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Por Martina Leunda


En medio de la pandemia, Martín Kohan publicó Me acuerdo (Godot, 2020)un libro que se inserta en una tradición inaugurada por Joe Brainard en la que también se anotó Georges Perec, que consiste en una lista de recuerdos reales pero fragmentarios comenzados siempre por la formulación “Me acuerdo de”— y Confesión (Anagrama, 2020) —una novela compuesta de tres partes conectadas por Mirta López, la abuela del narrador, y Jorge Rafael Videla—. Dos libros que se incorporan a una prolífica lista de novelas, ensayos y cuentos. Es escritor de ficción y crítico literario. Pero como él mismo dice: “fundamentalmente docente, que es de lo que yo vivo”. En 2020 dio, por Zoom, 102 clases y otras tantas entrevistas. Y ahora está acá, de nuevo en el Zoom, con la bandera de Boca siempre de fondo, dispuesto hablar de la docencia y de la literatura, de lo que vive.


¿Cómo viviste este año la docencia?

Fue una exigencia y un esfuerzo muy grande. Hoy hablamos de Zoom como hablamos del subte, pero en marzo no era así. Nadie estaba listo o casi nadie, para pasar de formato. La Facultad de Filosofía y Letras de la UBA en aquella primera instancia no nos aportó herramientas ni protocolos ni capacitación. La indicación que recibimos en marzo fue que nos manejáramos exclusivamente con ejercicios escritos y guías en el campus. En el equipo que yo integro de la materia que se da el primer cuatrimestre, nos pusimos de acuerdo en que no era un modo suficiente lo que yo llamaba “cursos por correspondencia”. La correspondencia es más ágil vía internet pero el mecanismo es el mismo. Nos pusimos de acuerdo en dar clases. Por suerte contamos con posibilidades. Algunos integrantes del equipo damos clase en otras universidades donde nos trataron mejor, nos dieron condiciones de trabajo. Una compañera trabaja en estas formas de educación en la Universidad de Quilmes desde hace años, entonces tiene un conocimiento considerable que nos permitió indagar por nuestra cuenta. Para el segundo cuatrimestre instrumentan la plataforma Teams, desde la facultad. En el primero quedamos completamente librados a lo que pudiésemos hacer. En un momento del primer cuatrimestre nos mandan información que fue copiar y pegar una página de internet. A esa altura nosotros ya habíamos hecho reuniones para probar Jitsi, Zoom, alternativas para el problema del corte a los cuarenta minutos, probamos recursos de intervención. Cuando nos mandaron las primeras coordenadas, muy generales e imprecisas, ya íbamos por el octavo o noveno teórico. Ya estábamos funcionando y lo habíamos resuelto con puro esfuerzo.

Esfuerzo en herramientas que no se sabía por cuánto tiempo iban a servir

Sí. Al mismo tiempo en ese momento y todavía ahora hacen falta. El resultado para mí fue muy satisfactorio y lo que yo comentaba primero a los compañeros y después a los estudiantes era que no comparáramos Zoom con el aula, sino con el cuatrimestre perdido. Yo lo valoro porque era eso o nada, porque yo estoy convencido de que la teoría literaria, que es la materia que yo dicto, no se enseña con guías de lectura. Me parecía y me sigue pareciendo un disparate. En la facultad donde se enseña Ciencias de la Educación y donde hay un programa de educación a distancia lo que tenían para decirnos era que hiciéramos ejercicios y guías de lectura sin ningún contacto sincrónico con los estudiantes. Eso lo cumplimos porque era la indicación del empleador, y mientras tanto fuimos instrumentando la posibilidad de dar clase, y dimos la totalidad de las clases previstas con la condición indispensable en una situación dialógica como es la de una clase, que es que la palabra del otro afecte la propia. Si la exposición es una secuencia organizada, que se supone que una clase lo es, si no despejás la duda en el momento, o la retomás, la elaborás o la ubicás cuando surge, no estás incorporando eso a tu propia exposición. Hay aportes, ampliaciones, observaciones de aspectos que uno no había pensado, discusiones. Una clase se compone de todo eso. Por suerte. Por eso la docencia es tan apasionante. El Zoom dio la posibilidad de la interacción, lo más parecido al estar ahí que se puede lograr. A mí me sirvió mucho el chat porque por un lado se parecía al pizarrón del modo en el que uno lo usa en clase, que es para subrayar algunos conceptos permitiendo que se arme una secuencia en el planteo y se siga esa secuencia. Funcionó. Siento que enseñamos y aprendimos. Ahora, con el entusiasmo que fui teniendo de ver cómo funcionaba, como el aula y la presencialidad no hay. He leído con preocupación artículos que planteaban que con estos nuevos formatos se termina la clase magistral en el aula del docente hablando y los estudiantes escuchando. Me parece increíble que supongan que lo que pasa en un aula es eso.


El problema es de la concepción de la docencia, no del aula o del Zoom. Quienes apostamos a la interacción y al dialogismo para enseñar, donde incorporar la palabra del otro es decisivo, lo podemos hacer en Zoom y se puede hacer, mucho mejor, en las aulas.


Y que lo que pasa en un Zoom no es eso

El docente que se para en la clase y habla dos horas solo, conecta Zoom y habla dos horas solo. El problema es de la concepción de la docencia, no del aula o del Zoom. Quienes apostamos a la interacción y al dialogismo para enseñar, donde incorporar la palabra del otro es decisivo, lo podemos hacer en Zoom y se puede hacer, mucho mejor, en las aulas.

En estos momentos de excepción, como también fueron las tomas del 2018, surge lo que en una de tus columnas en Perfil planteás como “un elogio abstracto, difuso y general a la educación con un desprecio concreto a los docentes, a nuestro trabajo y a nuestras prácticas concretas”, ¿qué reflexión te merecen esos discursos?

Primero yo apoyo el reclamo por el regreso a las aulas. Inicialmente se marcó muy fuertemente la idea de que adentro estábamos protegidos y afuera estábamos expuestos. Hacia mayo o junio, aun en el descalabro de vacilación de los saberes científicos se avanzó en el sentido de que el riesgo del contagio en los espacios abiertos era mucho más bajo de lo que se suponía. Eso cambió radicalmente un imaginario de los espacios. La calle que había sido sospechosa, amenazante, perdió esa carga. Pero creo que este dato no cambió el estado de cosas tanto como lo debería haber cambiado. Se seguían anunciando directivas para ninguna realidad. Ya había una vuelta hacia los espacios, no porque fuéramos negligentes y no tomáramos cuidados, justamente porque había información nueva. Hablo de Buenos Aires, que es donde yo estoy, porque la Patagonia, donde di clases muchos años, plantea otro problema para lo que voy a decir, y sé que el problema es nacional. El clima de Buenos Aires es una maravilla, podés tener quince grados una tarde de invierno. Hay posibilidades de recuperar espacios en las escuelas sin riesgo, espacios comunes, patios, plazas. Se abrieron posibilidades que no se usaron para la educación. Entonces la primera cuestión es que suscribo al reclamo de la vuelta a las escuelas, lo que involucra la discusión sobre las condiciones. Por lo pronto sobre los desplazamientos y las condiciones edilicias. Cosa que nos lleva a otro problema en la ciudad de Buenos Aires, que es el problema de las vacantes en las escuelas públicas, por lo pronto las primarias, para que los estudiantes puedan ir a la escuela de su barrio y no tengan que tomar transporte público. Esto, la condición deficiente y a veces deplorable de nuestros espacios de trabajo y de cursada plantean un problema que estaba antes de la pandemia. En la Facultad de Filosofía y Letras tenemos baños sin agua caliente, sin jabón, sin algo con que secarse las manos. Y lo digo no porque limpien o no limpien…

Cursamos en condiciones insalubres desde hace mucho

Estamos los que nos venimos preocupando por las condiciones de la educación en Argentina y los que parecen haber reaccionado frente a la pandemia y el reclamo de la vuelta a clases. Cuando pedíamos mayor presupuesto hemos sido denostados por quienes ahora lucen repentinamente preocupados. Entonces me permito interrogar en qué consiste esta repentina preocupación. Se puede comparar, efectivamente, con otras situaciones. Yo me acuerdo de las tomas de los estudiantes secundarios. Hubo una que trajo mucha repercusión mediática…

Tu debate en el programa de Eduardo Feinmann

Mirá hasta dónde llegaron las cosas que uno llegó hasta ahí. Había una reforma que se estaba por introducir y de la que estábamos todos negligentemente desinformados. Reaccionamos ante las tomas. Una vez que esto se produce fue muy claro el dilema de cuánto se ponía el foco en las tomas como tales y cuánto en lo que las tomas estaban tratando de dar cuenta que era el carácter deficiente desde el punto de vista educativo de la reforma. Uno notaba una preocupación mucho mayor por aleccionar a los díscolos, mandarlos a callar y volver a las aulas. Y efectivamente se resolvieron las tomas, se volvió a clase y la educación en cuanto a sistema de planes educativos, lineamientos generales, les dejó de importar otra vez, hasta la próxima toma donde volverán a discutir la toma, a disciplinar al que se retobó y cerrar la puerta del aula para desentenderse otra vez. Me interesa muchísimo la discusión, por eso en la columna de Perfil le daba la bienvenida a muchos que cuando esto ya se estaba cayendo a pedazos hablaban de otra cosa o desestimaban nuestra lucha. Cuando pase la pandemia no se olviden de que hay problemas en la educación, que las condiciones edilicias son malas, que la precarización laboral de los docentes trae consecuencias.


Estamos los que nos venimos preocupando por las condiciones de la educación en Argentina y los que parecen haber reaccionado frente a la pandemia y el reclamo de la vuelta a clases.


Con la condición social de la literatura creo que se da un mecanismo hipócrita bastante parecido. De la literatura todo el mundo habla bien, dicen que les gustaría que sus hijos o sus sobrinos lean más, porque, además, siempre piensan que el que no lee es el otro y ese otro siempre es un niño. Entre ese gesto y el interés real por la literatura la disparidad es notoria. Creo que hay una analogía posible con ciertos modos declamativos de la preocupación por la educación y a eso me refería con lo abstracto. Hablemos de lo concreto. ¿Cuál es el estado de los baños en las escuelas hoy? ¿Cuál es la proximidad de los estudiantes respecto a las escuelas donde cursan? ¿Cuál es la condición laboral de los docentes? Lo digo para volver a las aulas, porque esa es mi postura. Pero pretendo que eso habilite efectivamente la discusión sobre el estado de cosas en la educación argentina.


De la literatura todo el mundo habla bien, dicen que les gustaría que sus hijos o sus sobrinos lean más, porque, además, siempre piensan que el que no lee es el otro y ese otro siempre es un niño.


Pensemos en las clases habituales. Cuando se habla de figura autoral se suele pensar en lo que un escritor es por fuera de la literatura. En tu caso a veces se hace referencia al fanatismo por el fútbol pero para vos literatura y fútbol no se tocan. En la cancha no pensás en Borges, y en la literatura no se te asocia a la tradición de los escritores de fútbol. Ahora bien, ¿qué sucede en las clases con algo así como una figura del docente?

No hay estrategia ahí. Creo que la docencia tiene algo de actuación. Sobre todo en la medida en la que uno no es exactamente como es cuando baja de la tarima, porque estás haciendo otra cosa. Ahora, no hay algo así como un personaje, o por lo menos no desde una premeditación. Por lo tanto cómo funciona lo tienen que responder los estudiantes. ¿Cómo les funciona que al docente que está ahí también lo vieron discutiendo en la tele o en un meme donde está en la cancha de Boca? A mí el fútbol me gusta, no es una estrategia de escritor. La ropa es la ropa que a mí me gusta, punto. No lo traigo como puesta en escena porque no lo es. Dejo que funcione en las clases cuando veo que funciona. Ahora, dentro del desarrollo de una clase sí hay aspectos que están pensados, que son estrategias de la docencia. Uno es lo que yo llamo recreos dentro de la clase. Cuando venís de un concepto que exigió una carga de concentración muy grande, no es bueno seguir en ese registro. Porque no puedo decir “¿alguna duda?” “No” y seguir. Las dudas no vienen tan claras. Son dudas. Uno porque duda muchas veces no puede definir ni la duda. Hay que manejar momentos de tensión conceptual y de distensión. En ese sentido uno puede elegir que el desarrollo o la ejemplificación vengan de otro mundo, lo que tiene que poder sostener conceptualmente lo que uno está explicando y al mismo tiempo traer un poco de aire al nivel de concentración que tenemos que tener.

La digresión de la que hablaba Barthes

La digresión justamente es parte del dispositivo. Es importante el cambio de registro. Y como bien decías, el cambio de registro pueden ser Los Simpson para el que lo maneja;  yo manejo más el mundo del fútbol, pero depende del asunto. Si estamos dando Bajtín, por supuesto que no vamos a trasladar mecánicamente las características de la cultura popular, como las define Bajtín en la edad media y el Renacimiento, a un presente. Ahora, en la conceptualización algunas resonancias podrían funcionar. Si estás dando Bajtín, el desborde como cualidad de la cultura popular en términos de las prácticas en los espacios frente al control y la delimitación de los espacios oficiales, Estado e Iglesia, por qué no sería pertinente hablar de lo que pasó en la Casa Rosada el otro día. Si advertís que hay un cierto grado de densidad, no podés seguir adelante si estás pensando realmente en la posibilidad de absorber, elaborar, potenciar, lo que estás enseñando. El Zoom te quita bastante del registro de la atmósfera, del clima.


El espacio del aula no determina ninguna unidireccionalidad, al contrario, abre y posibilita más formas, incluso las más dinámicas y menos verticales.


El aula genera un clima de la clase mientras que en el Zoom cada uno está con su propio clima, con sus propios ruidos, sus propias interrupciones

Exacto. El espacio del aula no determina ninguna unidireccionalidad, al contrario, abre y posibilita más formas, incluso las más dinámicas y menos verticales. En el Zoom, además, desaparece, como vos decís, la interacción entre los estudiantes. En un aula ustedes no solo están en presencialidad con el docente sino entre ustedes. En el Zoom es más difícil, pero bueno hubo una pandemia, era eso o nada. Se logró razonablemente y voy a terminar el año habiendo dado 102 clases.

Tenés más relación con el Zoom que…

La pandemia no la estoy pasando exactamente en mi casa, la estoy pasando en el Zoom. Porque además están las entrevistas. Este año salieron dos libros que podrían haber pasado de largo….

¿Alguna vez pasó desapercibido un libro tuyo, por lo menos, de los últimos veinte años?

No. No me puedo quejar. Yo estoy muy feliz y muy agradecido. Hablo como si hubiera recibido un Martín Fierro y le estuviera agradeciendo a APTRA. Pero la verdad es que me salen esas palabras. Este año fue muy particular. La perspectiva era que salían los libros en abril, después venía la feria del libro…

Plan de estrella de rock

Hasta donde lo permite la literatura. Por ahí una banda de garaje. Pero bueno, parte de lo que hice acá sentado fue participar en mesas sobre literatura en Barcelona, feria del libro en La Rioja, feria del libro en San Luis, feria del libro en Montería, Colombia, feria del libro en Cali. Todo eso es muy gratificante porque fue un año muy atípico. Cada uno que se interesa por lo que escribo, a mí, desde lo más sincero y sin pose, me despierta un agradecimiento muy genuino. Y este año tanto Me acuerdo como Confesión agotaron la primera edición en meses.

Pensando en Me acuerdo y en “La muerte del autor” de Barthes, como el texto de bienvenida a la carrera de Letras, ¿cómo ves la tensión entre eso y las escrituras del yo? 

A mí me parece que la posición más interesante es inscribirse en esa  tensión entre los dos planteos. Sin desistir del gesto fundamental de “la muerte del autor”, que es desplazar el eje al lector, la posibilidad de recuperar una figuración de autor que no implique la restitución de la autoridad social del escritor como autor. La figura de autor como autoridad clausura la significación, los sentidos, los recorridos. Vos decías bien que cuando entrás a la facultad lo primero que te dicen es eso, pero porque cuando salís impera lo contrario. En ferias del libro, mesas redondas, se sigue presuponiendo que cada texto tiene un soberano que como tal detenta la patria potestad de los sentidos del texto. Qué bueno que existe la facultad, hay que seguir dando “La muerte del autor”, para poner en crisis esa premisa, de tal manera que si se restituye el autor se lo haga de otro modo. Cuando Graciela Speranza publica su libro de entrevistas Primera persona (Norma, 1995), en el prólogo Beatriz Sarlo dice: han matado al autor pero acá está, nos sigue importando lo que dicen. El libro es buenísimo, tiene retratos de Alejandra López buenísimos, y me parece un buen ejemplo de que esa restitución no era exactamente una restitución.

Esto lleva a lo que puedo decirte sobre la cuestión de las literaturas del yo. Si consisten en la plasmación directa del yo autoral, ahí la palabra a subrayar para mi es “directa”, falta de mediación. Y para mí la mediación es la literatura. Sería necio decir “no a la literatura autobiográfica”. Cuando doy Lukács siempre digo que uno no puede suscribir a una teoría de la literatura en la que Kafka o Joyce no entran. No voy a ser tan necio de refractar un tipo de literatura que llevaría a renunciar a Proust. Lo que uno lee en Proust, por tomar el caso máximo, es lo que hace el lenguaje, la narración, la sintaxis. El trabajo del lenguaje con la memoria y la memoria en el lenguaje, pueden producir un yo. Es pura mediación, puro espesor del lenguaje. Todo lo contrario a la trasposición directa. Que el sujeto del enunciado es siempre una construcción, incluso en la autobiografía, sobre todo en la autobiografía, creo que efectivamente es así. Hay textos grandiosos: los Diarios de Kafka, de Pavese, los de Piglia… Cuando Alan Pauls escribe en tercera persona, desplazando el punto de vista, asignándole la condición testimonial y a la vez reconfigurando sintácticamente, es una operación literaria y me interesa mucho, porque además lo hace muy bien. En algunos casos uno tiene la impresión de que la literatura está ahí como un medio del que hay que valerse para ir a lo que realmente importa que es la exhibición del yo, y se reduce al mínimo soporte para que el traspaso entre el yo y el yo sea lo más directo posible. No me interesa ningún uso de la literatura de esta índole. Cuando se hace en nombre de una literatura política y se hace del mismo modo, tampoco me interesa, incluso estando de acuerdo con lo que es expresado políticamente. Me interesa cuando algo es irradiado por la literatura misma, no solamente instrumentado.



En Confesión surge la tensión entre la memoria individual de los personajes y memoria colectiva. En el 2002, además de Dos veces junio se publica El secreto y las voces de Carlos Gamerro y se produce la película Los Rubios de Albertina Carri. En esas obras, como ahora en Confesión, sucede algo que nace de un momento en el que la memoria como relato está en plena construcción. Es un año en el que ya existía H.I.J.O.S pero todavía no se había consolidado un relato de memoria colectiva como se constituyó con la llegada del kirchnerismo. ¿Cómo ves este proceso de construcción de la memoria?

Vamos otra vez a la cuestión del autor y la literatura. El autor como sujeto de invención que tiene algo claro y lo va a expresar o la literatura como un campo de problematización y de indagación que está abierta. Yo pienso en el menemismo y en el 1 a 1, con todo lo que eso supone. No solo la implementación del plan económico sino la ideología y los imaginarios activados de ese plan, es decir, la ficción del primermundismo argentino. Una ficción verosímil, como son verosímiles las ficciones que tocan el deseo de creer. Eso es lo que se descalabra en diciembre del 2001 aunque Menem ya no estaba en el poder. Porque un indicador de que ese descalabro no fue pleno podría ser que las elecciones del 2003 las gana Menem en primera vuelta. Yo pondría el foco en el menemismo cuya política de olvido como política de Estado fue muy fuerte en un plano muy concreto con los indultos y con algo que fue de la amnistía a la amnesia. Pero también produjo una cultura de la frivolidad que acompañó ideológicamente esa apuesta al olvido. Eso no está terminado del todo. Puede ser un poco reductivo llamar a todo eso Tinelli, pero como condensación: Tinelli, pizza con champagne o distintas formulaciones de la cultura de época, sin que decir frivolidad suponga colocarse en el lugar de la solemnidad o pomposidad. Como sabemos desde el marxismo, el colapso de la estructura económica genera otro colapso. Entonces la fecha que vos subrayás del 2002, podría inscribirse ahí. Al mismo tiempo, como decíamos sobre el autor, la memoria no se reestablece como estaba antes porque tenés que dar cuenta también del estado de amnesia a la que la sociedad argentina se predispuso. 2002 me parece una fecha muy atendible, más allá de Dos veces Junio porque tiene que ver efectivamente con lo que hablábamos. Las tres expresiones que mencionaste funcionan no como la afirmación de una memoria sino como la indagación entre memoria y olvido.

El gesto del nombre de la película de Carri, teniendo en cuenta que sus padres no eran rubios…

Y por algo en la novela de Gamerro se habla del secreto. En vez de decir “contra el olvido la memoria”, en Dos veces junio se podría decir que se juega entre lo que se sabe y lo que no se sabe, con la complejidad que esto puede tener. Y en la novela de Gamerro también, no es el gesto asertivo de la literatura de denuncia, es todo un trabajo sobre el silencio.  


Creo que la memoria no funciona sin una dinámica respecto del olvido. No el olvido entendido como aquello que contrarresta la memoria sino como aquello que la hace posible.


En una de las entrevistas que diste a raíz de Confesión hablabas de la idea preconcebida de que el silencio es represivo y la palabra liberadora

Porque también la memoria como mandato a mí me parece cuestionable. Creo que la memoria no funciona sin una dinámica respecto del olvido. No el olvido entendido como aquello que contrarresta la memoria sino como aquello que la hace posible. Me parece que el 2002 es un momento. Por algo pudo ocurrir el kirchnerismo después, hay que preguntarse qué estaba pasando con la memoria y el olvido en ese momento.

Para terminar no puedo no preguntarte si escribirías algo sobre Maradona

No. No me es posible porque el dolor es demasiado. Hay un punto del dolor que uno lo pasa no diciendo nada porque no hay nada para decir. Yo no puedo decir nada.

No digamos más nada

No digamos nada.


Entrevista a Tomás Rosner

Por Matías Segreti *


Tomás Rosner nació en Buenos Aires en 1986. Es abogado y docente de “Derecho y literatura” en la Facultad de Derecho (U.B.A) e integra el Seminario Permanente de Derecho y literatura (Instituto Gioja U.B.A). Es el creador de la cuenta de Instagram @los_fatales y organiza el ciclo de tradición oral “Los Fatales”, que este año fue seleccionado por el Centro Cultural Recoleta en la categoría “lecturas performáticas”. También co-produce Poesía en tu Sofá Argentina, espacio de encuentro virtual de poetas de diferentes lugares del país, cada uno desde su casa. Además, da talleres de poesía presenciales y virtuales. En 2018 publicó Ginseng (Modesto Rimba) que fue reeditado en 2019 y se consigue en papel o e-book
vía Abre Cultura


¿Cómo surge Los Fatales?

Durante diez años, la política fue mi vida. Eso empezó en la facultad de derecho con NBI en los primeros años y después cuando faltaba poco para recibirme, con algunxs compañerxs fundamos La Centeno. Además, trabajando en el Poder Judicial, me metí a militar fuerte en el sindicato. Eso sin contar que siempre intenté hacer algún aporte para que creciera el peronismo en Ciudad de Buenos Aires. Las elecciones de 2015 fueron una experiencia bastante chota: vi muchas miserias, dejé el cuerpo y fue el punto final de un proceso que, después de tantos años, venía desgastado.

Sin embargo, todo ese tiempo, la literatura hacía apariciones. Para mí y para muchxs de mis compañerxs de militancia, la literatura era algo que importaba. Nos pasábamos citas de libros, hablábamos de poesía. De hecho, estoy convencido de que para entender  la política es clave un abordaje literario. Fijate que los mejores libros sobre el peronismo vienen de la ficción, Los Reventados de Asís antes; el tuyo y el de Juan Von Zeschau ahora…  pero me estoy yendo por las ramas…


Para mí y para muchxs de mis compañerxs de militancia, la literatura era algo que importaba. Nos pasábamos citas de libros, hablábamos de poesía. De hecho, estoy convencido de que para entender la política es clave un abordaje literario.


Cuando perdimos el ballotage de 2015, sentí que atravesaba una muerte simbólica y busqué conectar con lo que me hacía feliz antes de la militancia. Ahí,  para salvar las papas, apareció la poesía. Mis amigues siempre me decían que tenía que compilar las citas que les mandaba por whatsapp; y con esa idea surgió Los fatales. Las citas de libros no como constancia de conocimiento sino como encuentro amoroso: la idea de tener una cita con alguien! Después, la cuenta engordó un montón y las citas son solo un aspecto de todo lo que se difunde, pero la historia empezó así.


Las citas de libros no como constancia de conocimiento sino como encuentro amoroso: la idea de tener una cita con alguien!


¿Por qué la poesía? ¿Cuál es tu relación con ella?

Fue medio de casualidad. Hasta esa época, la poesía me interesaba (había leído a Fabián Casas, ponele), pero nunca había profundizado.

Mientras la interna del peronismo me tenía para el cachetazo, invité a salir a una chica que me encantaba (ahora somos novios). La excusa era intercambiar libros. Yo me olvidé, pero ella cayó con unos de poesía under que me gustaron mucho. Gracias a ella también conocí la movida de los slams de poesía oral. Ese circuito me estimuló mucho. Fue un flash ver cómo crecía un texto con una buena interpretación: se me abrió un universo. 

A partir de ese momento, empecé a trabajar con dos momentos a los que le doy la misma importancia. Escribir el poema y corregirlo con si fuese un bonsai (ese ejercicio espiritual del que hablaba Abelardo Castillo). Después, trabajar en la interpretación. 

Podés tener el mejor poema del mundo que si no lo sabés leer, cuando lo quieras compartir, no va a pasar nada. Leónidas Lamborghini decía que la poesía es la vacilación entre sonido y sentido. Bueno, para que aparezca la dimensión sonora en su totalidad es necesario leer en voz alta. Si además de leerlo en voz alta, se lo leés a más gente la experiencia crece todavía más.


... empecé a trabajar con dos momentos a los que le doy la misma importancia. Escribir el poema y corregirlo con si fuese un bonsai (ese ejercicio espiritual del que hablaba Abelardo Castillo). Después, trabajar en la interpretación. 


Para mí la oralidad es muy importante y no se limita a la poesía. Por eso, desde el año pasado empecé a armar eventos de “tradición oral” en los que reúno diferentes artistas: cuenteros, hiphoperos, performers, payadores, incluso profesores. O sea, diferentes trabajos que tienen algo en común: el compromiso con la palabra. En tiempos de crisis de la experiencia, reunirnos en torno a la escucha de una historia nos permite habitar y respirar lo real. Ahora por la pandemia, tuvimos que mudarnos al formato streaming. Armamos Poesía en Tu Sofá Argentina, pero la premisa es la misma: dejar el cuerpo para hacer vital lo digital.

Paz del Percio, Tomás Rosner y Maxo Garrone. (Ph: Mili Morsella)

¿Es necesaria la poesía?

Durante un tiempo, me identifiqué con la idea de que el arte no era útil, pero sí necesario. Sin embargo, últimamente, venía cambiando de opinión. No digo que sea útil en el aspecto más especulativo que el término, por cierto, tiene, sino en el sentido de que puede servir para vivir mejor. En cuarentena, leí el libro de Rebecca Solnit Una guía sobre el arte de perderse y me terminé de convencer.

A pesar de que soy adicto a la lectura y creo que no hay que pedir nada a cambio de leer, valoro especialmente los libros que me ayudan a ver la realidad de otra manera. Como dice Carlos Skliar: “leer lo cercano para pensarlo de otro modo, leer lo ajeno para percibir lo próximo”. No me interesa la lectura en tanto camino de libros hacia otros libros, pero sí como herramienta para entender que el mundo puede ser visto de otro modo. 

Leer y escribir poesía nos proporciona una mirada que no está mediada por el sentido común. Eso es clave para relacionarnos con algunas cuestiones que si bien son inherentes a la vida, no tienen ningún lugar en nuestra educación. La incertidumbre, la confusión, lo desconocido. En otras palabras, todo lo que nos va a pasar como seres humanos.

Es muy loco cómo desde que empezó la pandemia, hay mucha gente que busca refugio en la poesía o la filosofía. Me parece lógico porque proporcionan otras maneras de entender el mundo. Como decía Mirta Rosenberg “en tiempos de catástrofe, la poesía crece”.

¿Dónde se encuentra, dónde está la poesía para vos?

La poesía está en todos lados, pero no todo es poesía.

Ah re que se extendía un montón en una pregunta y en la otra hacía un haiku…



¿Qué pensás de la inspiración?

Mmmm…

A veces, aparece una electricidad: te ponés a escribir y queda algo que, como diría Gerardo Montoya, es de relativa dignidad. Eso es lo más parecido a la inspiración que conocí, pero nunca estuve en trance ni nada por el estilo.

Me parece que hay que confiar en las intuiciones. Si viste brillo en una situación o en una frase, lo mejor es ponerse a jugar con eso sin la presión de que tenga que transformarse en qué sé yo, Tierra Baldía, por citar el ejemplo del Gran Poema.

Me funciona conectar con el texto desde lo lúdico ¡para presionarnos y tener que cumplir con los mandatos está el resto de este planeta en ruinas!

¿Cómo escribís? 

Casi siempre estoy escribiendo. No algo literario, digamos, pero sí estoy escribiendo. Tomando nota de una idea que se aparece, armando un posteo, mandando un mail. Escribo aunque no necesariamente sea algo, digamos, literario.  

Escribo de dorapa, sentado, acostado. En una libreta, en un google docs, en un cuaderno. En lo que tenga a mano en ese momento. De hecho, cuando estoy leyendo un libro y me dan ganas de escribir, lo hago ahí mismo. Qué pelotudez esa de que marcar un libro es faltarle el respeto. Están en pedo. Todo lo contrario. Nos quieren convencer de que la experiencia de la literatura pasa por apoyar un libro al lado de un lemon pie en Le Blé.


Nos quieren convencer de que la experiencia de la literatura pasa por apoyar un libro al lado de un lemon pie en Le Blé.


¿Cómo tratás en tus poemas lo político, lo social?

No les doy un tratamiento especial. Simplemente aparece. Si bien me alejé de la militancia territorial o sindical, sigo militando y valoro a la política como herramienta de transformación. En un poema, lo mejor que podés hacer por ese mundo es evitar ser consignista, ¿viste? Para eso, están los comunicados. Si caés en lo panfletario, el poema pierde power.

Hace poco vi un meme, el de los perritos, que decía algo así como: poeta del Siglo XVI, conoce las tramas de la construcción del lenguaje, va a la guerra, escribe 15 sonetos por noche, muere. Y después estaba el poeta del Siglo XXI, juega con el lenguaje y se saca selfies. ¿Cómo ves la escena poética actual?

Ese meme es espectacular.

Me parece que hablar de una moda de la poesía es demasiado, pero sí es cierto que está en expansión y eso me encanta. Lxs pibitxs podrían estar haciendo cualquier banana y sin embargo, están escribiendo, leyendo, recitando. Eso no puede ser malo y ponerse en policía de la poesía me parece un lugar inhabitable.

Después, claro, uno puede analizar ciertas cuestiones del fenómeno. Hay algo de la ansiedad de época que favorece a la poesía en tanto texto breve, ¿no? El rol de Instagram también es central porque si bien favorece la difusión de poesía, por momentos, la condiciona bastante. No voy a demonizar a las redes ni mucho menos (sería muy hipócrita, Los Fatales es, sobre todo, Instagram), pero me parece fundamental para nuestra generación no centrar nuestra búsqueda en la cosecha de likes. Fabián Casas dice que uno likea por empatía, el like es igual a uno mismo y justamente, la mejor poesía es la que pone en crisis nuestro sistema de creencias: la que nos contradice.


La gracia de la literatura es que se regodea en la ambigüedad, que es críptica, no explica el chiste como otros trabajos con la palabra como, por ejemplo, el periodismo. Creo que eso hay que tenerlo claro. También me parece fundamental conocer la tradición poética que nos precede. Escribimos con los pedazos de otros y salvo que seas un marciano, la única manera de mejorar la escritura es leer. 

Pero volviendo a la pregunta, me pone contento ser contemporáneo de un montón de artistas geniales que exploran la palabra, la oralidad y que también hacen puentes entre las disciplinas vecinas como el teatro y el arte plástico. Ni hablar toda la movida de arte digital, es una locura. El otro día descubrí al art gaming, son videojuegos con impronta poética, me partieron la cabeza.


Escribimos con los pedazos de otros y salvo que seas un marciano, la única manera de mejorar la escritura es leer. 


*Matías Segreti es escritor y docente. Publicó las novelas “El día que conseguí trabajo” (2020) y “Aunque a nadie ya le importe” (2018). En 2019, el libro de relatos “Los brutos”. Es editor de Revista URBE.

Ph: Mauro Rey

Entrevista a Leonardo Di Lorenzo

Por Sabrina Sosa

Leonardo Di Lorenzo nació en Buenos Aires en 1981. Es jugador de fútbol profesional. En su carrera pasó por clubes como San Lorenzo y Argentinos Juniors, en Argentina; Montreal Impact, en Canadá; y Deportes Concepción y Universidad de Concepción, en Chile. Actualmente juega como mediocampista en Temperley. En 2013 co-produjo y fue conductor durante 3 años del programa de radio “Final del juego” junto a Ignacio Bogino y Javier Berensztein. En 2018 participó del libro “Pelota de papel II” (Ed. Planeta). En el mismo año hizo pública su posición a favor de la lucha de las mujeres por el aborto legal. En 2019 promovió una circular de apoyo, a la que adhirieron un centenar de jugadores, jugadoras, entrenadores y personalidades del fútbol, a la fórmula presidencial de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner. En 2019, a partir de una entrevista del periodista Fernando Soriano fue el primer jugador en Argentina en declarar sobre el efecto positivo del uso medicinal de cannabis (CBD) para tratarse una lesión. Rara avis del fútbol, es profuso lector y cinéfilo.


Tenés una mirada particular sobre el fútbol, sobre el hecho de ser futbolista, ¿de dónde viene esa conciencia? 

En verdad, de chico nunca la tuve. Esa mirada diferente que vos decís me la dio la literatura, me la dieron los libros. Creo yo que a partir de leer, de empezar a leer, pude conocerme, entenderme y pensarme. Sobre todo, pensar en qué era lo que yo quería. No solo respecto al fútbol, sino lo que quería en mi vida en general. Lo que hizo que pudiera tomarme la carrera de otra manera. A partir de ahí, pude darme cuenta de lo que había a mi alrededor; creo que eso es básicamente lo que hizo la literatura conmigo. Me explotó la burbujita en la que vivía, donde ningún problema me afectaba. Por ejemplo, era la crisis del 2001: piquetes, gente a la que le sacaban la guita; y a mí no me pasó nada con eso. Es decir, ¡no me conmovió esa crisis! Lo pienso hoy y me da vergüenza. Porque en ese entonces, a mí no me rozaba, no me tocaba en nada. Iba a entrenar en auto, vivía con mis viejos, estaba empezando a ganar mi plata, hacía lo que quería, me iba bien. “Problema de otro”, pensaba, qué se yo. No pude ver ni siquiera cómo afectaba en mi familia. Mi viejo, a partir de esa crisis perdió su laburo, el de toda la vida, en donde era gestor de autos, y estuvo 5 ó 6 años en casa, sin laburo. Y todo eso me pasó por al lado. Ayudaba económicamente como un mandato no como un compromiso. 

Al día de hoy, ¿pensás que es común en el ambiente en el que te movés o hay más conciencia social, más conciencia de clase?

Por lo que veo, estamos ahí. Recién ahora las nuevas generaciones, los más jóvenes, los pibes, con toda la lucha de las mujeres, con la profesionalización del fútbol femenino y todo lo que eso trajo aparejado, ven las cosas de otro modo. Por ejemplo, hoy hay un montón de clubes que tienen departamento de géneros, departamento de la mujer, eso hace que los pibes se empiecen a formar de otra manera. Y los pibitos también que no tuvieron esa formación, pero que están empezando hoy, ya ven otra cosa. Y es un cambio que va a llevar mucho tiempo, que hoy, para nuestra generación y las anteriores, es mínimo; estamos todavía adentro de la burbuja. Son muy pocos los que pueden salir, romper eso y mirar un poco al costado. Más que nada lo veo en la Primera División porque en el Ascenso, la realidad es otra.

En esto que contás de tu historia particular, el proceso viene dado por la literatura. Me imagino que tampoco habrá sido de un momento a otro y que habrá llevado su tiempo. ¿Pensás que al día de hoy hay cuestiones en las que todavía estás dentro de lo que le llamás “la burbuja”?

Sí. Fue algo paulatino. No pensé nunca o hasta ahora, en detenimiento, mi acercamiento a los libros. Lo pensaba ahora mientras pensaba la respuesta. Pienso que ya había una búsqueda de chico, que algo me hacía ruido y que me costó muchísimo. Empecé a leer a los 27, 28 años. Y sí, fue de a poco. Y sigue. Es algo constante. Eso es lo que tiene la literatura de mágico, de transformador. A mí me transformó la literatura, en el fondo es eso. Me dio una sensibilidad que no tenía o me despertó una sensibilidad que no tenía. Antes de eso no había tiempo para otra cosa. Era lo que tenía que hacer y no había más. 


A mí me transformó la literatura, en el fondo es eso. Me despertó una sensibilidad que no tenía. Antes de eso no había tiempo para otra cosa. Era lo que tenía que hacer y no había más. 


En general, si tenés que hacer un panorama de tu carrera, ¿siempre hubo una bajada de línea sobre lo que se tenía que hacer o sobre lo que se debía ser, el cómo es ser futbolista? Me refiero a la construcción en torno a esa identidad.

Sí, claramente. Hay una bajada de línea, constante y de todos lados. Desde los entrenadores, compañeros, allegados, dirigentes, representantes, de tu propia familia. Porque también pasa que, en la mayoría de los casos, la familia pone toda la esperanza ahí. A parte de ser una presión tremenda, te dicen cómo tiene que ser y qué tenés que hacer. Si vos querés jugar en Primera, tenés que hacer esto. Si querés llegar, si te querés mantener, tenés que hacer esto. Y es todo así.

Pienso en los jugadores que tuvieron la posibilidad (y la suerte) de hacer una carrera profesional, una vez que “llegan” ¿qué es lo que los hace pertenecer?

No podés tener miedo; no podés tener inseguridades. La duda no existe. En ese sentido, la literatura es una pérdida de tiempo. Tenés que estar mirando un partido de fútbol, o haciendo algo relacionado a tu carrera. Podés ir a entrenar, al gimnasio. Todo lo que te saca la mente de la carrera está mal visto. Entonces, ¿cómo hacés? ¿Cómo hace un pibe que durante toda su carrera fue formado así, si no llega, a dónde va? Y después, los que sí, los que llegan a tener una carrera profesional, cuando terminan, ¿qué hacen? Si lo único que me dijeron que hiciera fue esto, si no sé hacer otra cosa. 

Ph: Mauro Rey

¿Creés que tu acercamiento a la literatura y a todo ese mundo que abre la literatura, tiene que ver con algún momento cúlmine de tu carrera?

No me acuerdo bien cuál fue el primer acercamiento, pero el hecho de haber tenido que ir a jugar a Canadá, después de haber quedado libre en San Lorenzo, ir a Argentino Juniors y estar seis meses sin jugar, ser lo peor de lo peor, y estar yendo a jugar a un lugar donde el fútbol prácticamente no existe, creo que eso fue como un “uy, y ahora, ¿qué pasó con la Selección? ¿Europa? Eso no está y no va a estar”. Entonces, fue todo inconsciente. Lo pienso ahora. Este mundo se abre cuando se cierra una posibilidad. No había lugar para que sucediera antes. Mi mente estaba en otro lado: en el éxito y la fama. Estaba todo ahí, no había lugar para otra cosa.

El éxito y la fama, ¿también vienen como algo autoimpuesto o que les inculcan? ¿de dónde viene? En tu relato pareciera que hay una única manera de ser futbolista y es ser exitoso.

Sí, lo de exitoso va un poco con la competencia misma que implica este deporte profesional, donde la competencia es intensa hasta con tus propios compañeros. Tenés que ser exitoso y te dicen cómo es ser exitoso. La única manera de ser exitoso es ganar, ganar, ganar, y tener plata. Todo el tiempo hay que ganar, todo el tiempo tenés que ser ganador. No podés pensar en otra cosa. Hasta cuando jugamos un picado para distender y tenés que pensar hasta en ganar en eso. Eso es ser ganador, esa mentalidad. ¿Escuchaste algún jugador orgulloso de ser segundo? Es lo peor. Y es muy difícil. Y la fama es lo que te muestran en la tele. Es el ideal. Desde chiquito querés ser Messi, querés ser Cristiano Ronaldo y andar en yate. Si los mejores tienen eso, vos también querés ser eso e ir por ahí. A ser exitoso y famoso llega una minoría; la gran mayoría nos la pasamos perdiendo.


Desde chiquito querés ser Messi, querés ser Cristiano Ronaldo y andar en yate. Si los mejores tienen eso, vos también querés ser eso e ir por ahí. A ser exitoso y famoso llega una minoría; la gran mayoría nos la pasamos perdiendo.


Es la imagen vinculada al futbolista, rodeada de un montón de prejuicios…

Ese imaginario de que el futbolista es millonario. Y millonario son solo los mejores, los menos. Después, la mayoría, el resto, somos laburantes. Aunque no lo veamos o sintamos de esa manera, pero todos queremos llegar ahí. Entonces, es muy difícil.

¿Cómo se hace en un ambiente en el que se rigen por estas lógicas que contás de éxito y meritocracia para romper con eso, cada uno desde su lugar, y tener lógicas comunitarias, de solidaridad y compañerismo?

No lo sé. Es algo que a mí me cuesta o no me sale. Esto de intentar que pase algo distinto. No es algo que venga naturalmente ni que uno se pregunte. En el medio, uno tiene que pertenecer y seguir moviéndose en el mismo lugar para ser parte. Hay una tensión o un conflicto constante. Sí, en cuanto a las cosas que veo y que me parece que no van, trato de intervenir, desde mi lugar y procurar que eso cambie. Pero no es fácil. Y no lo puede hacer cualquiera tampoco, no están todos habilitados a intervenir o a decir lo que piensan. Eso fue cambiando en el tiempo. Cuando yo empecé, los pibes no podíamos decir ni a. Llegabas a un plantel de Primera, con toda la alegría que implicaba ese logro, pero te querías ir a tu casa. Me quería ir, no quería entrenar. Tenía miedo, porque te trataban mal. Te hacían sentir mal, te cagaban a patadas, te contestaban mal. En el loquito, en la entrada en calor, cualquier pase mal hecho, tenía un compañero que me caía. Y así con todo. Y no podía decir nada. Era una suerte de derecho de piso que se repetía de los más grandes a los más chicos. Hoy, un poco eso cambió. Porque en los planteles hay más pibes que gente grande, por ejemplo. La relación con los más chicos es diferente. Entonces, ahí, como referente tenés el lugar para intervenir, hablar o que te escuchen.

Decías que parte de estas transformaciones tienen que ver con la lucha de las mujeres, de los feminismos que también tuvieron que disputar terreno en el mundo del fútbol, ¿cómo hacen para romper con las lógicas del machismo? ¿Cómo son esas revoluciones para lograr una transformación en cuanto a la conciencia sobre la igualdad de géneros?

Es muy difícil, por eso pongo en relieve la importancia de la lucha de las mujeres porque vino a visibilizar algo que sucedía sin que nadie dijera nada. Antes seguíamos todos en la misma, nos reíamos de lo mismo, opinábamos de igual manera. Y eso era una verdad. Ahora, más allá de que hacia adentro por ahí el discurso es el mismo, ya hay otro cuidado, hay una pregunta, ya no es tan fácil decir ciertas cosas ni mucho menos hacer las mismas cosas. Un poco por miedo y otro poco por conciencia. Pero incluso el miedo trae algo bueno porque genera la pregunta, el debate, una discusión sobre el tema. Hay cosas que entre compañeros ya podemos hablar. Con los cuerpos técnicos o con los dirigentes, es más difícil. Hay muchos intereses, uno a veces por no tener problemas, no dice nada. Nunca escuché a un técnico en 20 años de carrera que, ante alguna pregunta de un jugador, respondiera “no sé”. Nunca, ni una vez. Entonces, el líder del grupo, el que tiene poder, el que dice cómo se hacen las cosas, es infalible, no falla. Andá a decirle “a mí me parece tal cosa”. La mayoría de ellos lo toma como un ataque, entonces no hay ida y vuelta posible. Vienen con eso, no se permite la duda. Me pasó, en una pretemporada, que nos dijeran “ojo con mirar mucho a las mujeres porque hoy mirás un poco de más a una y te denuncian”. Y uno por dentro, “pero este tipo qué está diciendo”. Sin embargo, nadie dijo nada. Nadie dijo que existe el consentimiento, que hay cosas que se hacen y cosas que no. Ni siquiera a mí me salió decirlo. Pero, entre nosotros, con los que tenemos más confianza, después, surgió el debate. Lo preocupante es que posiblemente, muchos de los chicos que estaban en esa charla tomaron eso que dijo el técnico como una verdad, y eso es tremendo.


Pongo en relieve la importancia de la lucha de las mujeres porque vino a visibilizar algo que sucedía sin que nadie dijera nada.


Ph: Mauro Rey

Estás próximo a retirarte de tu carrera como futbolista, ¿cómo hacés para pensarte por fuera del fútbol, si es que lo hacés? Y sino, ¿desde qué lugar te pensás?

Lo que más me cuesta es pensarme fuera del fútbol, en verdad, pensarme por fuera del jugador. ¡Es el punto clave en terapia! No me puedo visualizar en otra cosa, pero es algo que vengo trabajando mucho y de a poco, me voy viendo por fuera. Lo empiezo a tomar como posibilidad. Recién ahora, estoy empezando a verme haciendo otra cosa. En los días buenos, eso me entusiasma.

¿Está dentro de las posibilidades seguir en el ámbito del fútbol?

Sí, es una posibilidad y que me gustaría probar. No tengo claro desde dónde. Tengo el curso de entrenador hecho pero no es lo que quiero hacer. O por lo menos, hoy. Me han surgido propuestas para ser parte de equipos técnicos, y con este trabajo de verme, me podría llegar a interesar. En Temperley, en otra función, más cerca del jugador, es algo que me gustaría ver o intentar. Tratar de hacer algo diferente a lo que hay. Porque también yo tenía una lucha interna, conmigo mismo, con los prejuicios y con no querer ser una suerte de dirigente, o representante. Pero formar parte de un equipo, con una función determinada en donde poder trabajar con chicos, es algo que me interesa. Pero, hasta hace poco me costaba mucho. Para mí los representantes son lo peor que hay, entonces, cómo voy a ser yo representante de alguien. Sin embargo, empecé a pensar que podría hacer algo diferente incluso desde ahí. O por lo menos, intentarlo. Hacer algo distinto en cuanto a tratar de formar desde otro lado, de humanizar el trato con el jugador.

Decías que a lo largo del tiempo hubo transformaciones en el fútbol, ¿cuáles creés que son los cambios que faltan y que son urgentes, los que no pueden esperar?

Hay muchos. Principalmente y como mínimo, el trato con el jugador. En la mayoría de los casos, sos un producto. Si te va bien, te trato de una manera y sino de otra. Pasa mucho en las negociaciones, los dirigentes que te quieren contratar y que están interesados en vos usan como estrategia para bajarte el precio el maltrato: “si vos hasta que habías llegado acá no habías hecho ni un gol”. Esa es la manera de seducirte y de decirte que te quieren: “no servís para nada, agradecé que te ofrezco esto”. ¡Imaginate a los que no quieren! Eso es terrible. El maltrato no es negociable. Por otro lado, lo que hay que cambiar urgente en el fútbol es el discurso horrible con el que nos forman. La carrera al éxito, el no poder sentir miedo, el no demostrar debilidad porque eso siempre está ligado al “sos puto”. El tabú más grande y el más difícil de romper en el fútbol es el de la homosexualidad. Porque eso está en el relato diario; cada dos palabras está el “puto, cagón, se bajó los lompa, te cojo, te cogí”. Me pregunto, ¿cómo hace un pibe para decir “yo soy gay”? Es imposible, no pasa. Es impensado. Tuve un compañero gay en Montreal. Cuando se retiró, le hicieron una nota en una cadena de Tv importante y él contó su historia. Hace poquito leí un posteo de él en una red social y decía que pensaba que al haber declarado públicamente su homosexualidad después de todo lo que padeció, las cosas iban a empezar a cambiar; pero “me equivoqué”. Al día de hoy, los casos son aislados en distintos deportes. Es algo urgente pero que, lamentablemente, va a llevar mucho tiempo.


El tabú más grande y el más difícil de romper en el fútbol es el de la homosexualidad.


Respecto de tus declaraciones y tomas de posición en algunas luchas sociales, tomar postura ¿te trajo algún tipo de consecuencia en tu carrera?

Cuando empecé a tomar posición en algunas luchas sociales, yo ya estaba en el final de mi carrera, por lo que no pasó eso, pero sí sentí que empezaban a mirarme de otro modo, que el ida y vuelta con mis compañeros, con los entrenadores, con los dirigentes era diferente. Pude empezar a ser yo, a decir lo que me parecía, lo que pensaba. Mis compañeros quizá me tomaban más para el chiste, pero con los dirigentes, la relación fue otra. No te dicen nada, pero después, en una discusión sale todo, todo eso que piensan te lo dicen “dejá de leer tanto y hacé tal cosa; mucho pañuelito verde, pero tal otra”. 

Y, ¿con tus compañeros?

Con un compañero en puntual me pasó que venía todas las mañanas, en los entrenamientos, y me decía “hoy tengo una pregunta para hacerte”, “hoy tengo dos preguntas para hacerte”. Y de esa pregunta salía una charla que estaba buenísima, que nos llevaba a un montón de lugares. Después también empezó a leer. Creo que ya leyó el 5% de mi biblioteca, algo que no es para nada común en este ambiente.

Hablando otra vez de literatura, hay una frase de Proust que dice que cuando leemos un libro, nos leemos a nosotros mismos. ¿Qué libros te hicieron leerte de un modo que de otra manera no hubiera sido posible?

Muchos, pero de todos los libros, los que más me gustan son esos: los que me conmueven. Los que me hacen leerme a mí y enterarme de algo. “Ah, era esto”. “Ah, esto pasa”. Hay muchos, pero te digo uno que estoy leyendo ahora y que es uno de los que más hizo que me leyera: Fin, la última parte de la serie de novelas autobiográficas de Knausgard. A lo largo de las seis novelas, esta fue la que hizo que más me leyera a mí mismo. El primero lo empecé en el 2014. A medida que van pasando los años y los libros, cada vez tengo más clara la búsqueda, entonces, los libros que elijo, en su mayoría, son estos: los que te movilizan.


De todos los libros, los que más me gustan son esos: los que me conmueven. Los que me hacen leerme a mí y enterarme de algo.


Ig: @leonardodilorenzo11