Autor

Sabrina Sosa

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Ph: Lucía Peluffo

Por Gonzalo Sanguinetti


Leer los poemas de Gonzalo Sanguinetti nos enfrenta a la paradoja de la lectura: sucede fuera del tiempo pero en el tiempo. Ahí estás frente a los textos con tu cuerpo, tu historia y los pendientes que registraste en tu agenda (y los que te negaste a escribir). Y sin embargo todo lo que sucede no sucede aquí, sucede más allá. Imaginen ese instante preciso en que los brotes de los árboles estallan de vida sin aviso… como todos los años, como en todos los ciclos… algo nuevo e irrepetible aparece. Así es la belleza de la poesía de Sanguinetti.


I.

intimidamos misterios 

empuñando nombramientos 

ya heridos de silencio 

herida es huella que hizo boca  

hablamos para cicatrizar 

abriendo 

puntuamos el morir 

viviendo 


II.

a orillas de la voz 

relumbran 

insumisiones del silencio 

rumores de alas 

intrigas encantadas de inminencia 

pero quién ayunará nombres 

para oír lo herido 

cantar lo indecible?


III.

cuándo será 

que haremos vida 

así… 

como hacemos verso 

con extática gentileza 

declarado temblor 

y anhelada evanescencia 

acariciada ingravidez 

así… 

como nos hace un beso 

deshaciéndonos aparecer 


IV.

anidar 

sobre el reparo de la nada 

entre el diluvio de ruido 

abrigar un silencio leve 

ante la velocidad impasible 

demorar el gesto de existir 

en el cultivo de la espera 

escuchar crujir el mundo 

suelo fecundo  

del que nacerá todo derrumbe 


V.

qué hacer con esta rotura 

                  de mundo? 

morimundo de sí  

llaga que nos es 

alguien pregunta dónde  

             recibir a quienes vendrán? 

                       quienes ya están sin dónde? 

labraremos en la espera 

el lugar de una venida? 

escribiremos en las palabras 

memorias de silencios que fuimos? 

podremos cantar las alas de algún pájaro? 

tender a la rotura 

hundir allí la escucha  

herirse de locura 

lo demás es una extensa fatiga 

aún resta concebir manos 

que escriban lo imposible 

mientras tanto 

hacemos poesía


*Gonzalo Sanguinetti: Nació en la Ciudad de Buenos Aires (1989) y aún vive allí. Se graduó en Psicología (UBA) y se encuentra preparando su tesis de maestría sobre poesía y hospitalidad. En 2020 editó, junto a Milena Caserola, su primer poemario titulado Versuras. Como docente cultiva escuchas y preguntas en aulas públicas de la Facultad de Psicología de la UBA. Habita espacios y tiempos clínicos con voces que deciden conversar con sufrimientos que las habitan. Vive encantado por el asedio poético de palabras, por lo que dice el silencio y lo que anida en lo imperceptible… Misterios a los que no puede desobedecer.

**Algunos de los poemas de “En la intimidad de la lengua” fueron editados en Versuras, otros son inéditos. La curaduría es de Roma Godoy.


Todas las fotografías de esta serie son de Lucía Peluffo.

Lucía Peluffo estudió Diseño Industrial en la UBA y se formó en los talleres de Lena Szankay, Proyecto Imaginario y Agustina Triquell, entre otros.

En 2016 publica el libro “Somos uno. Somos dos”. Fue finalista en el Festival Encontros da Imagem (Portugal) y en el Premio al Fotolibro Latinoamericano del Museo Cuatro Caminos (México). Proyectó este trabajo en el Tbilisi Photo Festival (Georgia).

Con la serie “Isabel” participó en festivales como Itinéraires des Photographes Voyageurs (Francia), San José Foto (Uruguay) y Voies Off (Rencontres d’Arles, Francia), y en muestras colectivas e individuales en espacios como Alimentación General y la Fundación ICBC. En el año 2019 presentó el libro de esta serie en Ivorypress (España), coeditado junto a Gonzalo Golpe y el estudio Underbau.

El año anterior gana una mención en el premio de maquetas FELIFA-Futura con el libro “No sé si es una tormenta”, donde Federico Paladino, editor de La Balsa, conoció el trabajo y decidió publicarlo un año más tarde.

En el 2020 realizó el proyecto “Una tentativa de equilibrio” en el marco de la Residencia 1plus2, en Toulouse (Francia), que finalizó en una exposición y publicación por la editorial Filigranes. Este será expuesto en 2021 durante el festival Boutographies (Francia).

Obtuvo el 3° Premio en los Tokyo International Foto Awards en 2016 y fue finalista de los premios Francisco Ayerza (2016 y 2017), del IV Premio ArtexArte y del VI Premio AAMEC.

Actualmente trabaja de manera independiente como diseñadora editorial e industrial, en el desarrollo de exposiciones; y vive entre Argentina y Francia.

Para conocer más de su obra pueden visitar su sitio web:  https://lulupeluffo.com/


Melina Gutman es pintora, animadora y diseñadora de Imagen y Sonido por la Universidad de Buenos Aires. Se formó en técnicas visuales con artistas como Grupo Presente, Decur y El Waibe. Su original obra combina trabajos de animación, cine, video, fotografía, pintura, dibujo e historieta. Lxs invitamos a explorarla.


Melina trabaja sobre distintas dimensiones de lo familiar y lo íntimo desde el detalle, la singularidad, la grieta en la piel, el gesto que asemeja y diferencia, el recuerdo intermitente, el desglose minucioso de lo conocido.

Una de sus obras más destacadas es la videoinstalación Marea, realizada en 2017. Esta incluía una serie de animaciones hechas a partir de pinturas, montadas sobre una pared en la recreación de un espacio doméstico. Expuesta en Satélite XIV, Marea abrió para la artista un campo de investigación en el cruce entre el audiovisual y las técnicas plásticas:

“Marea es una animación pintada cuadro a cuadro que busca representar y transitar las fotos y viajes familiares, filtrados por los azules tintes de la memoria. Revive y eterniza esos instantes cotidianos, a los cuales se puede acceder entrando al set de un living que resulta familiar”.

En el mismo año expuso en la muestra Barnum una pintura al óleo titulada Lo que nace conmigo, mosaico familiar basado en fotografías. También participó como directora en el área audiovisual de la Bienal de Arte Joven 2017 con su cortometraje Miscelánea familiar, documental experimental que utiliza una serie de fotografías carnet de su familia y las resignifica al acompañarlas de una construcción sonora basada en las distintas percepciones personales de los recuerdos: 

“Mi búsqueda personal ahonda los espacios de la memoria familiar, el sentido de pertenencia y su relación con el retrato cotidiano. Indago en estas capturas como las fotos familiares analógicas, las foto carnet, los registros amateurs con los que se quiere mantener vivo un recuerdo”.

En pintura, destaca Pieles, una serie de tres óleos realizada en 2018. En ella Melina retomó un formato más tradicional de obra, esta vez para replegarse hacia la memoria de su propio cuerpo. Las heridas, las manchas, las marcas. La experiencia y el tiempo hechos carne en primerísimo primer plano. El formato ovalado de las obras, que remite a la clásica forma que toman los retratos, es una insistencia en la idea de que, más allá del rostro, existen otros elementos físicos retratables que hacen a la identidad.

“La piel está constantemente mutando, variando así su textura, flexibilidad, color, olor y temperatura. La obra busca resaltar aquellos vestigios que nos acompañan en nuestro cotidiano, ya que los mismos llevan consigo la memoria de la experiencia”.

Su investigación la ha llevado a trabajar en numerosos proyectos junto a otrxs artistas.

1. Ilustración para el film La Yunga, dirigido por Gala Negrello.
2. Ilustración para convocatoria de Agrupación Artistas de Rosario por la Ley de Humedales.



Actualmente se encuentra desarrollando un proyecto titulado Personarios  en el que realiza ilustraciones únicas a pedido. Estos “muestrarios personales” reflejan a la gente a través de una serie de elementos característicos de sus vidas, que Melina pinta especialmente para cada encargo:

En su obra en formato cómic, podemos subrayar la adaptación de un poema de Melina Ritter titulado Todo o nada. Esta búsqueda visual en cruce con la poesía elabora la intermitencia de los recuerdos de las primeras experiencias, en clave fragmentaria, como breves iris de un tiempo inicial.  

Fragmento del cómic Todo o nada, por Melina Gutman.


En su cómic 24 de diciembre, la artista exploró la imaginería de las fiestas navideñas. Esta obra nos hace volver a mirar gestos y símbolos que conocemos bien. Los deja detenidos en el tiempo, flotando en el aire de su retención, para potenciar la fuerza de las imágenes.

Gracias a la bicromía y a una iluminación muy especial, se reacomodan las viñetas de fin de año: 

Fragmento del cómic 24 de diciembre, por Melina Gutman.


Actualmente, Melina se encuentra trabajando en el proyecto de una novela gráfica titulada ¿Esto es todo lo que hay?, por la cual obtuvo una beca de apoyo del Fondo de las Artes de Vicente López. En esta obra, la protagonista desglosa minuciosamente el espacio de su habitación en la búsqueda de una respuesta existencialista a la monotonía del día a día mientras pasa allí un prolongado tiempo de encierro. Un cuarto propio visual, versión pandemia. 


Redes sociales

Web: https://melinagutman.myportfolio.com/

Instagram: @melgutman

Fb: https://www.facebook.com/melinagutman/


Por María Belén Corso


Leer los poemas de María Belén es una gran ocasión para abrazar la ternura y devolverle la mirada.


Sueño I

Sueño en una tarde de verano
que el abejorro llega a mis piernas
que el dolor no existe
que el aguijón es dulce
que es verdad
que le hace tan feliz mi pierna
que oxigena la sangre
y se queda conmigo.


Una canción en la radio

Suena una canción en la radio

que te produce algo en el pecho

que no podés explicar

lo único posible es sentir

que Hermenegildo Sábat

cuando te dijo El piropo

sobre el aire que no te alcanza

tenía razón.

Esa mañana de invierno

llegaste de visita vestida de florcitas

y el Maestro

te vio, sonrió y habló.

La canción suena de noche

en el patio, mientras cenás con tu familia

no comprenden por qué

dejaste de cortar la pizza y quedaste inmóvil

vos tampoco ¿Cómo explicar?

Capaz algo similar sucede sin gravedad

lo dudo

me gusta creer que flotaría

acá no floto.

La insuficiencia ¿Qué será cardíaca?

Entonces, le susurrás a la abuela

que también es Maestra

-Te falta comida, hijita.

Volvés tu media atención a la pizza

no hay caso

abandonás el patio

entrás a la habitación

y decidís escribir.

Te peleás con vos porque prometiste

no regodearte en el desencanto

no provocar espanto.

Qué hermoso sería

que Sábat no tenga razón

en esta noche de verano

donde el amor está 

sentado alrededor de una mesa

pero yo no sé

por qué 

no logro comer.


El mensaje

Hubiera preferido cualquier cosa te juro
mirá, yo que promesas no hago
y al cielo poco pido porque sé que sí cumple
a su manera, claro
tergiversa deseos 
hace creer que la luna escucha 
teléfono descompuesto,
al sol algo le dice pero él orgulloso
escupe sobre los pies mojados de alguien
como yo, chiquita cuando el mensaje no llega;
es así, nosotras sufrimos de eso
cuesta hacernos entender.


Fe

Ya no reviso el correo con mayúsculo detenimiento
busqué la silla de lona y me vine al patio 
miro cómo las mariposas bajan y cumplen
con su fidelidad libadora, yo espero ¡qué verbo!
encontrarme sin preámbulos 
con la de ojitos celestes y manchas anaranjadas;
dicen que todas son espíritu, nunca ausencia
ya lo creo, acá aman y duermen, por siempre
yo las junto, en una cajita rosa
y les beso el ala izquierda
en un acto de Fe.


**María Belén Corso (Buenos Aires, 1993). Es Lic. en Artes Visuales, docente de Lenguaje visual en la UNA y cursa Gestión Cultural en la UNLaM. En 2019, ganó la beca creación del Fondo Nacional de las Artes con el poemario “Pétalo nocturno” (Ed. Alción en 2020 y Ed. Tipas móviles en 2021). El mismo año expuso junto al colectivo @mujeresquecortanypegan por motivo del 8M en Madrid y fue seleccionada en el Premio Jóvenes Grabadores en PANAL 361. Integra las antologías ‘Textos viajeros’ (Ed. Galiarte, 2020), ‘Calíope, Antología de mujeres poetas del conurbano’ (Ed. Lítica, 2020) y ‘Clímax’ (VULVA fanzine, 2020), entre otras.


Ph: Solange Salmon

Por Alejandra Pérez Tujague


Los poemas de Alejandra Pérez Tujague tejen tramas invisibles que conducen imagen tras imagen a la primera luz de la mañana. En sus versos conjura la oscuridad nombrándola y encanta a la bestia cansada con la calidez de su voz. A continuación una selección de sus poemas.


La ahogada

Una vez tuve miedo

todo lo demás

fue aprender a ocultarlo

amaestrada en la quietud

en la invisibilidad

dejo caer mi cuerpo al río

como una recién asesinada

el barro me bautiza

y salpica a los vivos

y a los muertos

de este entierro.


Residuos

Oigo el camión de la basura

dejo las bolsas atadas

como lo hacías vos

hay noches que lo olvido

y los perros desparraman los restos

de mi boca sale olor

la ato con fuerza

para no nombrarte

pero a veces lo olvido

y los perros te alcanzan.


Aprendizaje

Mi abuela analfabeta

me enseñó a leer

puso sobre la mesa

su boca de loba

en acecho

para que escribiera con hambre

no la ternura

el devenir

la propia versión

de los hechos.

no el conocimiento


Proceso

Cuando todo esté bien
voy a limpiar la casa
abrir las ventanas
y pasear al perro

ahora
solo quiero quedarme 
desnuda sobre las sábanas

los insectos
agujerean mis poros
con fina dedicación 

veo desde acá
el polvo sobre las cosas

cuando todo esté bien
la casa se va a sacudir.


Gravedad

Por estas calles

donde la gente pasa

a hacer su vida

paso yo también

a hacer la mía

elevo el corazón

y lo arrojo al aire

como una piedra 

que nunca

cae.


** Alejandra Pérez Tujague: Nació en Buenos Aires (1973). Es psicóloga social y estudiante de Trabajo Social (UNAJ). Y madre de Salomé, Joaquín y Victoria. En 2020, la editora Griselda García publicó su primer poemario, El fuego en el que creo. 

[Los poemas de esta selección, surgen de: Poemas del libro El fuego en el que creo (2020), Griselda García Editora. Buenos Aires]

*** Solange Salmon: Nació en Buenos Aires en 1974. Es politóloga, actualmente cursa la carrera de Pedagogía y Educación Social (ISTLyR), y en paralelo estudia temas vinculados a infancias y juventudes. Comenzó a explorar la fotografía hace 5 años, asistiendo a diversos talleres con referentes en el área, como Alberto Goldenstein, Valeria Bellusci y Marcos Adandía.


Ph: Maximiliano Ubalde

Por Carlos Fuentealba


Las crónicas de este diario suelen buscar la transparencia. Esta no lo hace. O por lo menos, no en el sentido que entendemos habitualmente la idea de transparencia: la facultad de los grupos económicos para controlar el aparato del Estado.

Estas líneas, además, se anticipan a sus críticos, que en defensa de la citada idea de transparencia, saldrán a acusar al autor con su sentencia preferida: polarización. El diccionario define la polarización como el acto de “modificar los rayos luminosos por medio de refracción o reflexión, de tal manera que no puedan refractarse o reflejarse de nuevo en ciertas direcciones”. Es una palabra de la física y su sentido se puede entender fácilmente si pensamos en un auto con los vidrios polarizados. La oscuridad sobre el cristal permite que veamos hacia afuera, pero no permite que seamos vistos si estamos adentro. Demás está decir que este tipo de vidrios lo utilizan los narcotraficantes y la policía secreta; los políticos cazurros y toda la industria delictual que gira en torno a ellos. 

La historia de esta crónica parte como una idea que no prospera. Una idea que, como muchas, muere en la reunión de pauta, ante el “no” seco e incómodo de un editor. Sin más explicaciones. Ahora, sin embargo, llega a ustedes gracias a que ese mismo editor está de vacaciones y el autor de estas letras ha decidido tomarse algunas atribuciones para bajar el vidrio polarizado.  

Pues bien, hechas todas estas aclaraciones, vamos al asunto: acabo de salir de la cárcel. Sí, como lo leen. Hoy 4 de julio de 2011, me han librado de la Penitenciaría de Santiago, a la que me habían trasladado horas antes desde la Comisaría de Maipú. ¿Mi delito? Hurto en grado menor, lo que representa una falta. ¿Mi pena? Una noche de encierro, una multa de 20 mil pesos y la prohibición de acercarme por seis meses al lugar de la falta. ¿Y en español? De un hipermercado me afané una brocha para pintar que costaba 1500 pesos (tres dólares para los turistas). 

En el pasillo, la eché en mi mochila e intenté salir del local. Los guardias que me vieron por cámara detuvieron mi paso y me llevaron hasta una sala del subterráneo. Allí, una hora más tarde, me pasó a buscar un furgón de la policía, que me llevó a constatar lesiones y luego a la comisaría, esposado. Me dieron de puntapiés cada vez que subí y bajé del vehículo. 

En la comisaría, me encerraron en una celda junto a una docena de tipos. Cada tanto entraba o salía uno. Todos varones. En la celda de mujeres, al lado, había sólo una muchacha que no paraba de llorar. 

“Zapata”, leyó mi apellido el oficial, “cuando no pierde, empata”, remató. Dos cabos soltaron una risa estúpida. “Así que robo de brocha para pintar ¿Es usted pintor?”. Otra risotada de los cabos. “Pues espere a que el Fiscal ande de buen ánimo y lo suelte”. Me senté dos horas en silencio. Ya se hacía de noche y tras una llamada telefónica, el oficial abrió la reja y sacó a dos adolescentes.  “Mala suerte, amigo”, me dijo y cerró. 

Pasaron dos horas más en las que ninguno de los apresados abrió la boca. Descalzos y sin teléfonos, mirábamos el suelo o algún punto de la pared. Escuchábamos en cambio las conversaciones de los policías en torno a los programas de televisión, el campeonato de fútbol y alguna borrachera de un cabo que nunca terminaba de explicitarse. Eran muy parecidas a las conversaciones del diario o de cualquier trabajo. 

De pronto se escuchó que llegaron más personas a la comisaría. El ambiente cambió y apareció el oficial con un muchacho pálido, al que sentó en el piso de la celda. Del sermón que le dio, dedujimos que se había tratado de suicidar. “La vida es bella, amigo mío, siempre hay una salida”, y una serie de cosas así. Antes de cerrar la puerta, el oficial nos retó a todos: “sean solidarios con este hombre”. “Qué hijo de puta”, dijo el supuesto suicidado cuando el policía se alejó y todos nos reímos en sigilo. 

Un hombre que estaba a mi lado me preguntó por qué estaba allí: “vos no tenís pinta de estar acá”. Le conté y tras una leve condescendencia me contó que esa era su vida habitual: pasaba por allí una o dos veces a la semana. Se dedicaba al oficio de “mechero”, una mezcla entre ladrón y comerciante que roba mercadería en bajas cantidades de los supermercados y luego la vende en la feria. Se aseguraba de no superar los 10 mil pesos para que no lo procesaran.

Así, cada tanto lo descubrían, lo encarcelaban por una noche y lo dejaban salir al otro día, con una multa de 20 mil pesos y la prohibición de acercarse al lugar donde lo habían pillado. Lo mismo que me pusieron a mí. Para él era parte de los costos. Para su mujer también. Me mostró una foto con ella y con su pequeña hija, Michelle. “Es la forma que encontré para alimentarla, hermano. No quiero que nunca se entere”. 

No hablamos mucho más hasta que amaneció. Los policías entonces nos subieron al pick out de una camioneta techada y cerraron la puerta. Ya a oscuras, un hombre aprovechó de prender un cigarrillo que circuló entre todos, volviendo casi irrespirable el poco aire que había durante el viaje. 

Media hora más tarde, nos bajaron de la camioneta en un patio. Nos hicieron caminar formados por un largo pasillo y esperar nuestro turno de revisión. Tras escuchar mi apellido entré a una salita donde un gendarme me revisó entero, me ordenó desnudarme, me pidió que me sacudiera el pelo, que me abriera las nalgas y que hiciera diez sentadillas.

Tras asegurarse que no tenía nada, me pasó un overol para que me vistiera y me hizo pasar a otro pasillo, a otra fila. Allí, esperamos otro largo rato hasta que nos condujeron a un calabozo gigante, donde se mezclaban presos de todas las comisarías. Algunos se conocían y hablaban sobre personajes en común, de afuera y adentro de la cárcel.

Allí sí que encontré a algunos hombres que me atemorizaron. En especial uno alto y muy blanco, con barba de candado, que parecía vigilarlo todo desde otro lugar psicológico. Cuando notó que lo miraba, clavé la vista al suelo y no la volví a levantar. Cada tanto, un gendarme abría la reja y enumeraba algunos apellidos de hombres que salían con él. Después de decir el mío, me condujo hasta una sala donde, tras un rato de espera, me hicieron pasar por una pequeña ventanilla. Del otro lado, un abogado revisaba el ingreso. “No puedo creer que por una brocha esté aquí un sujeto como usted”, me dijo. “No lo puedo creer por usted, ni por el fiscal, ni por la policía”. 

Luego me llevaron a un pasillo subterráneo, donde estaban todos los ingresantes formados. Nos hicieron ejercicios de fila militar, de esos que hasta hace pocos años pedían en todas las escuelas públicas: “arriba, al lado, a discreción ¡firme!”. Todos seguíamos maquinalmente las instrucciones. En la fila me crucé con el mechero de la comisaría, quien me dijo a la pasada que ya estábamos por terminar. Pero no era así. De allí, fuimos a parar a otras celdas, esta vez mucho más pequeñas. 

Pasaron dos horas en las que nadie abrió la boca. Fui el primero al que llamaron y caminé  por un pasillo azuloso de concreto y tubos de neón que llevaba hasta una puerta metálica. Traspasarla, era cambiar de dimensión, salir de una nave espacial para entrar a un mundo de oficinas con luces cálidas y paredes chapadas en madera. De inmediato se agradecía la sensación de amplitud. 

Y allí, un juez llevó a cabo el procedimiento que derivó en la multa que ya expliqué. 

Tras la sentencia, me devolvieron la ropa y me condujeron hasta la salida. Ya en la calle, pasó por mi lado el mechero que me indicó el camino hacia el metro. “Váyase derechito, amigo”. 

Le hice caso y llegué hasta acá, donde escribo estas líneas, que probablemente me terminen costando el trabajo.

Pero es la segunda vez que pasa esto. 

Sí, tal como lo oye. La primera, fue hace un año, pero no fue adrede. Salvo el hombre de la comisaría, los hechos fueron casi idénticos. Entonces sí necesitaba la brocha y terminé pagándola muy caro. 

Hace seis meses se produjo el incendio de la cárcel de San Miguel que acabó con la vida de 81 reos. Entre ellos, un mechero que conocí en mi reclusión. En este mismo diario, financiado por senadores, banqueros y militares narcotraficantes, se publicaron muchas columnas que insultaban a la memoria de esas personas. 

Pedí entonces escribir esta crónica, pero como ya conté, el editor dijo que no, sin más razones. 

Entonces decidí esperar a poder eludir su censura y publicar sin permiso. Como en las películas de periodistas. Repetí el procedimiento del robo y la captura para asegurarme de que lo que quería denunciar fuese real: la normalidad del sin sentido y la pena social. Porque, de cierta forma, yo también cargo con ese absurdo y quería pagar por adelantado mi derecho a publicar estas líneas. 

¿Por qué? se preguntarán ustedes a esta altura. 

Por los 81 de San Miguel y por todos los presos, pienso, por el padecimiento que vengo arrastrando desde hace mucho tiempo y, en definitiva, porque me pienso bancar estas líneas escritas alguna vez por un loco:

“Soltad al pájaro en mano por aquellos que están volando

Abandonad si hace falta una vida cómoda, aquello que os presentan como una situación con porvenir.

¡lanzaos a los caminos!”. 


Imagen: Abrazar (se), Camila Mack

Entrevista a Camila Orrantía

Por Martina López


Camila Orrantía nació y vive en Buenos Aires. Estudió Psicología en la Universidad de Buenos Aires y actualmente se desempeña como co-ayudante en la materia Psicología Educacional. Realizó una variedad de seminarios y cursos de formación en Educación Sexual Integral y es diplomanda en E.S.I por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Realizó trabajos de integración en escuelas de nivel primario y participa de actividades de recreación en grupos de adolescentes con discapacidad. Tiene el objetivo de especializarse también, a futuro, en el área de Sexología.


¿Qué introducción harías a la ESI (Educación Sexual Integral)? 

Desde mi punto de vista, como bien indica su nombre, la ESI viene a aportarle a la sociedad el aspecto integral que tiene la sexualidad. En la escuela, lo más común es que cuando se trabaja la sexualidad, se ponga el foco en el aspecto biológico. También en la vida social en general, cuando la gente se refiere a lo sexual, suele remitirse y pensar en eso: el coito, lo genital, lo reproductivo. Y se olvida de todos los otros aspectos que incluye.

Entonces, la ESI viene a cumplir el derecho de todes les niñes y adolescentes a recibir una educación sexual que contemple todos los aspectos que la integran. Aspectos como el psicológico, el ético, el afectivo, el social. Además de lo biológico. Y poder aplicarla en todas las materias. Durante mucho tiempo, antes de la sanción de la Ley de Educación Sexual Integral, al estar focalizado en lo biológico, los contenidos sobre sexualidad se daban en materias como Biología o Ciencias Naturales.

En cambio, ahora, con el Programa Nacional de Educación Sexual Integral, lo que se propone es intentar abordarlo transversalmente en todas las materias; o poder, en el mejor de los casos, también, darle un espacio curricular específico para poder trabajarla desde ahí.  

Con tu formación en psicología, educación, ¿cuáles son los aspectos que más te interesan de la ESI?

Mi interés en la ESI tiene que ver con que creo que puede ayudar a comprender lo compleja que es la sexualidad humana, y que es algo que nos acompaña como seres humanos desde que nacemos. Creo que esto es algo que a la sociedad le falta ponerse a pensar, porque cuando nos olvidamos de lo compleja que es, podemos generar mucho daño. Cuando olvidamos que les niñes tienen sexualidad, cuando ignoramos el daño que se produce por la desinformación, cuando preferimos empezar a hablar de temas sexuales recién desde la pubertad, cuando ignoramos la importancia que tienen las emociones… todo eso puede generar daños. La sexualidad hace a nuestra identidad, nada más ni nada menos, y nos acompaña en todo lo que hacemos.

Me parece importante de la ESI que nos ayude a concientizar que la sexualidad está en lo que pensamos, en lo que experimentamos, en la manera de actuar, de vestir, de ser, de relacionarnos. Eso es lo que trato de transmitir, que hay que intentar no reducirla. Porque la sexualidad incluye temas de orientación sexual, de identidad de género, pero también muchos otros temas. Me parece necesario que trabajemos constantemente para tener eso presente.


La sexualidad hace a nuestra identidad, nada más ni nada menos, y nos acompaña en todo lo que hacemos. Me parece importante de la ESI que nos ayude a concientizar que la sexualidad está en lo que pensamos, en lo que experimentamos, en la manera de actuar, de vestir, de ser, de relacionarnos.


En tu trayectoria como estudiante, como docente y en tu trabajo en educación, ¿recordás alguna experiencia en la que la ESI no estaba presente, y era necesaria?

Sí. En mi experiencia tanto como estudiante en el colegio, como cuando trabajé como maestra integradora en colegios, a pesar de que estuviera vigente la Ley, a pesar de que hace años que el Programa Nacional de Educación Integral es parte de la currícula educativa, sigue habiendo un montón de fallas. Entonces vivís un montón de experiencias en las que decís: ¿dónde está la ESI? Desde mi experiencia como alumna, siento que la educación sexual que tuve estuvo acotada al área reproductiva, a los métodos anticonceptivos, a la prevención de embarazo. Realmente no recuerdo haber tenido un espacio que tuviera que ver con Educación Sexual Integral.

Después, más desde mi rol de maestra integradora, en los colegios en los que trabajé noté una perspectiva vinculada a la necesidad de cumplir con el programa por si había una inspección, o de “acá está, me imprimo un par de folletos y la ESI la trabajamos dos veces al año”. Y me parece que ese es el mayor problema. Necesitamos entender que la ESI no es un taller de educación sexual una vez al año, en determinadas fechas o jornadas que vienen de propuestas del Estado. Si comprendiéramos todo lo compleja y amplia que es la sexualidad, no pensaríamos que alcanza con trabajarla solo una vez al año: entenderíamos que podemos darla siempre, por más que no la mencionemos explícitamente.


Y sí, lamentablemente tuve experiencias con docentes que tenían ese pensamiento, que elegían dar talleres aislados, sin informarse, desde su criterio personal, no abriendo a charlas colectivas con todes les alumnes. Muy centrades todavía en “tengo que cumplir” y en transmitir contenidos vinculados a la anticoncepción, a enfermedades de transmisión sexual y ya. No se pasa a más de eso. Y ahí volvemos a caer en lo mismo, a reducirla, como si todo lo que pasa alrededor no fuera educación sexual también. Esto no se trata solo de mi experiencia personal, es una denuncia colectiva que se hace constantemente en relación a la mala implementación de la ESI.

Claro, o sea que pareciera que una parte de quienes están formando a otres en ESI, no tienen el conocimiento necesario ni se abren a escuchar lo que tienen les jóvenes para decir, ¿no? 

Exacto. Y también que se sigue acarreando una idea de “yo ya la sé, tengo tanta cantidad de años, ¿qué más puedo aprender sobre la sexualidad?”. Por eso, yo insisto en que la sexualidad nos acompaña continuamente: siempre estamos conociéndonos, conociendo a le otre, experimentándonos.

Aparecen cosas nuevas continuamente. O sea, sí, quizás no tenés nada nuevo para contar sobre métodos anticonceptivos, pero eso no es lo único que les estudiantes necesitan saber. Siempre surgen ideas nuevas, debates nuevos, que hay que incluir en la educación. Y muchas veces esas profesoras, esas maestras –y las nombro en femenino porque en mi experiencia siempre fueron maestras mujeres, pero ese es un tema para analizar en otro lado– tienen esa mirada de ya saberlo, de pararse frente al curso y ya. 

Vos hiciste una investigación sobre cómo las representaciones de les docentes sobre la sexualidad les dan determinadas características a su forma de aplicar la ESI. ¿Querés contarnos un poco qué viste en la institución que analizaste?

Yo trabajé con un jardín laico, en el cual casualmente la mayor parte de les docentes eran religioses, particularmente evangelistas. Cuando me entrevisté con el equipo de dirección, lo que surgía como límite en les docentes cuando les tocaba hablar de ESI, era la idea de que la religión o mismo la ideología no eran compatibles con algunas ideas que planteaba la ESI. Y eso lo veían como un obstáculo para conversar de ese tema en el aula. Muches preferían no hacerlo, preferían que se encargara de ello la pareja pedagógica, o había resistencia.

Por darte un ejemplo: nos comentaron que en las capacitaciones del Ministerio les sugerían que en los cuadernos de comunicados dejaran de poner como destinatarios “Señores Padres” y empezaran a hablar de “familias”.  Muches docentes se oponían a esto porque creían que no tenía sentido cambiar algo que se había hecho siempre de la misma manera. Y la realidad es que estas resistencias que surgen también son entendibles, aunque no justificables.

Por suerte, por lo que vi en el equipo directivo de ese jardín, si bien por un lado se defendían de las resistencias de las docentes con respecto a la ESI diciendo “la ley lo establece, excede nuestro criterio personal”, también trataban de generar capacitaciones, reuniones y charlas para que todo el tiempo esto se pusiera en juego. Digo, algo hay que hacer con eso, hay que capacitarse, hay que charlarlo, creo que no se trata simplemente de hacer una bajada de línea y decir “a partir de ahora se pone familias, no padres”. Porque estes adultes, al igual que les niñes y adolescentes, también están atravesades por sus representaciones de la sexualidad. Y esto hay que tenerlo en cuenta. 

Hay que abrir un espacio para poder hablar con les docentes que presentan discusiones a la ESI, para que comprendan que cuando se resisten a cambiar están ignorando el hecho de quizás le destinatarie no sea un padre, sino una sola madre, o dos madres, por poner un ejemplo.

Entonces, ¿en qué lugar queda le niñe que recibe esa nota?, se puede preguntar a sí misme ¿qué pasa con mi familia?, ¿es rara, es distinta, está mal?, ¿por qué no la incluyen? Creo que se trata de ponerse a trabajar estos temas.


Hay que abrir un espacio para poder hablar con les docentes que presentan discusiones a la ESI, para que comprendan que cuando se resisten a cambiar están ignorando el hecho de quizás le destinatarie no sea un padre, sino una sola madre, o dos madres, por poner un ejemplo.



Cuando se empezó a implementar la ESI en nivel inicial, muchas personas decían: “pero, desde tan chiquitos, educación sexual en el jardín”. Sin embargo, en el nivel inicial aparecen de forma mucho más evidente ciertos temas vinculados a la sexualidad que después se sostienen en los siguientes niveles educativos. En este jardín, por ejemplo, si alguien en la sala cumplía años, eran globos celestes o globos rosas, se dividía por género siempre. La reacción contra la ESI tiene que ver con la desinformación sobre en qué consiste la Ley, y con que se ignora todo el perjuicio que genera no pensar que hasta los detalles más chiquitos pueden provocar algún tipo de daño, o una discriminación a alguien que no cumple con lo que se tiene naturalizado o establecido. 


Camila Orrantía

La reacción contra la ESI tiene que ver con la desinformación sobre en qué consiste la Ley, y con que se ignora todo el perjuicio que genera no pensar que hasta los detalles más chiquitos pueden provocar algún tipo de daño, o una discriminación a alguien que no cumple con lo que se tiene naturalizado o establecido. 


Con respecto a este momento tan extraño de aislamiento obligatorio, ¿cómo se podría o debería estar desarrollando la aplicación de la ESI? 

Yo creo que, si el proyecto institucional es trabajar la ESI de forma transversal, y se logra dar continuidad a las clases -teniendo en cuenta que no todos los colegios están en las mismas condiciones- las instituciones deberían y podrían continuar trabajando en la ESI.

Pero bueno, la verdad es que en este contexto cualquier tipo de contenido se vuelve muy delicado, y también llegar a les alumnes. A veces es difícil saber por qué faltan tanto, si se comprometen con las tareas… Hay muchos casos en los que tienen dificultades en la casa. Es increíble cómo, con la cuarentena, se pueden hacer mucho más visibles algunos de esos temas. Hay que pensar eso: que están continuamente en las casas, con esos problemas, sin un espacio de intimidad. Y así es mucho más difícil encontrar un lugar donde preguntar o hablar de esas inquietudes, que quizás antes, en el ámbito del aula o en una situación de confianza con le profesore, se podía generar más fácilmente.


Hace poco empecé a trabajar en un colegio nuevo y se me hacen más visibles las dificultades que genera el contexto para establecer vínculos con la comunidad educativa. Al no tener un día a día con les alumnes, al verles solo un ratito por la computadora, al no tener un contexto de clase, sin un pasillo donde poder charlar y ver qué está pasando, conocerles cuesta mucho.

Hace poco, en una reunión, escuché cómo una alumna le comentaba a una profesora que ella sentía que siempre que se hablaba sobre sexualidad, especialmente sobre masturbación, se hablaba de la masculina y nunca de la femenina.

La sensación que me dió fue que la docente no sabía bien qué hacer con eso, porque le dijo que era posible lo que la estudiante le decía, pero le sugería conversarlo con la profesora de Biología, que era más “experta”. No pretendo juzgar la situación porque es algo que vi en minutos, pero creo que demuestra cómo la falta de capacitación genera miedo en les docentes ante ciertos temas que plantean les alumnes y en seguida la respuesta es: “mejor lo hablamos en Biología” o “cuando tengamos el taller de ESI lo charlamos”, piensan que necesitan prepararse para ese momento.

Teniendo en cuenta que comentabas que uno de los ámbitos de mayor reticencia a la ESI es en el vínculo con las familias, ¿te parece que en la cuarentena, cuando muchas familias se están incluyendo más en la educación de sus hijes, la ESI encuentra más dificultades todavía con respecto a las familias? 

Sí. En el aislamiento aparecen muchas quejas sobre cómo se maneja la escuela, si les dan mucha tarea. Pareciera que cuando la familia y la escuela se juntan, hay cortocircuito. Da la sensación de que siempre que se cruzan hay chispas: o porque la escuela delega mucho en la familia, y la familia se queja; o porque la familia se mete demasiado y el colegio lo padece. Pero desde mi punto de vista, es clave trabajar en esa unión. Sin pisarse, porque son dos instancias totalmente distintas, pero ambas trabajan en función de les chiques. Entonces me parece inevitable que el objetivo sea trabajar en conjunto. 

¿Y cómo ves la sexualidad en la sociedad en este contexto?

En relación con la sexualidad en la cuarentena, vi algunas estadísticas de análisis que hizo la UBA, que mencionaban que hubo una baja en el interés, en la fantasía, en el deseo sexual de la gente. Les entrevistades eran personas que convivían con sus parejas.

Cuando te lo ponés a pensar, generalizando la situación, la verdad es que es esperable. Porque estamos hace mucho tiempo encerrades, aislades, conviviendo durante mucho tiempo con la o las mismas personas. Digo, más allá del distanciamiento, que genera un impedimento obvio para el encuentro sexual con quien no se convive, entre las personas que conviven habría una baja de la libido. Y me parece que eso se traslada de muchos aspectos de la vida cotidiana que vivimos hoy: estás más desanimade con el trabajo, todo muy rutinario dentro de cuatro paredes, no frecuentás a gente, no salís a espacios que antes eran tuyos.

Por más que intentemos recrear todos los espacios en la virtualidad, vos antes si hacías un deporte, un hobbie, cualquier actividad, ibas a ese espacio y ese momento era tuyo, y recién después te reencontrabas con quien convivías. Y ahora todo eso no funciona. Todo eso se volcó a un mismo ambiente. Entonces es inevitable, en un punto, que haya una baja en el interés en todas las áreas. Y no me asombra que la sexualidad sea una de ellas. 

Para finalizar: a futuro, ¿qué te parece que sería interesante que pase con la ESI o en el cruce entre sexualidades y educación?

En relación a la ESI, yo creo que siempre el freno fueron los grupos que se oponen a ella. Grupos como “Con mis hijos no te metas”. Cuando escuchás lo que dicen, te das cuenta de que el mayor problema es la falta de información sobre a qué apunta la ESI.

Yo creo que cuando logremos concientizar con mayor alcance, vamos a poder derribar un montón de mitos y miedos que tienen, sobre todo, las familias. Y también vamos a poder trabajar con ellas en conjunto, para poder aplicarla. Porque la realidad es que la ESI no viene a robarle a la familia les hijes para inculcarles algo.

La ESI viene a cumplir un derecho y a poder darles herramientas a les niñes y adolescentes sobre su sexualidad, que va a hacer, nada más ni nada menos, que una parte importante de su identidad. Y para que puedan hacer un uso consciente y responsable de esas herramientas. Me parece que la clave para el futuro siempre va a ser poder darle correcta información a las familias, la cantidad de veces que sea necesario, no generar una lucha entre “ESI sí, ESI no”, porque es un derecho y no se tiene que modificar.

Para mí, se debe apuntar a incluir a las familias en la aplicación de la ESI a sus hijes. Por esto también pretendo seguir formándome en el área, en este tema que me apasiona, para tener siempre nuevas herramientas. Para poder seguir pensando sin cerrarme. Creo que la clave es nunca pensar que te las sabés todas porque ahí caés en la trampa, hay que formarse y seguir compartiéndolo.


La ESI viene a cumplir un derecho y a poder darles herramientas a les niñes y adolescentes sobre su sexualidad, que va a hacer, nada más ni nada menos, que una parte importante de su identidad.


Entrevista a Tomás Rosner

Por Matías Segreti *


Tomás Rosner nació en Buenos Aires en 1986. Es abogado y docente de “Derecho y literatura” en la Facultad de Derecho (U.B.A) e integra el Seminario Permanente de Derecho y literatura (Instituto Gioja U.B.A). Es el creador de la cuenta de Instagram @los_fatales y organiza el ciclo de tradición oral “Los Fatales”, que este año fue seleccionado por el Centro Cultural Recoleta en la categoría “lecturas performáticas”. También co-produce Poesía en tu Sofá Argentina, espacio de encuentro virtual de poetas de diferentes lugares del país, cada uno desde su casa. Además, da talleres de poesía presenciales y virtuales. En 2018 publicó Ginseng (Modesto Rimba) que fue reeditado en 2019 y se consigue en papel o e-book
vía Abre Cultura


¿Cómo surge Los Fatales?

Durante diez años, la política fue mi vida. Eso empezó en la facultad de derecho con NBI en los primeros años y después cuando faltaba poco para recibirme, con algunxs compañerxs fundamos La Centeno. Además, trabajando en el Poder Judicial, me metí a militar fuerte en el sindicato. Eso sin contar que siempre intenté hacer algún aporte para que creciera el peronismo en Ciudad de Buenos Aires. Las elecciones de 2015 fueron una experiencia bastante chota: vi muchas miserias, dejé el cuerpo y fue el punto final de un proceso que, después de tantos años, venía desgastado.

Sin embargo, todo ese tiempo, la literatura hacía apariciones. Para mí y para muchxs de mis compañerxs de militancia, la literatura era algo que importaba. Nos pasábamos citas de libros, hablábamos de poesía. De hecho, estoy convencido de que para entender  la política es clave un abordaje literario. Fijate que los mejores libros sobre el peronismo vienen de la ficción, Los Reventados de Asís antes; el tuyo y el de Juan Von Zeschau ahora…  pero me estoy yendo por las ramas…


Para mí y para muchxs de mis compañerxs de militancia, la literatura era algo que importaba. Nos pasábamos citas de libros, hablábamos de poesía. De hecho, estoy convencido de que para entender la política es clave un abordaje literario.


Cuando perdimos el ballotage de 2015, sentí que atravesaba una muerte simbólica y busqué conectar con lo que me hacía feliz antes de la militancia. Ahí,  para salvar las papas, apareció la poesía. Mis amigues siempre me decían que tenía que compilar las citas que les mandaba por whatsapp; y con esa idea surgió Los fatales. Las citas de libros no como constancia de conocimiento sino como encuentro amoroso: la idea de tener una cita con alguien! Después, la cuenta engordó un montón y las citas son solo un aspecto de todo lo que se difunde, pero la historia empezó así.


Las citas de libros no como constancia de conocimiento sino como encuentro amoroso: la idea de tener una cita con alguien!


¿Por qué la poesía? ¿Cuál es tu relación con ella?

Fue medio de casualidad. Hasta esa época, la poesía me interesaba (había leído a Fabián Casas, ponele), pero nunca había profundizado.

Mientras la interna del peronismo me tenía para el cachetazo, invité a salir a una chica que me encantaba (ahora somos novios). La excusa era intercambiar libros. Yo me olvidé, pero ella cayó con unos de poesía under que me gustaron mucho. Gracias a ella también conocí la movida de los slams de poesía oral. Ese circuito me estimuló mucho. Fue un flash ver cómo crecía un texto con una buena interpretación: se me abrió un universo. 

A partir de ese momento, empecé a trabajar con dos momentos a los que le doy la misma importancia. Escribir el poema y corregirlo con si fuese un bonsai (ese ejercicio espiritual del que hablaba Abelardo Castillo). Después, trabajar en la interpretación. 

Podés tener el mejor poema del mundo que si no lo sabés leer, cuando lo quieras compartir, no va a pasar nada. Leónidas Lamborghini decía que la poesía es la vacilación entre sonido y sentido. Bueno, para que aparezca la dimensión sonora en su totalidad es necesario leer en voz alta. Si además de leerlo en voz alta, se lo leés a más gente la experiencia crece todavía más.


... empecé a trabajar con dos momentos a los que le doy la misma importancia. Escribir el poema y corregirlo con si fuese un bonsai (ese ejercicio espiritual del que hablaba Abelardo Castillo). Después, trabajar en la interpretación. 


Para mí la oralidad es muy importante y no se limita a la poesía. Por eso, desde el año pasado empecé a armar eventos de “tradición oral” en los que reúno diferentes artistas: cuenteros, hiphoperos, performers, payadores, incluso profesores. O sea, diferentes trabajos que tienen algo en común: el compromiso con la palabra. En tiempos de crisis de la experiencia, reunirnos en torno a la escucha de una historia nos permite habitar y respirar lo real. Ahora por la pandemia, tuvimos que mudarnos al formato streaming. Armamos Poesía en Tu Sofá Argentina, pero la premisa es la misma: dejar el cuerpo para hacer vital lo digital.

Paz del Percio, Tomás Rosner y Maxo Garrone. (Ph: Mili Morsella)

¿Es necesaria la poesía?

Durante un tiempo, me identifiqué con la idea de que el arte no era útil, pero sí necesario. Sin embargo, últimamente, venía cambiando de opinión. No digo que sea útil en el aspecto más especulativo que el término, por cierto, tiene, sino en el sentido de que puede servir para vivir mejor. En cuarentena, leí el libro de Rebecca Solnit Una guía sobre el arte de perderse y me terminé de convencer.

A pesar de que soy adicto a la lectura y creo que no hay que pedir nada a cambio de leer, valoro especialmente los libros que me ayudan a ver la realidad de otra manera. Como dice Carlos Skliar: “leer lo cercano para pensarlo de otro modo, leer lo ajeno para percibir lo próximo”. No me interesa la lectura en tanto camino de libros hacia otros libros, pero sí como herramienta para entender que el mundo puede ser visto de otro modo. 

Leer y escribir poesía nos proporciona una mirada que no está mediada por el sentido común. Eso es clave para relacionarnos con algunas cuestiones que si bien son inherentes a la vida, no tienen ningún lugar en nuestra educación. La incertidumbre, la confusión, lo desconocido. En otras palabras, todo lo que nos va a pasar como seres humanos.

Es muy loco cómo desde que empezó la pandemia, hay mucha gente que busca refugio en la poesía o la filosofía. Me parece lógico porque proporcionan otras maneras de entender el mundo. Como decía Mirta Rosenberg “en tiempos de catástrofe, la poesía crece”.

¿Dónde se encuentra, dónde está la poesía para vos?

La poesía está en todos lados, pero no todo es poesía.

Ah re que se extendía un montón en una pregunta y en la otra hacía un haiku…



¿Qué pensás de la inspiración?

Mmmm…

A veces, aparece una electricidad: te ponés a escribir y queda algo que, como diría Gerardo Montoya, es de relativa dignidad. Eso es lo más parecido a la inspiración que conocí, pero nunca estuve en trance ni nada por el estilo.

Me parece que hay que confiar en las intuiciones. Si viste brillo en una situación o en una frase, lo mejor es ponerse a jugar con eso sin la presión de que tenga que transformarse en qué sé yo, Tierra Baldía, por citar el ejemplo del Gran Poema.

Me funciona conectar con el texto desde lo lúdico ¡para presionarnos y tener que cumplir con los mandatos está el resto de este planeta en ruinas!

¿Cómo escribís? 

Casi siempre estoy escribiendo. No algo literario, digamos, pero sí estoy escribiendo. Tomando nota de una idea que se aparece, armando un posteo, mandando un mail. Escribo aunque no necesariamente sea algo, digamos, literario.  

Escribo de dorapa, sentado, acostado. En una libreta, en un google docs, en un cuaderno. En lo que tenga a mano en ese momento. De hecho, cuando estoy leyendo un libro y me dan ganas de escribir, lo hago ahí mismo. Qué pelotudez esa de que marcar un libro es faltarle el respeto. Están en pedo. Todo lo contrario. Nos quieren convencer de que la experiencia de la literatura pasa por apoyar un libro al lado de un lemon pie en Le Blé.


Nos quieren convencer de que la experiencia de la literatura pasa por apoyar un libro al lado de un lemon pie en Le Blé.


¿Cómo tratás en tus poemas lo político, lo social?

No les doy un tratamiento especial. Simplemente aparece. Si bien me alejé de la militancia territorial o sindical, sigo militando y valoro a la política como herramienta de transformación. En un poema, lo mejor que podés hacer por ese mundo es evitar ser consignista, ¿viste? Para eso, están los comunicados. Si caés en lo panfletario, el poema pierde power.

Hace poco vi un meme, el de los perritos, que decía algo así como: poeta del Siglo XVI, conoce las tramas de la construcción del lenguaje, va a la guerra, escribe 15 sonetos por noche, muere. Y después estaba el poeta del Siglo XXI, juega con el lenguaje y se saca selfies. ¿Cómo ves la escena poética actual?

Ese meme es espectacular.

Me parece que hablar de una moda de la poesía es demasiado, pero sí es cierto que está en expansión y eso me encanta. Lxs pibitxs podrían estar haciendo cualquier banana y sin embargo, están escribiendo, leyendo, recitando. Eso no puede ser malo y ponerse en policía de la poesía me parece un lugar inhabitable.

Después, claro, uno puede analizar ciertas cuestiones del fenómeno. Hay algo de la ansiedad de época que favorece a la poesía en tanto texto breve, ¿no? El rol de Instagram también es central porque si bien favorece la difusión de poesía, por momentos, la condiciona bastante. No voy a demonizar a las redes ni mucho menos (sería muy hipócrita, Los Fatales es, sobre todo, Instagram), pero me parece fundamental para nuestra generación no centrar nuestra búsqueda en la cosecha de likes. Fabián Casas dice que uno likea por empatía, el like es igual a uno mismo y justamente, la mejor poesía es la que pone en crisis nuestro sistema de creencias: la que nos contradice.


La gracia de la literatura es que se regodea en la ambigüedad, que es críptica, no explica el chiste como otros trabajos con la palabra como, por ejemplo, el periodismo. Creo que eso hay que tenerlo claro. También me parece fundamental conocer la tradición poética que nos precede. Escribimos con los pedazos de otros y salvo que seas un marciano, la única manera de mejorar la escritura es leer. 

Pero volviendo a la pregunta, me pone contento ser contemporáneo de un montón de artistas geniales que exploran la palabra, la oralidad y que también hacen puentes entre las disciplinas vecinas como el teatro y el arte plástico. Ni hablar toda la movida de arte digital, es una locura. El otro día descubrí al art gaming, son videojuegos con impronta poética, me partieron la cabeza.


Escribimos con los pedazos de otros y salvo que seas un marciano, la única manera de mejorar la escritura es leer. 


*Matías Segreti es escritor y docente. Publicó las novelas “El día que conseguí trabajo” (2020) y “Aunque a nadie ya le importe” (2018). En 2019, el libro de relatos “Los brutos”. Es editor de Revista URBE.

Entrevista a Agustina Russo y Matías Álvarez

Por Martina López


Agustina Russo y Matías Álvarez nacieron en Necochea, una pequeña ciudad de la costa atlántica.
Agustina es Licenciada en Artes Combinadas (U.B.A). En su paso por la capital se formó en diferentes áreas artistas incluyendo el teatro, el cine, la danza y la expresión corporal. Actuó y asistió obras de la escena porteña tales como Presente (2018) y En la sombra de la cúpula (2016-2017). Llega al tango en el año 2016, formándose con diverses maestres tanto de CABA como de La Plata. Ente los años 2017 y 2018 formó parte del equipo de asistentes de la escuela DNI tango.
Matías estudió Artes visuales (orientación grabado y arte impreso) en la UNLP. Su recorrido por las artes visuales inicia en el año 2012 y ha expuesto en distintas galerías y centros culturales de las ciudades de Necochea, Junín y La Plata. Hace tres años que forma parte de la Cátedra Lenguaje Visual 2b de la UNLP en carácter de Adscripto. En el 2018 tomó sus primeras clases de tango y de Chi Kung en la ciudad de la Plata; desde entonces ha participado de diversos talleres de tango tanto en La Plata como también en Buenos Aires.
Bailan juntes desde hace tres años, formándose en diversas escuelas. En el 2019 fueron parte del seminario intensivo que dictó DNI, así como también de las clases del festival TIN. Hace tres años que en el verano viajan a distintos puntos de Sudamérica llevando su tango por diferentes países (Brasil- Uruguay-Chile- Argentina) bajo el proyecto “Tango Itinerante”. Actualmente se encuentran en Necochea gestando una nueva propuesta virtual, llamada “El tango late en el interior”, donde convocan bailarines de CABA para generar un intercambio que visibilice el tango del interior del país y lo retroalimente.


Para empezar, ¿quieren contarnos cómo funciona una milonga?

Agustina (A): En el tango hay dos expresiones muy marcadas: el tango social y el tango escenario. Hay parejas que fusionan ambas, y hay otras que se dedican a una o la otra. Y después está la milonga, que es el evento o espacio social de quienes bailamos tango, de otras personas que quieren bailar. Es un espacio que se ha transformado mucho, culturalmente, al igual que la sociedad.

Algo que nos parece muy bueno es que las milongas son un lugar donde socialmente suceden o se aceptan cosas que en la calle, en el mercado, o mismo en tu casa, no.

El ejemplo más claro es el hecho de abrazarte a alguien que no conocés. Eso, como expresión política o expresión social, es algo que el tango tiene a favor, y que está muy bueno que no se pierda. En este contexto de pandemia es lo que más sufrimos quienes somos amantes del tango. Y es un desafío para quienes quieren aprender tango. Vos no vas caminando por la calle y decís “hola, ¿cómo andás?” y te abrazás con alguien que no conocés. 

Matías (M): Una milonga clásica de antaño, que es lo que nos interesa deconstruir, es un evento al cual van hombres y mujeres. Los hombres se sientan de un lado y las mujeres del otro. Cada une lleva sus zapatos, van súper empilchades y súper perfumades. Los hombres mueven la cabeza para invitar a bailar, las mujeres siempre dicen que sí.

Y eso es otro quilombo, entender que te están cabeceando a vos y no a la piba de al lado. Y cuando empiezan a bailar el hombre propone y la mujer acompaña. Hoy lo que está pasando es otra cosa: van pibes, pibas, disidencias, todes se sientan juntes. 

A: Ya no es tan binario. 

M: Claro, la gente baila de zapatillas, de ojotas, de lo que quiera. En la milonga se baila tango, se baila trap, se baila de todo. Con el mismo abrazo, el abrazo se rompe, no se bailan las tandas completas… suceden otras cosas. 

A: Y sin embargo todo esto sigue existiendo en muchas milongas muy conocidas, mismo en Capital Federal. Los varones por un lado y las mujeres por el otro, y no vayas a sentarte en otro lugar porque literalmente te sacan del espacio. Si todavía funciona, es porque todavía hay mucho terreno por desandar, hay mucho por hacer.  


… las milongas son un lugar donde socialmente suceden o se aceptan cosas que en la calle, en el mercado, o mismo en tu casa, no. El ejemplo más claro es el hecho de abrazarte a alguien que no conocés.


¿Nos pueden contar sobre su mirada particular del tango y cómo ven que ha cambiado ese mundo con respecto a como era antes?

M: El tango no deja de ser una expresión de la sociedad, de personas que viven, que se mueven, que se manifiestan. Por eso, todos los cambios que hay, como la incorporación de la perspectiva de género, lo atraviesan para bien. Pero eso no quita que el tango haya dejado de ser lo que era.

Yo, por ejemplo, tuve el privilegio de estudiar tango en La Plata, que es como un paréntesis de lo que sucede en el tango a nivel mundial, porque ahí la mayoría de los espacios son autogestivos, tienen una incorporación de la perspectiva de género súper instalada, súper militante. Donde la gente baila descalza y el vino sigue costando ochenta pesos.

Es un lugar muy privilegiado en ese sentido, hay una conciencia muy fuerte no solo de género, sino también de clase.

Pero eso no sucede en todos lados. Cuando vuelvo a Necochea, me choco con un paredón inmenso, porque acá la gente se sigue empilchando de pies a cabeza para bailar, los hombres bailan solamente con mujeres, siguen cabeceando para invitarlas a bailar. Siguen estando instaladas y operan un montón de prácticas que a nosotres hoy nos parecen nefastas.

Si bien la lucha de género está atravesando el tango, está recién iniciando y queda muchísimo camino por andar y muchísimas estructuras por derrumbar. Y nos toca a nosotres, es una tarea que hacemos con gusto. Hoy en día, estando en Necochea, nos ponemos a pensar proyectos y nos resulta difícil no desalentarnos. Porque el público que consume tango tiene tal cantidad de estructuras instaladas que es muy difícil convocar desde otro lado.

Para mí, son muy importantes los cambios que se están dando, porque en muchos lugares el tango dejó de ser rojo y negro, pero en otros no. Y para alguien que vive del tango, que es gestore, que organiza milongas, es muy difícil elegir a qué público convocar, cómo hacer funcionar su milonga.

Hay como dos lados de una brecha, y si te vas de un lado o del otro, hay mucha gente a la que dejás de convocar. Se hace muy difícil sostener un espacio y militar al mismo tiempo, aunque sea súper necesario.

A: El tango es como un espejo, porque es una manifestación cultural y social, entonces refleja lo que pasa en la calle. Vos entrás en una milonga y te encontrás con el machista, la feminista, la persona trans, están todes. Y ya que esta lucha de empezar a abrirnos mentalmente está empezando a fortalecerse a nivel social, el tango va por el mismo camino.

Como gestores culturales, queremos lograr que esa lucha social que se vive en la calle también entre en la milonga, en las clases de tango, en el imaginario social y cultural que se crea del tango. Porque eso también es muy difícil de romper: cuando vas a otro país, para la gente el tango es rojo y negro, es usar tacos, es la mujer semidesnuda, mostrando su cuerpo, sus piernas, y el hombre llevándola. Rojo y negro es a lo que se reconoce como el color del tango en términos de vestuario: la mujer de rojo y el hombre de negro. 

Otra cosa que queremos cambiar es el lenguaje.

Cuando vos entrás a una clase de tango sin perspectiva de género, te horrorizás de la agresividad y la violencia de las palabras que se usan. Es un camino que recién está empezando, todavía hay mucha resistencia… Y eso no quiere decir que bajemos los brazos, sino que nos hace darnos cuenta de que tenemos que seguirnos empoderando y levantando la bandera. Entendemos que no vale quedarnos de brazos cruzados, solo de la boca para afuera, porque entonces ¿con el cuerpo qué hacemos?    

M: Sí, mismo militar cuando vamos a milongas. Nosotres vamos a la milonga, y la mitad de los tangos propone une y la otra mitad propone le otre. Es algo muy notorio, porque quien propone tiene siempre la mano izquierda arriba y con la otra mano, abraza a la otra persona.

Cuando vamos a la milonga, por la forma del abrazo, se ve claramente quién está proponiendo. Eso también es posicionarse, porque en muchos lugares hay un montón de personas que están ahí mirando y no les cabe ni medio, les choca, les perturba; capaz hasta se van de la milonga por eso. Eso también es una forma de militar, de demostrar que pasan otras cosas. 


Si bien la lucha de género está atravesando el tango, está recién iniciando y queda muchísimo camino por andar y muchísimas estructuras por derrumbar. Y nos toca a nosotres, es una tarea que hacemos con gusto.


A: Claro, porque en la concepción tradicional de lo que es el tango, el hombre es el que propone. Esto en el sentido de que, cuando estás bailando tango, tiene que haber dos roles definidos, por lo menos en un principio, para saber quién propone el movimiento y quién alimenta ese movimiento para que después se genere otro. Tiene que ser siempre cincuenta y cincuenta.

Hay lugares, la mayoría, en los que se concibe a esto como que si yo te propongo y yo te marco que hay que ir para allá y vos no fuiste para allá, te confundiste vos, porque sos mujer y yo te estoy llevando. Lo que nosotres buscamos es un estudio mucho más profundo del cuerpo.

Porque tanto para proponer como para alimentar una propuesta, tenés que tener una conciencia corporal muy amplia: la magia que propone el tango es poder comunicarte con une otre sin hablar. Sin que esté la palabra de por medio, sino pasando todo por el cuerpo. Entonces tengo que descubrir cómo hago para generar y para invitar a la otra persona a ir para allá, ir para acá.

Como mucha gente no quiere o no sabe cómo pasar por ese conocimiento, por ese entendimiento del movimiento, se quedan en la idea de que en el tango el hombre propone y la mujer se deja llevar. Y no te cuento lo que pasa cuando ven bailar a dos mujeres juntas. Es como “¡échenlas!”.

Es así, como en toda revolución, va haber gente que no le cierre o que le cueste un poco más entender a lo que vamos. Si le tuviera que explicar a alguien que no entiende de qué se trata el tango o nunca vivió la experiencia de entrar a una milonga, le diría que es comparable a lo que pasa a nivel social y que eso se traspola al cuerpo.

M: No te explico cómo reaccionan muches cuando ven a un hombre que se pone tacos, que en La Plata se ve más, especialmente en las parejas de tango queer, pero en otros lugares nunca, y les resulta súper disruptivo. Por eso, si bien en muchos lugares el tango no dejó de ser rojo y negro, también hay un tango travesti, un tango diverso, un tango que se baila en zapatillas. Conviven muchos tangos. 

¿Pueden contarnos un poco más sobre estas prácticas que están tratando de deconstruir, por ejemplo el “cabeceo”? 

A: El cabeceo es el gesto, o la expresión corporal, que hace el hombre para invitar a bailar a una mujer desde una distancia.

M: Cuando yo empecé a bailar tango en algunos espacios de La Plata, el cabeceo no existía, me enseñaron que para sacar a bailar a un hombre, una mujer, a quien quisieras, vos te tenías que acercar a la mesa, saludar e invitar a bailar a la persona. Yo no entendía el concepto, y decía: ¿qué es, te dan un cabezazo, te dan un golpe con la cabeza?   

A: Por otro lado eso que le pasó está bueno, porque si vos te formás en un lugar donde no te enseñan qué es el cabeceo, es mucho más fácil, porque después no tenés que darte cuenta de que está mal y deconstruirlo. Nunca te lo enseñaron, no lo aprendiste, quizás ves a les demás y te preguntás qué están haciendo. 

M: Mismo en La Plata ya hay un montón de milongas que funcionan con un protocolo que hicieron las pibas, que es muy importante. Con el protocolo de respaldo lo que lograron es cambiar estas reglas que imponen que el hombre saca a bailar a la mujer, baila llevando a la mujer y que cuando saca a bailar a una mujer tienen que terminar una tanda, que son tres o cuatro tangos.

Con el protocolo, baila quien quiere con quien quiere, la cantidad de tangos que quiera y en el momento en que te sentís incómode podés cortar la tanda e irte. Entonces se volvió mucho más ameno: los espacios que se generan, las clases que se dan, todo va de la mano con esto que estamos contando. Yo cuando voy a bailar a capital siento que es otro mundo. Porque por más que compartas la danza te resulta muy extraño el espacio. 

A: Sí, también hay muchos espacios que dicen cumplir con el protocolo, pero es todo de la boca para afuera, entonces vos –y en este caso hablo como mujer- no te sentís acompañada para decir: “bueno, sí, dejo a esta persona plantada en la pista” porque se le bajó la manito y en vez de tenerla en la cintura, la tiene un toque más abajo, o porque me dice cosas mientras bailo. Si ese protocolo no está acompañado de conciencia cultural, de educación, de deconstrucción, no sirve.

Hay muchos espacios que parecen re progres, pero después cuando vas a una de las clases de tango que dan, te dicen que el hombre lleva a la mujer. Sabemos que nuestra idea del tango todavía es bastante utópica, que hay pocos espacios que la pueden llevar a cabo, y los que pueden es porque vienen luchando hace un montón.


Hay muchos espacios que parecen re progres, pero después cuando vas a una de las clases de tango que dan, te dicen que el hombre lleva a la mujer.


M: Sí, son pocos los espacios y los exponentes del tango, muchas de las parejas que a nosotres nos gustan y que vemos como referentes, no dejan de ser hombre y mujer, el hombre proponiendo y la mujer siguiendo. Más allá de que los movimientos tengan otra gracia, se genere otra empatía en la pareja, no dejan de ser eso binario con lo que de alguna manera queremos romper.

Es muy difícil para las disidencias meterse a un espacio que, hegemónicamente, o históricamente, fue del hombre. ¿Cómo hacer una milonga más diversa cuando no hay clases y espacios que les integren, por ejemplo? Nos damos cuenta de que hay algo que está avanzando y transformándose, pero es una parte mínima del tango. 

A: Pero está buenísimo que podamos hablar de eso. Y que haya muchas parejas conocidas que lo digan. Falta mucho todavía. 

¿Cómo piensan la relación entre sus formaciones en otras áreas artísticas y la práctica de tango? 

A: En mi recorrido, yo llegué al tango después de haber atravesado otras manifestaciones artísticas, y me parece muy enriquecedor poder probar, poder jugar a vincularlas con el tango. Tanto desde la práctica como desde la teoría.

En mi experiencia de haber podido acceder a la Universidad, acceder a tanto conocimiento, y haberme dado cuenta allí que la práctica y la teoría son lo mismo, poder generar una reflexión teórica sobre lo que une hace, ya sea el tango u otra disciplina, me parece muy enriquecedor, y fortalece la idea de para qué lo hago.

Si bien está muy bueno atravesar otros lenguajes artísticos, yo creo que pondría en primer lugar el haber podido atravesar mi carrera en Filosofía y Letras, en términos de lo que me enriqueció a nivel práctico. Me explotó la cabeza. Es algo que no está muy valorado, ¿viste?, la gente tiene una idea de que si bailás no te sirve de nada estudiar teoría.

Sin embargo es lo mismo, es una reflexión sobre lo que vos hacés, lo que otres hacen. Cuando pasé por otras danzas, entendí también que es lo mismo pero con otro lenguaje: explorar tu cuerpo y tu movimiento es lo mismo en el tango, en la expresión corporal, en contemporáneo, en árabe (que hice cuando era chica). Es el descubrir qué es lo que puedo hacer yo con mi cuerpo, cómo puedo expresarme con él, cómo puedo generar vínculos en eso. Pasé por muchas manifestaciones artísticas distintas y hoy el tango es lo que más me llena. 

M: Quizás esa falta de teoría y reflexión en el tango, no en todo, pero sí en la mayoría de les bailarines, sea lo que hace que todavía le falte tanta evolución desde la perspectiva de género, desde un movimiento más popular. Porque hay una idea de que por dedicarse a bailar no corresponde plantearse cosas, sino pensar que son así y listo. 

A: Es como si la gran mayoría viera las dos cosas por separado, como si no pudieras hacerlas al mismo tiempo. Y yo las veo como las dos caras de la misma moneda. Creo que es algo que pasa en muchas disciplinas artísticas, que si te dedicas a la práctica no se puede investigar, no se puede reflexionar, no se puede conversar de por qué hacemos lo que hacemos. Me parece súper necesario. 

En algunos de los videos que filmaron aparecen bailando músicas distintas al tango. ¿Perciben un enriquecimiento de su práctica en el tango por experiencias en otros géneros de la danza u otras disciplinas físicas?

M: Hoy hay un movimiento importante en ese sentido, se están empezando a aunar otros tipos de danzas con el tango. O aparecen bailarines que llegan al tango ya habiendo hecho una carrera muy grosa en otra danza, y se nota en su calidad de baile, en sus movimientos.

Yo en lo particular, cuando empecé a bailar tango en La Plata, les profesores con quienes me formé abordaban el tango desde el Chi Kung, que es un disciplina similar al Tai Chi. Se proponía otra calidad de movimiento y era súper notorio, porque se enseñaba desde otro lugar a tierra, con otro peso, con otra forma de proponer el paso, con otro abrazo.

También ahora, que estamos haciendo un profesorado de yoga, vemos que nuestro tango está virando para otro lado, porque empezás a juntar otras cosas que funcionan bien. En el ensayo empezás a probar cosas que aprendiste en yoga y te das cuenta de que también aplican al tango. Nos interesa ponerle otra impronta, aunar esos caminos.

A: En lo que a nosotres nos interesa construir, se hace difícil ver qué pasos son de tango y qué pasos no. En cambio, si vas a una clase tradicional de tango, te dicen: “Este es el paso básico”. Pero ahí también nos metemos en otra cuestión enorme, que es la pedagogía. Por un lado, preguntarnos qué tanto les bailarines están preparades para ser transmisores de ese conocimiento.

Y por otro, cuán importante es prepararse para poder transmitir ese conocimiento. Porque si yo la quiero hacer fácil, digo: los ocho pasos del tango son estos. Y salís de la clase pensando que sabés los ocho pasos del tango. Pero cuando vas a una milonga, no te sirve para nada. Porque los pasos que te enseñan son lineales, y en la milonga se baila de forma circular. Es muy contradictorio. 

M: También por esas carencias que tiene la pedagogía se genera que muy poca gente se acerque al tango. Hay un profesor de tango muy conocido, que dice que cuando tenés la suerte de poder ser le primere profesore de une alumne cuando recién se acerca a una nueva disciplina (la disciplina que sea), tenés una tarea enorme. Porque podés iniciarle y que le encante, o matarle: si le das una mala clase, la persona no vuelve a bailar nunca más.

A mí me pasó: la primera clase que tomé fue en Necochea y dije que no iba a bailar tango nunca más, que no era para mí. Dos años después probé de nuevo en La Plata y fue otra cosa. Allá, por ejemplo, no se enseñan esos ochos pasos básicos. 

A: Por suerte. Por eso la pedagogía del tango es un mundo de reflexión enorme e importante. Porque aunque se haya estudiado un montón a nivel corporal, saber transmitirlo es otra cosa.

Ser buena bailarina no me hace una buena docente. No se trata solo de explicarlo con las palabras, sino de cómo hago para enamorarte de eso, cómo darte lugar a que lo experimentes. Porque lo que me funciona a mí, por ahí a otre no le funciona. Es importante invitar a la exploración. Por más que a mí me hayan dicho cómo se hace el ocho, tengo que atravesarlo en el cuerpo, y quizás hasta encontrar otra manera.

M: En los profesorados de tango que existen te enseñan que él tiene que llevar y ella tiene que seguir. Siguen violentando con esas palabras de las que nos quejamos. En ese sentido, la pedagogía sigue estando un poco atrasada. Como seguramente pasa en muchas otras áreas. 

¿Podrían contarnos sobre su proyecto “Tango itinerante”? ¿Qué les fue pasando en las distintas experiencias que les trajo?

M: Te contamos un poco cómo nació. A nosotres nos gustaba viajar y bailábamos, y nos dábamos cuenta de que seguía habiendo, en el imaginario colectivo, una idea del tango que nos parecía nefasta: queríamos contar otra cosa. La idea de Tango Itinerante es ir bailando por distintos lugares, sobre todo en la calle. Lo que sucede con el tango es que a veces es muy elitista, ir a un show de tango es carísimo.

Nuestra idea era bailar a la gorra, que lo viera quien pasara por ahí, y si tuviera ganas de colaborar, podía, tanto como no. Nos interesaba mucho el diálogo con la gente. En Chile, por ejemplo, nos sucedió mucho que la gente se parara a vernos bailar y se pusiera a hablar con nosotres, dándonos la oportunidad de contarles lo que pensamos del tango, todo esto que estamos conversando con vos. Esa otra instancia también nos parecía muy enriquecedora.

La idea del proyecto es eso, ir contando nuestra forma de ver el tango, contando que no somos les úniques que lo ven así, pero sí somos la minoría. Difundirlo por nuevos lugares para, de a poquito, ir cambiando ese imaginario. Y ayudar a que más gente se acerque, sin ningún costo, porque, como decía antes Agus, el tango también es un espacio muy “evolucionado” en muchos sentidos. 

A: Sí, la idea es que la gente se sorprenda también, que rompa esa concepción que tiene del tango. En Brasil, por ejemplo, nos pedían: “Bailen el de ‘Perfume de mujer’”. Se sorprendían, porque no era el tango que habían visto en Perfume de mujer, era otra cosa. 

M: Sí, era otra cosa, pero a la vez no dejaba de ser tango. Nos interesaba ver qué pasaba: si a la gente le gustaba o no le gustaba. Es un proyecto bastante experimental, porque cada lugar es distinto, entonces nos tenemos que ir adaptando a lo que pasa. Y como siempre vivimos en ciudades diferentes, el proyecto se vigoriza más en verano, porque es el tiempo en el que podemos viajar juntes.

Durante el año lo vamos manteniendo vivo cuando tomamos clases, cuando ensayamos. Ahora estamos viendo cómo vira o se transforma.  

A: Es un proyecto que en este momento está parado por la pandemia. Parado, en el sentido de que no lo podemos llevar a cabo en las calles. Pero no se detuvo, lo seguimos desarrollando a nivel individual y juntes como pareja. 
Hasta ahora, el proyecto recorrió Brasil, Uruguay, Chile y el sur de la Argentina. En esa experiencia el tango no solo nos dió de comer sino que nos vinculó con gente con la cual, de otro modo, no nos hubiéramos acercado. 

M: Sí, bailar en la calle era una forma de proponer un vínculo. No es lo mismo conocer a alguien en un bar que alguien que se acerca a verte bailar. Ese tacto, esa sensibilidad previa, era desde donde nos interesaba entrar. Nos dió muchas alegrías. 

¿Y visitaron milongas que no conocían durante esos recorridos?

A: Sí, varias. Nos enamoramos de una milonga que queda en El Bolsón. Es al aire libre, en plena plaza. En el interior hay mucho tango, por más que no se visibilice. De hecho, hay mucho tango en otros países también. No hubo lugar, de los países que conocimos, que no supieran lo que es el tango, o que no se generara algo con el tango. 

Con respecto a la movida tanguera que hay en el interior del país, ¿qué otros proyectos pudieron acercar a Necochea?

A: Yo, después de varios años de vivir en Capital Federal, volví a vivir a Necochea. Y lo primero que hice fue contactarme con Romina Moreschi, con quien decidimos empezar a dar clases. Fuimos las primeras dos mujeres presentándose como profesoras y como bailarinas en Necochea.

Fue algo muy desafiante, pero también muy enriquecedor. Nos hizo darnos cuenta de muchas de las carencias que había en el tango en Necochea. Y de lo privilegiadas que fuimos de haber podido acceder a otro conocimiento. Porque si yo me hubiese quedado en Necochea, posiblemente no hubiese conocido el tango, pero si lo hubiese conocido, hubiese conocido otro tipo de tango.

Con Romina también organizamos un encuentro en la Escuela de Arte de Necochea y dimos un taller de tango y perspectiva de género, al cual vinieron solo cinco personas. Pero a las propuestas de tango más tradicionales asistía mucha más gente. Estuvo muy bueno, porque por más que al principio había gente que nos criticaba, o no nos daba lugar, por algo se empieza y alguna tenía que empezar. 

M: Sí, para mí, que lo vi desde afuera, lo que fue muy interesante de ellas es que fueron las primeras mujeres juntas en Necochea que proponían el tango desde otro lugar. No se vestían como dos mujeres del tango, súper empilchadas, reproduciendo el mismo sistema. En ellas había algo que era más disruptivo. Fue una alegría saber que se estaba generando. 

¿Cómo están viviendo la práctica de tango en cuarentena? ¿Y cómo ven que funciona para sus colegas? ¿Aparecen alternativas?

A: Lo que podemos rescatar como positivo de la cuarentena es que nos unió físicamente en el mismo lugar. Nosotres, desde que nos conocemos, vivimos en ciudades separadas. Entonces, si bien ambes tomábamos clases a nivel individual, no teníamos tantas oportunidades para ensayar o investigar juntes. Con el aislamiento empezamos a vivir juntes y eso nos permitió dedicarle un montón de tiempo a la exploración del movimiento en la disciplina. 

M: Pero en cuanto a les compañeres, se ve muy difícil. Hay muches que antes podían y hoy no están pudiendo sostenerse con clases o con una milonga, por más que traten de trasladarlas a lo virtual.

Lo que pasa con el tango, como con el teatro, es que es muy corporal. Y si bien se pueden seguir haciendo cosas, porque es cierto que hay que trabajar la individualidad para después juntarte con otre, es muy difícil pasar tanto tiempo sin ese encuentro. Y nos resulta muy desesperanzador no saber cuándo va a volver ese encuentro.

Nosotres tentemos la suerte de estar juntes, pero hay parejas que hace un montón de meses que no bailan juntes. Podés entrenar mucho, pero hay algo del sabor de bailar con otre que no se da. Es muy difícil. 

A: Se generaron alternativas: dar clases por zoom, vivos. Pero quien tiene un espacio cultural, esto le partió al medio. Porque cuando no hay encuentro de cuerpos… 

M: Lo que creo que estuvo bueno es que hubo una gran descentralización del tango. Por ejemplo, mucha más gente tuvo acceso a clases que antes se daban solamente en la capital.  Entonces yo creo que cuando vuelvan a abrir las milongas, se va a bailar otro tango, van a pasar otras cosas. Va a ser interesante. 

A: Otra cosa que hicimos ahora en cuarentena es un encuentro, llamado “El tango late en el interior”, con unes profesores de Buenos Aires. La idea fue tomar esto positivo que nos está dando la cuarentena: que el conocimiento que elles tienen se pudiera traer al interior del país. Fue la primera vez que se dio este encuentro en Necochea. Fue una entrevista en vivo, que hicimos desde un espacio cultural de Necochea, una milonga muy conocida que también está en emergencia y se llama Almacén Murillo. 


Cuando vuelvan a abrir las milongas, se va a bailar otro tango,

van a pasar otras cosas.


Redes y contactos

Ig: @tango.itinerante

Fb: @agustinaarusso@matiasalvarez


Ph: Mora Urzagasti

Por Violeta Sabater


1.

Bailar sin parar hasta que el cuerpo se venza

cuando nada se sabe de las heridas

o de la palabra pasado

Se busca entre pisos

de madera o de mármol

o de baldosas

el cuerpo que pulsa

El momento exacto donde el pájaro

justo al darnos la vuelta,

convierte en libertad el vuelo

de su silueta

2.

Entre mutaciones,

apartarse de eso a lo que le dicen linaje

o hacerle honores

borrando las palabras que solía escribir

buscando los surcos 

mudando verdades

o reafirmándolas

3.

No sé si afirmamos lo que dijimos 

No sé si negamos lo que dijimos

Pero hubo un momento

en que nuestro decir acordado se expandió,

duró,

hasta volverse eco.


Ph: Federico Bini

Por Solange Rodríguez Soifer


Cuando escuché ¡a comer!, estiré mi vestido como pude y emprendí la carrera hacia casa. Debía estar sentada en la mesa antes del  primer llamado para que mamá no empezara con su rosario de quejas. Ella no sabía que tres minutos antes había hecho pis en el pasto, y que esa laguna tibia ahora se disipaba entre los arbustos. 

Esquivé los latigazos de las sábanas colgadas, y traté de no tropezar con Piccolino, que me seguía y por momentos se adelantaba, miraba hacia atrás y volvía sobre sus pasos para alcanzar mis piernas y empujarme con su hocico. Aun así logré llegar al comedor justo a tiempo; el aroma a pan recién horneado y pizzellas invadieron la nariz, mientras la panza se quejaba con un remolino de sonidos. Mamá estaba parada en la cocina y cortaba el pan en rodajas; la abracé con fuerza y los pliegues de su falda taparon por completo mi cara. Olía a ropa secada al Sol. Me dedicó una sonrisa y sus ojos se volvieron más luminosos; aún con el rodete que ocultaba su pelo, me parecía la mujer más hermosa del mundo. Con la mano tiznada de harina, me dio un empujoncito en señal de ir hacia la mesa. 

Di unos saltitos y me ubiqué en mi lugar; sabía que papá llegaría un momento después para colocarse en la cabecera. Así lo hizo, y antes de sentarse, soltó su delantal sin sacárselo; cuando bebió su café, la cerámica de la taza desapareció entre sus dedos de gigante. Mamá se limpió las manos con un trapo y acomodó como lo hacía siempre el cuadro que cada tanto se torcía, encendió la radio, y recién ahí ocupó su asiento, a la derecha de papá. Comenzaban a escucharse como cada lunes, los acordes del programa Canta Rabagliati. Fue entonces que un recuerdo lejano me sacudió.  

La melodía aún sonaba cuando la radio silenció de a poco la voz, hasta quedarse muda. Abrí los ojos. El cuadro ya no estaba, ni siquiera era la misma pared; sólo un reloj gris colgaba de la superficie blanca. Se escuchaba desde la tv una novela, y frente mío una mujer la miraba sin pestañear. 

-¿Qué hago acá? -le pregunté.  

-Vivís acá -me respondió sin despegar los ojos de la pantalla. 

Escuché pasos a mis espaldas pero no alcanzaba a ver de dónde provenían ni quiénes eran los intrusos. Intenté pararme cuando noté que algo me lo impedía: estaba atada a la silla. Comenzó a faltarme el aire.

-¡Quiero ir a mi casa! -dije con una voz cascada que no parecía ser mía.  

Los ojos celestes de la mujer me miraron con impaciencia. Había algo familiar en ellos, pero no estaba segura.

-Ya te dije que no podés volver. 

-¿Quién sos vos? ¡Quiero ir con mi mamá!

Traté de levantarme pero los huesos parecían estar rellenos de plomo.

-Quedate quieta que te vas a caer de nuevo.

¿Cuándo me caí? Miré mis piernas. Las vi finitas, débiles. Bajo el pantalón asomaba algo que hacía bulto a la altura de la cadera. Intenté soltarme pero sin tener la fuerza suficiente, el cansancio acabó por apagar mi cuerpo. 

Piccolino ahora no me prestaba atención; concentrado, rasgaba la tierra con sus patitas delanteras. Quería enterrar un hueso de pavo que había chupado por horas hasta dejarlo brillante. Mientras mamá colgaba la ropa de cama, yo armaba un ramo con flores de distintos colores para sorprenderla. Entre chicharras y susurros de árboles, se colaba el martilleo constante de papá sobre una espuela. En ese momento, algo que pareció como un trueno hizo vibrar la tierra como si miles de animales saltaran al mismo tiempo. Una bandada de pájaros voló a toda velocidad y en el horizonte comenzó a dibujarse un enorme árbol hecho de humo. 

– Carmelina ¡a la casa! 

Miré hacia mamá pero ya no estaba ahí; en su lugar había una sábana a medio colgar anudándose por el batir del viento y la tina volcada que parecía herida de muerte, con ropa asomándose de su panza de metal. Llegué al comedor lo más rápido que me dieron las piernas, y vi que el cuadro se había torcido por completo, pero esta vez  mamá no lo acomodó. Aunque el obsequio parecía desubicado, mis manos aún sostenían el puñado de flores silvestres. Papá encendió la radio y subió el volumen; es el Duce, le decía a Mamá. El discurso con palabras que no entendía comenzó a esparcirse por la casa. Combatientes de Tierra, del Mar y del Aire, Camisas Negras de la Revolución y de las Legiones, declaración de guerra, ¡venceré, y venceremos! Papá y Mamá se quedaron al lado de la radio medio encorvados, como si les contara un secreto, pero de esos que uno no quiere saber. Entonces supe que había algo que debía recordar.

El sonido de noticias urgentes se apagó y el silencio volvió a ocupar la casa. Abrí los ojos. El cuadro ya no estaba, ni siquiera era la misma pared; solo un reloj gris colgaba de la superficie blanca. Se oían pasos de fondo y una mujer enfrente mío leía un libro; no sabía quién era, aunque me resultaba familiar. Intenté pararme para salir de ahí, pero no pude; algo me detenía. Miré hacia abajo y vi una especie de cinturón que me sujetaba de lado a lado. Empecé a lloriquear pero para mi captora parecía que yo era invisible.

-Quiero ir al baño.

Siguió con la lectura de su libro y sin levantar la vista, me respondió.

-Tenés los pañales.

Me miré para comprobarlo. Debajo del pantalón había algo que hacía bulto a la altura de la cadera. Qué vergüenza tener que hacer ahí delante de todos. ¿Y si mamá se enteraba?

-¡Quiero ir al baño! -grité y las lágrimas acumuladas saltaron hacia los costados. 

-¡Ay, Dios! ¡No te soporto más! ¡Hacé en los pañales, mamá! 

Me quedé muda. Cuando reaccioné, miré mis manos apoyadas sobre las piernas; ya no tenían ramos de flores silvestres ni eran como yo las recordaba. Levanté la vista y me crucé con esos ojos claros que me miraban con desprecio, y recordé que alguna vez me contemplaron con admiración, como yo lo hacía con mi propia madre en un tiempo que ya no existía. Recordé también que tuve hambre, tuve frío y tuve miedo. Volvió a mí el crujir de un barco en altamar, que me llevaba lejos, en un viaje solo de ida. Escuché al oficial anotar mi nombre como Carmen, “porque Carmelina acá no existe”. También cómo sonaban en mis oídos las palabras nuevas que se esforzaron por esconder las viejas, aquellas de un idioma que ya no me pertenecía. Asaltaron mi memoria los amores lejanos, esos que te juran la luna y los otros que te juran el pan, y el más profundo, el de esos ojos celestes que una vez fueron chiquitos, cuando los miré por primera vez después de salir de mi vientre. Recordé entonces que dejé de recordar. La laguna tibia comenzó a fluir por el pañal, borrándose el rastro de la vergüenza. Cerré los ojos y entonces vi todo de nuevo. Sábanas colgadas que se agitaban al compás del viento; Papá martillaba; Piccolino empujaba mis piernas con su hocico; Mamá cocinaba, y como cada lunes, los primeros acordes de Canta Rabagliati comenzaban a sonar en la casa.