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Foto: Federico Bini

Por Unai Rivas Campo


“cuando el sabio mira a la luna, el necio mira al dedo”

Refrán.

La esquizofrenia es un chiste que no se entiende a sí mismo. Esto que aquí afirmo no debe ser tomado en forma literal, es una metáfora. Usamos la palabra metáfora para hablar de relaciones entre elementos que se constituyen en forma análoga en diferentes conjuntos. Dicho en un lenguaje más sencillo: usamos metáfora para decir que en lo macro y en lo micro los hechos se organizan en forma parecida. Así, cuando un muchacho controla la última hora en la que su novia se conectó a las redes sociales, podemos decir que el muchacho actúa como una metáfora de esta sociedad de control. Lo que arriba se controla por miedo al terrorismo, abajo se controla por miedo al amor. Al final es el control frente al miedo. Gente cosificando gente. Lo que cambia es el contexto, los hechos se mantienen análogos. La metáfora siempre está. 

Como todo lo que existe, la metáfora esquizofrénica funciona en diferentes contextos o conjuntos. Así, la llamada función psicótica actúa desde su núcleo hasta conjuntos más amplios.  

En el núcleo de la psicosis está la esquizofrenia. Aquí la capacidad de distinguir entre elementos y conjuntos -o texto y contexto- falla en forma estrepitosa. De esta manera, cuando se trata de esquizofrenia la palabra “cuchillo” no puede ser distinguida del contexto en el que esa palabra se está diciendo. De tal modo que un esquizofrénico al escuchar “cuchillo” podría creer que va a comer un asado o que lo van a asesinar. Así palabra y contexto se fusionan. Esta incapacidad del esquizofrénico para entender la metáfora lo lleva a existir en una metáfora permanente. Recuerdo a una joven paciente esquizofrénica que una vez me escuchó decir la palabra “ok”. En aquel momento estaba angustiada y aquella palabra mía le quedó grabada. A partir de entonces, la palabra “ok” y yo pasamos a ser la misma cosa. Luego de eso, si escuchaba a alguien decir “ok” en la TV, ella sentía que me estaba escuchando a mí y me lo hacía saber: “Te vi en la tele, ok, ok”, decía. Y cuando se enojaba conmigo, gritaba la palabra “ok” mientras apretaba el puño y daba golpes en el aire. Era su forma metafórica de pegarme. Sin embargo aquel gesto no era vivido como una metáfora, era literal. 


Esta incapacidad del esquizofrénico para entender la metáfora lo lleva a existir en una metáfora permanente


Por supuesto que esta incapacidad para lo metafórico también sucede en círculos intermedios del aparato psíquico. Existen muchas personas con rasgos psicóticos. Sujetos sin ningún diagnóstico clínico que trabajan, crían a sus hijos y pagan sus impuestos. Estos humanos pueden ser muy buenos en trabajos monótonos donde la tarea está previamente estructurada. Pueden seguir una secuencia de acciones pero tener enormes dificultades para entender la naturaleza de lo que hacen. La realidad está repleta de esto. Las personas con estos rasgos generan un enorme aburrimiento a quien conversa con ellos. Algo en su incapacidad para registrar conjuntos hace que nuestros cuerpos -entendidos como conjunto- no se sientan registrados en su presencia. La incapacidad para la metáfora dificulta cualquier conversación. Sin metáfora no es posible analizar una serie de ideas (elementos) y construir a partir de esas ideas una conclusión (conjunto). En otras palabras, las personas con rasgos psicóticos pueden funcionar en un mundo plano, moverse como peones en un tablero sin jamás entender bien de qué trataba su lugar en el juego. Por eso resulta difícil dialogar con las personas con rasgos psicóticos. Sucede que ningún conjunto de argumentos podrá sacar a esa persona de ahí. Será en vano y terminaremos agotados y enojados tratando de explicar algo que el otro no puede comprender. No importan los argumentos que se ofrezcan para fundamentar nuestra idea general, la persona con rasgos psicóticos tomará nuestras ideas en forma aislada y responderá desde lo literal o cambiando de tema con ideas que pertenecen a otros conjuntos de sentido.

La psicosis aún persiste incluso donde lo psicótico no opera ni en el núcleo ni en sus capas intermedias. De hecho, la mayor parte de los humanos hemos usado alguna vez mecanismos de orden psicótico. Sucede cuando en una discusión cualquier palabra es tomada en forma literal y alguien dice la palabra “boludo” en términos amables y es leída por el otro en forma de insulto. O como cuando te hacen un chequeo de rutina, y hasta que no te dan los resultados, escuchas la palabra cáncer y te dan escalofríos. El problema no está en las palabras, está en los mecanismos psíquicos de supervivencia que, frente al miedo o la bronca, simplifican la realidad para hacerla lo más básica posible.


Es en nuestra piel, el órgano más vulnerable, donde los cuerpos se cruzan con los cuerpos de los demás. Ahí surge la posibilidad de una identidad política, de un mundo más allá del individuo


Los mecanismos psicóticos se dan hasta en la capa más externa del círculo. Es en nuestra piel, el órgano más vulnerable, donde los cuerpos se cruzan con los cuerpos de los demás. Ahí surge la posibilidad de una identidad política, de un mundo más allá del individuo. Es la zona donde los mecanismos psicóticos dañan más nuestro sentido político. Cuando los medios nos asustan o nos enojan diciendo “se robaron un PBI”, “Venezuela dictadura”, o se arroja cualquier clase de acusación en forma de arenga, no se está buscando explicar nada más allá de la arenga. La arenga pasa así a justificarse a sí misma escapándole al miedo y apelando al control y a la bronca. Elementos y conjuntos se fusionan. La palabra y aquello que la palabra designa pasan a ser la misma cosa. Entonces el diálogo político se hace imposible. Acá se encuentran aquellas personas que, teniendo una forma sana de existencia y siendo capaces de razonar con claridad en su vida cotidiana, son unos necios políticos.

El humor falla en la psicosis. Porque sin una contradicción, sin una discontinuidad entre lo que sucede y su contexto, el chiste es imposible. Eso explica la risa perturbadora del esquizofrénico, que al no poder diferenciar texto de contexto, estalla a reír sin aparentes motivos. Del mismo modo, en otras capas más alejadas del núcleo, sucede la risa nerviosa, esa que aparece frente al miedo o la vergüenza.

Ahora bien, no todo lo psicótico es insano. En el arte la función psicótica empieza a operar en su forma más vital. La insanía queda de lado y en una película, una novela, o en una obra de teatro sentimos que personaje y actor son la misma cosa. En el arte las reglas de la cordura se pueden romper sin miramientos, y, al igual que en los sueños, la única regla está en la capacidad de transmitir. No importa entonces lo realista que sea un poema, porque un padre puede ser Dios y a su vez un Dios puede ser todos los padres del mundo. Por eso en un poema una jaula puede ser pájaro. En el arte se construyen mundos completos donde los personajes actúan como elementos que salen adelante dentro de un conjunto establecido de reglas. Aquí la función psicótica actúa como función de la imaginación y de esta forma es que se construyen universos expandidos -conjuntos de reglas alternativas- como “El Señor de los Anillos” o “Star Wars”.


En el arte las reglas de la cordura se pueden romper sin miramientos, y, al igual que en los sueños, la única regla está en la capacidad de transmitir


Y finalmente tenemos a la religión. Allí donde el pan es carne y el vino es sangre. Donde las ofrendas a la Pachamama no son una representación del amor del pueblo por la tierra, sino que son el amor del pueblo por la tierra. Donde a la tierra no se le dice “madre” sino que se la vive así. El arte y la religión no son creencias, son propiedades de la función psicótica. Formas mediante las cuales nos apropiamos del mundo a la vez que nos deshacemos en el mismo. Arte y religión son entonces experiencias lisérgicas. La expresión más vital de la función psicótica que permite a los humanos conectarse con lo sagrado. Allí, a través de ritos, podemos religarnos con conjuntos mayores a nosotros mismos. Allí, desde la libertad, podemos hacer que la jaula se vuelva pájaro y comunicar el Pathos más allá de las ataduras de la razón. 

La psicosis no es entonces una enfermedad mental, la psicosis es una función. Una función que responde como puede frente a la insanía de una realidad enajenada e impuesta. Ronald Laing llegó a demostrar cómo dicha función era una forma de sanarse de la captura de la esquizofrenia. Porque cuando miramos la esquizofrenia no estamos mirando la enfermedad, estamos frente a la consecuencia. La enfermedad no está ahí. Lo insano está en un conjunto más amplio. Es algo más allá: una Máquina dañando nuestros cuerpos, nuestra animalidad. Por eso, hay que dejar de mirar a la luna, la enfermedad está en el dedo que señala.


Ph: Mariana Yablon

Por Martina López


Existe la idea de que quienes escriben literatura los realizan un “acopio” para su trabajo. Se trata de entrar en una modalidad vital de observación, de sorpresa, tanto en la lectura como en la vida cotidiana, que permite recolectar diferentes elementos, anécdotas, imágenes, que luego estarán disponibles para ser utilizadas en la escritura de un texto. En muchos talleres de escritura hablan de esta “recolección”, que puede hacerse tanto cuando se leen libros como cuando se viaja en colectivo, se camina por la calle o se está en una reunión familiar. En el primer caso se trataría de desmenuzar la escritura de les autores que nos sorprenden, que nos emocionan, que nos perturban, para comprender sus mecanismos de trabajo – “cómo lo hacen”- y también succionar de sus obras todo lo que nos llama la atención, empaparnos de la literatura que consumimos, dejar que se filtre en nuestra escritura. 

En el caso de las vivencias, sería estar en un estado de alerta o de “distanciamiento” (sin jamás perder la sensibilidad) que permitiría observar las acciones, las relaciones, las palabras de quienes nos rodean, de quienes conocemos y de quienes no, de los objetos, de la ciudad, del mundo, a través de un filtro distinto al de la costumbre. Tal forma de percepción permitiría una concepción poética del mundo, hasta de lo más banal, y esto podría llevar a ideas e imágenes “escribibles”. 

El resultado del acopio que realizan les escritores son formas de archivos. A veces pueden ser archivos mentales, depósitos reflexivos donde quien escribe va guardando y clasificando materiales que más adelante utilizará para su escritura…o terminará desechándolos, o dejándolos olvidados en un rincón oscuro de su cabeza, su cuaderno o su computadora. Lo interesante de este tipo de archivo es que, aunque pareciera estar conformado sólo por ideas, en realidad, al igual que otras colecciones y acervos, lo componen materiales completamente diversos: de distintas texturas, duraciones, orígenes. No faltan en él los recuerdos de la infancia, imágenes difusas de objetos utilizados, palabras que riman, admiraciones, fotografías, versos leídos, sonidos, gestos, la musicalidad de un texto, fragancias, ambientes, dolores, paradojas, rostros desconocidos, preguntas… ¿qué no se utiliza en la escritura? ¿qué cosa puede considerarse un material no literario?

Un archivo socialmente legitimado está conformado por diversos objetos e informaciones que se considera que tienen importancia para la memoria de su comunidad. Son lo que hay que guardar para la posteridad. Implican una cierta forma de percibir y definir el mundo y permiten ser observados siempre desde distintos puntos de vista. Por ejemplo: un archivo personal, si fue manipulado y organizado por su “protagonista”, expresa una mirada sobre sí misme, la imagen que se quiere dejar a la quien lo consulte está implícita en todo lo que la persona decidió resguardar y lo que eliminó, en cómo organizó los elementos, etc. En los archivos nacionales o institucionales sucede lo mismo, son también representaciones de determinada sociedad que se resguardan para la historia. “Monumentos”, diría el medievalista Le Goff en uno de sus artículos. ¿Quién decide allí qué se guarda y qué no? ¿Quién hace el recorte? Por suerte, el paso del tiempo, las investigaciones y el cruce con otros archivos van permitiendo que los objetos adopten nuevos significados y provean a la sociedad de nuevas informaciones. Por eso es importante pensar cómo se hace hablar a estos objetos que, expuestos o conservados, parecen permanecer totalmente mudos. 


El encuentro con el archivo es la percepción de la ambigüedad de los hechos, la necesidad de interpretación con conocimiento de que siempre será posible una reinterpretación.


Los archivos, entonces, no son un discurso uniforme sobre la historia de una persona, un país, una cultura, una institución (aunque muchos tengan pretensiones de mantenerse en un solo punto de vista). El encuentro con el archivo es la percepción de la ambigüedad de los hechos, la necesidad de interpretación con conocimiento de que siempre será posible una reinterpretación. Los archivos permiten siempre – o deberían hacerlo – su re-organización, el constante enriquecimiento de sus informaciones, el rearmado del rompecabezas, el cruce con otros archivos… Esto lleva a veces a un cierto desborde, que pone en duda el recorte temático de los archivos: millones de objetos podrían ocupar un lugar en millones de archivos distintos, por el simple hecho de que la vida es un entramado de elementos e historias que se cruzan entre sí y no una determinada cantidad de compartimentos estancos que flotan en la nada. La importancia de los objetos, de las personas, de las historias es su condición de convivencia, de coparticipación en algo común que los une, los cruza y les permite la construcción de la dinámica social.

Sin embargo, volviendo a la “definición” de la noción de archivo, hay un fuerte preconcepto de que los archivos son lugares muertos donde objetos aburridos y secos se llenan de polvo. No es el propósito de este texto pensar cuáles son las razones por las cuales existen estas ideas, aunque cualquiera puede imaginarlas. Sí lo es pensar en un interesante cruce que puede darse entre el arte y los archivos, que dé lugar a la animación de estos espacios. El teatro, el cine (y todas las disciplinas indisciplinadas dispuestas a hacerse su “acopio” para la producción artística) trabajan de múltiples formas en obras que intervienen documentos. Esto suele devenir en nuevas posibilidades de pensar la historia y de recuperar la memoria. Permiten que los archivos no sólo se dediquen a conservar los objetos con el fin de inmortalizarlos. Si bien es importante su conservación como documentos y testimonios históricos que permiten comprender el pasado, el presente y el futuro, muches archivistas y conservadores creen que, si los acervos se componen de elementos orgánicos o degradables que el tiempo envejece y que un día desaparecerán, no se puede evitar ese proceso. Su exhibición, su conocimiento, son muy importantes también. Sin duda, si se guarda un objeto es para que se lo conozca, se lo piense y sea accesible al público. Si se resguarda un objeto como importante para una sociedad, toda esa sociedad tiene derecho a conocerlo y a conocer las causas por las cuales este objeto tiene un valor patrimonial. En este sentido, esas causas no sólo varían constantemente con el tiempo, el contexto y según quién lo percibe: también pueden variar por una intervención artística que cuestione estas “razones divinas” que nos hacen sentir obligados a conservar algo. Se cae entonces de maduro, que las causas de la conservación del patrimonio documental son convencionales: un objeto “efímero” tiene mayor valor que uno que todo el mundo conservó, un libro dedicado tiene mayor valor que uno intonso… todo lo que de alguna forma participó de nuestra historia adquiere un valor (que tiene una confusa determinación entre lo patrimonial y lo comercial). Interesan aquí entonces las obras que no sólo cuestionan el aura, la inmortalidad y el sentido original de los objetos conservados en los archivos sino también las obras artísticas que trabajan con archivos de lo cotidiano, de lo “mundano”, de la “gente común” y recuperan la memoria comunitaria para reescribir la historia desde otro lugar. Para, además de sacar del pedestal a esos objetos que parecían divinos, poner en funcionamiento mecanismos que dinamizaron la vida pasada. Podría pensarse, en ciertos casos, en una recreación – siempre parcial – de la realidad. Esto no sólo permite repensar las prácticas institucionales que van definiendo nuestra cultura sino también nuestras concepciones de la propia historia, la propia cultura, los relatos, la vida en comunidad, entre otros. Poner a vivir y darles voz a esos elementos de la memoria utilizando los procedimientos poéticos nos hace encontrarnos de otra forma con eso que ya vimos… convertir la unión de dos viejas fotografías en metáfora, el montaje de antiguos videos en ironía, el relato del recuerdo en metonimia. Que la memoria no se encuentre solo en la vitrina inmóvil sino también en el “poner a rodar” la memoria: el diálogo entre los objetos y la vivencia, la experiencia, la práctica, el relato. 

Hay múltiples ejemplos de este tipo de trabajos, solo por mencionar uno, el ciclo Archivos Intervenidos, en el cual el Museo del Cine con el apoyo del Archivo General de la Nación convocó a diverses cineastas a editar piezas fílmicas de su acervo, como cortometrajes didácticos, para crear nuevas obras. Esto no sólo ayuda a llamar la atención sobre la importancia de la digitalización de sus materiales, sino que además da lugar a novedosas formas de leer y reinterpretar imágenes interviniendo su propia forma y dándoles nuevamente lugar en la pantalla. Uno de los ciclos ofrecía como material a intervenir Cine Escuela Argentino, un proyecto creado en 1948 por la Secretaría de Educación de Argentina durante el primer gobierno de Perón que promovía el uso del cinematógrafo como “auxiliar didáctico”. También realizaron una versión del proyecto en la que los estudiantes de distintos colegios intervinieron fílmicamente fragmentos del noticiero cinematográfico Sucesos argentinos. Esa experiencia dio lugar a que les jóvenes conocieran una forma en que se pensaban y representaban sucesos de la realidad político-social hace casi un siglo y que imaginaran cómo podrían modificar esos materiales de forma tal que expresaran su forma de pensar esos hechos hoy en día. 


“Que la memoria no se encuentre solo en la vitrina inmóvil sino también en el “poner a rodar” la memoria: el diálogo entre los objetos y la vivencia, la experiencia, la práctica, el relato.


Fernanda Pinta, por su parte, en su artículo “Puesta en escena, puesta en serie. Prácticas artísticas y curatoriales en el teatro argentino contemporáneo” (2015) también describe una experiencia en esta línea. Ferrowhite es un Museo compuesto por una colección de piezas ferroviarias que se rescataron de la privatización de las empresas de trenes nacionales. Para poder dar cuenta de la historia de estos objetos, se entrevistó a trabajadores del rubro que reconstruyeron su utilización y el contexto de ese trabajo. Se convocó a Vivi Tellas, quien dirigió el proyecto de teatro documental Nadie se despide en White, donde diversos espectáculos protagonizados por estes “protagonistas de la historia” comparten sus archivos y experiencias con los espectadores, sus relatos personales sobre sus propias vidas. Se cruzan, en la recepción de la obra, la vida personal y la historia general a través de la escucha y de la percepción de un cuerpo vivo (con sus gestos, miradas, silencios) que va rescatando la memoria frente a los ojos de los espectadores. Esos relatos construyen un contexto y una historia a los objetos, todo con el fin de contar y repensar. De juntar las piezas que están dispersas para armar y reamar las múltiples formas que adopta nuestra memoria. Los archivos públicos pueden ser pensados, entonces, como parte del espacio de los archivos del acopio de los artistas. Desde las instituciones nacionales, provinciales, municipales, se pueden abrir los acervos como material de producción de experiencias a través de las cuales el público se encuentre con las historias desde nuevos puntos de vista, para poder pensar cómo vive (o preferiría vivir) su realidad actual.



Se trata de un proyecto que se ha reconvertido debido a la pandemia. Originalmente pensado para funcionar en un centro cultural del barrio de Almagro a partir del mes de abril de este año, la propuesta generó un espacio para encontrarse con el público cinéfilo a través de las redes sociales.

En este tiempo de aislamiento y cuidado ciudadano, Politeama comenzó a convocar a los interesados a participar con sus reseñas, así nació #COMENTANDOCINE, que hoy publica textos casi a diario. 

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Comentando Cine 41, por @carnetrma . 🎥 DER VIERDE MAN, de Paul Verhoeven, Holanda (1983). Es una de las tantas obras maestras de Paul Verhoeven. “El cuarto hombre” cuenta la historia de un novelista que se involucra con una ambiciosa tesorera, la cual ya había asesinado a tres maridos anteriores. Esta es otra película de Verhoeven envuelta en violencia gráfica, erotismo y simbología religiosa por donde se la mire, pero esta vez con un halo casi surrealista muy perturbador. Al margen de estas constantes en su cine, también es una de sus obras que más reflexionan sobre el cómo ver y el punto de vista del espectador, prueba de eso son aquellos visionados que tiene el protagonista sobre esas tres muertes anteriores y la muerte de su real interés sexual presagiada con antelación con la castración visual. 🎥 UN FLIC, de Jean-Pierre Melville, Francia, Italia (1972). “Una crónica negra” es un gran policial, quizá la más quirúrgica de las películas de Melville, con un pulso tremendo y una puesta en escena que sólo habla del culto al artificio, con trenes de juguete y backprojectings (recurso técnico: la escena se sitúa delante de una proyección) como punta de lanza. Con un trío protagónico estelar, en el que incluye a su actor fetiche Alain Delon como comisario, Richard Crenna como el ladrón y la enorme Catherine Deneuve en el rol femenino. “Una crónica negra” también es el enfrentamiento entre dos de estos personajes principales, algo luego tan citado en décadas posteriores en películas de John Woo o Michael Mann. Respecto al ladrón de bancos interpretado por Crenna vale la pena señalar aquella escena del robo al tren en donde este parco y metódico ladrón cumple con su cometido; primero, derribando a su víctima y, segundo, mientras se cambia de ropa, se cuelga unas llaves al cuello y deviniendo en apariencia un monje, toda una constante la presencia de estos personajes casi anacoretas, que son centrales en el universo melvilleano. . . . #comentandocine #cine #cinéfilos #Instacine #recomendados #politeamacineclub #cinedebate #reseñas #DerVierdeMan #PaulVerhoeven #UnFlicFilm #JeanPierreMelville

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Uno de los propósitos de esta propuesta es motivar el visionado de cine, mucho, de todo tipo y de cualquier parte del mundo, para que el consumo se diversifique y no termine mayoritariamente dirigiéndose al cine mainstream. De este modo, se promueve una mirada abarcativa y diversa sobre lo que hay para ver en las diferentes plataformas digitales.

Este Cineclub piensa el cine desde su costado social. Para sus organizadoras, Roma Godoy y Alejandra Rodriguez Revelo, ver cine siempre implica verlo en comunidad, aunque esta se encuentre dispersa, y elaborar conjuntamente discursos sobre el mundo, la sociedad y sus sujetos en términos existenciales y éticos.

Actualmente, entre Roma, gestora cultural, profesora de filosofía y redactora, y Alejandra, fotógrafa, realizadora audiovisual y docente se dividen las tareas de coordinación y difusión y de producción técnica y operativa, respectivamente.


Redes y contacto

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Ig: @politeama.cineclub

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Ph: Juan Pablo Landó


Creado en 2013, es un grupo interdisciplinario que reúne los mundos del Arte, la Performance, las TIC y el Activismo. Actualmente, veinte artistas, performers, investigadores, periodistas, comunicadorxs, gestorxs culturales, entre otros perfiles profesionales y experienciales, integran el Colectivo, alternando sus roles acorde a las producciones realizadas.

Desde sus orígenes, realiza intervenciones teóricas, artísticas y performáticas, abordando las problemáticas y tensiones propias de la “era digital”. Como Colectivo sin fines de lucro que trabaja de una forma horizontal y apostando a la transformación ciudadana y comunitaria, el CDP trabaja desde una concepción libre de la cultura, buscando provocar diálogos con nuestro tiempo desde un material sensible y con el objetivo de generar conciencia, (con)mover y (entre)tener a las personas participantes en las experiencias que proponen.

El universo Ciberpunk de los años ‘80 fue el concepto que impulsó sus primeras iniciativas, trabajando sobre la dramaturgia de un texto teatral basado en ese contexto. En 2014, el CDP recibe el Fondo Iberescena de Creación Dramatúrgica, del cual deriva  “Ciberpunks. La visibilidad es una trampa”. Paralelamente, participan en el Festival Noviembre Electrónico del C.C.S.M, realizando la instalación “Bunker Ciberpunks” y la performance “Manifiesto Ciberpunk”. En este marco, el Colectivo invitó a los periodistas Ewen MacAskill y David Blishen, del periódico The Guardian (Inglaterra), para la realización de la conferencia “Breaking the Computer”. En 2015, participó de la Media Party, organizado por Hack/Hackers Buenos Aires (HHBA) y realizado en Ciudad Cultural Konex. Como cierre de año, Manifiesto Ciberpunk participó en CAIFT, evento del Proyecto Gómez Casa realizado en el espacio cultural Santos 4040.

En 2016, CDP estrena Copyleft vs Copyright, en el Marco del Festival FIDEBA realizado en Café Müller Club de Danza. En esta ocasión, cuenta con la participación de lxs coreógrafxs e intérpretes Carmen Pereiro Numer, Gonzalo Lagos, Inés Armas, Laura Monge y Omar Possemato. En septiembre de este año, se reestrena Ciberpunks en el teatro Hasta Trilce, y, en noviembre, organiza la jornada “Tensión en la Red: Arte+Hacktivismo”, realizada en el Centro Cultural Universitario “Paco Urondo” (UBA) y que incluyó charlas, talleres, performances e instalaciones abiertas a la comunidad. Recuperando el concepto del periodista Esteban Magnani, el evento exploró las disputas entre libertad y control del mundo digital, contando con la participación de Pablo Capilé (fundador de Midia Ninja Brasil), Leandro Monk (presidente de la Federación de Software Libre de Argentina), Ariel Vercelli (Investigador del CONICET y especialista en múltiples disciplinas vinculadas a las TIC) y Hernán Bermúdez (artista plástico y docente), entre otrxs.

En 2017 participa del encuentro internacional Facción, exponiendo sobre Fake News/Pos Verdad y la performance “Dictadura de la Información”. También realiza, junto a Emergentes y Hola Mundo Cultura, la segunda edición de “Tensión en la Red”, en la cual participaron UNTREF, Proyecto Squatters, Unión e Informática, El Gato y la Caja, Partido Pirata, entre otrxs, además de referentes como Beatriz Busaniche (presidenta de Fundación Vía libre), Pablo Rodríguez (investigador del CONICET y escritor) y Silvio Lang (director escénico y performer), entre otrxs.

Al año siguiente, integra Relatos Situados en el barrio de la Paternal, performance organizada por la Compañía de Funciones Patrióticas en el marco del 24 de marzo, día de la Memoria, Verdad y Justicia. En Mayo estrena Copia Original (La muerte del autor o el éxtasis de las influencias), en el Galpón FACE. Con esta obra, que recibió el subsidio de PRODANZA, participa de los festivales “Buenos Aires Danza 2018” y “Cuerpos San Martín de los Andes 2018”. Este mismo año, CDP fue seleccionado por Anfibia y Casa Sofía para participar de “Laboratorio de periodismo performático”, donde desarrolló Sinfonía Big Data, una puesta performática sobre este fenómeno socio-tecnológico y la construcción de “subjetividades algorítmicas” en el marco del neoliberalismo global. Esta se estrenó en 2019 en el “Festival de Pensamiento Contemporáneo”, realizado en la ciudad de Rosario, y continuó sus funciones en Fundación Cazadores durante el mes de  junio.



En 2020, el CDP produjo la tercera edición de “Tensión en la Red”, organizado junto a FACE y Centro Cultural Universitario “Paco Urondo”. En esta ocasión, se realizó un ciclo de diálogos en los cuales participaron Martín Becerra, Carolina Martínez Elebi, Natalia Aruguete, Esteban Ierardo, Ariel Vercelli, entre otrxs. Además, Grupo Si/If, Etcétera, Perfo en Casa y Manduca/De la Puente presentaron performance de forma virtual, también participó Proyecto Squatters, que brindó un taller abierto de Contrapublicidad.

Actualmente, el CDP se encuentra trabajando en una nueva investigación, originada en la residencia “Proximidades Expositivas” (Casa Sofía), donde Inés Armas dirigió el proceso creativo de algoRitmo, que devino posteriormente en Feed Carne Digital,  de próximo estreno en Buenos Aires. 


Redes y contacto

Web: colectivodominiopublico.net.ar

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Correo: colectivodominiopublico@gmail.com 


Ph: Mariángeles Silva

Hicimos un “ping-pong” con algunas preguntas que nos motivaron a reflexionar sobre los ejes de este proyecto, sobre la situación presente y sobre el significado de lo Molecular para cada unx de nosotrxs. Les compartimos algunos fragmentos de la conversa!


En primer lugar, nos preguntamos qué lugar ocupa el arte en nuestras vidas. 

Martina: El arte ocupa un lugar protagónico en mi vida. Por elección, pero a veces también por defecto. Trato de ir a buscarlo y de compartirlo, me atrae y me apasiona, me permite pensar y sentir más allá de los límites de lo que sé y conozco. Mi actividad profesional, mis momentos de ocio, mis instancias de reflexión, mi vida social y mi desarrollo creativo y sensible están en constante vínculo con el arte. Creo que hay algo muy enriquecedor en poder relacionarme con él desde distintas actividades: la producción, el análisis, la recepción o el consumo, la historización, la educación, entre otras, porque finalmente encuentro que hay un proceso en común, que sucede a nivel social. Ese proceso, que se encuentra en todas estas actividades, implica fabricar, encontrar, develar, algo que no estaba o no era perceptible anteriormente gracias a una desautomatización, un parate, un quiebre, una instancia alternativa dentro de lo que ya conocemos. Liliana Heker afirma que lo que le da sentido a su trabajo es que un texto suyo haya marcado a otro, lo haya llevado a pensar, lo haya movilizado. Y por eso mismo me siento movilizada a participar: para que ese proceso suceda en mí y en otrxs.  

Sabrina: El arte en mi vida también ocupa un lugar importante, sobre todo en lo que respecta a la literatura. Sin embargo, no podría decir que es el único ni el más importante. Trasciende, eso sí. Lo que quiero decir es que está en todo. Hay literatura en cada cosa, hasta en lo que pueda parecer más absurdo e intrascendente. No podría, desde ya, afirmar qué lugar ocupa para otros. Puedo decir lo que significa para mí. Tampoco podría pensar en el lugar que “debería” ocupar, porque pensarlo de ese modo le otorga un carácter prescriptivo que hasta se contradice con la idea de arte que yo tengo.

Agustina: Sí, en este mismo sentido, no creo en el arte como algo que ocupa un lugar, sino como algo que abre espacios o permite atravesarlos de una manera otra que no es la convencional-racional. El arte en mi vida es la fisura entre el pensamiento y el quehacer, me gusta dar lugar a ese quiebre para que las cosas respiren. La sociedad también respiraría un poco mejor con la irrupción eventual de lo artístico.

Rocío: Desde pequeña comprendí que la vida es arte. No como una institución, claro, sino como punto de fuga de todas aquellas actividades cotidianas que, sin arte, serían una tortura. Arte en los museos, arte en el barrio, arte en la mesada de la cocina y en el jardín de casa. Arte en el trabajo y arte en las escuelas. Son estos puntos de fuga los que conducen los cambios. Una sociedad “desartizada” es una sociedad estanca.

Roma: El arte es parte de mi vida, la pregunta sería qué quedaría de ella sin el arte. Y la respuesta sería probablemente un mundo que no puede ser nombrado más allá de las funciones vitales mínimas. ¿Pero eso sería un mundo? Si no hay forma de hablar de la vida y la muerte, del amor y el dolor, la incomprensión y la soledad dominan todo dejando tras de sí fragmentos de cotidianidad incongruentes. No quiere decir que con el arte la vida manifieste mayor congruencia, pero al menos hay un horizonte, cierto sentido: el sol nace por el oriente y se pone por el occidente. Por otra parte, creo que el arte “rodea” a la sociedad, pero ha prevalecido una mirada elitista que distingue “el gran arte” de “las obras menores”, cuando en realidad solo hay continuidad. En mi opinión, esa fue una batalla perdida, aunque no creo que esto sea algo definitivo.

Guillermo: El arte está entre mi vida. Va y viene todo el tiempo, muchas veces no es parte de mí, pero muchas otras sí. El hecho de crear, por lo general es por autosatisfacción, por placer, pero cuando estoy del lado del tipo que contempla, es imposible no hacerlo desde un contexto cultural y temporal. Ahí es cuando empiezo a replantearme la manera de concebir el arte como creador, porque personalmente siento que es necesario, además de satisfacer las necesidades personales, no dejar de lado la influencia que puede tener en una comunidad. Creo que quitándole un poco de mística al concepto de arte y faltándole más el respeto se vuelve más poderoso, sale del elitismo de aquel que supuestamente puede entenderlo, explicarlo y venderlo, para entrar en otro lugar en donde puede ser generador de nuevas ideas, transformar, e incluso perdurar. Creo que muchas veces no hay recursos o sentido de comunidad para generar movimientos capaces de romper con este elitismo, o al menos generar algo más que un hermoso ruido. Hay que ser parte, pero no desde afuera, sino organizarse, participar y ensuciarse más. Me gustaría que el arte sea transformador y que salga de los límites de la vanidad.

Alejandro: Aunque de forma un poco tardía, el arte se volvió una dimensión importante en mi vida, para aprender cosas, reflexionar, expresarme y, también, entretenerme. Me pude vincular más a partir de formarme académica y profesionalmente en este campo, y encontré un lugar para hacer cosas que a veces aportan un granito de arena a la transformación social y cultural, que es algo que me interesa de forma particular. Creo que las prácticas artísticas, en términos generales, nos dan la posibilidad de conocer mundos múltiples, formas de contar y mostrar, formas de intercambiar símbolos y significados, es un modo de estar, expresarnos y comunicarnos mientras pasamos este tiempo que nos toca. 

Más allá de sus múltiples posibilidades, nos preguntamos qué significa cultura o lo cultural para cada unx de nosotrxs:

Alejandro: De nuevo, creo que la cultura inscribe una serie de significados, de sentidos que se dicen y se disputan. “Lo cultural” es una dimensión de las relaciones sociales que no podemos pensar de forma escindida de otros campos como el económico, el político o el tecnológico. El profesor peruano Víctor Vich tiene una propuesta interesante para pensar estas cuestiones, que es “Desculturizar la cultura”, verbo-concepto que titula uno de sus libros. Esta acción implica, por un lado, dejar de pensar lo cultural como si fuera una esfera separada y estática, solo una bolsa donde entran nuestras ideas, valores, costumbres y ahí se queda. Esto es decir que la cultura no es solo lo cultural, sino que se entrama con otras vertientes. Por el otro, esta idea supone la necesidad establecer una estrategia de pensamiento y acción destinada a deconstruir imaginarios, discursos y técnicas propias y ajenas que a veces plantean una realidad social como natural y definitiva. Creo que por acá aparecen algunas puntas valiosas para ir pensando.

Roma: Yo creo que la cultura es el mundo humano, desde cómo comemos hasta cómo nos comportamos con otros. Es un código que nos permite vivir junto a otros, además de ser un refugio de la intemperie. La cultura es el fuego y la fragua. Y otra vez hay que salvarla del capitalismo para que produzca sociedad y no capitalismo, aunque la cosa está muy difícil.

Sabrina: Me gusta pensar en la cultura como “totalidad”. Muchas veces se suele reducir “la cultura” a las expresiones artísticas; pero desde ya que no es solo eso. Es un poco lo que se suele definir desde una mirada clásica, pero también algo vinculado al origen, el de dónde venimos, eso que nos identifica; todo lo que hace a nuestra identidad. Y si hablamos de identidad, hablamos de una construcción; lo cultural es construcción y es movimiento.

Martina: Pienso también que la cultura tiene que ver, en principio, con algo construido. Algo que tejemos lxs seres humanxs en conjunto para convivir, para relacionarnos, para pensarnos, para expresarnos. No tiene que ver con lo que nos viene por defecto, sino con cómo concebimos nuestro mundo y actuamos en consecuencia. Y cómo eso da lugar a encuentros y desencuentros, pero es siempre en relación con otrxs. Creo que lo interesante de la cultura es su capacidad de variación, de un lugar a otro y de un momento a otro. Cómo conviven tantas culturas juntas dentro de un mismo territorio, de una misma sociedad, de una misma persona, también. Y cómo las sociedades vamos empujando, además, para que se produzcan esos cambios, hasta que somos incapaces de recordar cuándo sucedieron. Para recordarlo y ser conscientes de ello, para seguir produciendo cambios, necesitamos la historia y la memoria, que existen gracias a la cultura y son parte de ella.  

Rocío: Entiendo a la cultura como aquel lugar “pseudo-sacro”en el que se alojan determinadas prácticas (artísticas y no artísticas) hegemónicas, normalizadas y aceptadas por la sociedad. La cultura es una institución. Y no reniego de ella, por el contrario, me sumerjo y me fascina. Con lo que no puedo estar de acuerdo es con aquel recorte que supone la institucionalización de la cosa. Los márgenes se convierten en abyecciones de un sistema cultural depurado. El estatuto de la cultura asfixia lo cultural, todas esas manifestaciones culturales que conforman una suerte de “contra archivo”, aunando todo aquello que en el marco de la cultura no puede ser dicho. La cultura y lo cultural se trenzan en un juego dialéctico de acción/reacción que genera aquellos puntos de fuga que hacen caminar a las sociedades. 

Agustina: En algunos aspectos la cultura es la canonización de las prácticas artísticas e intelectuales socialmente aceptadas bajo un criterio de categorización, normalización y/o exposición; frente a eso lo cultural aparece bajo aquellas expresiones artísticas o intelectuales amorfas, desinstitucionalizadas, anómalas o disímiles que por algún motivo permanecen dispersas y no llegan a ocupar el espacio de aquello que se reifica como “la” cultura. 

Guillermo: Hoy en día pienso que la cultura puede ser una definición de diccionario, o un producto que se puede vender, para beneficiar a muchos o a unos pocos, incluso dejando afuera a los que son parte de esa cultura; en cambio a lo cultural lo veo más relacionado con la acción, con las ideas, el aprendizaje, la educación, el mapa que marca el camino tanto de lo individual como de lo colectivo.

Ph: Mariángeles Silva

Como tercer eje, ensayamos respuestas al por qué y el cómo lo político atraviesa el campo cultural y artístico:

Sabrina: Es imposible pensar en una cosa escindida de la otra; lo político atraviesa y es constitutivo de cualquier manifestación del campo social.

Martina: Si, coincido. Igualmente hay muchas formas de analizarlo, tomo brevemente algunas. Por un lado, por lo que explicaba anteriormente: las políticas de Estado, las políticas institucionales y la política en términos comunitarios tienen la posibilidad de ampliar y actuar en pos del acceso y la difusión del arte. También creo necesario pensar y considerar las obras, movimientos, artistas y expresiones culturales como sumamente imbricadas con la situación política del tiempo en el que se desarrollan (y lo que vino antes y lo que vendrá después). Por último, y lo que creo muy importante, me parece que lo cultural-artístico y lo político actúan sobre el mismo campo y existen en términos similares: ambos nos permiten repensar, volver a percibir el mundo, producir aquello que antes no existía. La capacidad de lo cultural de modificarse y cambiar existe, en gran medida, gracias tanto al arte como a la política. 

Roma: Me parece que habría que distinguir entre la política y lo político para responder bien esta pregunta, desde ya que hay que estudiar bastante el asunto para dar un argumento más elaborado. Pero sí puedo decir que lo político es indisociable de la vida cultural. La cultura transmite la tensión política dentro del seno de una sociedad. Por otra parte, se puede operar en la cultura para generar modificaciones políticas. Respecto a la relación de lo político con el arte me inclinaría por otro tipo de afirmaciones. Para mí, el arte es libre, el artista debe ser libre incluso de la política, es difícil, pero creo que por ahí va la cosa. Tal vez porque el artista siempre vive un poco en el futuro, que no debe estar atado a nada para expresar lo que ve. Pero bueno es un tema importante, hay que pensar mucho al respecto.

Agustina: Entiendo lo político como el hiato que divide a una sociedad en campos antagónicos que definen la identidad de los sujetos a partir de su posición frente a lo otro, en este sentido, no creo que el arte siempre manifieste una posición al respecto. Puede hacerlo, pero no creo que deba hacerlo necesariamente o que efectivamente lo haga.

Guillermo: Lo político vinculado a lo cultural es, por un lado, aquellas decisiones de los que influyen directamente en la “venta” de la cultura y, por el otro, las ideas románticas de los generadores de un hecho cultural. Cuando los del primer grupo se arriman a los del segundo, ocasionalmente salen cosas buenas, pero en el mejor de los casos son pequeñas transformaciones controladas por el primer grupo. Estaría bueno que los del segundo grupo transformen en acción las ideas románticas, pasar a lo concreto y tangible, convertirlas en disparadores reales de cambio social.

Alejandro: Como decía antes, me parece interesante pensar cómo los campos se entrelazan, qué implica eso, y coincido con muchos de los puntos que se expresaron acá, sin dudas es un tema para seguir debatiendo y debatiendo!

Rocío: No creo que lo político atraviese el campo cultural y artístico sino que, más bien, lo constituye. No pienso en una representación, que no se malinterprete. Pero sí creo que la esfera artística trabaja indefectiblemente con  elementos de lo real. No voy a teorizar sobre la autonomía artística, pero creo que todo arte es político.

Este proyecto surge en un contexto muy particular para la sociedad y para el sector cultural en específico. Opinamos sobre las políticas culturales en tiempos de pandemia, sobre las necesidades que como artistas y gestorxs vemos en el sector y sobre qué posibilidades creemos que existen para las organizaciones en este marco.

Martina: La situación generada por la pandemia inaugura escenarios diferentes e inciertos. Más allá de que es posible pensar algunos aspectos “positivos” para el campo cultural en este tiempo, la mayoría asociados a la creatividad de artistas y gestores para habitar los espacios digitales, la parte negativa es sin duda mayoritaria. El encuentro presencial y corporal es muchas veces central para las industrias creativas. En términos económicos, es innegable la cantidad de trabajadorxs vinculados al sector cultural que por la pandemia han perdido su empleo de un día para el otro. Los centros culturales, los clubes de barrio, las sociedades de fomento, las escuelas, los espacios donde a veces se juega la cultura “no-oficial” ni comercial se encuentran con monstruosas dificultades, aparte de los que lograron encontrar alguna alternativa para sustentarse. Considero positivo que se le haya dado lugar a políticas estatales que contribuyen a sostener una multiplicidad de sectores de la cultura. Es un momento en que el Estado tiene la posibilidad de ocupar un lugar clave para encontrar un “equilibrio” entre evitar un colapso en términos sanitarios, en términos económicos y en términos humanitarios. En este sentido, rescato algunas acciones, por ejemplo, la creación de canales y agendas culturales virtuales que permiten continuar con la actividad a nivel oficial. También muchas instituciones culturales, tales como Tecnópolis o el Teatro Cervantes, prestan su espacio y el tiempo de sus trabajadorxs para contribuir a la salud de lxs argentinxs, realizando barbijos y prestando sus instalaciones como unidad sanitaria para albergar a pacientes leves que necesitan estar aislados, teniendo en cuenta que en este momento no existe la posibilidad del ingreso de público a esos espacios. Sin duda el reciente DNU de Presidencia que establece los servicios de telefonía, internet y cable como servicios públicos esenciales permitirá a muchxs continuar accediendo, difundiendo y produciendo los contenidos culturales disponibles en Internet. Estoy segura de que queda por delante seguir profundizando estas medidas, teniendo en cuenta que muchas de ellas han llegado con retraso o incluso no han llegado en esta situación de urgencia. Recientemente, se difundió una campaña del Frente Multisectorial que exige la declaración de la Emergencia Cultural en la Ciudad de Buenos Aires, y esto se replica a nivel federal en casos como los de Salta y Córdoba, por solo mencionar algunos. Me parece que estas iniciativas del sector organizado y de la sociedad civil es fundamental también para demandar lo que corresponde y activar también acciones desde la comunidad. Lo que sabemos es que todavía nos quedan al menos unos meses por delante de la pandemia, y no se puede seguir sosteniendo una situación cultural “provisoria” o “paliativa”. 

Rocío: Creo que, independientemente de las políticas públicas que puedan implementarse hoy en día, este contexto de emergencia pone de manifiesto las profundas desigualdades estructurales que se vienen arrastrando desde hace demasiado tiempo. La realidad es que les artistas en los barrios autogestionan su producción artística y sobreviven en un terreno que ya antes era hostil. Durante la pandemia todos ellos quedaron absolutamente desamparados, sin poder trabajar ni crear, y recibiendo una ayuda por parte del Estado que no termina de ser suficiente. Entiendo que es un momento complejo a nivel mundial, pero les artistas constituyen uno de esos sectores que han quedado muy al margen y en emergencia, teniendo que reinventarse y buscar lugar en una virtualidad, cada vez más abarcadora, para poder sobrevivir.

Guillermo: Estuve dos años y medio viviendo en otro país, y cuando pegué la vuelta, llegué justo unas semanas antes de que explote todo, así que no pude notar con claridad “el cambio”. Y al día de hoy no veo que haya cambiado mucho tampoco. No veo políticas claras que involucren a las industrias creativas, pero, por otro lado, veo que la creatividad es más necesaria que hace dos años y medio, entonces salen a la luz nuevas voces, o viejas, pero voces que intentan adaptarse a la realidad. Cualquier tipo de beneficio que puedan obtener las industrias creativas de todo este quilombo va a ser por iniciativa propia, a fuerza de rebusque, prueba, error y aprendizaje, pero ahora es solo subsistir, ya veremos si todo esto se convierte en cambios concretos. En cuanto a las necesidades que tienen los artistas, gestorxs y organizaciones, las más básicas y complejas son económicas, las necesidades artísticas creo se pueden ir resolviendo de una forma más intuitiva.

Roma: Creo que la gestión de los gobiernos, tanto nacional como de la Ciudad de Buenos Aires, es mala. En términos de Ciudad, creo que principalmente porque no entienden cómo funciona la movida cultural. No saben quiénes estamos gestionando, qué proyectos hay y qué esquemas de trabajo existen. Si pretenden dar impulso a diez espacios culturales grandes y con eso tener la política cultural cerradita, se equivocan. Después están los grandes festivales, de lo que sea, que organizan a lo largo del año. No sé si no se dan cuenta que los organizan sin la participación de los gestores y espacios que trabajan no un día al año, sino los 365 días para sostener su actividad, la que sea. En mi opinión, tendrían que dar participación a todos los gestores culturales, saber quiénes son, en qué trabajan, cómo trabajan y obviamente qué necesitan, e impulsarlo no solamente con recursos económicos, sino también con una legitimación simbólica, básicamente reconociendo que somos los que impulsan la cultura, desde los barrios haciendo comunidad y llegando a donde el Estado muchas veces no puede llegar. Por otra parte, creo que los límites que tiene la virtualidad se hicieron evidentes. La cultura como la trabajan muchos, desde el encuentro en espacios físicos, desde el intercambio entre muchos, no se puede reproducir por una pantalla. Tal vez esta experiencia funesta de la pandemia nos permita reflexionar sobre este modelo de actividad y sobre el valor de compartir con otros cultura cara a cara y en tiempo real. En otras palabras, no hay cultura sin cuerpos interactuando. Esta podría ser una conclusión provisional para abrir el debate.

Alejandro: Sin dudas atravesamos un contexto inédito y por supuesto el sector cultural no está exento. Más allá de las medidas que puede implementar el Estado –  y no todo en el Estado es lo mismo, no podemos cometer el error de meter todo en la misma bolsa, desde ya!-, lo que nos muestra esta pandemia es lo mucho que hay que hacer con respecto al colectivo de agentes que construyen nuestro campo. Hay una necesidad muy fuerte de políticas concretas de desarrollo y sostenibilidad a nivel federal, en los barrios y en las ciudades. Si no comenzamos por diagnosticar las problemáticas estructurales del sector cultural, su falta de planificación y la precarización generalizada, es difícil avanzar. De todos modos soy optimista. tenemos una comunidad creativa en movimiento y el empuje de miles de subjetividades en el Estado, la sociedad civil y el sector privado que queremos lo mismo, una verdadera transformación de nuestra cultura por y para el bien de toda la ciudadanía.

Sabrina: En línea a lo que decía Alejandro, sin dudas estamos viviendo un momento completamente excepcional y plagado de incertidumbres y angustias. No solo nosotros, el mundo!  Y, en ese sentido, todo se puso en cuestión, todo fue, de pronto, puesto patas para arriba. Hubo que, en ese marco, gestionar salud siendo que, la gestión anterior, lo que menos hizo fue gestionar en invertir en salud. Y eso fue y es lo prioritario. En el campo de la cultura, como en muchos otros, las cosas se complejizan. Existe una crisis que no viene de ahora, sino de hace mucho tiempo; particularmente, en la Ciudad de Buenos Aires, los espacios culturales se están organizando para exigir una respuesta frente a la crisis que provocó y provoca la pandemia, pero la crisis de este sector viene de hace rato. Lo que más puedo ver por estos días, y lo que sin dudas fue fundamental en este contexto, es la autogestión y la organización colectiva. Esas son las formas que hacen que los espacios sobrevivan en momentos tan ásperos y desiguales. Sin embargo, no podemos decir que no hay políticas públicas o que no hay respuesta de ningún tipo frente a eso. Las hay, pero en un momento así, posiblemente nada sea suficiente.

Por último, les contamos a lxs lectores qué es lo “Molecular” para nosotrxs:

Guillermo: Para mí, lo molecular es algo que parece minúsculo, que está en movimiento y es parte de un mecanismo simple pero poderoso, es como la chispa de un encendedor antes de romper el gas y prenderlo fuego. Es la chispa de un encendedor antes de la combustión.

Agustina: Para mí lo molecular es un modo de subjetivación creativo y disidente respecto a las formas de jerarquización establecidas, una figura del devenir por la que se establece una comunidad entre el singular y sus pares por los que siempre se halla atravesados.

Alejandro: Pensar en clave Molecular implica posicionarse y relacionarse desde una mirada micropolítica, ver qué pasa por ahí. Hay un concepto muy lindo de Rodolfo Kusch para pensar esta concepción, es lo que llama suelo, que es un domicilio en el mundo, nuestras circunstancias y nuestro estar siendo a nivel personal, familiar, vecinal, en fin, nuestro requerimiento de comunidad y nuestro intento por singularizarnos, como dice Guattari, adquirir algún tipo de libertad para vivir nuestros propios procesos y la capacidad para leer esta situación y aquello que pasa a nuestro alrededor. 

Rocío: Molecular es un modo de relacionarse. Las relaciones moleculares crean un tejido comunitario, opuesto a las relaciones más atomizadas que se dan en las sociedades modernas. En un mundo en donde prima el átomo, el individuo, el mirar hacia adentro de forma permanente; un mundo en el que cada une de nosotres ocupa un lugar en alguna cadena, lo molecular es casi revolucionario, es romper la cadena y trabajar en círculo, en conjunto, cruzades, formando unidades.

Roma: Molecular es la unidad hecha de otros que ceden un poco para dar cabida a lo nuevo. Lo molecular entonces es la comunidad. En lo común no se suprime lo singular, al contrario, se pone en comunicación. Molecular es sustantivo y verbo. Lo pienso también con la metáfora química: átomos, moléculas, moléculas cada vez más desarrolladas. Molecular por tanto es la sustancia, una buena sustancia nutre y da vida. No está bueno ser solo átomos, seamos moléculas.

Sabrina: Lo molecular es una forma de articular y de crear comunidad. Y es también una manera revolucionaria de hacerlo, en el sentido en que constantemente estamos inmersos, tentados y arrastrados a tener prácticas y lógicas individuales. En ese marco, cualquier forma de comunidad es revolucionaria porque atenta contra la que forma hegemónica de situarse en el mundo.

Martina: Lo Molecular es para mí una forma de pensar la cultura no únicamente desde sus grandes eventos, sus grandes procesos, sus grandes personalidades, sus grandes historias, sino más bien desde lo que sucede de forma particular, pequeña, única, dispersa, a nivel local, vecinal. Las historias, en lugar de la Historia. Todo eso que sucede y no se conoce en gran medida, pero que igualmente tiene que ver con nuestro origen y nuestra humanidad, lo que nos compone y nos hace. Puede ser un conocimiento, una idea, un proyecto, una obra artística, un movimiento político, etc. Como esas breves luciérnagas que se descubren en medio de la noche y la naturaleza, las que describía Pasolini. Esas que escapan de los reflectores de los grandes medios de comunicación, del gran mundo del espectáculo y los grandes poderes policiales y políticos, esas que igualmente brillan: resistencias lumínicas. Escurridizas y tan necesarias.