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Martina López

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Imagen: Abrazar (se), Camila Mack

Entrevista a Camila Orrantía

Por Martina López


Camila Orrantía nació y vive en Buenos Aires. Estudió Psicología en la Universidad de Buenos Aires y actualmente se desempeña como co-ayudante en la materia Psicología Educacional. Realizó una variedad de seminarios y cursos de formación en Educación Sexual Integral y es diplomanda en E.S.I por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Realizó trabajos de integración en escuelas de nivel primario y participa de actividades de recreación en grupos de adolescentes con discapacidad. Tiene el objetivo de especializarse también, a futuro, en el área de Sexología.


¿Qué introducción harías a la ESI (Educación Sexual Integral)? 

Desde mi punto de vista, como bien indica su nombre, la ESI viene a aportarle a la sociedad el aspecto integral que tiene la sexualidad. En la escuela, lo más común es que cuando se trabaja la sexualidad, se ponga el foco en el aspecto biológico. También en la vida social en general, cuando la gente se refiere a lo sexual, suele remitirse y pensar en eso: el coito, lo genital, lo reproductivo. Y se olvida de todos los otros aspectos que incluye.

Entonces, la ESI viene a cumplir el derecho de todes les niñes y adolescentes a recibir una educación sexual que contemple todos los aspectos que la integran. Aspectos como el psicológico, el ético, el afectivo, el social. Además de lo biológico. Y poder aplicarla en todas las materias. Durante mucho tiempo, antes de la sanción de la Ley de Educación Sexual Integral, al estar focalizado en lo biológico, los contenidos sobre sexualidad se daban en materias como Biología o Ciencias Naturales.

En cambio, ahora, con el Programa Nacional de Educación Sexual Integral, lo que se propone es intentar abordarlo transversalmente en todas las materias; o poder, en el mejor de los casos, también, darle un espacio curricular específico para poder trabajarla desde ahí.  

Con tu formación en psicología, educación, ¿cuáles son los aspectos que más te interesan de la ESI?

Mi interés en la ESI tiene que ver con que creo que puede ayudar a comprender lo compleja que es la sexualidad humana, y que es algo que nos acompaña como seres humanos desde que nacemos. Creo que esto es algo que a la sociedad le falta ponerse a pensar, porque cuando nos olvidamos de lo compleja que es, podemos generar mucho daño. Cuando olvidamos que les niñes tienen sexualidad, cuando ignoramos el daño que se produce por la desinformación, cuando preferimos empezar a hablar de temas sexuales recién desde la pubertad, cuando ignoramos la importancia que tienen las emociones… todo eso puede generar daños. La sexualidad hace a nuestra identidad, nada más ni nada menos, y nos acompaña en todo lo que hacemos.

Me parece importante de la ESI que nos ayude a concientizar que la sexualidad está en lo que pensamos, en lo que experimentamos, en la manera de actuar, de vestir, de ser, de relacionarnos. Eso es lo que trato de transmitir, que hay que intentar no reducirla. Porque la sexualidad incluye temas de orientación sexual, de identidad de género, pero también muchos otros temas. Me parece necesario que trabajemos constantemente para tener eso presente.


La sexualidad hace a nuestra identidad, nada más ni nada menos, y nos acompaña en todo lo que hacemos. Me parece importante de la ESI que nos ayude a concientizar que la sexualidad está en lo que pensamos, en lo que experimentamos, en la manera de actuar, de vestir, de ser, de relacionarnos.


En tu trayectoria como estudiante, como docente y en tu trabajo en educación, ¿recordás alguna experiencia en la que la ESI no estaba presente, y era necesaria?

Sí. En mi experiencia tanto como estudiante en el colegio, como cuando trabajé como maestra integradora en colegios, a pesar de que estuviera vigente la Ley, a pesar de que hace años que el Programa Nacional de Educación Integral es parte de la currícula educativa, sigue habiendo un montón de fallas. Entonces vivís un montón de experiencias en las que decís: ¿dónde está la ESI? Desde mi experiencia como alumna, siento que la educación sexual que tuve estuvo acotada al área reproductiva, a los métodos anticonceptivos, a la prevención de embarazo. Realmente no recuerdo haber tenido un espacio que tuviera que ver con Educación Sexual Integral.

Después, más desde mi rol de maestra integradora, en los colegios en los que trabajé noté una perspectiva vinculada a la necesidad de cumplir con el programa por si había una inspección, o de “acá está, me imprimo un par de folletos y la ESI la trabajamos dos veces al año”. Y me parece que ese es el mayor problema. Necesitamos entender que la ESI no es un taller de educación sexual una vez al año, en determinadas fechas o jornadas que vienen de propuestas del Estado. Si comprendiéramos todo lo compleja y amplia que es la sexualidad, no pensaríamos que alcanza con trabajarla solo una vez al año: entenderíamos que podemos darla siempre, por más que no la mencionemos explícitamente.


Y sí, lamentablemente tuve experiencias con docentes que tenían ese pensamiento, que elegían dar talleres aislados, sin informarse, desde su criterio personal, no abriendo a charlas colectivas con todes les alumnes. Muy centrades todavía en “tengo que cumplir” y en transmitir contenidos vinculados a la anticoncepción, a enfermedades de transmisión sexual y ya. No se pasa a más de eso. Y ahí volvemos a caer en lo mismo, a reducirla, como si todo lo que pasa alrededor no fuera educación sexual también. Esto no se trata solo de mi experiencia personal, es una denuncia colectiva que se hace constantemente en relación a la mala implementación de la ESI.

Claro, o sea que pareciera que una parte de quienes están formando a otres en ESI, no tienen el conocimiento necesario ni se abren a escuchar lo que tienen les jóvenes para decir, ¿no? 

Exacto. Y también que se sigue acarreando una idea de “yo ya la sé, tengo tanta cantidad de años, ¿qué más puedo aprender sobre la sexualidad?”. Por eso, yo insisto en que la sexualidad nos acompaña continuamente: siempre estamos conociéndonos, conociendo a le otre, experimentándonos.

Aparecen cosas nuevas continuamente. O sea, sí, quizás no tenés nada nuevo para contar sobre métodos anticonceptivos, pero eso no es lo único que les estudiantes necesitan saber. Siempre surgen ideas nuevas, debates nuevos, que hay que incluir en la educación. Y muchas veces esas profesoras, esas maestras –y las nombro en femenino porque en mi experiencia siempre fueron maestras mujeres, pero ese es un tema para analizar en otro lado– tienen esa mirada de ya saberlo, de pararse frente al curso y ya. 

Vos hiciste una investigación sobre cómo las representaciones de les docentes sobre la sexualidad les dan determinadas características a su forma de aplicar la ESI. ¿Querés contarnos un poco qué viste en la institución que analizaste?

Yo trabajé con un jardín laico, en el cual casualmente la mayor parte de les docentes eran religioses, particularmente evangelistas. Cuando me entrevisté con el equipo de dirección, lo que surgía como límite en les docentes cuando les tocaba hablar de ESI, era la idea de que la religión o mismo la ideología no eran compatibles con algunas ideas que planteaba la ESI. Y eso lo veían como un obstáculo para conversar de ese tema en el aula. Muches preferían no hacerlo, preferían que se encargara de ello la pareja pedagógica, o había resistencia.

Por darte un ejemplo: nos comentaron que en las capacitaciones del Ministerio les sugerían que en los cuadernos de comunicados dejaran de poner como destinatarios “Señores Padres” y empezaran a hablar de “familias”.  Muches docentes se oponían a esto porque creían que no tenía sentido cambiar algo que se había hecho siempre de la misma manera. Y la realidad es que estas resistencias que surgen también son entendibles, aunque no justificables.

Por suerte, por lo que vi en el equipo directivo de ese jardín, si bien por un lado se defendían de las resistencias de las docentes con respecto a la ESI diciendo “la ley lo establece, excede nuestro criterio personal”, también trataban de generar capacitaciones, reuniones y charlas para que todo el tiempo esto se pusiera en juego. Digo, algo hay que hacer con eso, hay que capacitarse, hay que charlarlo, creo que no se trata simplemente de hacer una bajada de línea y decir “a partir de ahora se pone familias, no padres”. Porque estes adultes, al igual que les niñes y adolescentes, también están atravesades por sus representaciones de la sexualidad. Y esto hay que tenerlo en cuenta. 

Hay que abrir un espacio para poder hablar con les docentes que presentan discusiones a la ESI, para que comprendan que cuando se resisten a cambiar están ignorando el hecho de quizás le destinatarie no sea un padre, sino una sola madre, o dos madres, por poner un ejemplo.

Entonces, ¿en qué lugar queda le niñe que recibe esa nota?, se puede preguntar a sí misme ¿qué pasa con mi familia?, ¿es rara, es distinta, está mal?, ¿por qué no la incluyen? Creo que se trata de ponerse a trabajar estos temas.


Hay que abrir un espacio para poder hablar con les docentes que presentan discusiones a la ESI, para que comprendan que cuando se resisten a cambiar están ignorando el hecho de quizás le destinatarie no sea un padre, sino una sola madre, o dos madres, por poner un ejemplo.



Cuando se empezó a implementar la ESI en nivel inicial, muchas personas decían: “pero, desde tan chiquitos, educación sexual en el jardín”. Sin embargo, en el nivel inicial aparecen de forma mucho más evidente ciertos temas vinculados a la sexualidad que después se sostienen en los siguientes niveles educativos. En este jardín, por ejemplo, si alguien en la sala cumplía años, eran globos celestes o globos rosas, se dividía por género siempre. La reacción contra la ESI tiene que ver con la desinformación sobre en qué consiste la Ley, y con que se ignora todo el perjuicio que genera no pensar que hasta los detalles más chiquitos pueden provocar algún tipo de daño, o una discriminación a alguien que no cumple con lo que se tiene naturalizado o establecido. 


Camila Orrantía

La reacción contra la ESI tiene que ver con la desinformación sobre en qué consiste la Ley, y con que se ignora todo el perjuicio que genera no pensar que hasta los detalles más chiquitos pueden provocar algún tipo de daño, o una discriminación a alguien que no cumple con lo que se tiene naturalizado o establecido. 


Con respecto a este momento tan extraño de aislamiento obligatorio, ¿cómo se podría o debería estar desarrollando la aplicación de la ESI? 

Yo creo que, si el proyecto institucional es trabajar la ESI de forma transversal, y se logra dar continuidad a las clases -teniendo en cuenta que no todos los colegios están en las mismas condiciones- las instituciones deberían y podrían continuar trabajando en la ESI.

Pero bueno, la verdad es que en este contexto cualquier tipo de contenido se vuelve muy delicado, y también llegar a les alumnes. A veces es difícil saber por qué faltan tanto, si se comprometen con las tareas… Hay muchos casos en los que tienen dificultades en la casa. Es increíble cómo, con la cuarentena, se pueden hacer mucho más visibles algunos de esos temas. Hay que pensar eso: que están continuamente en las casas, con esos problemas, sin un espacio de intimidad. Y así es mucho más difícil encontrar un lugar donde preguntar o hablar de esas inquietudes, que quizás antes, en el ámbito del aula o en una situación de confianza con le profesore, se podía generar más fácilmente.


Hace poco empecé a trabajar en un colegio nuevo y se me hacen más visibles las dificultades que genera el contexto para establecer vínculos con la comunidad educativa. Al no tener un día a día con les alumnes, al verles solo un ratito por la computadora, al no tener un contexto de clase, sin un pasillo donde poder charlar y ver qué está pasando, conocerles cuesta mucho.

Hace poco, en una reunión, escuché cómo una alumna le comentaba a una profesora que ella sentía que siempre que se hablaba sobre sexualidad, especialmente sobre masturbación, se hablaba de la masculina y nunca de la femenina.

La sensación que me dió fue que la docente no sabía bien qué hacer con eso, porque le dijo que era posible lo que la estudiante le decía, pero le sugería conversarlo con la profesora de Biología, que era más “experta”. No pretendo juzgar la situación porque es algo que vi en minutos, pero creo que demuestra cómo la falta de capacitación genera miedo en les docentes ante ciertos temas que plantean les alumnes y en seguida la respuesta es: “mejor lo hablamos en Biología” o “cuando tengamos el taller de ESI lo charlamos”, piensan que necesitan prepararse para ese momento.

Teniendo en cuenta que comentabas que uno de los ámbitos de mayor reticencia a la ESI es en el vínculo con las familias, ¿te parece que en la cuarentena, cuando muchas familias se están incluyendo más en la educación de sus hijes, la ESI encuentra más dificultades todavía con respecto a las familias? 

Sí. En el aislamiento aparecen muchas quejas sobre cómo se maneja la escuela, si les dan mucha tarea. Pareciera que cuando la familia y la escuela se juntan, hay cortocircuito. Da la sensación de que siempre que se cruzan hay chispas: o porque la escuela delega mucho en la familia, y la familia se queja; o porque la familia se mete demasiado y el colegio lo padece. Pero desde mi punto de vista, es clave trabajar en esa unión. Sin pisarse, porque son dos instancias totalmente distintas, pero ambas trabajan en función de les chiques. Entonces me parece inevitable que el objetivo sea trabajar en conjunto. 

¿Y cómo ves la sexualidad en la sociedad en este contexto?

En relación con la sexualidad en la cuarentena, vi algunas estadísticas de análisis que hizo la UBA, que mencionaban que hubo una baja en el interés, en la fantasía, en el deseo sexual de la gente. Les entrevistades eran personas que convivían con sus parejas.

Cuando te lo ponés a pensar, generalizando la situación, la verdad es que es esperable. Porque estamos hace mucho tiempo encerrades, aislades, conviviendo durante mucho tiempo con la o las mismas personas. Digo, más allá del distanciamiento, que genera un impedimento obvio para el encuentro sexual con quien no se convive, entre las personas que conviven habría una baja de la libido. Y me parece que eso se traslada de muchos aspectos de la vida cotidiana que vivimos hoy: estás más desanimade con el trabajo, todo muy rutinario dentro de cuatro paredes, no frecuentás a gente, no salís a espacios que antes eran tuyos.

Por más que intentemos recrear todos los espacios en la virtualidad, vos antes si hacías un deporte, un hobbie, cualquier actividad, ibas a ese espacio y ese momento era tuyo, y recién después te reencontrabas con quien convivías. Y ahora todo eso no funciona. Todo eso se volcó a un mismo ambiente. Entonces es inevitable, en un punto, que haya una baja en el interés en todas las áreas. Y no me asombra que la sexualidad sea una de ellas. 

Para finalizar: a futuro, ¿qué te parece que sería interesante que pase con la ESI o en el cruce entre sexualidades y educación?

En relación a la ESI, yo creo que siempre el freno fueron los grupos que se oponen a ella. Grupos como “Con mis hijos no te metas”. Cuando escuchás lo que dicen, te das cuenta de que el mayor problema es la falta de información sobre a qué apunta la ESI.

Yo creo que cuando logremos concientizar con mayor alcance, vamos a poder derribar un montón de mitos y miedos que tienen, sobre todo, las familias. Y también vamos a poder trabajar con ellas en conjunto, para poder aplicarla. Porque la realidad es que la ESI no viene a robarle a la familia les hijes para inculcarles algo.

La ESI viene a cumplir un derecho y a poder darles herramientas a les niñes y adolescentes sobre su sexualidad, que va a hacer, nada más ni nada menos, que una parte importante de su identidad. Y para que puedan hacer un uso consciente y responsable de esas herramientas. Me parece que la clave para el futuro siempre va a ser poder darle correcta información a las familias, la cantidad de veces que sea necesario, no generar una lucha entre “ESI sí, ESI no”, porque es un derecho y no se tiene que modificar.

Para mí, se debe apuntar a incluir a las familias en la aplicación de la ESI a sus hijes. Por esto también pretendo seguir formándome en el área, en este tema que me apasiona, para tener siempre nuevas herramientas. Para poder seguir pensando sin cerrarme. Creo que la clave es nunca pensar que te las sabés todas porque ahí caés en la trampa, hay que formarse y seguir compartiéndolo.


La ESI viene a cumplir un derecho y a poder darles herramientas a les niñes y adolescentes sobre su sexualidad, que va a hacer, nada más ni nada menos, que una parte importante de su identidad.


Imagen de Carla Comper

Por Martina López


En un jardín de Victoria

duerme un perro

la noche entrada

y al frente la mugre de una pileta 

tres metros de hondo. 

No prendió la luz 

la brasa del cigarro 

se enciende cuando él le da los labios

con tal entrega.

Sobre la mesa 

la radiología

le prohíbe la vida del humo. 

Muy lejos los hijos 

harán lo mismo en alguna fiesta.

Ella nunca.

Hace años su mujer duerme arriba

después de buscarse la muerte.


Ph: Mariana Yablon

Por Martina López


Existe la idea de que quienes escriben literatura los realizan un “acopio” para su trabajo. Se trata de entrar en una modalidad vital de observación, de sorpresa, tanto en la lectura como en la vida cotidiana, que permite recolectar diferentes elementos, anécdotas, imágenes, que luego estarán disponibles para ser utilizadas en la escritura de un texto. En muchos talleres de escritura hablan de esta “recolección”, que puede hacerse tanto cuando se leen libros como cuando se viaja en colectivo, se camina por la calle o se está en una reunión familiar. En el primer caso se trataría de desmenuzar la escritura de les autores que nos sorprenden, que nos emocionan, que nos perturban, para comprender sus mecanismos de trabajo – “cómo lo hacen”- y también succionar de sus obras todo lo que nos llama la atención, empaparnos de la literatura que consumimos, dejar que se filtre en nuestra escritura. 

En el caso de las vivencias, sería estar en un estado de alerta o de “distanciamiento” (sin jamás perder la sensibilidad) que permitiría observar las acciones, las relaciones, las palabras de quienes nos rodean, de quienes conocemos y de quienes no, de los objetos, de la ciudad, del mundo, a través de un filtro distinto al de la costumbre. Tal forma de percepción permitiría una concepción poética del mundo, hasta de lo más banal, y esto podría llevar a ideas e imágenes “escribibles”. 

El resultado del acopio que realizan les escritores son formas de archivos. A veces pueden ser archivos mentales, depósitos reflexivos donde quien escribe va guardando y clasificando materiales que más adelante utilizará para su escritura…o terminará desechándolos, o dejándolos olvidados en un rincón oscuro de su cabeza, su cuaderno o su computadora. Lo interesante de este tipo de archivo es que, aunque pareciera estar conformado sólo por ideas, en realidad, al igual que otras colecciones y acervos, lo componen materiales completamente diversos: de distintas texturas, duraciones, orígenes. No faltan en él los recuerdos de la infancia, imágenes difusas de objetos utilizados, palabras que riman, admiraciones, fotografías, versos leídos, sonidos, gestos, la musicalidad de un texto, fragancias, ambientes, dolores, paradojas, rostros desconocidos, preguntas… ¿qué no se utiliza en la escritura? ¿qué cosa puede considerarse un material no literario?

Un archivo socialmente legitimado está conformado por diversos objetos e informaciones que se considera que tienen importancia para la memoria de su comunidad. Son lo que hay que guardar para la posteridad. Implican una cierta forma de percibir y definir el mundo y permiten ser observados siempre desde distintos puntos de vista. Por ejemplo: un archivo personal, si fue manipulado y organizado por su “protagonista”, expresa una mirada sobre sí misme, la imagen que se quiere dejar a la quien lo consulte está implícita en todo lo que la persona decidió resguardar y lo que eliminó, en cómo organizó los elementos, etc. En los archivos nacionales o institucionales sucede lo mismo, son también representaciones de determinada sociedad que se resguardan para la historia. “Monumentos”, diría el medievalista Le Goff en uno de sus artículos. ¿Quién decide allí qué se guarda y qué no? ¿Quién hace el recorte? Por suerte, el paso del tiempo, las investigaciones y el cruce con otros archivos van permitiendo que los objetos adopten nuevos significados y provean a la sociedad de nuevas informaciones. Por eso es importante pensar cómo se hace hablar a estos objetos que, expuestos o conservados, parecen permanecer totalmente mudos. 


El encuentro con el archivo es la percepción de la ambigüedad de los hechos, la necesidad de interpretación con conocimiento de que siempre será posible una reinterpretación.


Los archivos, entonces, no son un discurso uniforme sobre la historia de una persona, un país, una cultura, una institución (aunque muchos tengan pretensiones de mantenerse en un solo punto de vista). El encuentro con el archivo es la percepción de la ambigüedad de los hechos, la necesidad de interpretación con conocimiento de que siempre será posible una reinterpretación. Los archivos permiten siempre – o deberían hacerlo – su re-organización, el constante enriquecimiento de sus informaciones, el rearmado del rompecabezas, el cruce con otros archivos… Esto lleva a veces a un cierto desborde, que pone en duda el recorte temático de los archivos: millones de objetos podrían ocupar un lugar en millones de archivos distintos, por el simple hecho de que la vida es un entramado de elementos e historias que se cruzan entre sí y no una determinada cantidad de compartimentos estancos que flotan en la nada. La importancia de los objetos, de las personas, de las historias es su condición de convivencia, de coparticipación en algo común que los une, los cruza y les permite la construcción de la dinámica social.

Sin embargo, volviendo a la “definición” de la noción de archivo, hay un fuerte preconcepto de que los archivos son lugares muertos donde objetos aburridos y secos se llenan de polvo. No es el propósito de este texto pensar cuáles son las razones por las cuales existen estas ideas, aunque cualquiera puede imaginarlas. Sí lo es pensar en un interesante cruce que puede darse entre el arte y los archivos, que dé lugar a la animación de estos espacios. El teatro, el cine (y todas las disciplinas indisciplinadas dispuestas a hacerse su “acopio” para la producción artística) trabajan de múltiples formas en obras que intervienen documentos. Esto suele devenir en nuevas posibilidades de pensar la historia y de recuperar la memoria. Permiten que los archivos no sólo se dediquen a conservar los objetos con el fin de inmortalizarlos. Si bien es importante su conservación como documentos y testimonios históricos que permiten comprender el pasado, el presente y el futuro, muches archivistas y conservadores creen que, si los acervos se componen de elementos orgánicos o degradables que el tiempo envejece y que un día desaparecerán, no se puede evitar ese proceso. Su exhibición, su conocimiento, son muy importantes también. Sin duda, si se guarda un objeto es para que se lo conozca, se lo piense y sea accesible al público. Si se resguarda un objeto como importante para una sociedad, toda esa sociedad tiene derecho a conocerlo y a conocer las causas por las cuales este objeto tiene un valor patrimonial. En este sentido, esas causas no sólo varían constantemente con el tiempo, el contexto y según quién lo percibe: también pueden variar por una intervención artística que cuestione estas “razones divinas” que nos hacen sentir obligados a conservar algo. Se cae entonces de maduro, que las causas de la conservación del patrimonio documental son convencionales: un objeto “efímero” tiene mayor valor que uno que todo el mundo conservó, un libro dedicado tiene mayor valor que uno intonso… todo lo que de alguna forma participó de nuestra historia adquiere un valor (que tiene una confusa determinación entre lo patrimonial y lo comercial). Interesan aquí entonces las obras que no sólo cuestionan el aura, la inmortalidad y el sentido original de los objetos conservados en los archivos sino también las obras artísticas que trabajan con archivos de lo cotidiano, de lo “mundano”, de la “gente común” y recuperan la memoria comunitaria para reescribir la historia desde otro lugar. Para, además de sacar del pedestal a esos objetos que parecían divinos, poner en funcionamiento mecanismos que dinamizaron la vida pasada. Podría pensarse, en ciertos casos, en una recreación – siempre parcial – de la realidad. Esto no sólo permite repensar las prácticas institucionales que van definiendo nuestra cultura sino también nuestras concepciones de la propia historia, la propia cultura, los relatos, la vida en comunidad, entre otros. Poner a vivir y darles voz a esos elementos de la memoria utilizando los procedimientos poéticos nos hace encontrarnos de otra forma con eso que ya vimos… convertir la unión de dos viejas fotografías en metáfora, el montaje de antiguos videos en ironía, el relato del recuerdo en metonimia. Que la memoria no se encuentre solo en la vitrina inmóvil sino también en el “poner a rodar” la memoria: el diálogo entre los objetos y la vivencia, la experiencia, la práctica, el relato. 

Hay múltiples ejemplos de este tipo de trabajos, solo por mencionar uno, el ciclo Archivos Intervenidos, en el cual el Museo del Cine con el apoyo del Archivo General de la Nación convocó a diverses cineastas a editar piezas fílmicas de su acervo, como cortometrajes didácticos, para crear nuevas obras. Esto no sólo ayuda a llamar la atención sobre la importancia de la digitalización de sus materiales, sino que además da lugar a novedosas formas de leer y reinterpretar imágenes interviniendo su propia forma y dándoles nuevamente lugar en la pantalla. Uno de los ciclos ofrecía como material a intervenir Cine Escuela Argentino, un proyecto creado en 1948 por la Secretaría de Educación de Argentina durante el primer gobierno de Perón que promovía el uso del cinematógrafo como “auxiliar didáctico”. También realizaron una versión del proyecto en la que los estudiantes de distintos colegios intervinieron fílmicamente fragmentos del noticiero cinematográfico Sucesos argentinos. Esa experiencia dio lugar a que les jóvenes conocieran una forma en que se pensaban y representaban sucesos de la realidad político-social hace casi un siglo y que imaginaran cómo podrían modificar esos materiales de forma tal que expresaran su forma de pensar esos hechos hoy en día. 


“Que la memoria no se encuentre solo en la vitrina inmóvil sino también en el “poner a rodar” la memoria: el diálogo entre los objetos y la vivencia, la experiencia, la práctica, el relato.


Fernanda Pinta, por su parte, en su artículo “Puesta en escena, puesta en serie. Prácticas artísticas y curatoriales en el teatro argentino contemporáneo” (2015) también describe una experiencia en esta línea. Ferrowhite es un Museo compuesto por una colección de piezas ferroviarias que se rescataron de la privatización de las empresas de trenes nacionales. Para poder dar cuenta de la historia de estos objetos, se entrevistó a trabajadores del rubro que reconstruyeron su utilización y el contexto de ese trabajo. Se convocó a Vivi Tellas, quien dirigió el proyecto de teatro documental Nadie se despide en White, donde diversos espectáculos protagonizados por estes “protagonistas de la historia” comparten sus archivos y experiencias con los espectadores, sus relatos personales sobre sus propias vidas. Se cruzan, en la recepción de la obra, la vida personal y la historia general a través de la escucha y de la percepción de un cuerpo vivo (con sus gestos, miradas, silencios) que va rescatando la memoria frente a los ojos de los espectadores. Esos relatos construyen un contexto y una historia a los objetos, todo con el fin de contar y repensar. De juntar las piezas que están dispersas para armar y reamar las múltiples formas que adopta nuestra memoria. Los archivos públicos pueden ser pensados, entonces, como parte del espacio de los archivos del acopio de los artistas. Desde las instituciones nacionales, provinciales, municipales, se pueden abrir los acervos como material de producción de experiencias a través de las cuales el público se encuentre con las historias desde nuevos puntos de vista, para poder pensar cómo vive (o preferiría vivir) su realidad actual.


Ph: Mariángeles Silva

Hicimos un “ping-pong” con algunas preguntas que nos motivaron a reflexionar sobre los ejes de este proyecto, sobre la situación presente y sobre el significado de lo Molecular para cada unx de nosotrxs. Les compartimos algunos fragmentos de la conversa!


En primer lugar, nos preguntamos qué lugar ocupa el arte en nuestras vidas. 

Martina: El arte ocupa un lugar protagónico en mi vida. Por elección, pero a veces también por defecto. Trato de ir a buscarlo y de compartirlo, me atrae y me apasiona, me permite pensar y sentir más allá de los límites de lo que sé y conozco. Mi actividad profesional, mis momentos de ocio, mis instancias de reflexión, mi vida social y mi desarrollo creativo y sensible están en constante vínculo con el arte. Creo que hay algo muy enriquecedor en poder relacionarme con él desde distintas actividades: la producción, el análisis, la recepción o el consumo, la historización, la educación, entre otras, porque finalmente encuentro que hay un proceso en común, que sucede a nivel social. Ese proceso, que se encuentra en todas estas actividades, implica fabricar, encontrar, develar, algo que no estaba o no era perceptible anteriormente gracias a una desautomatización, un parate, un quiebre, una instancia alternativa dentro de lo que ya conocemos. Liliana Heker afirma que lo que le da sentido a su trabajo es que un texto suyo haya marcado a otro, lo haya llevado a pensar, lo haya movilizado. Y por eso mismo me siento movilizada a participar: para que ese proceso suceda en mí y en otrxs.  

Sabrina: El arte en mi vida también ocupa un lugar importante, sobre todo en lo que respecta a la literatura. Sin embargo, no podría decir que es el único ni el más importante. Trasciende, eso sí. Lo que quiero decir es que está en todo. Hay literatura en cada cosa, hasta en lo que pueda parecer más absurdo e intrascendente. No podría, desde ya, afirmar qué lugar ocupa para otros. Puedo decir lo que significa para mí. Tampoco podría pensar en el lugar que “debería” ocupar, porque pensarlo de ese modo le otorga un carácter prescriptivo que hasta se contradice con la idea de arte que yo tengo.

Agustina: Sí, en este mismo sentido, no creo en el arte como algo que ocupa un lugar, sino como algo que abre espacios o permite atravesarlos de una manera otra que no es la convencional-racional. El arte en mi vida es la fisura entre el pensamiento y el quehacer, me gusta dar lugar a ese quiebre para que las cosas respiren. La sociedad también respiraría un poco mejor con la irrupción eventual de lo artístico.

Rocío: Desde pequeña comprendí que la vida es arte. No como una institución, claro, sino como punto de fuga de todas aquellas actividades cotidianas que, sin arte, serían una tortura. Arte en los museos, arte en el barrio, arte en la mesada de la cocina y en el jardín de casa. Arte en el trabajo y arte en las escuelas. Son estos puntos de fuga los que conducen los cambios. Una sociedad “desartizada” es una sociedad estanca.

Roma: El arte es parte de mi vida, la pregunta sería qué quedaría de ella sin el arte. Y la respuesta sería probablemente un mundo que no puede ser nombrado más allá de las funciones vitales mínimas. ¿Pero eso sería un mundo? Si no hay forma de hablar de la vida y la muerte, del amor y el dolor, la incomprensión y la soledad dominan todo dejando tras de sí fragmentos de cotidianidad incongruentes. No quiere decir que con el arte la vida manifieste mayor congruencia, pero al menos hay un horizonte, cierto sentido: el sol nace por el oriente y se pone por el occidente. Por otra parte, creo que el arte “rodea” a la sociedad, pero ha prevalecido una mirada elitista que distingue “el gran arte” de “las obras menores”, cuando en realidad solo hay continuidad. En mi opinión, esa fue una batalla perdida, aunque no creo que esto sea algo definitivo.

Guillermo: El arte está entre mi vida. Va y viene todo el tiempo, muchas veces no es parte de mí, pero muchas otras sí. El hecho de crear, por lo general es por autosatisfacción, por placer, pero cuando estoy del lado del tipo que contempla, es imposible no hacerlo desde un contexto cultural y temporal. Ahí es cuando empiezo a replantearme la manera de concebir el arte como creador, porque personalmente siento que es necesario, además de satisfacer las necesidades personales, no dejar de lado la influencia que puede tener en una comunidad. Creo que quitándole un poco de mística al concepto de arte y faltándole más el respeto se vuelve más poderoso, sale del elitismo de aquel que supuestamente puede entenderlo, explicarlo y venderlo, para entrar en otro lugar en donde puede ser generador de nuevas ideas, transformar, e incluso perdurar. Creo que muchas veces no hay recursos o sentido de comunidad para generar movimientos capaces de romper con este elitismo, o al menos generar algo más que un hermoso ruido. Hay que ser parte, pero no desde afuera, sino organizarse, participar y ensuciarse más. Me gustaría que el arte sea transformador y que salga de los límites de la vanidad.

Alejandro: Aunque de forma un poco tardía, el arte se volvió una dimensión importante en mi vida, para aprender cosas, reflexionar, expresarme y, también, entretenerme. Me pude vincular más a partir de formarme académica y profesionalmente en este campo, y encontré un lugar para hacer cosas que a veces aportan un granito de arena a la transformación social y cultural, que es algo que me interesa de forma particular. Creo que las prácticas artísticas, en términos generales, nos dan la posibilidad de conocer mundos múltiples, formas de contar y mostrar, formas de intercambiar símbolos y significados, es un modo de estar, expresarnos y comunicarnos mientras pasamos este tiempo que nos toca. 

Más allá de sus múltiples posibilidades, nos preguntamos qué significa cultura o lo cultural para cada unx de nosotrxs:

Alejandro: De nuevo, creo que la cultura inscribe una serie de significados, de sentidos que se dicen y se disputan. “Lo cultural” es una dimensión de las relaciones sociales que no podemos pensar de forma escindida de otros campos como el económico, el político o el tecnológico. El profesor peruano Víctor Vich tiene una propuesta interesante para pensar estas cuestiones, que es “Desculturizar la cultura”, verbo-concepto que titula uno de sus libros. Esta acción implica, por un lado, dejar de pensar lo cultural como si fuera una esfera separada y estática, solo una bolsa donde entran nuestras ideas, valores, costumbres y ahí se queda. Esto es decir que la cultura no es solo lo cultural, sino que se entrama con otras vertientes. Por el otro, esta idea supone la necesidad establecer una estrategia de pensamiento y acción destinada a deconstruir imaginarios, discursos y técnicas propias y ajenas que a veces plantean una realidad social como natural y definitiva. Creo que por acá aparecen algunas puntas valiosas para ir pensando.

Roma: Yo creo que la cultura es el mundo humano, desde cómo comemos hasta cómo nos comportamos con otros. Es un código que nos permite vivir junto a otros, además de ser un refugio de la intemperie. La cultura es el fuego y la fragua. Y otra vez hay que salvarla del capitalismo para que produzca sociedad y no capitalismo, aunque la cosa está muy difícil.

Sabrina: Me gusta pensar en la cultura como “totalidad”. Muchas veces se suele reducir “la cultura” a las expresiones artísticas; pero desde ya que no es solo eso. Es un poco lo que se suele definir desde una mirada clásica, pero también algo vinculado al origen, el de dónde venimos, eso que nos identifica; todo lo que hace a nuestra identidad. Y si hablamos de identidad, hablamos de una construcción; lo cultural es construcción y es movimiento.

Martina: Pienso también que la cultura tiene que ver, en principio, con algo construido. Algo que tejemos lxs seres humanxs en conjunto para convivir, para relacionarnos, para pensarnos, para expresarnos. No tiene que ver con lo que nos viene por defecto, sino con cómo concebimos nuestro mundo y actuamos en consecuencia. Y cómo eso da lugar a encuentros y desencuentros, pero es siempre en relación con otrxs. Creo que lo interesante de la cultura es su capacidad de variación, de un lugar a otro y de un momento a otro. Cómo conviven tantas culturas juntas dentro de un mismo territorio, de una misma sociedad, de una misma persona, también. Y cómo las sociedades vamos empujando, además, para que se produzcan esos cambios, hasta que somos incapaces de recordar cuándo sucedieron. Para recordarlo y ser conscientes de ello, para seguir produciendo cambios, necesitamos la historia y la memoria, que existen gracias a la cultura y son parte de ella.  

Rocío: Entiendo a la cultura como aquel lugar “pseudo-sacro”en el que se alojan determinadas prácticas (artísticas y no artísticas) hegemónicas, normalizadas y aceptadas por la sociedad. La cultura es una institución. Y no reniego de ella, por el contrario, me sumerjo y me fascina. Con lo que no puedo estar de acuerdo es con aquel recorte que supone la institucionalización de la cosa. Los márgenes se convierten en abyecciones de un sistema cultural depurado. El estatuto de la cultura asfixia lo cultural, todas esas manifestaciones culturales que conforman una suerte de “contra archivo”, aunando todo aquello que en el marco de la cultura no puede ser dicho. La cultura y lo cultural se trenzan en un juego dialéctico de acción/reacción que genera aquellos puntos de fuga que hacen caminar a las sociedades. 

Agustina: En algunos aspectos la cultura es la canonización de las prácticas artísticas e intelectuales socialmente aceptadas bajo un criterio de categorización, normalización y/o exposición; frente a eso lo cultural aparece bajo aquellas expresiones artísticas o intelectuales amorfas, desinstitucionalizadas, anómalas o disímiles que por algún motivo permanecen dispersas y no llegan a ocupar el espacio de aquello que se reifica como “la” cultura. 

Guillermo: Hoy en día pienso que la cultura puede ser una definición de diccionario, o un producto que se puede vender, para beneficiar a muchos o a unos pocos, incluso dejando afuera a los que son parte de esa cultura; en cambio a lo cultural lo veo más relacionado con la acción, con las ideas, el aprendizaje, la educación, el mapa que marca el camino tanto de lo individual como de lo colectivo.

Ph: Mariángeles Silva

Como tercer eje, ensayamos respuestas al por qué y el cómo lo político atraviesa el campo cultural y artístico:

Sabrina: Es imposible pensar en una cosa escindida de la otra; lo político atraviesa y es constitutivo de cualquier manifestación del campo social.

Martina: Si, coincido. Igualmente hay muchas formas de analizarlo, tomo brevemente algunas. Por un lado, por lo que explicaba anteriormente: las políticas de Estado, las políticas institucionales y la política en términos comunitarios tienen la posibilidad de ampliar y actuar en pos del acceso y la difusión del arte. También creo necesario pensar y considerar las obras, movimientos, artistas y expresiones culturales como sumamente imbricadas con la situación política del tiempo en el que se desarrollan (y lo que vino antes y lo que vendrá después). Por último, y lo que creo muy importante, me parece que lo cultural-artístico y lo político actúan sobre el mismo campo y existen en términos similares: ambos nos permiten repensar, volver a percibir el mundo, producir aquello que antes no existía. La capacidad de lo cultural de modificarse y cambiar existe, en gran medida, gracias tanto al arte como a la política. 

Roma: Me parece que habría que distinguir entre la política y lo político para responder bien esta pregunta, desde ya que hay que estudiar bastante el asunto para dar un argumento más elaborado. Pero sí puedo decir que lo político es indisociable de la vida cultural. La cultura transmite la tensión política dentro del seno de una sociedad. Por otra parte, se puede operar en la cultura para generar modificaciones políticas. Respecto a la relación de lo político con el arte me inclinaría por otro tipo de afirmaciones. Para mí, el arte es libre, el artista debe ser libre incluso de la política, es difícil, pero creo que por ahí va la cosa. Tal vez porque el artista siempre vive un poco en el futuro, que no debe estar atado a nada para expresar lo que ve. Pero bueno es un tema importante, hay que pensar mucho al respecto.

Agustina: Entiendo lo político como el hiato que divide a una sociedad en campos antagónicos que definen la identidad de los sujetos a partir de su posición frente a lo otro, en este sentido, no creo que el arte siempre manifieste una posición al respecto. Puede hacerlo, pero no creo que deba hacerlo necesariamente o que efectivamente lo haga.

Guillermo: Lo político vinculado a lo cultural es, por un lado, aquellas decisiones de los que influyen directamente en la “venta” de la cultura y, por el otro, las ideas románticas de los generadores de un hecho cultural. Cuando los del primer grupo se arriman a los del segundo, ocasionalmente salen cosas buenas, pero en el mejor de los casos son pequeñas transformaciones controladas por el primer grupo. Estaría bueno que los del segundo grupo transformen en acción las ideas románticas, pasar a lo concreto y tangible, convertirlas en disparadores reales de cambio social.

Alejandro: Como decía antes, me parece interesante pensar cómo los campos se entrelazan, qué implica eso, y coincido con muchos de los puntos que se expresaron acá, sin dudas es un tema para seguir debatiendo y debatiendo!

Rocío: No creo que lo político atraviese el campo cultural y artístico sino que, más bien, lo constituye. No pienso en una representación, que no se malinterprete. Pero sí creo que la esfera artística trabaja indefectiblemente con  elementos de lo real. No voy a teorizar sobre la autonomía artística, pero creo que todo arte es político.

Este proyecto surge en un contexto muy particular para la sociedad y para el sector cultural en específico. Opinamos sobre las políticas culturales en tiempos de pandemia, sobre las necesidades que como artistas y gestorxs vemos en el sector y sobre qué posibilidades creemos que existen para las organizaciones en este marco.

Martina: La situación generada por la pandemia inaugura escenarios diferentes e inciertos. Más allá de que es posible pensar algunos aspectos “positivos” para el campo cultural en este tiempo, la mayoría asociados a la creatividad de artistas y gestores para habitar los espacios digitales, la parte negativa es sin duda mayoritaria. El encuentro presencial y corporal es muchas veces central para las industrias creativas. En términos económicos, es innegable la cantidad de trabajadorxs vinculados al sector cultural que por la pandemia han perdido su empleo de un día para el otro. Los centros culturales, los clubes de barrio, las sociedades de fomento, las escuelas, los espacios donde a veces se juega la cultura “no-oficial” ni comercial se encuentran con monstruosas dificultades, aparte de los que lograron encontrar alguna alternativa para sustentarse. Considero positivo que se le haya dado lugar a políticas estatales que contribuyen a sostener una multiplicidad de sectores de la cultura. Es un momento en que el Estado tiene la posibilidad de ocupar un lugar clave para encontrar un “equilibrio” entre evitar un colapso en términos sanitarios, en términos económicos y en términos humanitarios. En este sentido, rescato algunas acciones, por ejemplo, la creación de canales y agendas culturales virtuales que permiten continuar con la actividad a nivel oficial. También muchas instituciones culturales, tales como Tecnópolis o el Teatro Cervantes, prestan su espacio y el tiempo de sus trabajadorxs para contribuir a la salud de lxs argentinxs, realizando barbijos y prestando sus instalaciones como unidad sanitaria para albergar a pacientes leves que necesitan estar aislados, teniendo en cuenta que en este momento no existe la posibilidad del ingreso de público a esos espacios. Sin duda el reciente DNU de Presidencia que establece los servicios de telefonía, internet y cable como servicios públicos esenciales permitirá a muchxs continuar accediendo, difundiendo y produciendo los contenidos culturales disponibles en Internet. Estoy segura de que queda por delante seguir profundizando estas medidas, teniendo en cuenta que muchas de ellas han llegado con retraso o incluso no han llegado en esta situación de urgencia. Recientemente, se difundió una campaña del Frente Multisectorial que exige la declaración de la Emergencia Cultural en la Ciudad de Buenos Aires, y esto se replica a nivel federal en casos como los de Salta y Córdoba, por solo mencionar algunos. Me parece que estas iniciativas del sector organizado y de la sociedad civil es fundamental también para demandar lo que corresponde y activar también acciones desde la comunidad. Lo que sabemos es que todavía nos quedan al menos unos meses por delante de la pandemia, y no se puede seguir sosteniendo una situación cultural “provisoria” o “paliativa”. 

Rocío: Creo que, independientemente de las políticas públicas que puedan implementarse hoy en día, este contexto de emergencia pone de manifiesto las profundas desigualdades estructurales que se vienen arrastrando desde hace demasiado tiempo. La realidad es que les artistas en los barrios autogestionan su producción artística y sobreviven en un terreno que ya antes era hostil. Durante la pandemia todos ellos quedaron absolutamente desamparados, sin poder trabajar ni crear, y recibiendo una ayuda por parte del Estado que no termina de ser suficiente. Entiendo que es un momento complejo a nivel mundial, pero les artistas constituyen uno de esos sectores que han quedado muy al margen y en emergencia, teniendo que reinventarse y buscar lugar en una virtualidad, cada vez más abarcadora, para poder sobrevivir.

Guillermo: Estuve dos años y medio viviendo en otro país, y cuando pegué la vuelta, llegué justo unas semanas antes de que explote todo, así que no pude notar con claridad “el cambio”. Y al día de hoy no veo que haya cambiado mucho tampoco. No veo políticas claras que involucren a las industrias creativas, pero, por otro lado, veo que la creatividad es más necesaria que hace dos años y medio, entonces salen a la luz nuevas voces, o viejas, pero voces que intentan adaptarse a la realidad. Cualquier tipo de beneficio que puedan obtener las industrias creativas de todo este quilombo va a ser por iniciativa propia, a fuerza de rebusque, prueba, error y aprendizaje, pero ahora es solo subsistir, ya veremos si todo esto se convierte en cambios concretos. En cuanto a las necesidades que tienen los artistas, gestorxs y organizaciones, las más básicas y complejas son económicas, las necesidades artísticas creo se pueden ir resolviendo de una forma más intuitiva.

Roma: Creo que la gestión de los gobiernos, tanto nacional como de la Ciudad de Buenos Aires, es mala. En términos de Ciudad, creo que principalmente porque no entienden cómo funciona la movida cultural. No saben quiénes estamos gestionando, qué proyectos hay y qué esquemas de trabajo existen. Si pretenden dar impulso a diez espacios culturales grandes y con eso tener la política cultural cerradita, se equivocan. Después están los grandes festivales, de lo que sea, que organizan a lo largo del año. No sé si no se dan cuenta que los organizan sin la participación de los gestores y espacios que trabajan no un día al año, sino los 365 días para sostener su actividad, la que sea. En mi opinión, tendrían que dar participación a todos los gestores culturales, saber quiénes son, en qué trabajan, cómo trabajan y obviamente qué necesitan, e impulsarlo no solamente con recursos económicos, sino también con una legitimación simbólica, básicamente reconociendo que somos los que impulsan la cultura, desde los barrios haciendo comunidad y llegando a donde el Estado muchas veces no puede llegar. Por otra parte, creo que los límites que tiene la virtualidad se hicieron evidentes. La cultura como la trabajan muchos, desde el encuentro en espacios físicos, desde el intercambio entre muchos, no se puede reproducir por una pantalla. Tal vez esta experiencia funesta de la pandemia nos permita reflexionar sobre este modelo de actividad y sobre el valor de compartir con otros cultura cara a cara y en tiempo real. En otras palabras, no hay cultura sin cuerpos interactuando. Esta podría ser una conclusión provisional para abrir el debate.

Alejandro: Sin dudas atravesamos un contexto inédito y por supuesto el sector cultural no está exento. Más allá de las medidas que puede implementar el Estado –  y no todo en el Estado es lo mismo, no podemos cometer el error de meter todo en la misma bolsa, desde ya!-, lo que nos muestra esta pandemia es lo mucho que hay que hacer con respecto al colectivo de agentes que construyen nuestro campo. Hay una necesidad muy fuerte de políticas concretas de desarrollo y sostenibilidad a nivel federal, en los barrios y en las ciudades. Si no comenzamos por diagnosticar las problemáticas estructurales del sector cultural, su falta de planificación y la precarización generalizada, es difícil avanzar. De todos modos soy optimista. tenemos una comunidad creativa en movimiento y el empuje de miles de subjetividades en el Estado, la sociedad civil y el sector privado que queremos lo mismo, una verdadera transformación de nuestra cultura por y para el bien de toda la ciudadanía.

Sabrina: En línea a lo que decía Alejandro, sin dudas estamos viviendo un momento completamente excepcional y plagado de incertidumbres y angustias. No solo nosotros, el mundo!  Y, en ese sentido, todo se puso en cuestión, todo fue, de pronto, puesto patas para arriba. Hubo que, en ese marco, gestionar salud siendo que, la gestión anterior, lo que menos hizo fue gestionar en invertir en salud. Y eso fue y es lo prioritario. En el campo de la cultura, como en muchos otros, las cosas se complejizan. Existe una crisis que no viene de ahora, sino de hace mucho tiempo; particularmente, en la Ciudad de Buenos Aires, los espacios culturales se están organizando para exigir una respuesta frente a la crisis que provocó y provoca la pandemia, pero la crisis de este sector viene de hace rato. Lo que más puedo ver por estos días, y lo que sin dudas fue fundamental en este contexto, es la autogestión y la organización colectiva. Esas son las formas que hacen que los espacios sobrevivan en momentos tan ásperos y desiguales. Sin embargo, no podemos decir que no hay políticas públicas o que no hay respuesta de ningún tipo frente a eso. Las hay, pero en un momento así, posiblemente nada sea suficiente.

Por último, les contamos a lxs lectores qué es lo “Molecular” para nosotrxs:

Guillermo: Para mí, lo molecular es algo que parece minúsculo, que está en movimiento y es parte de un mecanismo simple pero poderoso, es como la chispa de un encendedor antes de romper el gas y prenderlo fuego. Es la chispa de un encendedor antes de la combustión.

Agustina: Para mí lo molecular es un modo de subjetivación creativo y disidente respecto a las formas de jerarquización establecidas, una figura del devenir por la que se establece una comunidad entre el singular y sus pares por los que siempre se halla atravesados.

Alejandro: Pensar en clave Molecular implica posicionarse y relacionarse desde una mirada micropolítica, ver qué pasa por ahí. Hay un concepto muy lindo de Rodolfo Kusch para pensar esta concepción, es lo que llama suelo, que es un domicilio en el mundo, nuestras circunstancias y nuestro estar siendo a nivel personal, familiar, vecinal, en fin, nuestro requerimiento de comunidad y nuestro intento por singularizarnos, como dice Guattari, adquirir algún tipo de libertad para vivir nuestros propios procesos y la capacidad para leer esta situación y aquello que pasa a nuestro alrededor. 

Rocío: Molecular es un modo de relacionarse. Las relaciones moleculares crean un tejido comunitario, opuesto a las relaciones más atomizadas que se dan en las sociedades modernas. En un mundo en donde prima el átomo, el individuo, el mirar hacia adentro de forma permanente; un mundo en el que cada une de nosotres ocupa un lugar en alguna cadena, lo molecular es casi revolucionario, es romper la cadena y trabajar en círculo, en conjunto, cruzades, formando unidades.

Roma: Molecular es la unidad hecha de otros que ceden un poco para dar cabida a lo nuevo. Lo molecular entonces es la comunidad. En lo común no se suprime lo singular, al contrario, se pone en comunicación. Molecular es sustantivo y verbo. Lo pienso también con la metáfora química: átomos, moléculas, moléculas cada vez más desarrolladas. Molecular por tanto es la sustancia, una buena sustancia nutre y da vida. No está bueno ser solo átomos, seamos moléculas.

Sabrina: Lo molecular es una forma de articular y de crear comunidad. Y es también una manera revolucionaria de hacerlo, en el sentido en que constantemente estamos inmersos, tentados y arrastrados a tener prácticas y lógicas individuales. En ese marco, cualquier forma de comunidad es revolucionaria porque atenta contra la que forma hegemónica de situarse en el mundo.

Martina: Lo Molecular es para mí una forma de pensar la cultura no únicamente desde sus grandes eventos, sus grandes procesos, sus grandes personalidades, sus grandes historias, sino más bien desde lo que sucede de forma particular, pequeña, única, dispersa, a nivel local, vecinal. Las historias, en lugar de la Historia. Todo eso que sucede y no se conoce en gran medida, pero que igualmente tiene que ver con nuestro origen y nuestra humanidad, lo que nos compone y nos hace. Puede ser un conocimiento, una idea, un proyecto, una obra artística, un movimiento político, etc. Como esas breves luciérnagas que se descubren en medio de la noche y la naturaleza, las que describía Pasolini. Esas que escapan de los reflectores de los grandes medios de comunicación, del gran mundo del espectáculo y los grandes poderes policiales y políticos, esas que igualmente brillan: resistencias lumínicas. Escurridizas y tan necesarias.  


Ilustración de Brenda Passamesi

Por Martina López


Salió de la carpa por el camino de tierra, flameándole el vestido holgado. Hizo el trecho hasta donde empezaban las primeras líneas de plantaciones. A lo lejos los compañeros entre las hojas de caña. Distinguió a Justina. Cuando levantó la mano para saludarla, una puntada en el vientre la puso de rodillas. Apretó las ganas de llorar contra el machete. Temblaba.

Chac. Las cañas se desmayan sobre la tierra. Más tarde habrá que cargarlas en la espalda y abandonarlas al camión que se las lleva fuera del cañaveral. Para levantarse empuñó un tallo, clavando los dedos en la corteza. Buscó estabilidad en su cuerpo pesado y sintió nauseas. La mañana se cargaba de humedad y olor a guarapo. Miró a su izquierda: el surco estaba vacío. No llegaba a ver dónde terminaba el terreno, el calor deshacía la imagen.

Chac. Tierra que insiste en los tajos de las manos. El sol le daba de lleno en la cabeza. La jornada terminaba recién cuando este se anulaba detrás del monte. Hasta entonces debería pelar la caña. Arrancarle las vainas para quedarse con el tallo y partirlo con el peso del machete. Así se iría armando una fila de tocones, donde empezaba la próxima zafra. Estaba entera transpirada. Al levantarlo, el machete se resbalaba de las manos.

Chac. La fibra de la caña resiste el corte. Un trabajo para hombres que saben descargar en los nudos.

Algo golpeó adentro suyo. Chac. Y el jugo dulce de la mujer cae por sus piernas. Justina la levantó del suelo y la llevó al sector alto del cañaveral. Tiró de unas matas y las podó con el machete, armando un claro para acostarla a la sombra. Cortó una tajada de su vestido, le sacó la bombacha y le abrió las piernas. “Respirá hondo, mamita, vamos”. Su pecho subía y bajaba con la tierra raspándole la espalda. Crecía la frecuencia de los calambres en el vientre. Escuchaba el ruido de los machetazos contra las cañas y el volumen de su respiración. Había que hacer silencio.  El dolor, la sangre, una fuerza la desgarraba desde lo hondo.

“Ahora empujá, empujá, que nadie te ve”. Transpirada, mojada, pegajosa como hoja de caña. Arañaba la tierra que la sostenía, arrancaba las malezas de raíz. Sentía el quiebre de su cadera. Escupía desde el cuerpo, dilataba para abrirse a sí misma. Manoseada y expandida en ese espacio abierto para ella, mientras el sol se trasladaba sobre el cañaveral. El dolor, la sangre y por fin, esa bola cruda que le salió de adentro.

Chac. Tajeada en dos con un machete por el cordón umbilical. Justina le secó la frente, envolvió el bulto en un pedazo de vestido y se lo entregó, como alimento. Tras el primer llanto, Justina le hizo un gesto hacia el camino que llevaba a la vertiente. Luego, la ayudó a levantarse. La sangre seca en la piel. Las piernas congestionadas. En sus brazos, un peso semejante al del machete. Miró a su compañera. Aunque el sol seguía arriba, se alejó entre las cañas, agachándose para no ser vista, por el paso de tierra muerta y una criatura en brazos.


* Este escrito integró la selección de “Cuentos a la Calle”, antología publicada por Una Brecha en 2018.