seguramente pasa en muchas otras áreas. 

¿Podrían contarnos sobre su proyecto “Tango itinerante”? ¿Qué les fue pasando en las distintas experiencias que les trajo?

M: Te contamos un poco cómo nació. A nosotres nos gustaba viajar y bailábamos, y nos dábamos cuenta de que seguía habiendo, en el imaginario colectivo, una idea del tango que nos parecía nefasta: queríamos contar otra cosa. La idea de Tango Itinerante es ir bailando por distintos lugares, sobre todo en la calle. Lo que sucede con el tango es que a veces es muy elitista, ir a un show de tango es carísimo.

Nuestra idea era bailar a la gorra, que lo viera quien pasara por ahí, y si tuviera ganas de colaborar, podía, tanto como no. Nos interesaba mucho el diálogo con la gente. En Chile, por ejemplo, nos sucedió mucho que la gente se parara a vernos bailar y se pusiera a hablar con nosotres, dándonos la oportunidad de contarles lo que pensamos del tango, todo esto que estamos conversando con vos. Esa otra instancia también nos parecía muy enriquecedora.

La idea del proyecto es eso, ir contando nuestra forma de ver el tango, contando que no somos les úniques que lo ven así, pero sí somos la minoría. Difundirlo por nuevos lugares para, de a poquito, ir cambiando ese imaginario. Y ayudar a que más gente se acerque, sin ningún costo, porque, como decía antes Agus, el tango también es un espacio muy “evolucionado” en muchos sentidos. 

A: Sí, la idea es que la gente se sorprenda también, que rompa esa concepción que tiene del tango. En Brasil, por ejemplo, nos pedían: “Bailen el de ‘Perfume de mujer’”. Se sorprendían, porque no era el tango que habían visto en Perfume de mujer, era otra cosa. 

M: Sí, era otra cosa, pero a la vez no dejaba de ser tango. Nos interesaba ver qué pasaba: si a la gente le gustaba o no le gustaba. Es un proyecto bastante experimental, porque cada lugar es distinto, entonces nos tenemos que ir adaptando a lo que pasa. Y como siempre vivimos en ciudades diferentes, el proyecto se vigoriza más en verano, porque es el tiempo en el que podemos viajar juntes.

Durante el año lo vamos manteniendo vivo cuando tomamos clases, cuando ensayamos. Ahora estamos viendo cómo vira o se transforma.  

A: Es un proyecto que en este momento está parado por la pandemia. Parado, en el sentido de que no lo podemos llevar a cabo en las calles. Pero no se detuvo, lo seguimos desarrollando a nivel individual y juntes como pareja. 
Hasta ahora, el proyecto recorrió Brasil, Uruguay, Chile y el sur de la Argentina. En esa experiencia el tango no solo nos dió de comer sino que nos vinculó con gente con la cual, de otro modo, no nos hubiéramos acercado. 

M: Sí, bailar en la calle era una forma de proponer un vínculo. No es lo mismo conocer a alguien en un bar que alguien que se acerca a verte bailar. Ese tacto, esa sensibilidad previa, era desde donde nos interesaba entrar. Nos dió muchas alegrías. 

¿Y visitaron milongas que no conocían durante esos recorridos?

A: Sí, varias. Nos enamoramos de una milonga que queda en El Bolsón. Es al aire libre, en plena plaza. En el interior hay mucho tango, por más que no se visibilice. De hecho, hay mucho tango en otros países también. No hubo lugar, de los países que conocimos, que no supieran lo que es el tango, o que no se generara algo con el tango. 

Con respecto a la movida tanguera que hay en el interior del país, ¿qué otros proyectos pudieron acercar a Necochea?

A: Yo, después de varios años de vivir en Capital Federal, volví a vivir a Necochea. Y lo primero que hice fue contactarme con Romina Moreschi, con quien decidimos empezar a dar clases. Fuimos las primeras dos mujeres presentándose como profesoras y como bailarinas en Necochea.

Fue algo muy desafiante, pero también muy enriquecedor. Nos hizo darnos cuenta de muchas de las carencias que había en el tango en Necochea. Y de lo privilegiadas que fuimos de haber podido acceder a otro conocimiento. Porque si yo me hubiese quedado en Necochea, posiblemente no hubiese conocido el tango, pero si lo hubiese conocido, hubiese conocido otro tipo de tango.

Con Romina también organizamos un encuentro en la Escuela de Arte de Necochea y dimos un taller de tango y perspectiva de género, al cual vinieron solo cinco personas. Pero a las propuestas de tango más tradicionales asistía mucha más gente. Estuvo muy bueno, porque por más que al principio había gente que nos criticaba, o no nos daba lugar, por algo se empieza y alguna tenía que empezar. 

M: Sí, para mí, que lo vi desde afuera, lo que fue muy interesante de ellas es que fueron las primeras mujeres juntas en Necochea que proponían el tango desde otro lugar. No se vestían como dos mujeres del tango, súper empilchadas, reproduciendo el mismo sistema. En ellas había algo que era más disruptivo. Fue una alegría saber que se estaba generando. 

¿Cómo están viviendo la práctica de tango en cuarentena? ¿Y cómo ven que funciona para sus colegas? ¿Aparecen alternativas?

A: Lo que podemos rescatar como positivo de la cuarentena es que nos unió físicamente en el mismo lugar. Nosotres, desde que nos conocemos, vivimos en ciudades separadas. Entonces, si bien ambes tomábamos clases a nivel individual, no teníamos tantas oportunidades para ensayar o investigar juntes. Con el aislamiento empezamos a vivir juntes y eso nos permitió dedicarle un montón de tiempo a la exploración del movimiento en la disciplina. 

M: Pero en cuanto a les compañeres, se ve muy difícil. Hay muches que antes podían y hoy no están pudiendo sostenerse con clases o con una milonga, por más que traten de trasladarlas a lo virtual.

Lo que pasa con el tango, como con el teatro, es que es muy corporal. Y si bien se pueden seguir haciendo cosas, porque es cierto que hay que trabajar la individualidad para después juntarte con otre, es muy difícil pasar tanto tiempo sin ese encuentro. Y nos resulta muy desesperanzador no saber cuándo va a volver ese encuentro.

Nosotres tentemos la suerte de estar juntes, pero hay parejas que hace un montón de meses que no bailan juntes. Podés entrenar mucho, pero hay algo del sabor de bailar con otre que no se da. Es muy difícil. 

A: Se generaron alternativas: dar clases por zoom, vivos. Pero quien tiene un espacio cultural, esto le partió al medio. Porque cuando no hay encuentro de cuerpos… 

M: Lo que creo que estuvo bueno es que hubo una gran descentralización del tango. Por ejemplo, mucha más gente tuvo acceso a clases que antes se daban solamente en la capital.  Entonces yo creo que cuando vuelvan a abrir las milongas, se va a bailar otro tango, van a pasar otras cosas. Va a ser interesante. 

A: Otra cosa que hicimos ahora en cuarentena es un encuentro, llamado “El tango late en el interior”, con unes profesores de Buenos Aires. La idea fue tomar esto positivo que nos está dando la cuarentena: que el conocimiento que elles tienen se pudiera traer al interior del país. Fue la primera vez que se dio este encuentro en Necochea. Fue una entrevista en vivo, que hicimos desde un espacio cultural de Necochea, una milonga muy conocida que también está en emergencia y se llama Almacén Murillo. 


Cuando vuelvan a abrir las milongas, se va a bailar otro tango,

van a pasar otras cosas.


Redes y contactos

Ig: @tango.itinerante

Fb: @agustinaarusso@matiasalvarez


Ph: Melina Gómez

Por Sofía Arriola


Los tiempos de la Revolución Digital han traído aparejada la aplicación de la inteligencia artificial y con ella algoritmos hasta en el mundo del trabajo, por ejemplo.  

La configuración de un algoritmo puede ser interpretada a simple vista como un proceso tecnológico ajeno a subjetividades o discriminaciones. Sin embargo, si profundizamos esta visión podremos observar que la formulación de un algoritmo arrastra estereotipos y roles largamente arraigados en el ámbito sociocultural como lo son aquellos que tienen que ver con los colectivos de mujeres, un grupo en estado de vulnerabilidad que por el uso de estas tecnologías pueden ver reducidas sus posibilidades de acceso, mantenimiento y ascenso en el mercado del trabajo. Ahora bien, ¿cómo se hace visible una discriminación que se encuentra tejida de manera invisible? ¿cómo se produce el sesgo algorítmico, sus implicancias y por qué es tan difícil detenerlo? 

Debido a las modificaciones en el sistema de producción y la introducción de cambios tecnológicos hay aristas sobre las formas de contratación y selección que parecen escaparse. Los sistemas de intermediación de tecnología en sistemas de búsqueda de personal parecen ser neutrales y prometen que no pueden efectuar per se una diferencia arbitraria entre los sujetos analizados. Sin embargo, la realidad parece demostrar que el uso de algoritmos para definir el mejor perfil de cobertura de vacantes continúa reproduciendo barreras y estereotipos sociales arraigados en la historia y la cultura de nuestras sociedades. 

Es por eso que entender cómo funcionan y cuál es su verdadera acción se torna fundamental para prevenir la reproducción de estas dificultades amparada por la normativa nacional como la Ley 23.592: Penalización de actos discriminatorios y otras leyes sobre discriminación, la normativa internacional como los Convenios 100 y 111 de la Organización Internacional del Trabajo (C100 – Convenio sobre igualdad de remuneración y C111 – Convenio sobre la discriminación, empleo y ocupación) y la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer, entre otros acuerdos internacionales que han buscado subsanar.

Primero es preciso aclarar ¿qué es un algoritmo?: en matemáticas, lógica, ciencias de la computación y disciplinas relacionadas, un algoritmo (del latín, dixit algorithmus y este del griego arithmos, que significa «número») es un conjunto prescrito de instrucciones o reglas bien definidas, ordenadas y finitas que permiten llevar a cabo una actividad mediante pasos sucesivos que no generen dudas a quien deba hacer dicha actividad. Cotidianamente se emplean algoritmos frecuentemente para resolver problemas. 

En este caso, si los inputs y procesamientos de los algoritmos utilizados se basan en las ideas extraídas a través de diversas redes sociales, compras online, encuestas al consumidor, etc., extraídas de la mirada de las personas que integran la sociedad ¿la modificación del algoritmo será suficiente para evitar resultados discriminatorios?


¿qué es un algoritmo?: en matemáticas, lógica, ciencias de la computación y disciplinas relacionadas, un algoritmo (del latín, dixit algorithmus y este del griego arithmos, que significa «número») es un conjunto prescrito de instrucciones o reglas bien definidas, ordenadas y finitas que permiten llevar a cabo una actividad mediante pasos sucesivos que no generen dudas a quien deba hacer dicha actividad.


En términos de programación un algoritmo es una secuencia de pasos lógicos que permiten solucionar un problema. En general y a modo de resumen tratan de conjuntos de datos que siempre tendrán en común las tres propiedades de: tiempo secuencial, estado abstracto y exploración acotada. Luego pueden generarse distintos tipos de algoritmos, en el caso planteado se estarían analizando algoritmos de búsqueda: estos están diseñados para localizar un elemento con ciertas propiedades dentro de una estructura de datos, como por ejemplo ubicar el registro correspondiente a cierta persona en una base de datos o el mejor movimiento en una partida de ajedrez. Lo que se genera a partir de la existencia de estos algoritmos son grandes cantidades de datos, generalmente estadísticos, para poder crear brechas de información y desarrollar con esta misma, conclusiones sobre las características y un comportamiento potencial de las personas teniendo en cuenta categorías de representación como pueden ser mujer/varón ya que se van a considerar predominantes y típicamente expuestas en los portadores del rasgo. 

Ahora bien, los algoritmos se están vinculando con el mercado laboral en tanto actúan en los procesos de selección de personal, en el resultado de los mismos o en el tratamiento de datos que hacen a la órbita personal de los trabajadores. Aquellos datos extraídos de la realidad y cuyos parámetros formatean el procesamiento en búsqueda de un resultado, restringen de por sí el ámbito de selección a determinadas configuraciones de acuerdo a los datos suministrados. Es en esta parte del proceso, que la transparencia en el uso de datos y su articulación para la generación de algoritmos adquiere principal importancia. Cierto es que las grandes compañías tienden a pretender mantener este contenido fuera del alcance del público, en aras a preservar el denominado know how, en términos de confidencialidad y no competencia. No obstante, como bien indicara ut supra, son éstos los primeros factores que pueden acarrear en el ámbito laboral procesos cargados de “sesgos” que pueden tener por base el género, la etnia, la religión, el estrato social, etc. 

La segunda etapa de análisis comienza con el procesamiento de los datos y las estructuras utilizadas a esos fines: la creación de categorías de representación que los propios algoritmos crean en base a datos tomados de la “realidad” y su utilización para enseñarse a sí mismo a determinar y arribar a nuevas conclusiones, por ejemplo, los trabajadores que resultan más adecuados para determinada función. Por otro lado, en el mundo tecnológico existen los denominados algoritmos de Caja Negra, cuya oscuridad radica en esconder el entendimiento de la razón de ser de sus resultados detrás de fórmulas no-abiertas al público, ya sea qué códigos están fuera de la visibilidad de los usuarios para evitar filtraciones de datos o la detección de patrones concretos. La mayoría de ellos se esconden en los buscadores. 

Por ejemplo, a principios del mes de Julio del año 2018, una noticia relacionada con los algoritmos de reconocimiento de contenido que utiliza Google causó gran polémica y disgusto entre la población afroamericana, al etiquetar a una pareja como “gorilas”. Ante el error, Google tuvo que pedir disculpas y mencionó que este tipo de problemas quedarían resueltos con el lanzamiento de Google Fotos y su función para editar el etiquetado automático. A su vez, una investigación realizada por la Universidad de Washington encontró que al realizar una búsqueda en Google Imágenes para “CEO” los resultados obtenidos sólo mostraron a un 11% de mujeres, a pesar de que el 27% de los directores ejecutivos de los Estados Unidos son mujeres. Por si esto fuera poco, la primera imagen de una mujer que aparecía en la segunda página era la muñeca Barbie CEO.  

Investigadores de Carnegie Mellon hicieron un estudio en el que construyeron una herramienta para simular usuarios de Google que comenzaron sin historial de búsqueda y luego visitaron sitios web de empleo: más tarde, en un sitio de noticias de terceros, Google mostró un anuncio para un cargo ejecutivo 1.852 veces a hombres y 318 veces a las mujeres. “Incluso si no están diseñados con la intención de discriminar a esos grupos, si se reproducen las preferencias sociales, incluso de una manera completamente racional, también se obtendrán formas de discriminación” dijo David Oppenheimer, profesor de la Universidad de Berkeley, California. 


en el mundo tecnológico existen los denominados algoritmos de Caja Negra, cuya oscuridad radica en esconder el entendimiento de la razón de ser de sus resultados detrás de fórmulas no-abiertas al público, ya sea qué códigos están fuera de la visibilidad de los usuarios para evitar filtraciones de datos o la detección de patrones concretos. La mayoría de ellos se esconden en los buscadores. 


Si el “ser mujer” para el algoritmo es negativo, sólo es por presentar las desventajas estructurales de las mujeres trabajadoras. Si se ignorara el hecho de que ciertos grupos enfrentan discriminación en el mercado laboral, no se los podría respaldar de manera correcta. Por ende, los algoritmos de nuestra sociedad serán discriminatorios en la medida que la realidad social lo sea y al reproducir la realidad solamente están consagrando una injusticia existente. Cabe preguntarse ¿cuál es el rol que tienen los Estados frente a esta reproducción discriminatoria? 

La no discriminación por razón de sexo o género está contemplada en el Convenio 111 de la Organización Internacional del Trabajo, el artículo 2, párrafo 2 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales (cuestión que fue desarrollada por el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales en su Observación General Nº 20), entre otras normas. 


¿de qué forma los legisladores podrán controlar lo que pasa detrás de las pantallas ahora que las herramientas son otras, nuevas y desconocidas? 


El contenido del derecho fundamental a no ser discriminado por razón de sexo abarca la igualdad de trato y la de oportunidades. La igualdad de trato comprende, a su vez, la prohibición de discriminaciones directas e indirectas. La igualdad de oportunidades remite al mandato de acciones positivas a favor de la igualdad real y efectiva de mujeres y hombres. La exclusión de hecho de las mujeres en el mercado laboral exige que se tomen medidas y acciones que reviertan esta situación ampliamente conocida, entonces ¿de qué forma los legisladores podrán controlar lo que pasa detrás de las pantallas ahora que las herramientas son otras, nuevas y desconocidas? 

Es necesario un rol activo en la implementación de los estándares mínimos laborales aplicados también en el área de las ciencias informáticas, así como la concientización y sensibilización de las temáticas de género y puede que esto sólo sea posible cuando opere un cambio a nivel social y así se traslade a una modificación en el espacio digital para remover los sesgos de género y discriminación que ocultos en formulas agrandan las brechas y diferencias que la normativa propone hace años erradicar. 


Ph: Federico Bini

Por Sofía Arriola


¿Cuáles son los aspectos que dejó al descubierto el Aislamiento Social Preventivo Obligatorio? ¿Qué pasa con los colectivos que forman parte de una discriminación y exclusión estructural? 

Los últimos años en Latinoamérica han sido marcados por contextos de globalización y el neoliberalismo tardíos que han avanzado junto a la derecha, potenciando y configurando una discriminación interseccional extrema en distintos niveles. Teniendo en cuenta las mencionadas desigualdades, consideradas estructurales y de base, sumándose también la vulneración constante de derechos humanos, podríamos afirmar que el colectivo travesti trans, por ejemplo, es de las minorías más vulneradas actualmente en un presente atravesado por políticas de cuidado a raíz de la pandemia y del mencionado ASPO, lo que lleva a preguntarnos: ¿cómo se ejecuta la política #QuedateEnCasa para quienes no tienen una? ¿cómo podrían asegurarse necesidades básicas cuando la mayoría sólo accede al trabajo informal? ¿cómo se habita en este contexto, sufriendo la violencia de una triple marginación por género, por clase y por cuestiones raciales? 


…el colectivo travesti trans es de las minorías más vulneradas actualmente en un presente atravesado por políticas de cuidado a raíz de la pandemia y del mencionado ASPO, lo que lleva a preguntarnos: ¿cómo se ejecuta la política #QuedateEnCasa para quienes no tienen una? ¿cómo podrían asegurarse necesidades básicas cuando la mayoría sólo accede al trabajo informal? ¿cómo se habita en este contexto, sufriendo la violencia de una triple marginación por género, por clase y por cuestiones raciales? 


Las problemáticas que atraviesa el colectivo trans no son nuevas para ellxs sino que son una herencia del orden internacional, originado por las desventajas del sistema capitalista colonialista, que es mantenido por la permanencia de dicho sistema y aumentadas por el corrimiento (o ceguera) del rol del Estado en contextos de globalización donde se han aplicado políticas funcionales y heterocisnormadas continuamente frente a minorías invisibilizadas que no cuentan con un sistema de cuidados asegurados. La falta de estos últimos opaca los triunfos que han alcanzado estos colectivos en los últimos años al no tener un sentido en la práctica y la realidad que lxs compete hoy en día, lo que hace que en cada crisis sean lxs mismxs quienes vuelven a quedar unos centímetros más afuera de ese sistema (en términos capitalistas y globales) del que ya no estaban siendo parte. 

Históricamente y hasta en la actualidad, el colectivo travesti trans sufre opresiones principalmente por su género, ya que gran parte de la sociedad opta por invisibilizar su identidad, no reconocerla y negarla, lo que genera una subordinación de estatus como plantea Nancy Fraser: ésta deviene en acoso sexual, violaciones, violencia, menosprecio en la vida cotidiana y medios de comunicación, negación de derechos y marginación en lo público. Esta discriminación se presenta en distintas áreas como en la educación (64% cuenta con el nivel primario, un 7% comenzó estudios superiores, pero solo el 2% finalizo un nivel universitario), en la inserción laboral o en la posibilidad de ingresar a un sistema de salud que pueda atenderlxs. Generalmente, las personas trans son excluídxs del seno familiar y de su hogar, muchas veces teniendo que migrar a distintos países o ciudades. Junto a la caracterización anterior de su situación frente a la inserción en el sistema, esto hace que se pertenezcan a una clase media baja. Específicamente el 90% de las personas trans se encuentra fuera del mercado formal, vive en la pobreza y el 95% ejerce el trabajo sexual.  

Este colectivo es víctima de una doble colonización por las políticas imperiales y por las ideologías patriarcales que se sostienen mutuamente, ya que la globalización sostiene la heterocisnorma y las identidades sociales funcionales a esta jerarquía imperial. Refiriendo al patriarcado, me gustaría remitir a Pedro Di Pietro quien lo define como “la diferenciación de sujetos sociales según jerarquía de privilegios o desventajas y la reproducción social de las condiciones materiales del privilegio y desventajas que adscriben roles o expectativas”. 


Este colectivo es víctima de una doble colonización por las políticas imperiales y por las ideologías patriarcales que se sostienen mutuamente, ya que la globalización sostiene la heterocisnorma y las identidades sociales funcionales a esta jerarquía imperial.


Así, podemos ver como vuelve a polarizarse la cuestión entre quiénes pueden mantener un estatus y un privilegio frente a quienes no, como sucede con el colectivo travesti trans. Profundizado más aún por la ideología y el contexto marcado por un fuerte carácter androcéntrico donde todo está montado en la sociedad y la cultura para que la figura masculina sea la “normal”. Sostiene al respecto Preciado: “la transexualidad no existiría fuera de una epistemología colonial y capitalista que privilegia las prácticas sexuales reproductivas en beneficio de una estrategia de gestión de la población, de la reproducción de la fuerza de trabajo y de la población que consume”. De esta manera, queda demarcada la relación entre el sistema y la no inserción de la transexualidad, teniendo que ver este fenómeno con una red de discursos y relaciones de poder trazados por el mismo régimen político. 

Contrariamente a lo mencionado, se han alcanzado triunfos para el colectivo dentro de los que podemos nombrar la Conferencia de Beijing (1995) que dió mayor institucionalidad al género o los Principios de Yohiakarta (2006) que dieron mecanismos y protecciones legales internacionales. En Argentina, específicamente, la Ley de identidad de género (Ley 26.743), donde se reconoce la identidad auto percibida de modo despatologizante, ha sido un hito junto a las leyes que obligan al cumplimiento de un cupo laboral trans y el acceso a la salud integral. No está de más decir que estas medidas han sido logradas gracias a la resistencia y militancia del feminismo y los colectivos LGBTI frente al avance de la derecha y el neoliberalismo tardío de los últimos años, específicamente tras la crisis financiera del 2008. Sin embargo, la discriminación continúa como un factor protagonista en los distintos aspectos y con un peso capaz de detener la expansión económica, por ejemplo, como indica el Informe de CEPAL de 2019, estableciendo una desigualdad naturalizada y estructural en una cultura de privilegios y lejos de asegurar garantía de los derechos humanos, lo que sugiere repensar la eficacia de estas políticas para que sean realmente dinámicas y no una mera hoja de papel. 

Frente a este panorama histórico, en el mes de marzo de 2020, la pandemia del COVID19 generó una pausa global y los Estados debieron responder con distintos tipos de medidas para cuidar a sus poblaciones a raíz de la inexistencia o el desconocimiento de una solución efectiva para frenar el contagio del virus. Aquí en Argentina, se dispuso como política oficial el Aislamiento Social Preventivo Obligatorio (ASPO) que comprende diferentes fases y excepciones para circular o trabajar.

 Se evalúa que la pandemia llevará a la mayor contracción económica en la historia siendo esta del -5,3% en el año 2020, o sea la peor contracción desde 1914 y 1930, acorde a los datos del Informe de la CEPAL. También traerá como consecuencia un deterioro en los indicadores laborales con una tasa de desempleo en torno al 11,5% que también afectará los ingresos en los hogares. Este contexto resulta poco beneficioso para la mayor parte de la población, pero aún más para quienes son marginadxs por el desarrollo desigual del mundo y afectados por los procesos de la globalización neoliberal. En Argentina se implementaron medidas de elección por la vida y la salud como la política “quédate en casa”: aun así, es necesario replantear el carácter de ésta y la carencia de su perspectiva de género considerando que las políticas de cuidado y de trabajo siguen respondiendo implícitamente al orden heterocisnormativo. 

¿Dónde se puede cumplir esta política cuando no se tiene un hogar donde quedarse? La mayoría de la población travesti trans vive en espacios de contención como hoteles o cuenta con alquileres informales donde no aplica el congelamiento de precios de alquiler o la prohibición de desalojo impulsado en el marco del ASPO. El acceso al alquiler formal o a un techo propio se ven obstaculizados por la discriminación que suele ser por género, por raza y clase, e incluso por cuestiones laborales, ya que no pueden presentar un certificado a causa de su informalidad. El hecho de que el 90% ejerza como trabajadorxs sexuales configura otra forma de discriminación, como también un perjuicio, ya que su trabajo se da necesariamente en las calles y sigue siendo criminalizado. A todo esto se puede agregar la falta de acceso al sistema de seguridad social y a la salud, teniendo en cuenta que su expectativa de vida no supera los 35 años (diferenciándose de la expectativa de vida general que es de 75 años) y convirtiéndose en este contexto en población de riesgo, que no sólo queda desprotegida y sumida en la violencia, sino también vulnerable a la falta de suministros para tratamientos hormonales que serían asegurados por el Estado. 


¿Podrán los estados asegurar un Estado de derecho que promueva la universalidad de los derechos realmente incluyendo diversidades y generando un sistema de cuidados que sea acorde o los procesos globalizadores y neoliberales seguirán sobrepasando a los Estados y marcando los límites heteronormadxs de la periferia donde existe un todxs que siempre queda ahí afuera?


El colectivo trans percibe el acceso a un programa llamado Potenciar trabajo que da acceso al subsidio de $8.000 mensuales, incompatible con el IFE (Ingreso Familiar de Emergencia) implementado a partir de la situación de la pandemia, al que corresponde un monto de $10.000, e incompatible también con otros subsidios o con el reparto de bolsones de frutas en municipios. Aunque tuvo gran impacto por suscriptxs del colectivo trans en marzo del presente año, el acceso a este primer programa ni siquiera nombra explícitamente al colectivo trans sino a las “víctimas de violencia de género o explotación sexual”, ni contempla la situación de migrantes sin documento nacional.Han habido una gran cantidad de autores que plantearon desde el comienzo de la pandemia (por ejemplo en la publicación Sopa de Wuhan) que la configuración de un nuevo mundo post pandemia podría ser posible o que incluso estamos ante una “nueva normalidad”, pero ¿cómo podemos realizar ese planteo cuando lxs marginadxs de siempre continúan experimentando la misma realidad de violencia y vulneración en un contexto de incertidumbre y ausencia de políticas que lxs tengan presentes como sujetos políticos? ¿Podrán los estados asegurar un Estado de derecho que promueva la universalidad de los derechos realmente incluyendo diversidades y generando un sistema de cuidados que sea acorde o los procesos globalizadores y neoliberales seguirán sobrepasando a los Estados y marcando los límites heteronormadxs de la periferia donde existe un todxs que siempre queda ahí afuera?


Ph: Melina Gómez

Por Josela Aramburu


Pandemia 

Por el covid-19 vivimos un paro general que detuvo la economía. Se calcula un decrecimiento económico entre un 4% y un 9% mundial. En Latinoamérica la situación es grave y dolorosa porque no se cuentan con los recursos sanitarios ni económicos que existen en otros países. En el ranking mundial USA es el país con más muertes, Brasil está en segundo lugar, México en el sexto, Perú en el séptimo y Chile en el octavo. Ya pasaron más de 7 meses del momento en que el virus comenzó a expandirse, sin embargo en América Latina se viven los picos más altos de contagio. 

Impacto del Covid-19 en mujeres 

“La desigualdad social y económica asegurará que el virus discrimine. El virus por sí solo no discrimina, pero los humanos seguramente lo hacemos, modelados como estamos por los poderes entrelazados del nacionalismo, el racismo, la xenofobia y el capitalismo” (Butler, 2020; 62). Esta crisis afecta principalmente a las mujeres, profundizando la desigualdad existente. La ONU Mujeres a comienzo de la pandemia dictó una serie de recomendaciones a los poderes de los Estados, como una respuesta efectiva para prevenir, atender y eliminar la violencia contra las mujeres y las niñas, antes y después de la crisis. Argentina es el primer país del mundo que implementa medidas con perspectiva de género para combatir la pandemia. 


Argentina es el primer país del mundo que implementa medidas con perspectiva de género para combatir la pandemia. 


El confinamiento busca salvar vidas y controlar el contagio, sin embargo, si no se articulan políticas de género exhaustivas, traerá como consecuencia un aumento de todos los tipos de violencias. ¿Por qué las mujeres y el colectivo lgbtiq+ están más expuestos al virus? En este contexto aumentan los femicidios, la violencia física y psicológica. Mujeres y niñes conviven con su agresor; la violencia de género se prolonga en el tiempo, y tienen mayores dificultades para realizar la denuncia. En Argentina, según el Observatorio MuMaLá, en cuarentena se asesinaron a 97 mujeres, mientras que 193 niñes se quedaron sin madre. En este contexto también la ciberviolencia y ciberacoso se hacen eco: miles de niñas, niños y adolescentes se ven expuestos en sus casa con el uso de las TICs. Los hogares pasaron a ser el centro de sociabilización. En este espacio las mujeres ya se hacían cargo de las tareas del cuidado. La CEPAL define las tareas del cuidado como “todas aquellas actividades que son indispensables para que las personas puedan alimentarse, educarse, estar sanas y vivir en un hábitat propicio para el desarrollo de sus vidas. Abarca, por lo tanto, el cuidado material, que implica un trabajo, el cuidado económico, que implica un costo, y el cuidado psicológico, que implica un vínculo afectivo”. Bajo este contexto, aumentan las cargas, sumando también el rol de educadoras en aquellas mujeres con hijes en preescolar o primaria. Este aumento de carga impacta negativamente en el trabajo remunerado, generando mayor explotación y vulnerabilidad. También las mujeres son más pobres que los hombres, están más endeudadas, son quienes más sufren la crisis económica, porque son las primeras en ser despedidas de sus trabajos, las primeras que ven reducido sus salarios y son el porcentaje más alto de trabajo informal. Muchas jefas de hogares tienen que conciliar la doble responsabilidad sin protección social. La lista de violencia continúa y crece en adolescentes del colectivo LGBTIQ, que tienen que padecer a sus familiares violentos que no respetan su identidad. También llega a niñas y madres, bajo el nombre de violencia obstétrica, que no consiguen tener un parto respetado o que quieren realizarse una interrupción voluntaria del embarazo. Los grupos en situación de mayor riesgo como las mujeres pobres no acceden al agua potable, vivienda digna, productos de limpieza y de alimentación. El virus presenta un riesgo particular en mujeres adultas, según datos del INDEC, en Argentina la población mayor de 60 años está compuesta un 58% por mujeres, la feminización aumenta a medida que aumenta la edad, así es que en la población mayor de 75 años, el 63% está integrada por mujeres frente al 37% por varones, estamos frente a lo que se denomina “feminización del envejecimiento”, es decir que la población de adultos mayores, está integrada por más mujeres que varones. Como si fuera poco, las mujeres que acceden a una educación superior, son quienes enfrentan el covid-19 dado que estos trabajos están asociadas a las tareas del cuidado, como ser médicas, enfermeras, camilleras, asistentes: ellas son las primeras en el frente de batalla. Las migrantes, afrodescendientes e indígenas también atraviesan violencias, abusos e inconvenientes, no pueden dejar de trabajar y se ven expuestas al virus, no acceden a la protección social y padecen la discriminación y racismo en los sistemas de salud. Las mujeres con discapacidad se ven violentadas en la falta de atención de salud pública o en la imposibilidad de circular. Muchas de ellas necesitan el aire libre para recrearse y precisan una ayuda profesional, que por lo general esas tareas las hacen otras mujeres; frente a esta situación no pueden ser acompañadas. Las personas transexuales y transgénero también se ven afectadas. Este sector generalmente es marginado y discriminado por su identidad, tienen grandes dificultades para acceder a una vida digna, con vivienda, trabajo, salud y educación. Esta población tiene una esperanza de vida promedio de 35 años. Frente a un contexto de pandemia, esta situación se encrudece. 

Para la economista Amaia Pérez Orozco, estas desigualdades son producto de las estructuras socioeconómicas en las que vivimos, que ponen la vida humana al servicio del capital y definen ese “estilo de vida”, vinculado estrictamente a lo mercantil. Así se constituye un circuito compuesto entre producción y reproducción que además del consumo también crea subjetividades, normas, deseos, cosmovisiones, donde los seres humanos se van realizando. Esta subordinación de la vida al capitalismo la separa de pensar la naturaleza en un ecosistema integrado y potencia la visión androcéntrica del humano. Esta perversa noción de la vida hace que haya vidas que merecen vivir y otras que no. “Es una noción de vida vivible no universalizable y que no respeta la diferencia. Sustenta un sistema en el que se acepta que unas vidas (las más cercanas al sujeto privilegiado de esa Cosa escandalosa: el BBVAh1) sean consideradas dignas de ser rescatadas en un  contexto de crisis, mientras que las que difieren sean irrelevantes o puedan incluso perderse para el rescate de aquellas. A esto añadimos que la diversidad sexual y de género es constreñida en aras de garantizar sujetos invisibilizados que asuman la responsabilidad de sostener la vida en un sistema que la ataca”. (Pérez Orozco, 2014; 79) 


Así se constituye un circuito compuesto entre producción y reproducción que además del consumo también crea subjetividades, normas, deseos, cosmovisiones, donde los seres humanos se van realizando.


Feminismo interseccional 

Bell Hooks define al feminismo como antirracista, anticlasista, antihomofóbico, anticolonialista, antisexista y antipatriarcal: “entender la manera en que la dominación masculina y el sexismo se expresaban en la vida diaria concientizó a las mujeres sobre cómo eran acosadas, cómo trabajaban para otros y, en el peor de los casos, cómo no tenían ningún control sobre sus vidas” (Hooks, 2017; 29). Hooks deja al descubierto cómo las violencias se entremezclan con la etnia, la situación económica, edad, clase social, etc. La lucha de clases dentro del feminismo fue un puntapié: mientras las mujeres blancas con educación superior, propietarias, lograron acceder de manera más rápida a nuevos derechos y privilegios, las mujeres negras, migrantes, pobres quedaban relegadas en la órbita de las demandas de las blancas, invisibilizando las violencias y los padecimientos sobre esos cuerpos. 


Este enfoque llamado interseccional conlleva ver la desigualdad desde una multiplicidad de características que pueden acentuar la discriminación y violencia


Existe una inmensa cadena de desigualdades que entrecruza sexo, orientación sexual, color de piel, religión, estatus social, clase social, edad, nacionalidad, discapacidad, situación económica, geografía, hábitat. Este enfoque llamado interseccional conlleva ver la desigualdad desde una multiplicidad de características que pueden acentuar la discriminación y violencia. Ana Bach asegura que la interseccionalidad “trata a la situación en la que un tipo de discriminación interactúan con dos o más grupos discriminados y crea una situación única” (Bach, 2015; 49). Es una herramienta análitica que mejora la acción política, ya que nos permite analizar con mayor precisión las diferentes realidades en las que se encuentran las mujeres. Este paradigma nos permite crear soluciones más precisas a las situaciones de opresión en las personas.


1 Blanco, burgués, varón, adulto, heterosexual.


Referencias: 

-Butler, Judith (2020) “El capitalismo tiene sus límites” en Sopa de Wuhan, ASPO.  

-CEPAL (2012) Consulta de opinión sobre las políticas de cuidado de las personas dependientes en América Latina. https://www.cepal.org/es/publicaciones/35375-consulta opinion-politicas-cuidado-personas-dependientes-america-latina-ninas

-Hooks, Bell (2017) El feminismo es para todo el mundo, Madrid, Traficantes de sueños. 

-Pérez Orosco, Amaia (2014) Subversión feminista de la economía. Aportes para un debate sobre el conflicto capital-vida, Madrid, Traficantes de sueños.