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Ilustración: Pilar Maharbiz

Por Josefina Maharbiz 1


El amor romántico, a través del cual lxs seres humanxs aprendimos a construir la mayoría de las relaciones que establecemos, no nos representa una forma de fortalecernos individual ni colectivamente. 

Este se basa en la creencia de un ideal de amor que se construye en torno a relaciones idealizadas, naturalizadas y normalizadas, que estamos acostumbradxs a ver en las pantallas. Estas están basadas en la desigualdad entre los varones y las mujeres (obviamente hetero cis porque en esta categorización no existen otras opciones) que deciden vincularse. 

Pensemos en la vieja y conocida “media naranja”, pareciera que según el dicho popular2,  

siempre necesitamos a un otrx para poder estar completxs. Gracias al avance del colectivo feminista y todo lo que este trae aparejado, pudimos aprender que hay otro tipo de construcción de amor que no es tal como nos la presentaron durante tantos años. 

Siguiendo esta nueva idea de construcción de relaciones que nos da a conocer el feminismo quiero citar una frase que me ha hecho pensar bastante en mis sesiones de psicoanálisis: “me siento mucho más fuerte sin tu amor” – un fragmento de la letra de una canción que bien interpreta el querido músico argentino Charly García3-. Esta frase pareciera dar por tierra con cualquier tipo de creencia de que va a venir un otrx a nuestras vidas a fortalecernos, a completarnos. 


muchas veces una se siente más fuerte y menos vulnerable sin tener que compartir su cuerpo y sus días con un otrx que viene de alguna forma a sacarnos parte de nuestra autonomía e individualidad; y por ende, no nos completa absolutamente nada


En este sentido creo que la maternidad, planteada con los cánones de la cultura patriarcal en la que vivimos y nos desarrollamos, nos la quieren presentar como algo que nos viene a completar – como la “media naranja” de lxs cuerpxs gestantes- . Hay una visión completamente romantizada. La realidad (o por lo menos la mía) es que muchas veces una se siente más fuerte y menos vulnerable sin tener que compartir su cuerpo y sus días con un otrx que viene (más allá de descubrir que un hijx desadx es de las cosas más hermosas que podemos transitar) de alguna forma a sacarnos parte de nuestra autonomía e individualidad; y por ende, no nos completa absolutamente nada. 

Terminamos siendo las que tenemos que cargar con todas las críticas, los consejos, las preguntas, las miradas. Los padres quedan totalmente al margen, nadie los juzga, nadie romantiza su rol, nadie los hace cargo de lo que realmente tienen que llevar a cabo para que la paridad sea tal y no un mero número que viene a dejar satisfechxs a lxs superficiales y quienes quieren ser políticamente correctxs. 


las mujeres seguimos siendo las que postergamos nuestra individualidad y desarrollo personal y profesional por tener que ocuparnos, casi por imposición divina, de las tareas de cuidado. 


Hay muy poca información sobre lo que realmente conlleva un embarazo. Pocxs son lxs que se animan a contar el “lado b” de lo que significa gestar a unx nuevx ser. Más allá de que vivimos en una sociedad bisagra en estos temas, las mujeres seguimos siendo las que postergamos nuestra individualidad y desarrollo personal y profesional por tener que ocuparnos, casi por imposición divina, de las tareas de cuidado. 

EXPERIENCIA PERSONAL 

Sólo quedaban recuerdos de una adolescencia con algún enamoramiento sin racionalidad, y una crianza en un pueblo pequeño en el que decía: “si me quedo en el pueblo tendré muchos hijxs, porque sino ¿qué voy a hacer?”. 

Lejos quedó esa pequeña que podía llegar a tener en sus planes quedarse en Noetinger su pueblo natal en Córdoba (Argentina), y convertirse en una multípara sin causa. La decisión parecía ser clara, NO QUERÍA SER MADRE. 

Como la mayoría de las cosas suceden ,muchas veces, sin que unx las busque; pasó: quedé embarazada. Aunque en Argentina el aborto no es legal tuve el tiempo y el privilegio de poder decidir qué hacer. Finalmente decidí seguir adelante con el embarazo. Esta historia no tuvo un final feliz -o quizás sí a la larga- a las pocas semanas perdí el embarazo. Un aborto espontáneo por el que fui maltratada en el sanatorio en el cuál me atendí. La ilegalidad del aborto lleva a que lxs profesionales de la salud sientan la potestad de ejercer violencia obstétrica sobre lxs pacientes que llegan con un aborto, ya que quienes están en contra de la interrupción legal del embarazo, dudan de cuál puede haber sido el origen de su desancadenamiento. 

Ese hecho inesperado hizo que me preguntara nuevamente que quería yo – mi nueva yo con respecto a la maternidad. Por un lado “el deber ser”, inculcado durante tantos años en nuestra cultura machista y patriarcal: “la realización de la mujer se da con la maternidad”. Y por otro lado, todo el nuevo bagaje de conocimientos adquiridos en el arduo camino de la militancia feminista. 

La pregunta del millón: ¡¿Qué es lo que realmente quiero yo?! La respuesta no la tengo, hasta el día de hoy sigo preguntándome si ser madre fue lo que genuinamente quería.

Aunque no existió – ni existe hasta el día de hoy- una respuesta rotunda y clara, decidí que quería tener un hijx. Me convencí de eso. 

EL EMBARAZO 

Rápidamente llegó, fue una noticia feliz. Esa rapidez hizo que casi fuera uno solo con el embarazo anterior -podríamos decir que fue un embarazo de elefanta- se hizo eterno. Decidí que no quería leer pilas de libros sobre el tema, ya tenía demasiada confusión como para sumarle más interrogantes a una cuestión que me resultaba tan compleja. Me abrumaba de sólo pensarlo. Sólo leí algunos testimonios -desgarradores por cierto- de mujeres que hablaban del tema sin ningún tipo de reparo en el statu quo. Una de ellas fue Florencia Kirchner, a quien le agradezco por haberme hecho ver que ese “lado b” existía, que no era la única que lo sentía y expresaba. 

La realidad es que no fue un embarazo complicado, pero sí con muchos miedos por la pérdida reciente del anterior y los episodios de violencia obstétrica. 

No lo disfruté, no me gustó y dudo mucho decidir pasar nuevamente por esta experiencia. Trabajo en política, y el año pasado fue un año muy particular en Argentina, hubo elecciones nacionales y en un contexto donde lxs peronistas 4 teníamos que dar todo en la cancha5 para poder ganar. El embarazo te enlentece y restringe muchas actividades. Todo cuesta el doble , o por lo menos así me pasaba a mi. 

Otro tema: lxs medicxs, la verdad pasé por varixs, ingratamente me tocó pasar nuevamente por episodios de violencia obstétrica. Tuve el privilegio de poder cambiar e ir probando con diferentes profesionales, nunca logré estar conforme con este tema. Aunque con mi obstetra terminamos en óptimas condiciones, a lo largo del proceso nuestra relación fue bastante turbulenta. 

Todas las relaciones que tuve durante el embarazo fueron turbulentas, yo estaba turbulenta. No era mi yo de antes, estaba poseída por las hormonas, el cansancio, las restricciones (¡el cigarrillo!), la falta de mi cuerpo. Sí, ese cuerpo que era mío, ya no me pertenecía a mi sola. Suena egoísta, pero de repente hay que compartirlo, y no queda otra. 

Todo este arsenal de sentimientos se vuelve mucho más pesado en el momento que sentís que no podés expresarlos. Porque si lo haces sos una especie de hereje, quejosa, loca y malvada. 

Bruja. 

Ni hablar, de tener que escuchar a toda la horda de personas “bienintencionadas” que dan sus opiniones y consejos, los mismos que una nunca pidió. 

Una madrugada repentina y sin aviso, el bebé -que aún no tenía nombre- decidió avisar que estaba listo para dejar mi cuerpo y así poder comenzar ambxs el proceso de re-convertirnos ser dos seres individuales. 

No sé porque razón nunca le tuve mucho miedo al parto, será que el embarazo me parecía tan feo, que lo veía como una especie de fin de la tortura. Fue un parto lindo, correcto, amoroso y rápido. Respetado. Muy privilegiado. 

LA MATERNIDAD 

De repente así de un segundo a otro, sin entender nada, te convertís en madre. La primera impresión cuando ví a mi hijo no fue esa que muestran en las películas de Hollywood, de amor pleno y conexión instantánea. No comprendía la situación, de repente tenía un bebé arriba mío, moradito, pequeñito (se me caen las lágrimas mientras tipeo) y era mío -o por lo menos lo era en ese momento-, yo era su mamá. 

Tarde unas horas en caer. Ese día hubo mucha gente, yo estaba muy abrumada. No tenía idea de nada, no podía decidir nada. Esa era la única sensación que me atravesaba en una especie de loop eterno. 


la actual distribución de las responsabilidades de los cuidados es sumamente desequilibrada, recayendo principalmente en los hogares y siendo realizada mayoritariamente de manera no remunerada por las mujeres. A pesar de su importancia, este trabajo sigue siendo invisibilizado, subestimado y desatendido en el diseño de políticas económicas y sociales en América Latina y el Caribe


La realidad empieza el día que llegas a tu casa, y seguís sin entender nada. Ahora sí, llega todo junto: 

¡Tareas del hogar vengan a nosotras! 

Todo lo que cuente acá no sonará extraño. 

En un reciente informe6 que sacó la CEPAL y ONU Mujeres queda en claro que: la actual distribución de las responsabilidades de los cuidados es sumamente desequilibrada, recayendo principalmente en los hogares y siendo realizada mayoritariamente de manera no remunerada por las mujeres. A pesar de su importancia, este trabajo sigue siendo invisibilizado, subestimado y desatendido en el diseño de políticas económicas y sociales en América Latina y el Caribe. Como reflejo del estereotipo de la feminización del cuidado, en el ámbito del trabajo de cuidados remunerados, las mujeres también están sobrerrepresentadas en estos empleos caracterizados en general por una baja remuneración y condiciones laborales precarias. La pandemia del COVID-19 ha reafirmado la centralidad de los cuidados, poniendo en evidencia la insostenibilidad de su actual organización. En América Latina y el Caribe, desde antes de la pandemia, las mujeres dedicaban el triple de tiempo que los hombres al trabajo de cuidados no remunerado, esta situación se ha visto agravada por la creciente demanda de cuidados y la reducción de la oferta de servicios causada por las medidas de confinamiento y distanciamiento social adoptadas para frenar la crisis sanitaria. Más aún, la llamada ¨nueva normalidad¨ implicará cambios importantes en la forma de escolarización y trabajo, dado que la infraestructura social no es acorde a las recientes necesidades de distanciamiento, generando nuevos desafíos de reorganización del trabajo productivo y reproductivo de mediano plazo, y mayores presiones sobre los sistemas nacionales de educación pública, salud y protección social más allá de la crisis. 

Las mujeres quedamos supeditadas a la falta de tiempo producto de la dedicación de gran parte de nuestro tiempo a realizar las tareas citadas con anterioridad. 

Estamos atrapadas por la obligación cultural de tener que ser la “mujer perfecta” en el hogar. 

Pero nosotras queremos poder dedicar todo nuestro tiempo (o por lo menos en una repartija igual con nuestrxs pares varones) a nuestras carreras profesionales. 

Tenemos que liberarnos de todas estas ataduras, imposiciones y preconceptos. Pero qué difícil es todo esto, ¿no? 


Las mujeres quedamos supeditadas a la falta de tiempo producto de la dedicación de gran parte de nuestro tiempo a realizar las tareas citadas con anterioridad. 


Creo que el puntapié inicial para poder lograrlo es decirlo/escribirlo, poder ponerlo en palabras, no guardarnos nada – para ser políticamente correctxs- , acompañarnos siempre, no juzgarnos. Tejer redes. Abrazar siempre a la compañera que tenemos al lado y entenderla. 

No hay recetas mágicas, no hay libros, artículos, ensayos, ni cuentos que nos digan que es lo correcto. 

Mientras tanto, hablemos, descarguemos, escribamos y por sobre todo seamos SORORAS y amplias.


1 Josefina Maharbiz: Estudiante de Lic. en Gestión de políticas públicas, Diplomada en Géneros y movimientos feministas, Parte Creadora y Organizadora de la Feria del Libro Feminista (FilFem), Madre y Mujer feminista. 

2 En el texto se utilizó lenguaje inclusivo como parte de la convicción que tengo como autora de su importancia que tiene este para evitar caer en el binarismo que nos acota las opciones genéricas. 3 Carlos Alberto García, conocido como Charly García (Buenos Aires, 23 de octubre de 1951), es un músico, compositor, multi instrumentista, arreglista, autor, cantautor y productor argentino de rock. Es considerado un ícono del rock argentino.

4 En muy resumidas cuentas el Peronismo es un movimiento político argentino surgido a mediados de la década de 1940 alrededor de la figura de Juan Domingo Perón y un considerable número de sindicatos. Hasta el día de hoy sigue vigente. 5“Dar todo en la cancha” es una expresión que usamos lxs argentinxs para decir que hacemos todo lo que está a nuestro alcance para lograr nuestro objetivo.

5“Dar todo en la cancha” es una expresión que usamos lxs argentinxs para decir que hacemos todo lo que está a nuestro alcance para lograr nuestro objetivo.

6 Elaborado por Julio Bango, consultor de la Oficina Regional para las Américas y el Caribe de ONU Mujeres con datos disponibles a 9 de Julio de 2020. Coordinación: Raquel Coello, Especialista Regional de Empoderamiento Económico ONU Mujeres y Lucía Scuro, Oficial de Asuntos Sociales, División de Asuntos de Género de CEPAL. Equipo de Producción: Beatriz García y Denize Santana (ONU Mujeres) e Iliana Vaca Trigo (CEPAL). Agradecimientos a Ana Guezmes, Diana Espinosa, Juliette Bonaffe, Alison Vasconez, Lorena Barba, Ximena Loza (ONU Mujeres) y a Nicole Bidegain, Catalina de la Cruz y Belén Villegas (CEPAL) por todos los aportes y contribuciones al documento.


Ph: Micaela Giudici

Por Rocío Navarro


“Pero allá lejos todavía hay una hoguera

donde se abaten las estrellas humeantes

y quienes las vuelven a encender les piden

que se eleven hasta esas llamas sublimes

y que ardan con ellas

Oh público

sean la antorcha inextinguible del fuego nuevo”

Apollinaire, Las tetas de Tiresias

A la hora de hablar acerca de posporno es inevitable referirnos a la pornografía. Sabemos que el porno se erige como el discurso en el que se alojan todas aquellas prácticas hegemónicas heteronormativas que dictan, de alguna manera, el reglamento de la estructura sexogenérica que se impone, se legitima y se recrea una y otra vez en cada cumshot, en cada primer plano de las penetraciones que recortan rostros, subjetividades, identidades.Y allí en donde el porno impone sus representaciones de prácticas sexuales determinadas, ejercidas por sujetos con roles genéricos asignados, el posporno funciona como resistencia a ese discurso y des-genera, echando luz sobre otras corporalidades, otras prácticas y otros placeres.

La sexualidad: el dispositivo y la resistencia posporno

Ya Foucault en Historia de la sexualidad analizaba la sexualidad en términos de resultado de la elaboración de cierto tipo de discurso: de saber sobre el sexo. Así, identificó una serie de estrategias y operaciones que sucedían en el orden del discurso y que reproducían una y otra vez los efectos de sentido del ejercicio del poder. Hoy, en esta sociedad posmoderna, la reproducción de estos discursos se da de manera más copiosa y significativamente más veloz. 

La sexualidad, entonces, es entendida como una tecnología -sostiene Preciado- que pertenece al orden del control biopolítico y que, en tanto régimen de dominación social, corta, divide los cuerpos sexuados y circunscribe el placer a la estimulación de ciertas zonas erógenas ¿Cuáles son esas zonas erógenas? nos preguntaremos. Y sí, claro,  son aquellas zonas en donde se alojan los órganos reproductores. La reducción del cuerpo a esta diferencia sexogenérica reproduce la asimetría de las relaciones sociales, históricamente construidas. La sexualidad en la sociedad heteronormativa es profundamente ideológica y el discurso pornográfico un reproductor del saber/poder sexual por excelencia. 


La reducción del cuerpo a esta diferencia sexogenérica reproduce la asimetría de las relaciones sociales, históricamente construidas.


Las estructuras de relación genérica dentro del porno se retroalimentan y multiplican/clonan a las identidades sexuales, ayudados por las tecnologías que vehiculizan esas representaciones: cine, televisión, literatura, etc. De esta manera, los discursos respecto de lo sexual se encuentran de forma permanente en el centro de la escena con el fin de delimitar biopolíticamente a los individuos, corregir cuerpos, moldear sexualidades que encajen en esa legitimidad discursiva. 

El valor de las prácticas sexuales se traduce en identidades que deben cumplir con el imperativo de ser dichas: todo lo que debiera pertenecer a la esfera privada hoy es de dominio público. Preciado llama a este tipo de estructura sociedad farmacopornográfica -actualizando a Foucault-, y es en ella donde se da la inversión definitiva del espacio público/privado, la industria sobre lo subjetivo, lo interior, lo íntimo, la pérdida de la propia soberanía corporal. Las tecnologías de poder se inscriben en los cuerpos. Son el cuerpo.

La industria pornográfica vehiculiza esa inversión y, en su dispositivo adoctrinador, los actos performativos explotan el plusvalor que se halla en la puesta en escena de los cuerpos y la repetición mecánica que provoca esa ilusión hiperrealista del porno mainstream: el círculo vicioso del placer como satisfacción frustrante. La producción de la libido capitalista se encuentra codificada en ese deseo que circula de cuerpo/objeto en cuerpo/objeto, generando la ilusión de liberación en un gesto que no hace más que perpetuar nuestra sujeción a la estructura. Este placer -capitalista- opera como valor de cambio en una sociedad -dice Preciado- regida por tecnologías que no solo son performáticas sino prostéticas: las representaciones funcionan como prótesis de las subjetividades.

La sociedad, entonces, funciona utilizando lo sexual como una distribución de gustos que se encuentra -indefectiblemente- atravesada por cierta idea de moralidad. La presencia del elemento moral aquí no es menor, ya que genera una transgresión ilusoria que, por supuesto, se encuentra contemplada, en tanto resistencia, por el mismo sistema y que, eventualmente, se traducirá en nuevas identidades sexuales que el sistema incorporará. Parece ser un sistema cerrado, sin escapatoria, ya que norma e interdicto son, a las claras, caras de una misma moneda. 


La producción de la libido capitalista se encuentra codificada en ese deseo que circula de cuerpo/objeto en cuerpo/objeto, generando la ilusión de liberación en un gesto que no hace más que perpetuar nuestra sujeción a la estructura.


Sin embargo, el recorte de los cuerpos delimita un adentro y un afuera de esa legitimidad sexogenérica impuesta, y mientras los discursos hegemónicos recogen lo que queda por dentro, los márgenes y los desechos que permanecen fuera son recogidos por la fértil y productiva cúpula del posporno.

La pospornografía se nos presenta como un campo en el que se puede deconstruir aquellas oposiciones binarias y hegemónicas del sexo que habitan en el porno convencional y las relaciones genéricas que construye. El discurso posporno habilita un uso subversivo de los dispositivos hegemónicos, pone de manifiesto los placeres y sexualidades de aquellos sujetos marginales, de las minorías y de las disidencias. En un gesto de resemantización, el posporno permite que en los discursos sobre la sexualidad se libre la batalla por el sentido, se resignifiquen las prácticas y emerjan representaciones de lo abyecto del sistema.

Si la sociedad pornográfica produce placeres rizomáticos, la dimensión performativa del discurso posporno funciona como una línea de fuga que condensa la transgresión real y encuentra el placer allí, en los márgenes de la cultura porno, en un plan de consistencia deleuzeano: el posporno, en toda su dimensión anticapitalista, genera puros devenires, indefiniciones, agenciamientos por sí mismos. 

En esta línea, el posporno funciona como una máquina de guerra que desterritorializa las prácticas sexuales y, sobre todo, las representaciones de esas prácticas y deseos impuestas por los dispositivos de poder sobre los cuerpos/sujetos: es la inauguración de nuevas prácticas relacionales que desarman la sujeción a un sistema de géneros y que de ninguna manera busca institucionalizarse como una nueva cultura relacional. 

Preciado mismo plantea en Manifiesto contrasexual ponerle fin a la naturaleza como origen que legitima este sistema sexogenérico mediante una serie de prácticas contra-sexuales que consistirían en reconocer la arquitectura política del cuerpo y desarmarla por completo -una meseta, un cuerpo sin órganos-, explorando otras prácticas que proporcionen placer alternativas al discurso hegemónico.


 Un excurso, un desvío de lo corporal y lo relacional a un fuera de foco en la sociedad farmacopornográfica.


Las manifestaciones pospornográficas también deben inscribirse dentro de este posicionamiento crítico frente a la sociedad y la representación porno. 

Mediante una multiplicidad de expresiones – audiovisual, fotografía, performance, artivismo- el posporno funciona trabajando sobre el discurso pornocapitalista:  desarticula lo normativizado e institucionalizado por la cultura y desarma la coherencia intrasistémica de sexo-género-deseo. El reordenamiento de estos elementos, puestos al servicio del placer, trazan la fuga hacia nuevos espacios, allí en donde solo se encontraban las abyecciones del sistema, aquello que no podía ser enunciado hacia el interior del discurso legitimante de las prácticas dictadas por el dispositivo de la sexualidad. Un excurso, un desvío de lo corporal y lo relacional a un fuera de foco en la sociedad farmacopornográfica

Arte y posporno

El posporno, dijimos, se construye como un campo de acción que no puede -ni quiere- ser definido para ingresar en la lógica clasificatoria de los dispositivos de poder. En ese sentido, podemos pensarlo como un territorio que no tiene límites, que constituye un sitio para nuevos agenciamientos, nuevos devenires. Un lugar que aloje una multiplicidad de representaciones sexuales que no necesariamente deban traducirse en identidades, sino que, simplemente, sean en sí mismas. No hay límite en los géneros y las formas que lo pospornográfico adopte para manifestarse. La reapropiación de las herramientas utilizadas por el discurso pornográfico se ponen al servicio de la creación de nuevos órdenes de sentido, visibilizando aquello que constituía los márgenes de lo sistémico, como por ejemplo lo hace Nadia Granados(*) – La fulminante– quien utiliza la estética propia del porno para denunciar sujeciones, opresiones y hasta narcotráfico y negociados políticos. La fulminante visibiliza la opresión de la sexualidad femenina, el mandato de la maternidad, la sujeción al discurso clerical, etc. 


Posporno como pura potencia de devenir: ¿qué cuerpos? ¿qué deseos se legitiman y se rescatan del terreno de lo abyecto de la libido hegemónica?


Si bien es cierto que existen numerosos colectivos de artivistas y performers posporno (aquí en Argentina y en el mundo entero), resulta interesante, también,  permitirse en base a todo lo expuesto, pensar fuera de los límites temporales y rastrear gestos pospornográficos en otras manifestaciones, en otras esferas del arte y en otras épocas. Pensemos en las obras de Copi, en las que nuevas sexualidades ponen de manifiesto la subversión genérica, el no-género en absoluto; incluso en las obras de la vanguardia de los años 20, en las que, acompañadas por una estética del desastre, se proponen nuevos órdenes corporales y genéricos.

¿Cuántas manifestaciones más conocemos que ponen en jaque los placeres pornocapitalistas? No me refiero a aquellos nuevos discursos que son susceptibles de ser reterritorializados, sino a los que verdaderamente son una potencia desclasificadora, ¿cuántas?

Posporno como pura potencia de devenir: ¿qué cuerpos? ¿qué deseos se legitiman y se rescatan del terreno de lo abyecto de la libido hegemónica?

El posporno aparece como un campo de acción en el que no solo pueden evidenciarse las desigualdades sociales en materia de género, sino como un lugar que puede alojar prácticas y lazos de comunidad, de reconocimiento mutuo y de generación de nuevas formas de habitar este mundo. El posporno es abarcador y no conocemos sus límites. El posporno era inmenso y nos estaba esperando.


(*) para conocer más sobre esta performer posporno podés ir por acá.


Ilustración: Florencia Hochbaum

Por Agustina Arrigorria


Cuarentena, confinamiento, tapabocas obligatorios, protocolos sanitarios e higiénicos, aislamiento preventivo y distancia social, medición diaria de temperatura, aplicaciones de control, vigilancia virtual: la biopolítica se refuerza y se renueva con el objetivo de eliminar la nueva cepa del virus que amenaza a toda la humanidad.

Muchos han hablado a favor y en contra de estas medidas de prevención y control. Los más entusiastas ponderan el resultado positivo de las estrategias más avanzadas de cibervigilancia a través de cámaras y aplicaciones en los países orientales. Dos ejemplos de este modelo son la aplicación china Health-Check que genera un código sanitario para saber el estado del ciudadano junto al alcance permitido para su circulación y la aplicación Self-Quarantine Safety Protection instaurada en Corea del Sur que permite a los usuarios realizar un autodiagnóstico para descongestionar las líneas telefónicas médicas y en caso de necesitar asistencia, monitorea el viaje en auto particular del usuario hasta los puntos de testeo más cercano, con una posterior geolocalización en caso de necesitar aislamiento. Los detractores de estas tecnologías no sólo denuncian una extrema vigilancia de la esfera privada, tráfico de datos y ciberpatrullaje, sino que también desmienten su eficacia. Entre estos últimos están quienes han acusado a estos gobiernos de establecer políticas totalitarias con objetivos oscurantistas y políticas deshumanizadas, algunos de ellos cuestionan incluso las cifras divulgadas por el gobierno chino que tendrían el objetivo de disminuir la visibilidad de los casos para ofrecer mayor aceptación a las herramientas tecnológicas utilizadas. Los más escépticos, no rechazan totalmente el uso de los instrumentos biopolíticos, aunque sostienen que los métodos más efectivos para el control de las epidemias no son los que ofrecen las nuevas tecnologías, sino aquellos que acompañan desde hace siglos a la humanidad en su lucha contra las pestes más antiguas: aislamiento y distancia social, confinamiento doméstico, cierre de fronteras e intensificación de los cuidados sanitarios básicos, como el lavado de manos y la higiene del hogar.

Biopoder es la palabra en boca de todos, pero ¿qué significa? Su mentor, el filósofo francés Michel Foucault (1926-1984) desarrolló este concepto principalmente en el último capítulo de Historia de la sexualidad I: La voluntad de saber y en la clase del 17 de marzo de 1976 del curso Hay que defender a la sociedad: en el primero, el biopoder se relaciona inicialmente con la formación del dispositivo de sexualidad y concluye con el racismo biológico del Estado moderno; en el segundo, el biopoder se relaciona al concepto de guerra de razas. En ambos casos, el biopoder se muestra, según Edgardo Castro en su diccionario de conceptos foucaultianos, a través de su doble faz: como poder sobre la vida (por ejemplo, en las políticas de reproducción sexual) pero también como poder sobre la muerte (por ejemplo, en el racismo). Si el biopoder es la estatización de la vida biológicamente considerada, las biopolíticas consistirán en la utilización de las distintas disciplinas del cuerpo y las regulaciones de la población en que este poder se despliega con el objetivo de racionalizar los fenómenos poblacionales como conjunto de vivientes: salud, higiene, natalidad, longevidad, raza, etc.

Pese a lo que cierta vulgata filosófica sostendría tendenciosamente, la noción de biopolítica no ofrece una lectura peyorativa de los acontecimientos socio-políticos a los que refiere y no insta necesariamente a una forma de resistencia negadora sino a un análisis crítico de las mismas.

No cabe ninguna duda de que todas las herramientas utilizadas para controlar la propagación de la pandemia de covid19 están relacionadas de alguna u otra forma con la biopolítica: desde la simple obligación de utilizar mascarillas en los comercios, hasta las zonas militarizadas donde sólo puede transitarse con justificación estatal previa. En nuestro país algunos de los instrumentos biopolíticos han sido el cierre de fronteras, el aislamiento social preventivo, el confinamiento de los enfermos y sospechados, los testeos masivos en el operativo Detectar, la obligatoriedad de utilizar tapabocas en la vía pública, la implementación de la aplicación Cuidar, la emisión de certificados de permiso único para circular y su sincronización con la tarjeta SUBE previamente identificada, el control de temperatura para ingreso a hospitales, lugares de trabajo y comercios, y las reiteradas campañas de prevención, limpieza y desinfección. Muchas de estas medidas han despertado el temor al control de la esfera privada, como así también una exacerbación en la difusión del peligro totalitario como herramienta de oposición política. De esta manera, sectores opositores partidarios, agrupados formal e informalmente, y agentes independientes, han convocado numerosas manifestaciones autoproclamadas apolíticas o apartidarias con el objetivo de boicotear las acciones de control social.

El amplio abanico de los autodenominados anti-cuarentena abarca sectores localistas desde expresiones moderadas que reclaman por la apertura de sus comercios minoristas y la flexibilización de algunas medidas para rescatar principalmente la economía doméstica, hasta expresiones chauvinistas que reclaman al gobierno no adherir a una supuesta conspiración mundial formada por masones millonarios cuyo objetivo consistiría en el control de la tasa de natalidad y la instauración de un supuesto nuevo orden mundial. Pero además de estos sectores localistas, el ala liberal del movimiento anti-cuarentena, en sus expresiones de izquierda y derecha, reclaman por la garantía de las libertades individuales y el derecho de gestionar individualmente la propia vida, so pretexto de las biopolíticas estatales instauradas para controlar la pandemia. Para comprender el discurso de este último grupo es fundamental volver a analizar más en profundidad el concepto de biopoder de Foucault.

Dedicado a la elaboración de genealogías y arqueologías como discursos articuladores de saber y poder, la tarea de Michel Foucault es principalmente descriptiva y no normativa. Es decir, en su obra filosófica el biopoder permite explicar el modo en que los saberes sobre la vida biológica permiten una mayor eficacia, control e interpelación del poder político a través de herramientas particulares aplicadas en cada tiempo y lugar a los cuerpos y las poblaciones, pero de esta descripción de hecho no se deriva ninguna tesis de derecho, o correlación necesaria con el deber ser de las mismas. Pese a lo que cierta vulgata filosófica sostendría tendenciosamente, la noción de biopolítica no ofrece una lectura peyorativa de los acontecimientos socio-políticos a los que refiere y no insta necesariamente a una forma de resistencia negadora sino a un análisis crítico de las mismas.

Ilustración: Florencia Hochbaum

Las tecnologías de poder no son buenas o malas en sí mismas, son sólo medios para alcanzar fines impuestos por fuera de su propio funcionamiento maquínico, sin embargo, esto no equivale a hablar de una neutralidad tecnológica, ya que desde su creación, codificación e implementación contienen un direccionamiento estipulado con arreglo a ciertos fines. Un análisis crítico de las mismas requeriría una evaluación entre medios y fines con miras también a posibles consecuencias no deseadas. Para discutir la adecuación de los medios, es necesario establecer a priori un acuerdo sobre los fines, pero el objetivo de las diferentes posturas políticas no es el mismo: mientras algunos priorizan la salud de los ciudadanos, otros priorizan la economía. En relación a estos últimos, es menester mencionar que los gobiernos que apostaron por el sostenimiento de la economía a costa de la vida de sus ciudadanos tampoco lograron cumplir con este objetivo, por lo que el FMI vaticinó para este año una crisis aún mayor a la de 1929. En este sentido, la apuesta por la economía parecería más un voto por la normalización sistémica, una apelación al status quo y una defensa de la hegemonía neoliberal que resuena en el lema thatcherista No hay otra alternativa, que una elección por el desarrollo.

Sostiene Foucault hacia el final de La voluntad de saber que el biopoder permite decir que “el viejo derecho de hacer morir o dejar vivir fue reemplazado por el poder de hacer vivir o de arrojar a la muerte”, sin embargo el relato de la mano invisible neoliberal se esfuerza en invertir esta relación para hacer pasar las políticas de vida y de muerte como algo natural. De esta manera, los relatos negacionistas de la pandemia escondieron verdaderas prácticas de abandono de los Estados-nación a sus poblaciones en riesgo consideradas numéricamente en tanto sector pasivo: los ancianos, los enfermos, los discapacitados, todos aquellos que en la carrera del más apto no lograrían individualmente conservar su vida. Es en este sentido que Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, habló del covid19 como una mera “gripecita” para justificar la falta de acción estatal, o Boris Johnson, primer ministro del Reino Unido, sostuvo en marzo de este año (previamente a contagiarse él mismo) que la mayoría de los enfermos cursarían levemente esta enfermedad y que lamentablemente “muchas más familias perderán a sus seres queridos antes de tiempo”, como si nada pudiese hacerse desde la política.

Cuando Foucault escribió que este biopoder fue un elemento indispensable en el desarrollo del capitalismo, no se refirió solamente a los mecanismos de control y vigilancia meramente represivos, sino justamente a la elección en el ajuste de los fenómenos poblacionales a los procesos políticos. Por lo tanto, la biopolítica no es sólo aquello que permite vivir sino también morir, en este sentido, existe una ponderación de la vida de los agentes, de modo que estas herramientas no existen solamente en los dispositivos de cuidado sino también en los discursos de laissez-faire (dejar hacer) neoliberales que presentan algunas muertes consideradas como inevitables o naturales. En este último sentido, fue el vice-gobernador de Texas quien expresó explícitamente la crueldad que otros sectores afines al suyo ocultan: “los abuelos deberían sacrificarse y dejarse morir para salvar la economía”.

…el poder soberano se funda en la decisión sobre las vidas que valen y las vidas que no.

El biopoder opera sobre lo que Agamben (1942-actualidad) dió en llamar la nuda vida, este concepto no debe entenderse como vida desnuda en un sentido anterior sino contrariamente como vida “desnudada”, en tanto saber que ofrecen los cuerpos como resultado de un proceso racional que los han hecho posible. La nuda vida es aquella a la que puede darse muerte impunemente, pero al mismo tiempo, no puede ser sacrificada de acuerdo con los rituales establecidos. Estas vidas condenadas a la muerte que no pueden reinsertarse en el discurso sobre la muerte pueden ser en esta situación las vidas de aquellos denominados débiles, los que rompen con la meritocracia biologicista por no poder autoconservarse individualmente, los ancianos, los enfermos, los discapacitados, los que no tienen acceso al sistema de salud; son sus vidas desnudadas las que no tienen valor en el discurso del darwinismo social de los países que renuncian a los dispositivos biopolíticos en favor de una supuesta libertad para abrazar tanatopolíticas poblacionales contra los más débiles.

Mientras que la visión jurídico-política clásica de Carl Schmitt (1888-1985) sostiene que la soberanía política tiene el derecho de decisión durante el estado de excepción que sería un orden especial en tanto suspensión del orden jurídico normal, para Agamben es justamente en este estado de excepción como concepto límite el que funda la soberanía política. Así entendido, paradójicamente, el estado de excepción no constituiría la excepcionalidad sino la regla por la cual se vinculan el soberano y la vida nuda a través de toda la historia jurídica occidental desde el derecho romano hasta la actualidad. En síntesis, el poder soberano se funda en la decisión sobre las vidas que valen y las vidas que no.

Para el discurso neoliberal imperante todas las vidas valen igual siempre y cuando puedan valerse por sí mismas, pero no es necesario aclarar que la vida en sociedad es más que la sumatoria de individuos puestos a jugar competentemente un juego limpio. Las políticas de “supervivencia del más apto” llevadas a cabo por algunos países permiten elegir las vidas que importan y las que no, llevando a cabo una discriminación que el virus mismo no es capaz de hacer, exacerbando el dejar-hacer (laissez-faire) en un dejar-morir. En algunos países el discurso liberal ha logrado construir un relato naturalizante acerca de las circunstancias sociales donde la considerada población excedente y/o pasiva, los pobres que cargan con las circunstancias materiales de la opresión sistémica como los negros en Estados Unidos o los indígenas en Brasil, quedan librados a la suerte de su nuda vida.

Gobernar no es sólo aplicar políticas de vida sino también de muerte, al respecto sostiene Derrida (1930-2004) que el concepto mismo de cultura es sinónimo de cultura de la muerte, en tanto que la misma diferencia entre naturaleza y cultura, es decir, entre el animal y el hombre, es la relación con la muerte. De esta afirmación y su trabajo más amplio se sostienen varias cosas: primero, que el trato mortífero que se da a los animales, por ejemplo en los mercados de alimento vivo de Wuhan donde nació la peste del covid19, consistiría en la proyección de lo que los humanos creen que es la muerte para el animal, ya que si el animal carece de sentido de muerte entonces su muerte imposible es necesaria e inevitable; segundo, la naturalización simbólica que opera en el discurso capitalista respecto a la política como laissez-faire no sólo oculta los mecanismos económicos y culturales que otorgan status a las vidas que valen, sino que también vuelven necesarias e inevitables las muertes de las personas, reducidas en su nuda vida, a su más vulnerable animalidad biológica.

Cuestionar los dispositivos biopolíticos no es sólo dimensionar su alcance de control y vigilancia para analizar éticamente su pertinencia, sino también comprender el espacio vacío que ejercen en el discurso las tanatopolíticas naturalizadas por la hegemonía neoliberal, para sopesar un arreglo de medios en torno a fines para salvar la mayor cantidad de vidas durante esta pandemia y poder convertirnos en una mejor humanidad.


Orfeo y Eurídice – Rubens

Por Roma Godoy


Suelo escribir bastante sobre cine y, luego de tanto ejercicio, ya no representa para mí una gran dificultad encarar una reseña ni saber cómo plantearla, pero con este film las cosas no se dieron así. La última obra de la directora francesa Céline Sciamma (*) me impresionó cuando la vi y me vuelve a impresionar hoy cuando me siento a escribir algunas ideas que considero válidas para apreciar su contextura poética. Tal vez que me haya conmovido tanto sea la causa de que este texto no sea más que un laberinto lleno de interrupciones.

Para empezar expongo mi conclusión: este film es un ensayo sobre la mirada. Podrá parecer trivial afirmar que una película se preocupa por la cuestión de la mirada, pues qué película no lo hace. Sin embargo, el punto de vista que propone la directora es tan simple y hermoso que vale la pena prestar mucha atención al modo en que desarrolla su aproximación.

El cine es efectivamente un ensayo sobre la potencia performativa de la mirada, pero esta no es otra película sobre el cine. La autora eligió en cambio la pintura para hablar de una historia de amor prohibido entre mujeres. Con genialidad Sciamma establece una serie de mediaciones entre la mirada y el amor que nos permite arribar sin dificultad al núcleo vital de su obra.


Si mirar y ser mirados es tan importante para pensar la vida humana, entonces también necesariamente lo será para pensar el amor. ¿Y el arte qué papel cumple? Tal vez toque al arte crear el lenguaje que lo haga posible.


Antes de preguntarme por el amor me pregunto por la mirada, ¿por qué? Tal vez porque la mirada tiene mucho que ver con lo que somos como sujetos y como naturaleza. Los antropólogos tienen algunas teorías sobre la anatomía que apuntan en este sentido. El mismo Aristóteles enseñaba tres siglos antes de Cristo que el más valorado de los sentidos entre los hombres es la vista, y luego de él la sentencia no puede más que ser cumplida, y reafirmada una y otra vez. El imperio de la mirada encuentra, por otra parte, muchas confirmaciones a lo largo de la historia, pero este no es el momento ni el lugar para explayarse. Solo menciono que los estudios culturales de hace algunos años se han cansado de escribir al respecto, por lo que a los curiosos no les será difícil encontrar material para profundizar.

Si mirar y ser mirados es tan importante para pensar la vida humana, entonces también necesariamente lo será para pensar el amor. ¿Y el arte qué papel cumple? Tal vez toque al arte crear el lenguaje que lo haga posible .

***

La escena que considero central se encuentra justamente promediando las dos horas de la cinta. Tres mujeres en la intimidad de una cocina decimonónica discuten el sentido del siguiente texto:

(…)

y a Eurídice llaman: de las sombras recientes estaba ella

en medio, y avanzó con un paso de la herida tardo.

A ella, junto con la condición, la recibe el rodopeio héroe,  

de que no gire atrás sus ojos hasta que los valles haya dejado

del Averno, o defraudados sus dones han de ser.

Se coge cuesta arriba por los mudos silencios un sendero,

arduo, oscuro, de bruma opaca denso,

y no mucho distaban de la margen de la suprema tierra.

Aquí, que no abandonara ella temiendo y ávido de verla,

giró el amante sus ojos, y en seguida ella se volvió a bajar de nuevo,

y ella, sus brazos tendiendo y por ser sostenida y sostenerse contendiendo,

nada, sino las que cedían, la infeliz agarró auras.

Y ya por segunda vez muriendo no hubo, de su esposo,  

de qué quejarse, pues de qué se quejara, sino de haber sido amada,

y su supremo adiós, cual ya apenas con sus oídos él

alcanzara, le dijo, y se rodó de nuevo adonde mismo.

(…)

Es imposible no compartir la indignación de una de ellas por la debilidad de Orfeo, que contra las advertencias del dios del inframundo no es capaz de contener su impulso de voltear la vista en dirección a su amada. ¿Acaso desconfió del deseo de su joven esposa de volver a gozar de los frutos del sol? Y en las puertas de la vida la pierde por toda la eternidad.


la imagen rebelde se resiste a su forma original y la mímesis termina por ser solo una excusa para la libertad del espíritu.


Otra de las mujeres igualmente consternada por la imperdonable incontinencia de poseer a Eurídice se pregunta si no fue aquel gesto una decisión del artista que prefirió la memoria a la presencia. Sugiere que el poeta Orfeo prefirió el arte al amor: la imagen prima sobre la realidad que dice representar, la imagen rebelde se resiste a su forma original y la mímesis termina por ser solo una excusa para la libertad del espíritu, que se elige a sí misma antes que a la obstinación de la materia perecedera.

Surge de la dialéctica de estas tres mujeres una lectura más para hacer inteligible el acto fatídico. Por qué no suponer que la misma Eurídice fue quien llamó al esposo. ¿No pudo ser ella la que prefirió la muerte del cuerpo y la libertad del amado?

***

Los tres retratos de Héloïse

La joven debe casarse con un hombre al que desconoce para cumplir con el mandato familiar. Incumplir con su deber se encuentra fuera de su horizonte de sentido. Sin embargo, Héloïse intuye una zona de libertad al que se aferra con todas sus fuerzas.

Un retrato debe ser entregado como parte del contrato entre las dos familias: la imagen de la joven es garantía de que ella cumplirá con su papel de esposa. Dado que la mujer se niega a ser pintada, la tarea ha de permanecer en secreto para poder cumplirse. A su vez deberán ocultar la verdadera identidad de quien ha sido elegida para llevarla a cabo. Marianne entonces es presentada como una dama de compañía encargada de que las horas de Héloïse sean menos tediosas en aquel lejano rincón de Francia dominado por la naturaleza.

Retrato de una mujer en llamas

Algunas pocas escenas bastan para perfilar un mundo exclusivamente femenino donde los varones poco tienen que hacer. No por nada estos solo aparecen al principio y al final de la cinta cumpliendo roles auxiliares que posibilitan simplemente el desarrollo de la trama. Queda claro que para Sciamma son absolutamente prescindibles. Este mundo de mujeres busca deliberadamente interrumpir el orden predominantemente masculino de la vida para descubrir una comunidad autosuficiente donde la colaboración mutua parece ser la regla.

Volviendo a la tarea de Marianne, dado que no cuenta con la modelo debe dedicarse primero a memorizar su cuerpo. Todo el tiempo que compartan lo destinará a fijar en su imaginación sus ojos, su boca, la forma de su oreja, el modo en que sus manos se posan una sobre la otra. Luego recluida en la soledad de su habitación contando tan solo con la luz de las velas la vuelca sobre el lienzo. Es el oficio aprendido de su padre el que hace posible la realización casi metódica del primer retrato.


Solo el amor puede revelar los rasgos auténticos del otro, parece querer decir Sciamma.


Mientras tanto las dos jóvenes se enamoran. Un viaje de la madre les habilita la libertad que necesitan para descubrir qué hay verdaderamente detrás de aquellas miradas que se dedican mutuamente. En la película se plantean como si fueran pocos días, no más de una semana, pero en la vivencia de ambas, y en la del espectador, este amor pareciera extenderse durante una vida entera. Todo es tan dulce y calmo que los instantes se dilatan plácidamente 

La tarea de Marianne finalmente está cumplida poco después que Héloïse conoce el verdadero motivo de su llegada. Ante su retrato sucede que no se ve en él. Y cómo encontrarse si hubo demasiados velos que se interponían a su verdadera forma. El reconocimiento del amor mutuo había transfigurado a las dos mujeres y exigía retomar el encargo desde el principio. Marianne entonces borra el rostro que no pertenece a su amada en un gesto de impotencia: era aquella pintura maldita la que las unía para luego separarlas.

Existe, entre tanto, un primer cuadro sin rostro que también debe ser destruido, devorado esta vez por el fuego. Captar la identidad de la joven fue imposible para un pintor anterior que dejó inconclusa la obra: era un cuerpo sin cabeza. Solo el amor puede revelar los rasgos auténticos del otro, parece querer decir Sciamma. Quizá debemos concluir que fue Marianne la que concedió a Héloïse una representación completa de ella misma. Quizá esta sea su verdadera obra, completarla a través de su amor permitiéndole un acceso a sí misma y haciéndola libre.

El tercer retrato es el definitivo y de él no se puede volver. La aceptación de lo irremediable se sella con la última pincelada, pero también la experiencia del amor. Los caminos de la vida no siempre conducen a tal experiencia, haberlo sentido en la carne propia es un privilegio del que muchos quisieran gozar. Tal vez no sea todo pérdida, tal vez Orfeo no se equivocaba.

***

Última escena: Héloise llora conmovida por el tercer movimiento del Estate de Antonio Vivaldi. Se encuentra sentada en la platea de un hermoso teatro sin saber que Marianne la observa. Nunca más aquellas dos mujeres se volverán a cruzar. 

La tempestad musical es la nave en la que las amantes recorren los paisajes acuáticos de la memoria. Su amor imposible se conserva porque es amor, la imposibilidad que lo determina no es más que una circunstancia irreparable que paradójicamente lo rescata del ritmo modesto de la vida cotidiana para hacerlo trascender. ¿Qué trasciende el amor? El cuerpo, el tiempo y la muerte. Un amor imperecedero vale como arquetipo celeste que orienta en la noche del mundo, pero no satisface a todos los amantes ni podría hacerlo, pues este está hecho de carne deseante y desamparada: antes que perderse en un cielo estrellado prefiere acariciar la mano de aquel o aquella que lo desvela.


El artista tomará la materia y la transformará, y hará de ella su criatura. La vida que le conceda abrigará la singularidad, imperfección y caducidad de quien la contemple.


En cambio puede ser que el artista, como Orfeo, se arroje a otro abismo y escoja la memoria a la presencia. Su arte consistirá en crear imágenes de lo posible. El artista tomará la materia y la transformará, y hará de ella su criatura. La vida que le conceda abrigará la singularidad, imperfección y caducidad de quien la contemple.

***

Concluyo esperando que no se confundan mis sugerencias de lectura con la preciosa obra de Céline Sciamma. Tanto ella como yo luchamos con los límites del signo. También al lector le tocará luchar. En ese sentido siempre es más bello escuchar. Ahora vuelvo al silencio luego de intentar la difícil tarea de decir algo sobre la mirada, el arte y el amor.


(*) Portrait de la jeune fille en feu, Céline Sciamma, 2019 (Francia).


Ph: Mariana Yablon

Por Martina López


Existe la idea de que quienes escriben literatura los realizan un “acopio” para su trabajo. Se trata de entrar en una modalidad vital de observación, de sorpresa, tanto en la lectura como en la vida cotidiana, que permite recolectar diferentes elementos, anécdotas, imágenes, que luego estarán disponibles para ser utilizadas en la escritura de un texto. En muchos talleres de escritura hablan de esta “recolección”, que puede hacerse tanto cuando se leen libros como cuando se viaja en colectivo, se camina por la calle o se está en una reunión familiar. En el primer caso se trataría de desmenuzar la escritura de les autores que nos sorprenden, que nos emocionan, que nos perturban, para comprender sus mecanismos de trabajo – “cómo lo hacen”- y también succionar de sus obras todo lo que nos llama la atención, empaparnos de la literatura que consumimos, dejar que se filtre en nuestra escritura. 

En el caso de las vivencias, sería estar en un estado de alerta o de “distanciamiento” (sin jamás perder la sensibilidad) que permitiría observar las acciones, las relaciones, las palabras de quienes nos rodean, de quienes conocemos y de quienes no, de los objetos, de la ciudad, del mundo, a través de un filtro distinto al de la costumbre. Tal forma de percepción permitiría una concepción poética del mundo, hasta de lo más banal, y esto podría llevar a ideas e imágenes “escribibles”. 

El resultado del acopio que realizan les escritores son formas de archivos. A veces pueden ser archivos mentales, depósitos reflexivos donde quien escribe va guardando y clasificando materiales que más adelante utilizará para su escritura…o terminará desechándolos, o dejándolos olvidados en un rincón oscuro de su cabeza, su cuaderno o su computadora. Lo interesante de este tipo de archivo es que, aunque pareciera estar conformado sólo por ideas, en realidad, al igual que otras colecciones y acervos, lo componen materiales completamente diversos: de distintas texturas, duraciones, orígenes. No faltan en él los recuerdos de la infancia, imágenes difusas de objetos utilizados, palabras que riman, admiraciones, fotografías, versos leídos, sonidos, gestos, la musicalidad de un texto, fragancias, ambientes, dolores, paradojas, rostros desconocidos, preguntas… ¿qué no se utiliza en la escritura? ¿qué cosa puede considerarse un material no literario?

Un archivo socialmente legitimado está conformado por diversos objetos e informaciones que se considera que tienen importancia para la memoria de su comunidad. Son lo que hay que guardar para la posteridad. Implican una cierta forma de percibir y definir el mundo y permiten ser observados siempre desde distintos puntos de vista. Por ejemplo: un archivo personal, si fue manipulado y organizado por su “protagonista”, expresa una mirada sobre sí misme, la imagen que se quiere dejar a la quien lo consulte está implícita en todo lo que la persona decidió resguardar y lo que eliminó, en cómo organizó los elementos, etc. En los archivos nacionales o institucionales sucede lo mismo, son también representaciones de determinada sociedad que se resguardan para la historia. “Monumentos”, diría el medievalista Le Goff en uno de sus artículos. ¿Quién decide allí qué se guarda y qué no? ¿Quién hace el recorte? Por suerte, el paso del tiempo, las investigaciones y el cruce con otros archivos van permitiendo que los objetos adopten nuevos significados y provean a la sociedad de nuevas informaciones. Por eso es importante pensar cómo se hace hablar a estos objetos que, expuestos o conservados, parecen permanecer totalmente mudos. 


El encuentro con el archivo es la percepción de la ambigüedad de los hechos, la necesidad de interpretación con conocimiento de que siempre será posible una reinterpretación.


Los archivos, entonces, no son un discurso uniforme sobre la historia de una persona, un país, una cultura, una institución (aunque muchos tengan pretensiones de mantenerse en un solo punto de vista). El encuentro con el archivo es la percepción de la ambigüedad de los hechos, la necesidad de interpretación con conocimiento de que siempre será posible una reinterpretación. Los archivos permiten siempre – o deberían hacerlo – su re-organización, el constante enriquecimiento de sus informaciones, el rearmado del rompecabezas, el cruce con otros archivos… Esto lleva a veces a un cierto desborde, que pone en duda el recorte temático de los archivos: millones de objetos podrían ocupar un lugar en millones de archivos distintos, por el simple hecho de que la vida es un entramado de elementos e historias que se cruzan entre sí y no una determinada cantidad de compartimentos estancos que flotan en la nada. La importancia de los objetos, de las personas, de las historias es su condición de convivencia, de coparticipación en algo común que los une, los cruza y les permite la construcción de la dinámica social.

Sin embargo, volviendo a la “definición” de la noción de archivo, hay un fuerte preconcepto de que los archivos son lugares muertos donde objetos aburridos y secos se llenan de polvo. No es el propósito de este texto pensar cuáles son las razones por las cuales existen estas ideas, aunque cualquiera puede imaginarlas. Sí lo es pensar en un interesante cruce que puede darse entre el arte y los archivos, que dé lugar a la animación de estos espacios. El teatro, el cine (y todas las disciplinas indisciplinadas dispuestas a hacerse su “acopio” para la producción artística) trabajan de múltiples formas en obras que intervienen documentos. Esto suele devenir en nuevas posibilidades de pensar la historia y de recuperar la memoria. Permiten que los archivos no sólo se dediquen a conservar los objetos con el fin de inmortalizarlos. Si bien es importante su conservación como documentos y testimonios históricos que permiten comprender el pasado, el presente y el futuro, muches archivistas y conservadores creen que, si los acervos se componen de elementos orgánicos o degradables que el tiempo envejece y que un día desaparecerán, no se puede evitar ese proceso. Su exhibición, su conocimiento, son muy importantes también. Sin duda, si se guarda un objeto es para que se lo conozca, se lo piense y sea accesible al público. Si se resguarda un objeto como importante para una sociedad, toda esa sociedad tiene derecho a conocerlo y a conocer las causas por las cuales este objeto tiene un valor patrimonial. En este sentido, esas causas no sólo varían constantemente con el tiempo, el contexto y según quién lo percibe: también pueden variar por una intervención artística que cuestione estas “razones divinas” que nos hacen sentir obligados a conservar algo. Se cae entonces de maduro, que las causas de la conservación del patrimonio documental son convencionales: un objeto “efímero” tiene mayor valor que uno que todo el mundo conservó, un libro dedicado tiene mayor valor que uno intonso… todo lo que de alguna forma participó de nuestra historia adquiere un valor (que tiene una confusa determinación entre lo patrimonial y lo comercial). Interesan aquí entonces las obras que no sólo cuestionan el aura, la inmortalidad y el sentido original de los objetos conservados en los archivos sino también las obras artísticas que trabajan con archivos de lo cotidiano, de lo “mundano”, de la “gente común” y recuperan la memoria comunitaria para reescribir la historia desde otro lugar. Para, además de sacar del pedestal a esos objetos que parecían divinos, poner en funcionamiento mecanismos que dinamizaron la vida pasada. Podría pensarse, en ciertos casos, en una recreación – siempre parcial – de la realidad. Esto no sólo permite repensar las prácticas institucionales que van definiendo nuestra cultura sino también nuestras concepciones de la propia historia, la propia cultura, los relatos, la vida en comunidad, entre otros. Poner a vivir y darles voz a esos elementos de la memoria utilizando los procedimientos poéticos nos hace encontrarnos de otra forma con eso que ya vimos… convertir la unión de dos viejas fotografías en metáfora, el montaje de antiguos videos en ironía, el relato del recuerdo en metonimia. Que la memoria no se encuentre solo en la vitrina inmóvil sino también en el “poner a rodar” la memoria: el diálogo entre los objetos y la vivencia, la experiencia, la práctica, el relato. 

Hay múltiples ejemplos de este tipo de trabajos, solo por mencionar uno, el ciclo Archivos Intervenidos, en el cual el Museo del Cine con el apoyo del Archivo General de la Nación convocó a diverses cineastas a editar piezas fílmicas de su acervo, como cortometrajes didácticos, para crear nuevas obras. Esto no sólo ayuda a llamar la atención sobre la importancia de la digitalización de sus materiales, sino que además da lugar a novedosas formas de leer y reinterpretar imágenes interviniendo su propia forma y dándoles nuevamente lugar en la pantalla. Uno de los ciclos ofrecía como material a intervenir Cine Escuela Argentino, un proyecto creado en 1948 por la Secretaría de Educación de Argentina durante el primer gobierno de Perón que promovía el uso del cinematógrafo como “auxiliar didáctico”. También realizaron una versión del proyecto en la que los estudiantes de distintos colegios intervinieron fílmicamente fragmentos del noticiero cinematográfico Sucesos argentinos. Esa experiencia dio lugar a que les jóvenes conocieran una forma en que se pensaban y representaban sucesos de la realidad político-social hace casi un siglo y que imaginaran cómo podrían modificar esos materiales de forma tal que expresaran su forma de pensar esos hechos hoy en día. 


“Que la memoria no se encuentre solo en la vitrina inmóvil sino también en el “poner a rodar” la memoria: el diálogo entre los objetos y la vivencia, la experiencia, la práctica, el relato.


Fernanda Pinta, por su parte, en su artículo “Puesta en escena, puesta en serie. Prácticas artísticas y curatoriales en el teatro argentino contemporáneo” (2015) también describe una experiencia en esta línea. Ferrowhite es un Museo compuesto por una colección de piezas ferroviarias que se rescataron de la privatización de las empresas de trenes nacionales. Para poder dar cuenta de la historia de estos objetos, se entrevistó a trabajadores del rubro que reconstruyeron su utilización y el contexto de ese trabajo. Se convocó a Vivi Tellas, quien dirigió el proyecto de teatro documental Nadie se despide en White, donde diversos espectáculos protagonizados por estes “protagonistas de la historia” comparten sus archivos y experiencias con los espectadores, sus relatos personales sobre sus propias vidas. Se cruzan, en la recepción de la obra, la vida personal y la historia general a través de la escucha y de la percepción de un cuerpo vivo (con sus gestos, miradas, silencios) que va rescatando la memoria frente a los ojos de los espectadores. Esos relatos construyen un contexto y una historia a los objetos, todo con el fin de contar y repensar. De juntar las piezas que están dispersas para armar y reamar las múltiples formas que adopta nuestra memoria. Los archivos públicos pueden ser pensados, entonces, como parte del espacio de los archivos del acopio de los artistas. Desde las instituciones nacionales, provinciales, municipales, se pueden abrir los acervos como material de producción de experiencias a través de las cuales el público se encuentre con las historias desde nuevos puntos de vista, para poder pensar cómo vive (o preferiría vivir) su realidad actual.


Ph: Pexels

Por Agustina Arrigorria

La pasión del fútbol no admite grises, entre odios y amores se recibió la noticia más temida por los hinchas y más deseada por algunos clubes: el VAR sería implementado en el fútbol local post pandemia. Mucho antes, en febrero, algunas autoridades de la IFAB, la FIFA y la Conmebol se reunieron en nuestro país con miembros de la AFA y de la Liga Profesional de Fútbol para desarrollar el programa de implementación y asistencia para las nuevas tecnologías de arbitraje. A pesar del rechazo de periodistas, clubes pequeños y fanáticos, la enorme inversión técnico-económica necesaria, y la escasa evidencia que pueda demostrar una mejora significativa que justifique su implementación, el VAR se instala como respuesta a un imperativo de la transparencia que también afecta al área deportiva.

El videoarbitraje, popularizado por las siglas VAR (Video Assistant Referee), es un sistema de asistencia tecnológica arbitral cuyo objetivo es aminorar y/o evitar el error humano en los juegos deportivos.

Mucho antes de su aparición en el fútbol, la tecnología de arbitraje ya había sido implementada en otros deportes con características de adaptación a cada uno de ellos. El caso más conocido es el del tenis, donde el llamado “ojo de halcón” opera hace más de una década en los torneos que cuentan con canchas equipadas, en él cada jugador puede pedir la revisión hasta llegar a los tres errores por set. En el básquet, la Euroliga y la NBA ya habían implementado un procedimiento aplicable a cualquier momento del partido por decisión arbitral, mientras que en la ACB solo se aplica a los dos últimos minutos de cada cuarto. En el fútbol americano esta tecnología permite a los árbitros revisar por default todas las anotaciones y pérdidas de pelota y a los técnicos de cada equipo una oportunidad para revisar cualquier jugada, en el último caso, la decisión del árbitro se mantiene salvo que la revisión de video ofrezca una muestra de evidencia irrefutable. Similar al caso anterior, en el hockey cada técnico tiene la oportunidad de revisar una jugada, de corroborarse la intención puede solicitarse nuevamente una revisión, de lo contrario se pierde esta posibilidad. 


…el VAR se instala como respuesta a un imperativo de la transparencia que también afecta al área deportiva.


El imperativo de la transparencia es la normatividad del semiocapitalismo: eficacia, eficiencia, positividad, exposición, evidencia, información, aceleración y control. El modelo actual de vigilancia se extiende a todas las áreas de la vida, desplazando el modelo panóptico de control externo por una introyección del mismo en forma de autocensura: los sujetos saben que son vistos y actúan en consecuencia ajustándose al ideal de transparencia. Ni siquiera las áreas lúdicas como el deporte escapan a la nueva norma donde todo debe ser mostrado y visto.

En su libro La sociedad de la transparencia, Byung-Chul Han analiza este mandato en relación a diversos puntos del análisis. En la sociedad transparente las acciones se vuelven operacionales y por tanto, sometidas a procesos de cálculo, dirección y control. Es por ello que decimos que en el semiocapitalismo el mandato de transparencia habla el lenguaje de la empresa: en él la operacionalidad de los procesos optimiza el tiempo, lo homogeniza y despoja también de toda posible eventualidad. El tiempo transparente es matemáticamente discreto, finitamente divisible, entre un momento y otro no puede haber más que aquello que ha sido contado. En el deporte digitalmente vigilado las jugadas no se miden por su belleza, la gambeta pierde sentido frente al gol, la anotación ya no es lo más importante sino lo único que cuenta.

Byung-Chul Han ha dicho también que la transparencia está asociada a la positividad. La sociedad de la negatividad, el conflicto y el resto pierden fundamento frente a la sociedad positiva, en la que no hay acciones sin gobierno, en ella no hay lugar para fenómenos azarosos. Pero el deporte no es solo táctica y estrategia, la contingencia reviste el principal aspecto lúdico de una actividad que no puede desarrollarse sin azar y sin belleza. Así, la positividad representa una paradoja fundamental para el fútbol: su aspecto funcional y motivacional más importante está dado, tanto para jugadores como para espectadores, en el carácter agonista de la competencia, ya que la negatividad divide entre amigos y enemigos un juego que solo tiene sentido por la lucha entre los mismos. Al respecto, podría decirse que la energía libidinal del juego quedaría castrada anulando la polémica oposición entre menottistas y bilardistas: mientras que el VAR desestima los aspectos estéticos del juego menottista, también deshace las estrategias más controversiales y sutiles del enfrentamiento futbolístico bilardista.


La remisión al deseo y al goce no tienen lugar en la sociedad de la transparencia.


La remisión al deseo y al goce no tienen lugar en la sociedad de la transparencia, en ella todas las cosas, convertidas en mercancía, deben exponerse para ser cosas en sí mismas, las imágenes tienen mayor trascendencia que la existencia misma. La belleza estética asociada al juego de lo que se oculta y lo que se muestra, pierde sentido frente a una pornografía de total exposición, donde la positividad desnuda el encanto detrás de cada acción. 

En relación con este carácter de desnudez y la anemia libidinal que propone el imperativo de transparencia, otra característica de esta sociedad según Byung-Chul Han es su ponderación de la evidencia como mecanismo procedimental, ya que “la coacción de la transparencia elimina espacios de juego del placer”. Aunque la profesionalización del deporte suponga una mayor solemnidad respecto al amateurismo y su tecnificación sea parte esencial de la misma, el aspecto lúdico sigue siendo el más importante a la hora de disfrutar el deporte como jugador o como espectador, y es importante en ese sentido preguntarse por el valor del mismo ¿está bien que todo placer estético o recreativo quede soslayado por el perfeccionamiento en términos operativos? ¿es necesario? 

Uno de los mayores hitos futbolísticos de la Argentina fue y sigue siendo el gol con la mano de Diego Maradona en la selección nacional frente a Inglaterra en el mundial del ‘86. La estetización de la trampa consistió en el placer de la gloria deportiva que condensaba, sublimaba y simbólicamente subvertía una historia de dolor y sometimientos económicos, bélicos y políticos frente a una de las más grandes potencias de su tiempo. Este no es un juicio normativo sobre lo que debió ser, sino más bien uno descriptivo sobre lo que efectivamente fue. Frente a la mano invisible del neoliberalismo tatcherista, la mano de Dios fue el sentimiento de una restitución ante otras pérdidas que volvían “picante” el encuentro deportivo y consagraban a Maradona como ídolo de un sentir nacional. Pero el análisis de arbitraje tecnológico no solo anularía esta jugada por ser considerada fraudulenta, sino que al dividir el análisis futbolístico en acciones permitidas y no permitidas, terminaría reduciendo el juicio estético a la operatividad en que todas las jugadas son iguales en tanto cumplan con el criterio de aceptable o no, en desmedro del dinamismo y la belleza futbolística. Entendido de ese modo, el llamado gol del siglo, el otro punto anotado por Maradona en el mismo partido tras una jugada extensa desde la media cancha sorteando a toda la defensa del equipo, valdría lo mismo que cualquier otro tanto. Y no es que los goles no valgan lo mismo, pero la apreciación estética de una semántica abierta permite resignificar un gol como un hito, un evento único e irrepetible, más allá de la cuantificación del objetivo. En contraposición a esta narrativa, la sintáctica cerrada y rígida con que se calcula la operacionalidad de las jugadas, reduce todos los goles a una secuencia discreta donde no hay lugar para captar la belleza.


Frente a la mano invisible del neoliberalismo tatcherista, la mano de Dios fue el sentimiento de una restitución ante otras pérdidas que volvían “picante” el encuentro deportivo y consagraban a Maradona como ídolo de un sentir nacional.


Este último punto puede esclarecerse en relación al tratamiento que Byung-Chul Han da a la información: la sociedad de la transparencia carece de verdad y de apariencia, la belleza se vuelve insignificante en tanto no constituye un dato relevante. La aceleración de la sociedad transparente radica en estos últimos, los datos almacenados permanecen iguales a sí mismos, los cuales para Franco “Bifo” Berardi conforman una ordenación sensible conectiva.

En Fenomenología del fin, Bifo sostiene que la actual mutación digital está invirtiendo la forma de percepción sensible desde el modo de concatenación conjuntivo al conectivo. La conjunción remite a la habilidad creativa para comprender y crear significaciones emergentes desde el caos de lo real, permitiendo concebir un acontecimiento en el tiempo como algo irrepetible y singular. La conexión, propia del semiocapitalismo contemporáneo, modo privilegiado de la sociedad de la transparencia, transforma la comprensión en un mero acto de adaptación sintáctico puramente intelectual. Es en este sentido que podría decirse que las tecnologías reducen todo evento temporal a un mero dato acumulable cuantitativamente frente a otros, debilitando la experiencia personal.

Análogamente a los procesos de operacionalidad empresariales, económicos y políticos, en el deporte también quiere ponderarse la tecnocracia por sobre el decisionismo. El árbitro, considerado aquí en su función operativa de forma casi maquínica queda anulado como deportista pero también como subjetividad decisiva. Como profesional del deporte, el árbitro también desarrolla personalmente su técnica y su perfeccionamiento a partir de sus habilidades propiamente deportivas: el entrenamiento físico y la agudeza crítica son parte esencial de su tarea en el campo de juego, y por ende, aunque cumpla un rol fundamental como mediador de los conflictos y observador punitivo de las faltas, su error debería considerarse parte del juego como también lo es el error de los jugadores al patear una pelota fuera de la cancha o perder la anotación de un tanto pegando en el travesaño. Como encargado de la decisión, el árbitro tiene la responsabilidad de aplicar el reglamento como un juez aplica la ley, de una forma interpretativa que da cuenta de la semántica abierta que cualquier normativa propone. Entendida en su potencia decisionista dicha tarea tiene tres características fundamentales: una relativa autonomía respecto de la norma, una orientación ordinativa que se mueve en la paradoja de escapar a la norma para asegurarla y su carácter de aplicación personal. La decisión es el aspecto restante de la ley ya que asegura su ejecución por mecanismos externos a ella, en este sentido, la operación es subjetiva y no puede reducirse a un mecanismo puramente operacional.


Análogamente a los procesos de operacionalidad empresariales, económicos y políticos, en el deporte también quiere ponderarse la tecnocracia por sobre el decisionismo


Otro rol clave que sería completamente opacado e incluso técnicamente desplazado, es el de los jueces de línea o árbitros asistentes, ya que la implementación del VAR podría reemplazar su trabajo como una máquina al trabajo manual de un obrero, justificando posteriormente la eliminación de su tarea en pos de una eficacia modernista.

Podría argumentarse a favor de esta tecnocratización del deporte como respuesta resolutiva para los conocidos casos de parcialidad y corrupción a los que se llama “compra de árbitros”, sin embargo, no puede demostrarse que efectivamente las tecnologías de arbitraje solucionen este problema. Primero, porque efectivamente ante un mismo hecho o en este caso una misma imagen reproducida tecnológicamente incluso en cámara lenta dos personas pueden ver y no ver lo mismo: por ejemplo, cuando vemos un mismo golpe pero interpretamos de modo distinto la intencionalidad del jugador, en este caso, la penalidad de la jugada varía de acuerdo a si el jugador quiso patear la pelota o a su contrincante; otro ejemplo podría ser cuando vemos un mismo golpe, interpretamos la misma intencionalidad, pero aún así la intensidad o el contexto de la jugada nos indican la resolución por distinta penalidad, es decir, si una jugada merece ser penalizada simplemente con un tiro libre o una tarjeta amarilla. Esta diferencia subjetiva no parece poder reducirse a una decisión tecnológica, por el contrario, la tecnología se convierte en el elemento de apoyo empírico para una u otra decisión, ya que además no todas las jugadas pueden evaluarse una y otra vez. Segundo, porque las tecnologías no son completamente neutrales sino que están al servicio de quien las utiliza y toda retórica de invisibilización de este carácter subjetivo, no hace más que confirmar el poder que opera detrás de ella escondiéndose en una pretendida neutralidad operativa. Tercero, porque efectivamente los reclamos por injusticias en el fútbol y las sospechas de corrupción no han terminado de darse en las ligas donde el VAR se implementó, por ejemplo, la parcialidad por el uso de las tecnologías en favor del Real Madrid y las polémicas suscitadas en la última copa Libertadores de América.

El VAR en el fútbol funciona más o menos así: el árbitro se comunica por auricular con los jueces de video que están que forman el equipo del VAR en una cabina estilo panóptico digital que carece de óptica perspectivista (la AFA se encontraría implementando esta tecnología en una central de cómputos en Ezeiza) y ante irregularidades en jugadas de gol, penal, expulsión directa o confusión de identidad, tanto el árbitro como el juez de video pueden solicitar la revisión de la jugada comunicándose por auricular. El árbitro puede aceptar el criterio de los jueces de video o ver él mismo el video y tomar su propia decisión. 

Sostiene Byung-Chul Han que la sociedad de la transparencia propone un estado de simetría que aspira a eliminar las relaciones asimétricas. Pero la pluralidad de árbitros y la discrecionalidad con que se maneja la información acorde a criterios personales no anula la jerarquización del poder ni la posibilidad de que se sancione parcialmente en conjunto, tal como ha sido denunciado por fanáticos en varias ocasiones. A pesar del imperativo de transparencia, la imagen no diluye el poder y la asimetría que este genera. De hecho, los únicos miembros habilitados para solicitar la repetición son el árbitro y el asistente de video, pero ni los jugadores ni el técnico tienen la potestad para reclamar la revisión de jugada, por el contrario, ante su protesta pueden ser sancionados.


A pesar del imperativo de transparencia, la imagen no diluye el poder y la asimetría que este genera.


Ante esta posición asimétrica mayormente pronunciada una solución imparcial podría ser, como en otros deportes, que los equipos puedan solicitar el VAR, lo que resultaría más simétrico y democrático, pero debería también limitarse con el objetivo de no obstruir la dinámica liviana de juego tan característica del fútbol.

En última instancia, cabe pensar si a pesar de las mejoras en la implementación tecnológica, es necesario en el ámbito deportivo, principalmente lúdico, recurrir a un dispositivo de transparencia en una sociedad plagada de imperativos de exposición, vigilancia y control. El mundo, y en este caso particular el fútbol, es significativo porque ha sido permeado por la creación afectiva de sentido en las áreas veladas del juego y no porque haya sido una imagen transparente a todos los jugadores, espectadores en la cancha y televidentes. De todos modos, cabe esperar que ante la estrategia de desplazamiento de lo humano en favor de la tecnología, exista un espacio y una retórica de resistencia, sobre todo en un deporte tan apasionante como el fútbol, para los cuerpos que no pueden subsumirse en el intelecto maquínico del capital.


Ph: Melina Gómez

Por Agustina Arrigorria


Desde sus orígenes en el poema de Parménides o la obra de Platón, la filosofía ha buscado incesantemente encontrar una verdad permanente, inmutable, única y trascendente que sirva de fundamento a priori para comprender la multiplicidad cambiante de lo real. Muchos siglos han pasado desde aquellos pensadores de la antigüedad griega, y sin embargo, a pesar de los aportes posteriores de la tradición empirista, la imposibilidad del origen según Nietzsche, o la deconstrucción del fundamento en la obra Derrida, el apriorismo sigue constituyendo un vicio filosófico, que desde el ámbito ontológico se ha trasladado al epistemológico, impidiendo comprender la realidad a través de conceptos teóricos sino, contrariamente, adecuándola al marco teórico previamente establecido.

Puede ser la urgencia por la palabra, el éxito indiscutible de la novedad, la inmediatez impuesta como fundamento de lo real o simplemente el sedimento narcisista de quienes ocupan un lugar preponderante en la tarea consagrada de lo intelectual, pero lo cierto es que figuras altamente notables del mundo de la filosofía -como Žižek, Agamben, Chul Han y Preciado, entre otros- no han titubeado a la hora de emitir su crítica sobre la pandemia y para sorpresa de nadie, todo lo que vieron en ella es la confirmación de sus posicionamientos previos, haciendo slogans de sus más álgidos conceptos. 

Lejos de la demora nietzscheana o el camino heideggeriano, el discurso de lo inmediato se instala performativamente a través de un ejercicio de prolepsis. La prolepsis puede definirse etimológicamente como el conocimiento anticipado de una cosa. Como figura retórica, describe la actitud a través de la cual el emisor expresa una objeción a su propio argumento para responderla inmediatamente y así fortalecer su posición. En historiografía, la prolepsis designa el prejuicio con que el historiador se aproxima a la comprensión de un acontecimiento imprimiendo en él la confirmación de su hipótesis previa, guiando la investigación a partir de ciertos elementos que tiendan a confirmar su opinión en una cosmovisión coherente con el sistema.

Con su verborragia e incontinencia textual característica, Slavoj Žižek no solo ha escrito numerosas notas de opinión para medios de comunicación, sino que ha compilado estos escritos en un volumen mayor: ¡Pandemia! COVID-19 sacude al mundo. Su último libro está enteramente destinado a la reflexión sobre la epidemia que se ha extendido por todo el planeta. Aunque algunas cuestiones resultan de vital importancia a la hora de pensar la política actual, como la paradoja entre globalismo económico y potencialidad de las catástrofes ambientales, la tensión entre la libertad de expresión y el acatamiento de las órdenes sanitarias, y la forma en que las naciones se han posicionado en favor de uno u otro polo de esta relación, es menester evidenciar que la mayoría de sus posicionamientos no son más que el refuerzo de sus lecturas anteriores. Cuando el pensador esloveno escribe “Comunismo o barbarie ¡Así de simple!” no hace más que acercarse a una lectura sesgada y reduccionista de la realidad que reafirma sus prejuicios. Por una parte, su análisis recae en una suerte de idealismo filosófico al desestimar las condiciones materiales del brote de COVID19: la mutación zoonótica provocada por el sistema carnivorista y la expansión de la frontera agraria. El ecologismo, al cual él mismo minimizó a través de toda su obra como un movimiento banal que discutiría en la esfera superestructural de la política, es en verdad el discurso estructural que revela de forma crítica el sentido de la economía. Discutir el capitalismo, en este sentido, debería incluir el desvelamiento de las relaciones de producción mundial basadas en la destrucción ambiental y la ingesta animal en tanto pilares básicos de la expansión y acumulación necesarias del modelo económico global. Por otro lado, que el capitalismo necesite la explotación de los recursos naturales para su funcionamiento no significa que todo poscapitalismo sea necesariamente ecologista, en este sentido, la batalla discursiva sobre la ecología debe ser considerada un elemento central para el redireccionamiento de una política sustentable a nivel económico y ambiental. Sin ir más lejos, el brote viral tuvo su lugar de aparición en la República Popular China, que no sostiene el modelo típicamente capitalista sino un sistema mixto de producción y distribución. Y por último, no todo poscapitalismo es un comunismo tal como lo expresa Žižek, por lo que el binomio comunismo-barbarie debería resultar inadecuado tanto para leer la realidad como para proponer una proyección emancipatoria real.

Discutir el capitalismo, en este sentido, debería incluir el desvelamiento de las relaciones de producción mundial basadas en la destrucción ambiental y la ingesta animal en tanto pilares básicos de la expansión y acumulación necesarias del modelo económico global.

En respuesta a Žižek, Byung Chul Han en su nota del 22 de marzo titulada La emergencia viral y el mundo del mañana sostuvo: “El virus no vencerá al capitalismo. La revolución viral no llegará a producirse. Ningún virus es capaz de hacer la revolución. El virus nos aísla e individualiza. No genera ningún sentimiento colectivo fuerte”. Es cierto, un virus no alcanza para destruir al capitalismo, pero sí para golpearlo, desestabilizarlo y generar nuevas perspectivas y subjetividades en relación a una coyuntura de crisis que cristaliza los problemas estructurales de una sociedad profundamente desigual. Los países donde la pandemia ha sido controlada con mayor éxito refleja contrariamente a sus declaraciones que son las acciones colectivas y no las individuales las que pueden mitigar los problemas que aquejan a nuestras sociedades. También parece equivocarse Chul Han cuando sostiene que “el big data resulta más eficaz para combatir el virus que los absurdos cierres de fronteras que en estos momentos se están efectuando en Europa” o así lo demuestra Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique en Español, en su nota Coronavirus: La pandemia y el sistema-mundo a partir de los datos oficiales de los Estados-nación, la OMS y los medios de comunicación. Para Chul Han el cierre de fronteras -atribuído erróneamente por él solamente a Europa- se aferra a viejos modelos de soberanía, ya que en consonancia con su ensayo La sociedad del cansancio la época actual se caracteriza por el abandono del paradigma inmunológico basado en la negatividad del enemigo por una sociedad excesivamente permisiva. Resulta curioso que el pensador coreano no vea las contradicciones mismas y no tan recientes de un sistema que globaliza y desterritorializa el capital al mismo tiempo que endurece las barreras migratorias, como en el caso de los migrantes orientales muertos en las costas europeas o la construcción del muro de Estados Unidos con México.

Una de las intervenciones más descabelladas e irresponsables en términos políticos ha sido la de Giorgio Agamben quien sostuvo una hipótesis pseudo-conspirativa en su nota La invención de una epidemia en la que insiste con aplicar incesantemente a toda realidad su concepto filosófico de estado de excepción. Para él, los gobiernos y los medios de comunicación generaron voluntaria y arbitrariamente una difusión del pánico que no se condice con los datos epidemiológicos disponibles con el objetivo manifiesto de generar un estado de excepción que permita militarizar territorios y establecer un control absoluto de los individuos mediante la restricción de sus libertades individuales como un fin en sí mismo.

En respuesta a la postura paranoica de Agamben sobre la epidemia y sus posteriores declaraciones que equiparaban a los profesores que daban clases virtuales con colaboradores del régimen nazi, varios pensadores expresaron su disconformidad, entre ellos, su amigo Jean Luc Nancy, quien sostuvo que la excepción no es solo política sino viral, biológica, informática y cultural, y que es necesario comprender que en este momento toda la civilización tal como la conocemos está siendo cuestionada. Criticando la cerrazón y el dogmatismo de su amigo, Nancy cerró su exposición con una anécdota personal: “Hace casi treinta años, los médicos juzgaron que tenía que someterme a un trasplante de corazón. Giorgio fue una de las pocas personas que me aconsejó que no los escuchara. Si hubiera seguido su consejo, probablemente habría muerto pronto”. 

También Franco “Bifo” Berardi escribió una opinión en consonancia con su obra anterior planteando al COVID19 como un virus semiótico que “prolifera en el cuerpo estresado de la humanidad global” destacando la primicia de una crisis que no proviene del sector económico-financiero sino del cuerpo. Su descripción sobre los cuerpos sustraídos al capital promueve una visión estratégica para la construcción hegemónica de un mañana alternativo que conjugue de modo saludable economía y biología con propuestas puntuales como redistribución del ingreso, mejoras en el sistema de salud y reducción del tiempo de trabajo. Sin embargo, es necesario remarcar que la dimensión corporal está enlazada con la economía de una forma mucho más estructural: no son solo nuestros cuerpos los que sufren el sistema, sino también los de los animales no humanos, invisibilizados, quienes son hacinados, asesinados e ingeridos causando mutaciones zoonóticas que concluyen en catástrofes sanitarias como la actual. Las buenas intenciones de un futuro más justo según Bifo dejan de lado los factores más importantes de la causa de la pandemia de coronavirus.

Ph: Christian Cándido

Al respecto, Judith Butler aseguró que el virus por sí mismo no discrimina pero los humanos sí, y que esta segregación se da por criterios nacionales, raciales, sexistas y xenófobos. Su pronóstico coyuntural sostiene que “es probable que en el próximo año seamos testigos de un escenario doloroso en el que algunas criaturas humanas afirmarán su derecho a vivir a expensas de otros”, pero es curioso que en relación al análisis de vidas que importan más que otras también Butler caiga en un antropocentrismo que no considera el especismo como una forma de discriminación al animal no humano, cuando este sería el grado cero de la cuestión de la actual pandemia. Científicos y comunicadores, entre los que se encuentra la primatóloga Jane Goodall advirtieron sobre los peligros de enfermedades zoonóticas causadas por el tráfico de especies, la destrucción de ecosistemas y la ganadería industrial. Es por este motivo que es necesario destacar que si hablamos de discriminación, son los cuerpos de los animales no humanos los que parecen efectivamente no importar.

La invisibilización del animal ha llevado a filósofos consagrados como Paul Preciado a sostener que incluso el título y la ilustración del libro Sopa de Wuhan, para el cual él mismo escribió un artículo, cosifica y culpa a la sopa, a los murciélagos y a China. Si bien es cierto que los animales no tienen la culpa de las políticas humanas y estas últimas no se reducen a una geolocalización o nación en particular, no puede perderse de vista que efectivamente el virus tiene un origen en la mutación del virus causada por la ingesta de animales exóticos. Claro que los animales considerados de granja también portan mutaciones de este tipo, como ya han demostrado tristemente los pasados episodios de gripe porcina o aviar, sin embargo el borramiento del animal no se traduce inmediatamente en una actitud compasiva para el mismo. Silenciar la idea del origen pandémico de la mutación viral no salva a los animales no humanos de la cosificación simbólica, por el contrario, esconde los modos de producción de los cuales ellos mismos son esclavos. Es justo mencionar al respecto que Preciado no ha eludido por completo la cuestión animal como otros de sus compañeros, por lo que en otra ocasión ha manifestado: “La Covid-19 ha legitimado y extendido esas prácticas estatales de biovigilancia y control digital normalizándolas y haciéndolas ‘necesarias’ para mantener una cierta idea de la inmunidad. Sin embargo, los mismos Estados que implementan medidas de vigilancia digital extrema no se plantean todavía prohibir el tráfico y el consumo de animales salvajes ni la producción industrial de aves y mamíferos ni la reducción de las emisiones de CO2. Lo que ha aumentado no es la inmunidad del cuerpo social, sino la tolerancia ciudadana frente al control cibernético estatal y corporativo”.

El problema fundamental del apriorismo filosófico no se ciñe únicamente al sesgo intelectual que se perpetúa dentro del ámbito académico de las humanidades, la tarea filosófica de describir y comprender el mundo no permanece completamente alejada de la idea práctica de cambiarlo.

Si bien es necesario mencionar que Preciado se ha centrado principalmente en las causas y consecuencias materiales de la pandemia, manifestando un análisis más exhaustivo de la cuestión, su lectura del concepto de biopolítica foucaultiano enfatiza más en los aspectos negativos del control estatal y la vigilancia cibernética que en las consecuencias materiales que esto ha tenido a la hora de salvar vidas. No son solo políticas de la vida, sino también políticas de muerte, las que han sido llevada adelante por las naciones más atravesadas por el paradigma neoliberal, descuidando bajo excusa de una suerte de selección natural las vidas que consideran menos productivas: los ancianos, los enfermos y los discapacitados.

El problema fundamental del apriorismo filosófico no se ciñe únicamente al sesgo intelectual que se perpetúa dentro del ámbito académico de las humanidades, la tarea filosófica de describir y comprender el mundo no permanece completamente alejada de la idea práctica de cambiarlo. La importancia de los conceptos filosóficos radica principalmente en su potencialidad para conocer y explicar la realidad, no para coartarla y amoldarla a los conceptos reificados previamente con fines estéticos o literarios. La crisis desatada por la pandemia produjo un cimbronazo en la percepción del estado de las cosas, emprender la filosofía críticamente como camino y demora quizás exija hacer un ejercicio de epoché, ejercer una suspensión del juicio crítico hasta ver lo que la misma realidad revela de sí. La tarea de pensar el mundo está en nuestras manos y para ello, es necesario redirigir la mirada al mismo y no solamente a los libros.