Etiqueta

Covid19

Browsing

Imagen: Melina Gómez

Por Agustina Arrigorria


Colapso del sistema climático planetario, agotamiento de los recursos naturales, continuas crisis financieras, crediticias y fiscales, automatización de los procesos productivos, debilitamiento de las organizaciones laborales, incapacidad política para enfrentar las coyunturas actuales y futuras, empobrecimiento, pauperización y fortalecimiento de la hegemonía neoliberal. Este es nuestro mundo y todo salió mal.

En consonancia con este diagnóstico lapidario del capitalismo actual comienza el Manifiesto por una política aceleracionista (2013) de Alex Williams y Nick Srnicek, quienes proponen acelerar el proceso de evolución tecnológica en pos de superar el sistema actual, preservando sus logros y remediando sus desaciertos a través de un proceso de radicalización democrática. Para los autores de este manifiesto, la crisis ecológica y social causada por el modelo productivo actual no tiene un escape hacia atrás sino solo hacia adelante: aminorar la técnica y el dominio sobre el mundo no constituye una opción válida, ya que el camino hacia el poscapitalismo será globalista, tecnológico y progresista o no será.

Este proyecto osado y optimista, apostador del todo o nada, no titubea ante la posibilidad de reproducción de la racionalidad instrumental que trajo a la humanidad hacia este lugar. Al respecto, hace más de medio siglo el filósofo alemán Max Horkheimer en su libro Crítica de la razón instrumental (1947) sostuvo que el paradigma de racionalización nacido en la modernidad, junto con la excesiva ponderación de la técnica sostenida por el ideal de progreso, generó una crisis cultural al reducir el pensamiento a la acción. Su idea de razón instrumental apunta a la enajenación de la razón como medio para un fin, la exacerbación de esta finalidad representada por la lógica del dominio técnico sobre el mundo termina amenazando con destruir la razón misma y la idea de hombre.


podríamos decir que la mayoría de los problemas a los que se enfrenta la humanidad actualmente han sido causados por ella misma en su intento por dominar el mundo.


Siguiendo el razonamiento propuesto por Horkheimer, podríamos decir que la mayoría de los problemas a los que se enfrenta la humanidad actualmente han sido causados por ella misma en su intento por dominar el mundo. El calentamiento global provocado por las emisiones carbono antropogénicas revelan que estamos destruyendo el mundo en nuestro intento por habitarlo más cómodamente: el extractivismo, la combustión fósil utilizada para la industria, el transporte y la energía eléctrica, la cría intensiva de ganadería, el uso excesivo de fertilizantes, la contaminación de nuestros ríos, tierras y la destrucción de los bosques son las principales causas del cambio climático. Entre sus consecuencias no sólo está el aumento progresivo de las temperaturas, el aumento de los niveles del mar y el deshielo de los polos y glaciares, sino todo el desorden ecológico que se produce con ello. La extinción y migración de especies animales amenaza con el desorden ecosistémico, cambiando las condiciones ecológicas y propiciando el aumento de enfermedades y plagas. Sin ir más lejos, la crisis social y económica causada por la epidemia mundial del covid19 ha tenido su origen en una mutación zoonótica provocada por el atropello contra la naturaleza, al igual que las anteriores pandemias. De esta manera podríamos decir, de acuerdo con Horkheimer, que la razón erigida frente al pensamiento mítico, ha terminado generando el mito de la razón, que en su instrumentalidad ha construido el monstruo tecnocrático que puso la ciencia al servicio del dominio.


De esta manera podríamos decir, de acuerdo con Horkheimer, que la razón erigida frente al pensamiento mítico, ha terminado generando el mito de la razón, que en su instrumentalidad ha construido el monstruo tecnocrático que puso la ciencia al servicio del dominio.


Esta idea ya había aparecido en la obra de Horkheimer años atrás, cuando escribió junto a Theodor Adorno Dialéctica de la Ilustración (1944). Su idea principal consistía en develar cómo la modernidad creó el concepto de razón a través de la idea de dominio de la naturaleza y de la alteridad. Esta dominación del otro concluyó, según ambos pensadores judíos, en el Holocausto, que lejos de ser un acontecimiento casual o irracional, fue la consecuencia ideológica de la exacerbación de la razón instrumental.

La crítica a los ideales de la modernidad (la razón, la ilustración, la técnica y el progreso) han sido objeto de estudio no solo para los pensadores de la Escuela de Frankfurt como Adorno y Horkheimer; también al otro lado del espectro ideológico y político, filósofos como Carl Schmitt y Martin Heidegger han presentado sus objeciones al paradigma tecnocrático. Estos cuestionamientos han sido de gran influencia para la tematización de otros problemas como los desarrollados por las filosofías de la alteridad, la teoría poscolonial, la ecosofía, los estudios de género y de animalidad. 

Pero no siempre tiene sentido el refrán “muerto el perro se acabó la rabia”. Muerto el murciélago o el pangolín sigue el covid y algunos estudios climatológicos indicarían que, incluso aminorando nuestros modos de producción, consumo y contaminación, los problemas causados por ellos persistirían. Sabemos que la exacerbación del paradigma tecnocientífico y la razón instrumental han causado desastre en el mundo por el sometimiento del mismo para su explotación económica, lo que no sabemos es cómo salir de este problema ¿lo haremos con más o menos razón? ¿con más o menos ciencia? ¿el progreso es una línea hacia adelante o hacia atrás? ¿hay progreso posible en algún modo, tiempo o lugar?

Mientras algunos enfoques metafísicos teorizan sobre el abandono de la lógica de dominio de la naturaleza y sometimiento del otro, otros correlatos pragmáticos como el de la teoría del decrecimiento promueven la disminución paulatina de la producción con el objetivo de establecer una nueva relación equilibrada y sostenible entre los seres humanos y la naturaleza. Algunos de los promotores de estas teorías apoyan las políticas folk “piensa global, actúa local” intentando contrarrestar los efectos de la globalización y la industrialización dirigiéndose políticamente hacia acciones locales y sustentables.


Sabemos que la exacerbación del paradigma tecnocientífico y la razón instrumental han causado desastre en el mundo por el sometimiento del mismo para su explotación económica, lo que no sabemos es cómo salir de este problema ¿lo haremos con más o menos razón? ¿con más o menos ciencia? ¿el progreso es una línea hacia adelante o hacia atrás? ¿hay progreso posible en algún modo, tiempo o lugar?


El aceleracionismo promueve exactamente lo contrario. En el Manifiesto por una política aceleracionista (2013) puede leerse: “Nunca creímos que la tecnología sería suficiente para salvarnos. Necesaria sí, pero nunca suficiente sin la acción sociopolítica”. Según Williams y Srnicek, solo la razón y la técnica pueden solucionar los problemas creados por ellas, de modo que la oposición sería entre una construcción poscapitalista globalizada que acelere la tecnología redirigida sustentable y democráticamente o una lenta fragmentación hacia el primitivismo, la crisis social y el colapso planetario. En su libro Inventar el futuro. Postcapitalismo y un mundo sin trabajo (2015) ambos autores sostienen que el capitalismo opera como un universal en expansión agresiva y que los esfuerzos por segregar espacios de autonomía por medio de políticas locales y decrecionistas están destinados al fracaso, por lo que es necesario desarrollar un plan de resistencia y avanzada poscapitalista que combine aceleración tecnológica, sustentabilidad ecológica y equidad económica.


Hegel decía que el búho de Minerva abre sus alas al anochecer y con esto ilustraba la idea de que la filosofía siempre llega tarde, es decir, que puede reflexionar una vez acontecidos los hechos.


Pero no es solo la razón técnica lo que el aceleracionismo viene a rescatar, también los ideales de modernidad: sus teóricos sostienen que la modernidad no debe ser rechazada sino disputada. En Inventar el futuro, Williams y Srnicek sostienen que todo proyecto contrahegemónico debe constituirse como perteneciente a una “modernidad de izquierda”, retomando el ideal de progreso histórico, promoviendo un horizonte universalista y un compromiso con la idea de emancipación. Este redoblar la apuesta consistiría en objetarle a la ilustración que no fue “lo suficientemente ilustrada”, que no ha generado una racionalidad sustentable que haya hecho del mundo algo mejor, que el progreso no ha sido tal sino colapso y que la idea igualdad, libertad y fraternidad pregonada por la Revolución Francesa no fue ni tan igualitaria ni tan emancipadora. Hegel decía que el búho de Minerva abre sus alas al anochecer y con esto ilustraba la idea de que la filosofía siempre llega tarde, es decir, que puede reflexionar una vez acontecidos los hechos. Y es cierto que hemos tenido que vivir guerras mundiales, bombas atómicas, explosiones de centrales nucleares, derrames petroleros a mar abierto, extinciones de especies adorables, accidentes por tecnologías subestimadas, ciudades arrasadas por el viento o sepultadas por el agua, pandemias causadas por negligencia, vidas sometidas a la nada, tan sólo para darnos cuenta de que algo anda mal. Todavía no sabemos cómo arreglarlo, discutimos con ciencia, contabilidad y filosofía de por medio cómo solucionarlo. Pero frente a este panorama derrotista, el colapso ecológico, económico, político y social es necesario elegir la urgencia por pensar pero también actuar al unísono. Los debates al respecto son interesantes pero el planeta no tiene tiempo para esperarnos. De algún modo, la tarea emancipadora sigue siendo la trazada por Marx en sus Tesis sobre Feuerbach (1845): “Los filósofos, hasta el momento, no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, ahora de lo que se trata es de transformarlo”. Transformémoslo. Salvémoslo.


Ph: Federico Bini

Por Sofía Arriola


¿Cuáles son los aspectos que dejó al descubierto el Aislamiento Social Preventivo Obligatorio? ¿Qué pasa con los colectivos que forman parte de una discriminación y exclusión estructural? 

Los últimos años en Latinoamérica han sido marcados por contextos de globalización y el neoliberalismo tardíos que han avanzado junto a la derecha, potenciando y configurando una discriminación interseccional extrema en distintos niveles. Teniendo en cuenta las mencionadas desigualdades, consideradas estructurales y de base, sumándose también la vulneración constante de derechos humanos, podríamos afirmar que el colectivo travesti trans, por ejemplo, es de las minorías más vulneradas actualmente en un presente atravesado por políticas de cuidado a raíz de la pandemia y del mencionado ASPO, lo que lleva a preguntarnos: ¿cómo se ejecuta la política #QuedateEnCasa para quienes no tienen una? ¿cómo podrían asegurarse necesidades básicas cuando la mayoría sólo accede al trabajo informal? ¿cómo se habita en este contexto, sufriendo la violencia de una triple marginación por género, por clase y por cuestiones raciales? 


…el colectivo travesti trans es de las minorías más vulneradas actualmente en un presente atravesado por políticas de cuidado a raíz de la pandemia y del mencionado ASPO, lo que lleva a preguntarnos: ¿cómo se ejecuta la política #QuedateEnCasa para quienes no tienen una? ¿cómo podrían asegurarse necesidades básicas cuando la mayoría sólo accede al trabajo informal? ¿cómo se habita en este contexto, sufriendo la violencia de una triple marginación por género, por clase y por cuestiones raciales? 


Las problemáticas que atraviesa el colectivo trans no son nuevas para ellxs sino que son una herencia del orden internacional, originado por las desventajas del sistema capitalista colonialista, que es mantenido por la permanencia de dicho sistema y aumentadas por el corrimiento (o ceguera) del rol del Estado en contextos de globalización donde se han aplicado políticas funcionales y heterocisnormadas continuamente frente a minorías invisibilizadas que no cuentan con un sistema de cuidados asegurados. La falta de estos últimos opaca los triunfos que han alcanzado estos colectivos en los últimos años al no tener un sentido en la práctica y la realidad que lxs compete hoy en día, lo que hace que en cada crisis sean lxs mismxs quienes vuelven a quedar unos centímetros más afuera de ese sistema (en términos capitalistas y globales) del que ya no estaban siendo parte. 

Históricamente y hasta en la actualidad, el colectivo travesti trans sufre opresiones principalmente por su género, ya que gran parte de la sociedad opta por invisibilizar su identidad, no reconocerla y negarla, lo que genera una subordinación de estatus como plantea Nancy Fraser: ésta deviene en acoso sexual, violaciones, violencia, menosprecio en la vida cotidiana y medios de comunicación, negación de derechos y marginación en lo público. Esta discriminación se presenta en distintas áreas como en la educación (64% cuenta con el nivel primario, un 7% comenzó estudios superiores, pero solo el 2% finalizo un nivel universitario), en la inserción laboral o en la posibilidad de ingresar a un sistema de salud que pueda atenderlxs. Generalmente, las personas trans son excluídxs del seno familiar y de su hogar, muchas veces teniendo que migrar a distintos países o ciudades. Junto a la caracterización anterior de su situación frente a la inserción en el sistema, esto hace que se pertenezcan a una clase media baja. Específicamente el 90% de las personas trans se encuentra fuera del mercado formal, vive en la pobreza y el 95% ejerce el trabajo sexual.  

Este colectivo es víctima de una doble colonización por las políticas imperiales y por las ideologías patriarcales que se sostienen mutuamente, ya que la globalización sostiene la heterocisnorma y las identidades sociales funcionales a esta jerarquía imperial. Refiriendo al patriarcado, me gustaría remitir a Pedro Di Pietro quien lo define como “la diferenciación de sujetos sociales según jerarquía de privilegios o desventajas y la reproducción social de las condiciones materiales del privilegio y desventajas que adscriben roles o expectativas”. 


Este colectivo es víctima de una doble colonización por las políticas imperiales y por las ideologías patriarcales que se sostienen mutuamente, ya que la globalización sostiene la heterocisnorma y las identidades sociales funcionales a esta jerarquía imperial.


Así, podemos ver como vuelve a polarizarse la cuestión entre quiénes pueden mantener un estatus y un privilegio frente a quienes no, como sucede con el colectivo travesti trans. Profundizado más aún por la ideología y el contexto marcado por un fuerte carácter androcéntrico donde todo está montado en la sociedad y la cultura para que la figura masculina sea la “normal”. Sostiene al respecto Preciado: “la transexualidad no existiría fuera de una epistemología colonial y capitalista que privilegia las prácticas sexuales reproductivas en beneficio de una estrategia de gestión de la población, de la reproducción de la fuerza de trabajo y de la población que consume”. De esta manera, queda demarcada la relación entre el sistema y la no inserción de la transexualidad, teniendo que ver este fenómeno con una red de discursos y relaciones de poder trazados por el mismo régimen político. 

Contrariamente a lo mencionado, se han alcanzado triunfos para el colectivo dentro de los que podemos nombrar la Conferencia de Beijing (1995) que dió mayor institucionalidad al género o los Principios de Yohiakarta (2006) que dieron mecanismos y protecciones legales internacionales. En Argentina, específicamente, la Ley de identidad de género (Ley 26.743), donde se reconoce la identidad auto percibida de modo despatologizante, ha sido un hito junto a las leyes que obligan al cumplimiento de un cupo laboral trans y el acceso a la salud integral. No está de más decir que estas medidas han sido logradas gracias a la resistencia y militancia del feminismo y los colectivos LGBTI frente al avance de la derecha y el neoliberalismo tardío de los últimos años, específicamente tras la crisis financiera del 2008. Sin embargo, la discriminación continúa como un factor protagonista en los distintos aspectos y con un peso capaz de detener la expansión económica, por ejemplo, como indica el Informe de CEPAL de 2019, estableciendo una desigualdad naturalizada y estructural en una cultura de privilegios y lejos de asegurar garantía de los derechos humanos, lo que sugiere repensar la eficacia de estas políticas para que sean realmente dinámicas y no una mera hoja de papel. 

Frente a este panorama histórico, en el mes de marzo de 2020, la pandemia del COVID19 generó una pausa global y los Estados debieron responder con distintos tipos de medidas para cuidar a sus poblaciones a raíz de la inexistencia o el desconocimiento de una solución efectiva para frenar el contagio del virus. Aquí en Argentina, se dispuso como política oficial el Aislamiento Social Preventivo Obligatorio (ASPO) que comprende diferentes fases y excepciones para circular o trabajar.

 Se evalúa que la pandemia llevará a la mayor contracción económica en la historia siendo esta del -5,3% en el año 2020, o sea la peor contracción desde 1914 y 1930, acorde a los datos del Informe de la CEPAL. También traerá como consecuencia un deterioro en los indicadores laborales con una tasa de desempleo en torno al 11,5% que también afectará los ingresos en los hogares. Este contexto resulta poco beneficioso para la mayor parte de la población, pero aún más para quienes son marginadxs por el desarrollo desigual del mundo y afectados por los procesos de la globalización neoliberal. En Argentina se implementaron medidas de elección por la vida y la salud como la política “quédate en casa”: aun así, es necesario replantear el carácter de ésta y la carencia de su perspectiva de género considerando que las políticas de cuidado y de trabajo siguen respondiendo implícitamente al orden heterocisnormativo. 

¿Dónde se puede cumplir esta política cuando no se tiene un hogar donde quedarse? La mayoría de la población travesti trans vive en espacios de contención como hoteles o cuenta con alquileres informales donde no aplica el congelamiento de precios de alquiler o la prohibición de desalojo impulsado en el marco del ASPO. El acceso al alquiler formal o a un techo propio se ven obstaculizados por la discriminación que suele ser por género, por raza y clase, e incluso por cuestiones laborales, ya que no pueden presentar un certificado a causa de su informalidad. El hecho de que el 90% ejerza como trabajadorxs sexuales configura otra forma de discriminación, como también un perjuicio, ya que su trabajo se da necesariamente en las calles y sigue siendo criminalizado. A todo esto se puede agregar la falta de acceso al sistema de seguridad social y a la salud, teniendo en cuenta que su expectativa de vida no supera los 35 años (diferenciándose de la expectativa de vida general que es de 75 años) y convirtiéndose en este contexto en población de riesgo, que no sólo queda desprotegida y sumida en la violencia, sino también vulnerable a la falta de suministros para tratamientos hormonales que serían asegurados por el Estado. 


¿Podrán los estados asegurar un Estado de derecho que promueva la universalidad de los derechos realmente incluyendo diversidades y generando un sistema de cuidados que sea acorde o los procesos globalizadores y neoliberales seguirán sobrepasando a los Estados y marcando los límites heteronormadxs de la periferia donde existe un todxs que siempre queda ahí afuera?


El colectivo trans percibe el acceso a un programa llamado Potenciar trabajo que da acceso al subsidio de $8.000 mensuales, incompatible con el IFE (Ingreso Familiar de Emergencia) implementado a partir de la situación de la pandemia, al que corresponde un monto de $10.000, e incompatible también con otros subsidios o con el reparto de bolsones de frutas en municipios. Aunque tuvo gran impacto por suscriptxs del colectivo trans en marzo del presente año, el acceso a este primer programa ni siquiera nombra explícitamente al colectivo trans sino a las “víctimas de violencia de género o explotación sexual”, ni contempla la situación de migrantes sin documento nacional.Han habido una gran cantidad de autores que plantearon desde el comienzo de la pandemia (por ejemplo en la publicación Sopa de Wuhan) que la configuración de un nuevo mundo post pandemia podría ser posible o que incluso estamos ante una “nueva normalidad”, pero ¿cómo podemos realizar ese planteo cuando lxs marginadxs de siempre continúan experimentando la misma realidad de violencia y vulneración en un contexto de incertidumbre y ausencia de políticas que lxs tengan presentes como sujetos políticos? ¿Podrán los estados asegurar un Estado de derecho que promueva la universalidad de los derechos realmente incluyendo diversidades y generando un sistema de cuidados que sea acorde o los procesos globalizadores y neoliberales seguirán sobrepasando a los Estados y marcando los límites heteronormadxs de la periferia donde existe un todxs que siempre queda ahí afuera?


Ph: Melina Gómez

Por Josela Aramburu


Pandemia 

Por el covid-19 vivimos un paro general que detuvo la economía. Se calcula un decrecimiento económico entre un 4% y un 9% mundial. En Latinoamérica la situación es grave y dolorosa porque no se cuentan con los recursos sanitarios ni económicos que existen en otros países. En el ranking mundial USA es el país con más muertes, Brasil está en segundo lugar, México en el sexto, Perú en el séptimo y Chile en el octavo. Ya pasaron más de 7 meses del momento en que el virus comenzó a expandirse, sin embargo en América Latina se viven los picos más altos de contagio. 

Impacto del Covid-19 en mujeres 

“La desigualdad social y económica asegurará que el virus discrimine. El virus por sí solo no discrimina, pero los humanos seguramente lo hacemos, modelados como estamos por los poderes entrelazados del nacionalismo, el racismo, la xenofobia y el capitalismo” (Butler, 2020; 62). Esta crisis afecta principalmente a las mujeres, profundizando la desigualdad existente. La ONU Mujeres a comienzo de la pandemia dictó una serie de recomendaciones a los poderes de los Estados, como una respuesta efectiva para prevenir, atender y eliminar la violencia contra las mujeres y las niñas, antes y después de la crisis. Argentina es el primer país del mundo que implementa medidas con perspectiva de género para combatir la pandemia. 


Argentina es el primer país del mundo que implementa medidas con perspectiva de género para combatir la pandemia. 


El confinamiento busca salvar vidas y controlar el contagio, sin embargo, si no se articulan políticas de género exhaustivas, traerá como consecuencia un aumento de todos los tipos de violencias. ¿Por qué las mujeres y el colectivo lgbtiq+ están más expuestos al virus? En este contexto aumentan los femicidios, la violencia física y psicológica. Mujeres y niñes conviven con su agresor; la violencia de género se prolonga en el tiempo, y tienen mayores dificultades para realizar la denuncia. En Argentina, según el Observatorio MuMaLá, en cuarentena se asesinaron a 97 mujeres, mientras que 193 niñes se quedaron sin madre. En este contexto también la ciberviolencia y ciberacoso se hacen eco: miles de niñas, niños y adolescentes se ven expuestos en sus casa con el uso de las TICs. Los hogares pasaron a ser el centro de sociabilización. En este espacio las mujeres ya se hacían cargo de las tareas del cuidado. La CEPAL define las tareas del cuidado como “todas aquellas actividades que son indispensables para que las personas puedan alimentarse, educarse, estar sanas y vivir en un hábitat propicio para el desarrollo de sus vidas. Abarca, por lo tanto, el cuidado material, que implica un trabajo, el cuidado económico, que implica un costo, y el cuidado psicológico, que implica un vínculo afectivo”. Bajo este contexto, aumentan las cargas, sumando también el rol de educadoras en aquellas mujeres con hijes en preescolar o primaria. Este aumento de carga impacta negativamente en el trabajo remunerado, generando mayor explotación y vulnerabilidad. También las mujeres son más pobres que los hombres, están más endeudadas, son quienes más sufren la crisis económica, porque son las primeras en ser despedidas de sus trabajos, las primeras que ven reducido sus salarios y son el porcentaje más alto de trabajo informal. Muchas jefas de hogares tienen que conciliar la doble responsabilidad sin protección social. La lista de violencia continúa y crece en adolescentes del colectivo LGBTIQ, que tienen que padecer a sus familiares violentos que no respetan su identidad. También llega a niñas y madres, bajo el nombre de violencia obstétrica, que no consiguen tener un parto respetado o que quieren realizarse una interrupción voluntaria del embarazo. Los grupos en situación de mayor riesgo como las mujeres pobres no acceden al agua potable, vivienda digna, productos de limpieza y de alimentación. El virus presenta un riesgo particular en mujeres adultas, según datos del INDEC, en Argentina la población mayor de 60 años está compuesta un 58% por mujeres, la feminización aumenta a medida que aumenta la edad, así es que en la población mayor de 75 años, el 63% está integrada por mujeres frente al 37% por varones, estamos frente a lo que se denomina “feminización del envejecimiento”, es decir que la población de adultos mayores, está integrada por más mujeres que varones. Como si fuera poco, las mujeres que acceden a una educación superior, son quienes enfrentan el covid-19 dado que estos trabajos están asociadas a las tareas del cuidado, como ser médicas, enfermeras, camilleras, asistentes: ellas son las primeras en el frente de batalla. Las migrantes, afrodescendientes e indígenas también atraviesan violencias, abusos e inconvenientes, no pueden dejar de trabajar y se ven expuestas al virus, no acceden a la protección social y padecen la discriminación y racismo en los sistemas de salud. Las mujeres con discapacidad se ven violentadas en la falta de atención de salud pública o en la imposibilidad de circular. Muchas de ellas necesitan el aire libre para recrearse y precisan una ayuda profesional, que por lo general esas tareas las hacen otras mujeres; frente a esta situación no pueden ser acompañadas. Las personas transexuales y transgénero también se ven afectadas. Este sector generalmente es marginado y discriminado por su identidad, tienen grandes dificultades para acceder a una vida digna, con vivienda, trabajo, salud y educación. Esta población tiene una esperanza de vida promedio de 35 años. Frente a un contexto de pandemia, esta situación se encrudece. 

Para la economista Amaia Pérez Orozco, estas desigualdades son producto de las estructuras socioeconómicas en las que vivimos, que ponen la vida humana al servicio del capital y definen ese “estilo de vida”, vinculado estrictamente a lo mercantil. Así se constituye un circuito compuesto entre producción y reproducción que además del consumo también crea subjetividades, normas, deseos, cosmovisiones, donde los seres humanos se van realizando. Esta subordinación de la vida al capitalismo la separa de pensar la naturaleza en un ecosistema integrado y potencia la visión androcéntrica del humano. Esta perversa noción de la vida hace que haya vidas que merecen vivir y otras que no. “Es una noción de vida vivible no universalizable y que no respeta la diferencia. Sustenta un sistema en el que se acepta que unas vidas (las más cercanas al sujeto privilegiado de esa Cosa escandalosa: el BBVAh1) sean consideradas dignas de ser rescatadas en un  contexto de crisis, mientras que las que difieren sean irrelevantes o puedan incluso perderse para el rescate de aquellas. A esto añadimos que la diversidad sexual y de género es constreñida en aras de garantizar sujetos invisibilizados que asuman la responsabilidad de sostener la vida en un sistema que la ataca”. (Pérez Orozco, 2014; 79) 


Así se constituye un circuito compuesto entre producción y reproducción que además del consumo también crea subjetividades, normas, deseos, cosmovisiones, donde los seres humanos se van realizando.


Feminismo interseccional 

Bell Hooks define al feminismo como antirracista, anticlasista, antihomofóbico, anticolonialista, antisexista y antipatriarcal: “entender la manera en que la dominación masculina y el sexismo se expresaban en la vida diaria concientizó a las mujeres sobre cómo eran acosadas, cómo trabajaban para otros y, en el peor de los casos, cómo no tenían ningún control sobre sus vidas” (Hooks, 2017; 29). Hooks deja al descubierto cómo las violencias se entremezclan con la etnia, la situación económica, edad, clase social, etc. La lucha de clases dentro del feminismo fue un puntapié: mientras las mujeres blancas con educación superior, propietarias, lograron acceder de manera más rápida a nuevos derechos y privilegios, las mujeres negras, migrantes, pobres quedaban relegadas en la órbita de las demandas de las blancas, invisibilizando las violencias y los padecimientos sobre esos cuerpos. 


Este enfoque llamado interseccional conlleva ver la desigualdad desde una multiplicidad de características que pueden acentuar la discriminación y violencia


Existe una inmensa cadena de desigualdades que entrecruza sexo, orientación sexual, color de piel, religión, estatus social, clase social, edad, nacionalidad, discapacidad, situación económica, geografía, hábitat. Este enfoque llamado interseccional conlleva ver la desigualdad desde una multiplicidad de características que pueden acentuar la discriminación y violencia. Ana Bach asegura que la interseccionalidad “trata a la situación en la que un tipo de discriminación interactúan con dos o más grupos discriminados y crea una situación única” (Bach, 2015; 49). Es una herramienta análitica que mejora la acción política, ya que nos permite analizar con mayor precisión las diferentes realidades en las que se encuentran las mujeres. Este paradigma nos permite crear soluciones más precisas a las situaciones de opresión en las personas.


1 Blanco, burgués, varón, adulto, heterosexual.


Referencias: 

-Butler, Judith (2020) “El capitalismo tiene sus límites” en Sopa de Wuhan, ASPO.  

-CEPAL (2012) Consulta de opinión sobre las políticas de cuidado de las personas dependientes en América Latina. https://www.cepal.org/es/publicaciones/35375-consulta opinion-politicas-cuidado-personas-dependientes-america-latina-ninas

-Hooks, Bell (2017) El feminismo es para todo el mundo, Madrid, Traficantes de sueños. 

-Pérez Orosco, Amaia (2014) Subversión feminista de la economía. Aportes para un debate sobre el conflicto capital-vida, Madrid, Traficantes de sueños.

Ilustración: Florencia Hochbaum

Por Agustina Arrigorria


Cuarentena, confinamiento, tapabocas obligatorios, protocolos sanitarios e higiénicos, aislamiento preventivo y distancia social, medición diaria de temperatura, aplicaciones de control, vigilancia virtual: la biopolítica se refuerza y se renueva con el objetivo de eliminar la nueva cepa del virus que amenaza a toda la humanidad.

Muchos han hablado a favor y en contra de estas medidas de prevención y control. Los más entusiastas ponderan el resultado positivo de las estrategias más avanzadas de cibervigilancia a través de cámaras y aplicaciones en los países orientales. Dos ejemplos de este modelo son la aplicación china Health-Check que genera un código sanitario para saber el estado del ciudadano junto al alcance permitido para su circulación y la aplicación Self-Quarantine Safety Protection instaurada en Corea del Sur que permite a los usuarios realizar un autodiagnóstico para descongestionar las líneas telefónicas médicas y en caso de necesitar asistencia, monitorea el viaje en auto particular del usuario hasta los puntos de testeo más cercano, con una posterior geolocalización en caso de necesitar aislamiento. Los detractores de estas tecnologías no sólo denuncian una extrema vigilancia de la esfera privada, tráfico de datos y ciberpatrullaje, sino que también desmienten su eficacia. Entre estos últimos están quienes han acusado a estos gobiernos de establecer políticas totalitarias con objetivos oscurantistas y políticas deshumanizadas, algunos de ellos cuestionan incluso las cifras divulgadas por el gobierno chino que tendrían el objetivo de disminuir la visibilidad de los casos para ofrecer mayor aceptación a las herramientas tecnológicas utilizadas. Los más escépticos, no rechazan totalmente el uso de los instrumentos biopolíticos, aunque sostienen que los métodos más efectivos para el control de las epidemias no son los que ofrecen las nuevas tecnologías, sino aquellos que acompañan desde hace siglos a la humanidad en su lucha contra las pestes más antiguas: aislamiento y distancia social, confinamiento doméstico, cierre de fronteras e intensificación de los cuidados sanitarios básicos, como el lavado de manos y la higiene del hogar.

Biopoder es la palabra en boca de todos, pero ¿qué significa? Su mentor, el filósofo francés Michel Foucault (1926-1984) desarrolló este concepto principalmente en el último capítulo de Historia de la sexualidad I: La voluntad de saber y en la clase del 17 de marzo de 1976 del curso Hay que defender a la sociedad: en el primero, el biopoder se relaciona inicialmente con la formación del dispositivo de sexualidad y concluye con el racismo biológico del Estado moderno; en el segundo, el biopoder se relaciona al concepto de guerra de razas. En ambos casos, el biopoder se muestra, según Edgardo Castro en su diccionario de conceptos foucaultianos, a través de su doble faz: como poder sobre la vida (por ejemplo, en las políticas de reproducción sexual) pero también como poder sobre la muerte (por ejemplo, en el racismo). Si el biopoder es la estatización de la vida biológicamente considerada, las biopolíticas consistirán en la utilización de las distintas disciplinas del cuerpo y las regulaciones de la población en que este poder se despliega con el objetivo de racionalizar los fenómenos poblacionales como conjunto de vivientes: salud, higiene, natalidad, longevidad, raza, etc.

Pese a lo que cierta vulgata filosófica sostendría tendenciosamente, la noción de biopolítica no ofrece una lectura peyorativa de los acontecimientos socio-políticos a los que refiere y no insta necesariamente a una forma de resistencia negadora sino a un análisis crítico de las mismas.

No cabe ninguna duda de que todas las herramientas utilizadas para controlar la propagación de la pandemia de covid19 están relacionadas de alguna u otra forma con la biopolítica: desde la simple obligación de utilizar mascarillas en los comercios, hasta las zonas militarizadas donde sólo puede transitarse con justificación estatal previa. En nuestro país algunos de los instrumentos biopolíticos han sido el cierre de fronteras, el aislamiento social preventivo, el confinamiento de los enfermos y sospechados, los testeos masivos en el operativo Detectar, la obligatoriedad de utilizar tapabocas en la vía pública, la implementación de la aplicación Cuidar, la emisión de certificados de permiso único para circular y su sincronización con la tarjeta SUBE previamente identificada, el control de temperatura para ingreso a hospitales, lugares de trabajo y comercios, y las reiteradas campañas de prevención, limpieza y desinfección. Muchas de estas medidas han despertado el temor al control de la esfera privada, como así también una exacerbación en la difusión del peligro totalitario como herramienta de oposición política. De esta manera, sectores opositores partidarios, agrupados formal e informalmente, y agentes independientes, han convocado numerosas manifestaciones autoproclamadas apolíticas o apartidarias con el objetivo de boicotear las acciones de control social.

El amplio abanico de los autodenominados anti-cuarentena abarca sectores localistas desde expresiones moderadas que reclaman por la apertura de sus comercios minoristas y la flexibilización de algunas medidas para rescatar principalmente la economía doméstica, hasta expresiones chauvinistas que reclaman al gobierno no adherir a una supuesta conspiración mundial formada por masones millonarios cuyo objetivo consistiría en el control de la tasa de natalidad y la instauración de un supuesto nuevo orden mundial. Pero además de estos sectores localistas, el ala liberal del movimiento anti-cuarentena, en sus expresiones de izquierda y derecha, reclaman por la garantía de las libertades individuales y el derecho de gestionar individualmente la propia vida, so pretexto de las biopolíticas estatales instauradas para controlar la pandemia. Para comprender el discurso de este último grupo es fundamental volver a analizar más en profundidad el concepto de biopoder de Foucault.

Dedicado a la elaboración de genealogías y arqueologías como discursos articuladores de saber y poder, la tarea de Michel Foucault es principalmente descriptiva y no normativa. Es decir, en su obra filosófica el biopoder permite explicar el modo en que los saberes sobre la vida biológica permiten una mayor eficacia, control e interpelación del poder político a través de herramientas particulares aplicadas en cada tiempo y lugar a los cuerpos y las poblaciones, pero de esta descripción de hecho no se deriva ninguna tesis de derecho, o correlación necesaria con el deber ser de las mismas. Pese a lo que cierta vulgata filosófica sostendría tendenciosamente, la noción de biopolítica no ofrece una lectura peyorativa de los acontecimientos socio-políticos a los que refiere y no insta necesariamente a una forma de resistencia negadora sino a un análisis crítico de las mismas.

Ilustración: Florencia Hochbaum

Las tecnologías de poder no son buenas o malas en sí mismas, son sólo medios para alcanzar fines impuestos por fuera de su propio funcionamiento maquínico, sin embargo, esto no equivale a hablar de una neutralidad tecnológica, ya que desde su creación, codificación e implementación contienen un direccionamiento estipulado con arreglo a ciertos fines. Un análisis crítico de las mismas requeriría una evaluación entre medios y fines con miras también a posibles consecuencias no deseadas. Para discutir la adecuación de los medios, es necesario establecer a priori un acuerdo sobre los fines, pero el objetivo de las diferentes posturas políticas no es el mismo: mientras algunos priorizan la salud de los ciudadanos, otros priorizan la economía. En relación a estos últimos, es menester mencionar que los gobiernos que apostaron por el sostenimiento de la economía a costa de la vida de sus ciudadanos tampoco lograron cumplir con este objetivo, por lo que el FMI vaticinó para este año una crisis aún mayor a la de 1929. En este sentido, la apuesta por la economía parecería más un voto por la normalización sistémica, una apelación al status quo y una defensa de la hegemonía neoliberal que resuena en el lema thatcherista No hay otra alternativa, que una elección por el desarrollo.

Sostiene Foucault hacia el final de La voluntad de saber que el biopoder permite decir que “el viejo derecho de hacer morir o dejar vivir fue reemplazado por el poder de hacer vivir o de arrojar a la muerte”, sin embargo el relato de la mano invisible neoliberal se esfuerza en invertir esta relación para hacer pasar las políticas de vida y de muerte como algo natural. De esta manera, los relatos negacionistas de la pandemia escondieron verdaderas prácticas de abandono de los Estados-nación a sus poblaciones en riesgo consideradas numéricamente en tanto sector pasivo: los ancianos, los enfermos, los discapacitados, todos aquellos que en la carrera del más apto no lograrían individualmente conservar su vida. Es en este sentido que Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, habló del covid19 como una mera “gripecita” para justificar la falta de acción estatal, o Boris Johnson, primer ministro del Reino Unido, sostuvo en marzo de este año (previamente a contagiarse él mismo) que la mayoría de los enfermos cursarían levemente esta enfermedad y que lamentablemente “muchas más familias perderán a sus seres queridos antes de tiempo”, como si nada pudiese hacerse desde la política.

Cuando Foucault escribió que este biopoder fue un elemento indispensable en el desarrollo del capitalismo, no se refirió solamente a los mecanismos de control y vigilancia meramente represivos, sino justamente a la elección en el ajuste de los fenómenos poblacionales a los procesos políticos. Por lo tanto, la biopolítica no es sólo aquello que permite vivir sino también morir, en este sentido, existe una ponderación de la vida de los agentes, de modo que estas herramientas no existen solamente en los dispositivos de cuidado sino también en los discursos de laissez-faire (dejar hacer) neoliberales que presentan algunas muertes consideradas como inevitables o naturales. En este último sentido, fue el vice-gobernador de Texas quien expresó explícitamente la crueldad que otros sectores afines al suyo ocultan: “los abuelos deberían sacrificarse y dejarse morir para salvar la economía”.

…el poder soberano se funda en la decisión sobre las vidas que valen y las vidas que no.

El biopoder opera sobre lo que Agamben (1942-actualidad) dió en llamar la nuda vida, este concepto no debe entenderse como vida desnuda en un sentido anterior sino contrariamente como vida “desnudada”, en tanto saber que ofrecen los cuerpos como resultado de un proceso racional que los han hecho posible. La nuda vida es aquella a la que puede darse muerte impunemente, pero al mismo tiempo, no puede ser sacrificada de acuerdo con los rituales establecidos. Estas vidas condenadas a la muerte que no pueden reinsertarse en el discurso sobre la muerte pueden ser en esta situación las vidas de aquellos denominados débiles, los que rompen con la meritocracia biologicista por no poder autoconservarse individualmente, los ancianos, los enfermos, los discapacitados, los que no tienen acceso al sistema de salud; son sus vidas desnudadas las que no tienen valor en el discurso del darwinismo social de los países que renuncian a los dispositivos biopolíticos en favor de una supuesta libertad para abrazar tanatopolíticas poblacionales contra los más débiles.

Mientras que la visión jurídico-política clásica de Carl Schmitt (1888-1985) sostiene que la soberanía política tiene el derecho de decisión durante el estado de excepción que sería un orden especial en tanto suspensión del orden jurídico normal, para Agamben es justamente en este estado de excepción como concepto límite el que funda la soberanía política. Así entendido, paradójicamente, el estado de excepción no constituiría la excepcionalidad sino la regla por la cual se vinculan el soberano y la vida nuda a través de toda la historia jurídica occidental desde el derecho romano hasta la actualidad. En síntesis, el poder soberano se funda en la decisión sobre las vidas que valen y las vidas que no.

Para el discurso neoliberal imperante todas las vidas valen igual siempre y cuando puedan valerse por sí mismas, pero no es necesario aclarar que la vida en sociedad es más que la sumatoria de individuos puestos a jugar competentemente un juego limpio. Las políticas de “supervivencia del más apto” llevadas a cabo por algunos países permiten elegir las vidas que importan y las que no, llevando a cabo una discriminación que el virus mismo no es capaz de hacer, exacerbando el dejar-hacer (laissez-faire) en un dejar-morir. En algunos países el discurso liberal ha logrado construir un relato naturalizante acerca de las circunstancias sociales donde la considerada población excedente y/o pasiva, los pobres que cargan con las circunstancias materiales de la opresión sistémica como los negros en Estados Unidos o los indígenas en Brasil, quedan librados a la suerte de su nuda vida.

Gobernar no es sólo aplicar políticas de vida sino también de muerte, al respecto sostiene Derrida (1930-2004) que el concepto mismo de cultura es sinónimo de cultura de la muerte, en tanto que la misma diferencia entre naturaleza y cultura, es decir, entre el animal y el hombre, es la relación con la muerte. De esta afirmación y su trabajo más amplio se sostienen varias cosas: primero, que el trato mortífero que se da a los animales, por ejemplo en los mercados de alimento vivo de Wuhan donde nació la peste del covid19, consistiría en la proyección de lo que los humanos creen que es la muerte para el animal, ya que si el animal carece de sentido de muerte entonces su muerte imposible es necesaria e inevitable; segundo, la naturalización simbólica que opera en el discurso capitalista respecto a la política como laissez-faire no sólo oculta los mecanismos económicos y culturales que otorgan status a las vidas que valen, sino que también vuelven necesarias e inevitables las muertes de las personas, reducidas en su nuda vida, a su más vulnerable animalidad biológica.

Cuestionar los dispositivos biopolíticos no es sólo dimensionar su alcance de control y vigilancia para analizar éticamente su pertinencia, sino también comprender el espacio vacío que ejercen en el discurso las tanatopolíticas naturalizadas por la hegemonía neoliberal, para sopesar un arreglo de medios en torno a fines para salvar la mayor cantidad de vidas durante esta pandemia y poder convertirnos en una mejor humanidad.


Ph: Melina Gómez

Por Agustina Arrigorria


Desde sus orígenes en el poema de Parménides o la obra de Platón, la filosofía ha buscado incesantemente encontrar una verdad permanente, inmutable, única y trascendente que sirva de fundamento a priori para comprender la multiplicidad cambiante de lo real. Muchos siglos han pasado desde aquellos pensadores de la antigüedad griega, y sin embargo, a pesar de los aportes posteriores de la tradición empirista, la imposibilidad del origen según Nietzsche, o la deconstrucción del fundamento en la obra Derrida, el apriorismo sigue constituyendo un vicio filosófico, que desde el ámbito ontológico se ha trasladado al epistemológico, impidiendo comprender la realidad a través de conceptos teóricos sino, contrariamente, adecuándola al marco teórico previamente establecido.

Puede ser la urgencia por la palabra, el éxito indiscutible de la novedad, la inmediatez impuesta como fundamento de lo real o simplemente el sedimento narcisista de quienes ocupan un lugar preponderante en la tarea consagrada de lo intelectual, pero lo cierto es que figuras altamente notables del mundo de la filosofía -como Žižek, Agamben, Chul Han y Preciado, entre otros- no han titubeado a la hora de emitir su crítica sobre la pandemia y para sorpresa de nadie, todo lo que vieron en ella es la confirmación de sus posicionamientos previos, haciendo slogans de sus más álgidos conceptos. 

Lejos de la demora nietzscheana o el camino heideggeriano, el discurso de lo inmediato se instala performativamente a través de un ejercicio de prolepsis. La prolepsis puede definirse etimológicamente como el conocimiento anticipado de una cosa. Como figura retórica, describe la actitud a través de la cual el emisor expresa una objeción a su propio argumento para responderla inmediatamente y así fortalecer su posición. En historiografía, la prolepsis designa el prejuicio con que el historiador se aproxima a la comprensión de un acontecimiento imprimiendo en él la confirmación de su hipótesis previa, guiando la investigación a partir de ciertos elementos que tiendan a confirmar su opinión en una cosmovisión coherente con el sistema.

Con su verborragia e incontinencia textual característica, Slavoj Žižek no solo ha escrito numerosas notas de opinión para medios de comunicación, sino que ha compilado estos escritos en un volumen mayor: ¡Pandemia! COVID-19 sacude al mundo. Su último libro está enteramente destinado a la reflexión sobre la epidemia que se ha extendido por todo el planeta. Aunque algunas cuestiones resultan de vital importancia a la hora de pensar la política actual, como la paradoja entre globalismo económico y potencialidad de las catástrofes ambientales, la tensión entre la libertad de expresión y el acatamiento de las órdenes sanitarias, y la forma en que las naciones se han posicionado en favor de uno u otro polo de esta relación, es menester evidenciar que la mayoría de sus posicionamientos no son más que el refuerzo de sus lecturas anteriores. Cuando el pensador esloveno escribe “Comunismo o barbarie ¡Así de simple!” no hace más que acercarse a una lectura sesgada y reduccionista de la realidad que reafirma sus prejuicios. Por una parte, su análisis recae en una suerte de idealismo filosófico al desestimar las condiciones materiales del brote de COVID19: la mutación zoonótica provocada por el sistema carnivorista y la expansión de la frontera agraria. El ecologismo, al cual él mismo minimizó a través de toda su obra como un movimiento banal que discutiría en la esfera superestructural de la política, es en verdad el discurso estructural que revela de forma crítica el sentido de la economía. Discutir el capitalismo, en este sentido, debería incluir el desvelamiento de las relaciones de producción mundial basadas en la destrucción ambiental y la ingesta animal en tanto pilares básicos de la expansión y acumulación necesarias del modelo económico global. Por otro lado, que el capitalismo necesite la explotación de los recursos naturales para su funcionamiento no significa que todo poscapitalismo sea necesariamente ecologista, en este sentido, la batalla discursiva sobre la ecología debe ser considerada un elemento central para el redireccionamiento de una política sustentable a nivel económico y ambiental. Sin ir más lejos, el brote viral tuvo su lugar de aparición en la República Popular China, que no sostiene el modelo típicamente capitalista sino un sistema mixto de producción y distribución. Y por último, no todo poscapitalismo es un comunismo tal como lo expresa Žižek, por lo que el binomio comunismo-barbarie debería resultar inadecuado tanto para leer la realidad como para proponer una proyección emancipatoria real.

Discutir el capitalismo, en este sentido, debería incluir el desvelamiento de las relaciones de producción mundial basadas en la destrucción ambiental y la ingesta animal en tanto pilares básicos de la expansión y acumulación necesarias del modelo económico global.

En respuesta a Žižek, Byung Chul Han en su nota del 22 de marzo titulada La emergencia viral y el mundo del mañana sostuvo: “El virus no vencerá al capitalismo. La revolución viral no llegará a producirse. Ningún virus es capaz de hacer la revolución. El virus nos aísla e individualiza. No genera ningún sentimiento colectivo fuerte”. Es cierto, un virus no alcanza para destruir al capitalismo, pero sí para golpearlo, desestabilizarlo y generar nuevas perspectivas y subjetividades en relación a una coyuntura de crisis que cristaliza los problemas estructurales de una sociedad profundamente desigual. Los países donde la pandemia ha sido controlada con mayor éxito refleja contrariamente a sus declaraciones que son las acciones colectivas y no las individuales las que pueden mitigar los problemas que aquejan a nuestras sociedades. También parece equivocarse Chul Han cuando sostiene que “el big data resulta más eficaz para combatir el virus que los absurdos cierres de fronteras que en estos momentos se están efectuando en Europa” o así lo demuestra Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique en Español, en su nota Coronavirus: La pandemia y el sistema-mundo a partir de los datos oficiales de los Estados-nación, la OMS y los medios de comunicación. Para Chul Han el cierre de fronteras -atribuído erróneamente por él solamente a Europa- se aferra a viejos modelos de soberanía, ya que en consonancia con su ensayo La sociedad del cansancio la época actual se caracteriza por el abandono del paradigma inmunológico basado en la negatividad del enemigo por una sociedad excesivamente permisiva. Resulta curioso que el pensador coreano no vea las contradicciones mismas y no tan recientes de un sistema que globaliza y desterritorializa el capital al mismo tiempo que endurece las barreras migratorias, como en el caso de los migrantes orientales muertos en las costas europeas o la construcción del muro de Estados Unidos con México.

Una de las intervenciones más descabelladas e irresponsables en términos políticos ha sido la de Giorgio Agamben quien sostuvo una hipótesis pseudo-conspirativa en su nota La invención de una epidemia en la que insiste con aplicar incesantemente a toda realidad su concepto filosófico de estado de excepción. Para él, los gobiernos y los medios de comunicación generaron voluntaria y arbitrariamente una difusión del pánico que no se condice con los datos epidemiológicos disponibles con el objetivo manifiesto de generar un estado de excepción que permita militarizar territorios y establecer un control absoluto de los individuos mediante la restricción de sus libertades individuales como un fin en sí mismo.

En respuesta a la postura paranoica de Agamben sobre la epidemia y sus posteriores declaraciones que equiparaban a los profesores que daban clases virtuales con colaboradores del régimen nazi, varios pensadores expresaron su disconformidad, entre ellos, su amigo Jean Luc Nancy, quien sostuvo que la excepción no es solo política sino viral, biológica, informática y cultural, y que es necesario comprender que en este momento toda la civilización tal como la conocemos está siendo cuestionada. Criticando la cerrazón y el dogmatismo de su amigo, Nancy cerró su exposición con una anécdota personal: “Hace casi treinta años, los médicos juzgaron que tenía que someterme a un trasplante de corazón. Giorgio fue una de las pocas personas que me aconsejó que no los escuchara. Si hubiera seguido su consejo, probablemente habría muerto pronto”. 

También Franco “Bifo” Berardi escribió una opinión en consonancia con su obra anterior planteando al COVID19 como un virus semiótico que “prolifera en el cuerpo estresado de la humanidad global” destacando la primicia de una crisis que no proviene del sector económico-financiero sino del cuerpo. Su descripción sobre los cuerpos sustraídos al capital promueve una visión estratégica para la construcción hegemónica de un mañana alternativo que conjugue de modo saludable economía y biología con propuestas puntuales como redistribución del ingreso, mejoras en el sistema de salud y reducción del tiempo de trabajo. Sin embargo, es necesario remarcar que la dimensión corporal está enlazada con la economía de una forma mucho más estructural: no son solo nuestros cuerpos los que sufren el sistema, sino también los de los animales no humanos, invisibilizados, quienes son hacinados, asesinados e ingeridos causando mutaciones zoonóticas que concluyen en catástrofes sanitarias como la actual. Las buenas intenciones de un futuro más justo según Bifo dejan de lado los factores más importantes de la causa de la pandemia de coronavirus.

Ph: Christian Cándido

Al respecto, Judith Butler aseguró que el virus por sí mismo no discrimina pero los humanos sí, y que esta segregación se da por criterios nacionales, raciales, sexistas y xenófobos. Su pronóstico coyuntural sostiene que “es probable que en el próximo año seamos testigos de un escenario doloroso en el que algunas criaturas humanas afirmarán su derecho a vivir a expensas de otros”, pero es curioso que en relación al análisis de vidas que importan más que otras también Butler caiga en un antropocentrismo que no considera el especismo como una forma de discriminación al animal no humano, cuando este sería el grado cero de la cuestión de la actual pandemia. Científicos y comunicadores, entre los que se encuentra la primatóloga Jane Goodall advirtieron sobre los peligros de enfermedades zoonóticas causadas por el tráfico de especies, la destrucción de ecosistemas y la ganadería industrial. Es por este motivo que es necesario destacar que si hablamos de discriminación, son los cuerpos de los animales no humanos los que parecen efectivamente no importar.

La invisibilización del animal ha llevado a filósofos consagrados como Paul Preciado a sostener que incluso el título y la ilustración del libro Sopa de Wuhan, para el cual él mismo escribió un artículo, cosifica y culpa a la sopa, a los murciélagos y a China. Si bien es cierto que los animales no tienen la culpa de las políticas humanas y estas últimas no se reducen a una geolocalización o nación en particular, no puede perderse de vista que efectivamente el virus tiene un origen en la mutación del virus causada por la ingesta de animales exóticos. Claro que los animales considerados de granja también portan mutaciones de este tipo, como ya han demostrado tristemente los pasados episodios de gripe porcina o aviar, sin embargo el borramiento del animal no se traduce inmediatamente en una actitud compasiva para el mismo. Silenciar la idea del origen pandémico de la mutación viral no salva a los animales no humanos de la cosificación simbólica, por el contrario, esconde los modos de producción de los cuales ellos mismos son esclavos. Es justo mencionar al respecto que Preciado no ha eludido por completo la cuestión animal como otros de sus compañeros, por lo que en otra ocasión ha manifestado: “La Covid-19 ha legitimado y extendido esas prácticas estatales de biovigilancia y control digital normalizándolas y haciéndolas ‘necesarias’ para mantener una cierta idea de la inmunidad. Sin embargo, los mismos Estados que implementan medidas de vigilancia digital extrema no se plantean todavía prohibir el tráfico y el consumo de animales salvajes ni la producción industrial de aves y mamíferos ni la reducción de las emisiones de CO2. Lo que ha aumentado no es la inmunidad del cuerpo social, sino la tolerancia ciudadana frente al control cibernético estatal y corporativo”.

El problema fundamental del apriorismo filosófico no se ciñe únicamente al sesgo intelectual que se perpetúa dentro del ámbito académico de las humanidades, la tarea filosófica de describir y comprender el mundo no permanece completamente alejada de la idea práctica de cambiarlo.

Si bien es necesario mencionar que Preciado se ha centrado principalmente en las causas y consecuencias materiales de la pandemia, manifestando un análisis más exhaustivo de la cuestión, su lectura del concepto de biopolítica foucaultiano enfatiza más en los aspectos negativos del control estatal y la vigilancia cibernética que en las consecuencias materiales que esto ha tenido a la hora de salvar vidas. No son solo políticas de la vida, sino también políticas de muerte, las que han sido llevada adelante por las naciones más atravesadas por el paradigma neoliberal, descuidando bajo excusa de una suerte de selección natural las vidas que consideran menos productivas: los ancianos, los enfermos y los discapacitados.

El problema fundamental del apriorismo filosófico no se ciñe únicamente al sesgo intelectual que se perpetúa dentro del ámbito académico de las humanidades, la tarea filosófica de describir y comprender el mundo no permanece completamente alejada de la idea práctica de cambiarlo. La importancia de los conceptos filosóficos radica principalmente en su potencialidad para conocer y explicar la realidad, no para coartarla y amoldarla a los conceptos reificados previamente con fines estéticos o literarios. La crisis desatada por la pandemia produjo un cimbronazo en la percepción del estado de las cosas, emprender la filosofía críticamente como camino y demora quizás exija hacer un ejercicio de epoché, ejercer una suspensión del juicio crítico hasta ver lo que la misma realidad revela de sí. La tarea de pensar el mundo está en nuestras manos y para ello, es necesario redirigir la mirada al mismo y no solamente a los libros.