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Facundo Kolovcevic

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Ph: Centro de Producción Audiovisual “Leonardo Favio”

Entrevista a Facundo Kolovcevic

Por Alejandro Olivera


Facundo Kolovcevic es guionista, productor y realizador audiovisual. Comenzó haciendo cámara en televisión y publicidad. En 2006 viajó a España, donde trabajó como editor para diferentes productoras del rubro. En 2007 conoció la historia de Claudio Gorosito, con la cual trabajó desde 2011 hasta concretar  Goro, el que mueve los hilos, de pronto estreno. En 2009 creó  Antawara en España y en 2016, ya en Argentina, Camride Multimedia, emprendimiento que brinda servicio audiovisual a diferentes instituciones del ámbito público y privado. Desde 2016, produjo Detrás de las sombras, (Matías De Lellis), un documental sobre la marina mercante en la guerra de Malvinas, y en 2017 Sur nuestro (Juan Manuel Roseano), sobre un viaje que entrelaza la vida de un nieto con su abuelo. Desde 2018, junto con un grupo de vecinos de Bernal, participa en el Colectivo Homenaje a la Memoria, que realiza eventos comunitarios en vínculo con los derechos humanos. Actualmente, dirige el Centro de Producción Audiovisual “Leonardo Favio”, dependiente de la Subsecretaría de Culturas del Partido de Quilmes, y trabaja en un documental sobre la vida del Padre Luis Farinello.


Facundo, gracias por este rato para Molecular. Para empezar, nos gustaría que nos compartas alguna mirada, alguna reflexión, respecto al campo cultural y artístico en este contexto que nos toca atravesar.

En principio, yo vengo pensando desde dos lugares. Uno tiene que ver con los problemas de los trabajadores de la cultura, con lo que les pasa en esta situación que agrava algo que ya venía complicado de forma previa. Ahí veo un problemón que es muy negativo. En particular, en Argentina me parece que algo se viene haciendo a nivel cultural, por lo menos la intención, algunos esbozos que crean subsidios y posibilidades desde donde agarrarse. Por otro lado, a nivel expresivo, se abre mucho el panorama. Es la posibilidad de buscarle una manera creativa a todo esto que está pasando, que es inédito. También se abre el juego con las tecnologías para crear contenidos originales. Para los estudiantes, para la gente que está empezando o ya trabajando y tiene las ganas de crear y compartir su punto de vista veo una posibilidad donde poder investigar, producir y poder mostrarse. También el tema de cómo consumimos contenidos, la cantidad de películas, series y otras cosas que vemos es impresionante, todo esto también forma parte de esta novedad.

Particularmente con el sector audiovisual: ¿cómo ves el panorama productivo y de consumo en el corto plazo para el cine nacional?

La verdad que el tema a nivel nacional, más que nada el del largometraje cinematográfico, lo veo muy complicado. Ya antes era complejo, más después de la gestión del gobierno de Cambiemos, que rompió el INCAA, que hizo que los plazos sean chicles y creó problemas con las cuotas, entre otras cosas. Muchos productores quebraron o tuvieron que correrse del audiovisual. Personalmente, venía trabajando en varias cosas, producciones y guiones para producir, y fui bajando el acelerador. Seguí con proyectos que venía trabajando desde antes y en este periodo solo comencé un proyecto. No había mucha motivación para presentar proyectos porque sabías que iba a ser una complicación y cómo hacías para terminarlo. Por ejemplo, en 2016 comenzamos un proyecto sobre Malvinas, pero calculabas una cuota y la inflación movía todo el proyecto. Si bien tenés una posibilidad de actualización, que hicimos en 2018, la plata no nos sirvió ni para la mitad de lo que habíamos pensado. Aparte los montos te lo daban en cuentagotas.

Actualmente, el INCAA no está dando señales de poder activar ya la industria, y la reciente intervención complica más todo. Es complicado también porque en parte el cine se nutre de las entradas y los fondos que pagan las señales, todo esto se alteró, la plata que en un contexto “normal” estaría entrando no entra ni va a entrar en el corto plazo, no sabemos cuando podremos volver a las salas. También está dando vuelta la posibilidad de poner un impuesto a Netflix y empresas de streaming, pero bueno, todavía no está claro, esto podría ser un aporte para costear un poco estas pérdidas. Creo que la Ley del Cine nacional, que está basada en la francesa, está bien pensada en este sentido, pero está desactualizada con respecto a cómo se van estructurando los medios en estos últimos años. 

Sabemos que pronto vas a estrenar Goro, el que mueve los hilos: ¿nos podés contar un poco de qué se trata y cómo fue el proceso de trabajo en esta película?

Goro para mi fue una escuela, una forma de engancharme de nuevo con lo cinematográfico y la producción propia, que tenía un poco de lado. Entre 2006 y 2012 estuve viviendo en España, y a poco de llegar, unos amigos me hablaron de un cordobés que estaba “re loco” y tenía una historia tremenda, “de película”. Bueno, lo fui a conocer y, efectivamente, tenía una historia de vida que si la ves en Hollywood decís que es mentira, todo chamuyo. 

La de Goro es una historia de redención. En ese entonces tenía 30 años y 4 hijos, todos con mujeres diferentes. Era adicto y en medio de la crisis, en el 2000, está desesperado y decide viajar a España como mula, una especie de manotazo de ahogado. 

El tema es que en Barajas lo detienen y queda preso con una condena de siete años, y ahí la historia que muchas veces pasa en estos lugares; incluso casi se muere. Lo que lo salvó fue que aprende un tipo de manualidad que se llama “trazado en hilo”, que es como calcar con hilos de seda. Le agarra la mano muy rápido, se hace unos mangos y empieza a dar talleres ahí adentro. Termina haciendo el Guernica de Picasso en tamaño natural y le quedó espectacular! Hasta le dieron una medalla. Finalmente, salió en 2007, consiguió la residencia española y dio clases en contexto de encierro. Con el tiempo volvió a su Córdoba natal. 


La de Goro es una historia de redención. En ese entonces tenía 30 años y 4 hijos, todos con mujeres diferentes. Era adicto y en medio de la crisis, en el 2000, está desesperado y decide viajar a España como mula, una especie de manotazo de ahogado.


La historia me impactó mucho y la retomamos de forma posterior con Fernando Menéndez, con quien hicimos el guión y la producción y estuvimos dirigiendo. Ya habíamos empezado a grabar algo en Madrid junto con un amigo, Juan Ferrari, que luego regresó a Buenos Aires. Con Fernando tuvimos dudas sobre qué género abordar, si un documental o un largo de ficción, pero nos inclinamos por el primero, y bueno, pensamos que también era una forma de investigación. En paralelo empezamos un guión de una serie de ficción para realizar en algún momento también. En 2011 presentamos un teaser a Miradas DOC en el Festival de Tenerife. Con eso hicimos una tutoría en pitching y el proyecto resultó ganador, nos dieron algo de plata, no mucho, pero más que nada fue el incentivo para apostar por la historia. De hecho se nos abrieron algunas opciones con la TV española y francesa, y en 2011, con la subida del gobierno de derecha, vino una crisis que impactó mucho en cultura. De hecho, yo ya había sacado pasajes para volver, y en 2012 volví a Argentina. Y acá empezamos a reestructurarlo para presentarlo al INCAA, que finalmente lo aprobó y seguimos con el rodaje hasta 2014, después empezamos con la posproducción y en el medio tuvimos problemas de financiamiento que tuvimos que ir resolviendo.

Por eso digo que hacer Goro fue una escuela, de cómo transitar todo este proceso de filmar. Me enamoró la idea de hacer un proyecto a largo plazo en el que las decisiones las tomábamos nosotros, y las hacíamos como queríamos, o como podíamos, porque también se hace así. 

Tuvimos la suerte de tener a Nico Batlle en la producción ejecutiva, actual vicedirector del INCAA, que fue también un maestro para nosotros y nos dio una mano sobre el cómo afrontar la película. Tuvimos otro padrino importante, Emi Serra, una persona maravillosa que conocí y un amigo, que me dijo “dale, hagámosla”, y empezamos a editar cuando teníamos menos recursos.

Bueno, fue un camino muy largo, todavía no se estrenó, teníamos fecha para febrero en el Gaumont y después vino la pandemia, así que hay que revisar cómo haremos.

Actualmente, te toca también dirigir el Centro de Producción Audiovisual “Leonardo Favio” en Quilmes: ¿nos podrías contar un poco sobre esta tarea y sobre el aporte del CPA en términos comunitarios y territoriales?

El CPA se creó en 2012 en el marco de la “Ley de Medios” y con la idea de producir contenidos con temáticas locales y regionales. Tuvo dos años de funcionamiento bajo un gobierno popular y después la intendencia del Partido pasó a manos de Martiniano Molina. En este momento el espacio de desdibujó, básicamente se lo vació un poco de identidad y de contenido. Había talleres, algunos se mantuvieron y se agregaron otros que no tenían que ver exclusivamente con el audiovisual. También se implementó una política más “eventista”, por ejemplo con ferias de comida y cosas así.

El lugar está en un predio hermoso, con mucho verde. Está construido sobre una estación antigua de bombeo de agua, un edificio inglés con una estructura y un parquizado enorme. Es único en la zona, está pensado para ser un polo audiovisual, tiene mucho potencial, pero lo encontramos desmantelado, lo poco que tenía no se mantuvo, y no se compró ni una pila.

Ph: Centro de Producción Audiovisual “Leonardo Favio”

Comenzamos diagnosticando un poco la situación y empezando a pensar proyectos para el espacio. Una primera idea es hacer una Escuela de Oficios Audiovisuales para jóvenes de hasta 25 años, orientado a barrios vulnerables. Queremos enfocarla desde los oficios, salida laboral necesaria y que complementa la oferta de formación de la localidad y zonas vecinas, por ejemplo la de la Universidad Nacional de Quilmes o la de Avellaneda, que ofrece carreras que están muy buenas y son formaciones integrales. Lo que nosotros queremos ofrecer es más a nivel oficio, más cercano al formato del SICA. 

Si concretamos este proyecto podríamos generar empleo para los jóvenes en áreas creativas para emprendimientos personales y colectivos, también desde lo local. Creemos mucho en esto y espero que podamos llevarlo a cabo lo antes posible.

Con respecto al impacto comunitario, la verdad es que está todo por hacerse en el espacio. Si bien se hicieron algunas cosas, como los talleres que se dan de forma gratuita, hay mucho potencial. Se puede dar mucho a nivel cultural, y la posibilidad de pensar un polo audiovisual, con producción, formación, cine de verano para que vengan a participar los vecinos y muchas cosas más. Antes de la pandemia hicimos un evento de carnaval y dimos el primer paso con la gente de Villa Itatí, invitando a sus murgas a que participen. El CPA es un lugar hermoso a ser habitado, que requiere generar situaciones que el vecino pueda disfrutar, no solo hacer fiestas de comida, sino eventos con intención social. Estamos construyendo un poco esto, creemos que Quilmes tiene una identidad muy rica que no está plasmada aún, también vinculada a los pueblos originarios, que tienen su historia y presente para aportar. Hay mucho por hacer.


Si concretamos este proyecto podríamos generar empleo para los jóvenes en áreas creativas para emprendimientos personales y colectivos, también desde lo local. Creemos mucho en esto y espero que podamos llevarlo a cabo lo antes posible.


Por otra parte, participás en algunos proyectos impulsados por la sociedad civil: ¿Nos podrías contar un poco sobre el trabajo que vienen haciendo con el Colectivo Homenaje a la Memoria?

El Colectivo es un proyecto hermoso que surgió de los vecinos del barrio, yo crecí a diez cuadras del CPA, y es de acá que nace. En el 2018, cuando el gobierno quitó las baldosas de las Madres de Plaza de Mayo, estos vecinos sintieron la necesidad de hacer un homenaje a la memoria para repudiar este desmanejo. 

Ellos me invitaron a participar y a partir de la charla salió la idea de hacer algo y entregárselo a ellas en formato de video. Me atrajo porque eran vecinos de muchos años y la construcción fue colectiva, comunitaria. Vecinos reunidos en la casa del que tenga el patio más grande, nos sentamos, tomamos unos mates, lo que sea, comemos algo y vamos hablando. Cada uno da su opinión y entre todos lo vamos construyendo. Este año no lo hicimos por la pandemia, pero en 2018 la idea fue hacer un pañuelo humano y tomarlo desde el cielo con un dron. Se hizo y fue una organización impecable de principio a fin. La idea era que no hubiera banderas políticas. Si bien muchos militan o estamos en la política, y creemos en ella. pensamos que era importante para que el mensaje no se pierda. La organización comunitaria puede ser muy eficaz, eso me llamó la atención. Los detalles en los que los vecinos estaban pendientes muchas veces se pasan de largo, acá fue al detalle, nadie cobró un peso, vinieron quinientas personas al evento y salió espectacular.

Al año siguiente, se duplicó la cantidad de participantes, y lo hicimos en un lugar más amplio, en la ribera de Quilmes, y esta vez formamos la leyenda “Nunca Más”. La idea es ir cambiando el motivo, este año íbamos a hacer la Wiphala, con lo que había pasado en Bolivia y todos los ataques a gobiernos populares en latinoamérica nos pareció que estaba bien ir por ahí. Bueno, esta es otra experiencia comunitaria donde me gusta mucho participar.

Por último: ¿En qué proyectos estás trabajando en este momento? Contanos un poco qué planes tenés en carpeta para el futuro cercano.

Estamos evaluando modalidades posibles para estrenar Goro. Después estamos trabajando con Juan Manuel Roseano en un documental sobre el Padre Luis Farinello. La productora que dirigimos con mi colega Javier Golpe, Camride, está justo al frente de la Iglesia “Caracol” que él construyó, y mirá cómo son las cosas, que Farinello al último evento que fue antes de su muerte fue al del Colectivo Homenaje a la Memoria. Yo hace rato que venía con ganas de hacer algo sobre su figura, ese día hablamos un rato pero ya estaba mal de salud y no pudimos concretar, ahí surgió con más fuerza la idea de hacer un documental.

Este es el primer proyecto de Camride desde cero. La empezamos en la época de Macri y sabíamos que no nos iban a dar un subsidio del INCAA para hacer algo de este tipo, o si pasaba vendrían los problemas de cuotas como pasaba con muchos proyectos. Entonces, empezamos a grabar reportajes con el apoyo de la Fundación Farinello también. Hicimos muchas entrevistas de personas cercanas, y estamos cerrando el guión para presentar al INCAA, ahora sí, a ver si podemos conseguir ayuda para terminar el documental. También esperando reactivar las actividades del CPA, con los protocolos necesarios y cuidando lo necesario. Un poco en estos temas vengo trabajando en este tiempo.