Autor

Rocío Navarro

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Ph: Melina Gómez

Por Agustina Arrigorria


Sin duda ha sido el fenómeno discursivo político más taquillero y polémico de los últimos años: sí, me refiero a la famosa “la grieta”. Periodistas, políticos, jueces, famosos y ciudadanos de a pie se retaron mutuamente a debatir sobre ella, si hay que cerrarla, ensancharla o mantenerla pero, ¿es posible hacer algo realmente con ella? ¿Cuál es su fundamento? O mejor aún, ¿cuál es el fundamento de la unión que la grieta viene a desunir?

Según sus enunciadores, la grieta es el fenómeno político que irrumpió en la sociedad para dividir a los argentinos, quizás poniendo en evidencia que la política también es confrontación y no sólo consenso, pero para que exista una división es necesario que exista previamente una unidad como aquello que la grieta viene a dividir. 


…¿cuál es el fundamento de la unión que la grieta viene a desunir?


A simple vista podría argumentarse que la unidad es muy clara: la sociedad conformada por el conjunto de los argentinos. Y de hecho esta ha sido la respuesta simplona de los objetores de la grieta. Sin embargo, tal unidad social no existió nunca. Empíricamente, nuestra sociedad ha estado atravesada por antagonismos culturales, económicos, sexistas, clasistas, religiosos, morales y partidarios que se han expresado políticamente. De hecho, todas las sociedades lo están y no existe ninguna frontera nacional que delimite y determine el interés unívoco de sus habitantes. De alguna manera, podríamos decir entonces que la grieta es aquello que divide, pero que en su división constitutiva expresa el fundamento de lo político, la tragedia de lo común: la plenitud social no existe.

Desde la filosofía política se denomina este fenómeno técnicamente como antagonismo. Su principal mentor, el filósofo y jurista alemán Carl Schmitt, postuló en su obra El concepto de lo político (1927) que la especificidad de lo político debe hallarse en una distinción a la que pueda reconducirse toda acción política y concluyó que esta particularidad era el antagonismo al que definió como una relación amigo-enemigo. Esta relación debe interpretarse en un sentido concreto y existencial, más allá de las diferencias económicas, morales, psicológicas o privadas. El terreno de lo político está fácticamente dividido y la permanencia de esta división es lo que vuelve ineliminable el conflicto.


…podríamos decir entonces que la grieta es aquello que divide, pero que en su división constitutiva expresa el fundamento de lo político, la tragedia de lo común: la plenitud social no existe.


Anteriormente al surgimiento de las democracias liberales modernas, en la época del ancien régime en la cual no había lucha por la hegemonía popular institucional ni votación, la unidad social estaba asegurada por el principio de representación por el cual el rey como representante de Dios en la tierra representaba también a un demos homogéneo. Pero donde hay nuevas situaciones, hay nuevos conflictos, y por eso, después de desenmascarar el poder y la violencia monárquica encubierta por argumentos teológicos, el surgimiento de la democracia representativa moderna trajo aparejado el conflicto de la identidad política: ¿cuál es el pueblo que se debe representar?, ¿cómo el pueblo puede representarse a sí mismo, si en esa lucha por la representación el pueblo mismo se divide en las urnas? Ya en el siglo XVII, Thomas Hobbes advertía en su famosa obra Leviatán (1651) que la sujeción al soberano es aquello que da unidad a los individuos haciendo de todos ellos un pueblo. Pero la disputa misma por la soberanía ubicó al pueblo en un lugar conflictivo como figura necesaria pero evasiva ante sí misma.

El problema de la falta de unidad social y la lucha por la identidad política puede ilustrarse claramente en las proclamas autorreferenciales de los incipientes pueblos en sus procesos constitucionales, por ejemplo el nuestro: “Nos, los representantes del pueblo de la Nación Argentina, reunidos en Congreso General Constituyente por voluntad y elección de las provincias que la componen, en cumplimiento de pactos preexistentes, con el objeto de constituir la unión nacional…”. El preámbulo de nuestra Constitución Nacional evidencia con claridad el acto performativo por el cual pueblo se instituye a sí mismo a través de su sola enunciación posibilitada por una circunstancia favorecedora, pero es preciso no olvidar que aquellos hombres y mujeres de la Patria que decidieron declarar la independencia y la forma republicana y democrática de gobierno no estuvieron solos y que no todos estuvieron de acuerdo. En una sociedad nunca se alcanza un consenso absoluto, ni siquiera en aquellas cosas que podemos considerar de sentido común, por lo que este se vuelve el menos común de los sentidos. La totalidad social alcanza su mejor representación siempre de forma imperfecta a través de una articulación hegemónica por una parte que se erige en representación del todo.

Es por este tipo de procesos que se instituyen las formas políticas, que la mayoría (pero también la minoría) se denomina como pueblo, pero que a pesar de los esfuerzos totalizadores, no siempre todos están de acuerdo. Otro ejemplo que ilustra la puja por la soberanía y la representación del conjunto de la unidad política son los clásicos cánticos de las manifestaciones: “Olé le, olá la, si este no es el pueblo ¿el pueblo dónde está?”. Y bien, quizás el pueblo esté ahí, en otro lugar, o más precisamente en ninguna parte, porque nunca existe algo así como una totalidad social conciliada enteramente consigo misma.


En una sociedad nunca se alcanza un consenso absoluto, ni siquiera en aquellas cosas que podemos considerar de sentido común, por lo que este se vuelve el menos común de los sentidos.


En la reflexión acerca de estos problemas sociales tras la caída de los principios fundantes que caracterizaron el pensamiento moderno, la filosofía dió a luz a una corriente política conocida como teoría posfundacional, que postuló la imposibilidad de erigir un orden político sobre fundamentos trascendentales, ahistóricos, absolutos y racionales. Dios ha muerto y el rey también ¿quién maneja los hilos ahora? ¿quién los sostiene y para quién? Para esta teoría, pensar el fundamento ausente de lo social no equivale a pensar la nada sino el lugar de la vacancia permanente pero siempre ocupado por un orden político que configura la escena social. Este orden es contingente, cambiante y sujeto a constante renovación por parte de los actores políticos, reflejando a través de sí una configuración hegemónica determinada que esconde el desacuerdo de los sectores contrahegemónicos. En otras palabras, podemos concebir lo social como una búsqueda imposible de la unidad frente a una pluralidad de diferencias, y lo que en política hoy es de tal forma mañana puede ser de otra manera.

El hecho de que la sociedad completamente unificada sea imposible, no significa que sea irrelevante, por el contrario, su búsqueda sigue siendo necesaria. Aunque los antagonismos operen al interior de la unidad dividiéndola, esta unidad sigue garantizada por otros antagonismos exteriores a ella. Es así como una nación se perfila frente a otras, como una diferencia frente a ellas, pero a su vez zanjada por otras diferencias internas que no deben reducirse a la mirada peyorativa, por ejemplo sobre la “falta de unión entre argentinos”, ya que esa misma división también asegura la pluralidad entre los sujetos y sus distintas formas de vida.


El hecho de que la sociedad completamente unificada sea imposible, no significa que sea irrelevante, por el contrario, su búsqueda sigue siendo necesaria. Aunque los antagonismos operen al interior de la unidad dividiéndola, esta unidad sigue garantizada por otros antagonismos exteriores a ella.


A lo largo de toda su obra, Chantal Mouffe (1943-actualidad) intentó reelaborar la noción schmittiana de antagonismo para volverla más amable con el contexto democrático liberal, fue así como abordó a su noción de agonismo, que recupera la dimensión antagónica del conflicto pero de forma domesticada. Mientras que el antagonismo de Schmitt significaba una relación amigo-enemigo, el agonismo de Mouffe significa una relación nosotros-ellos entre adversarios. Este vínculo de consenso conflictivo se desarrolla sobre un acuerdo de base acerca de los principios éticos que dan forma a la asociación política expresándose a través de distintas interpretaciones. En ella, los adversarios luchan en la arena política percibiendo a sus opuestos como legítimos competidores democráticos que comparten un espacio simbólico común dentro del cual tiene lugar el conflicto.

La noción de agonismo nos permite reevaluar “la grieta” desde un lugar más sano que el que comúnmente se nos presenta. Si el conflicto es inevitable y la división antagónica es la dimensión que inaugura la esfera de lo político, entonces es mejor que este sea reconocido y domesticado a través de mecanismos democráticos. El reconocimiento agonista asegura que los distintos grupos en pugna se esfuercen por cumplir con una base democrática sobre la cual competir. Desde este punto, puede entenderse por qué no puede cerrarse la grieta, pero también por qué no debe cerrarse: es preciso que el consenso conflictivo garantice que aunque la pelea no tenga final, sí tiene límites y que esos sean los que el marco democrático permite. No es posible (y no debería ser querible) cerrar la grieta como pedía Duhalde en un reportaje hace una década, pidiendo “un país para el que quiere a Videla y para el que no”.

Ignorar la división constitutiva de lo social esforzándose por cerrar definitivamente la grieta en un clima pospolítico, forzando el consenso inexistente para cerrar la totalidad social permanentemente abierta, ensancha el riesgo de que los factores antagónicos emerjan en formas anti-políticas que van desde el desinterés hasta el golpismo o el terrorismo.


La noción de agonismo nos permite reevaluar “la grieta” desde un lugar más sano que el que comúnmente se nos presenta. Si el conflicto es inevitable y la división antagónica es la dimensión que inaugura la esfera de lo político, entonces es mejor que este sea reconocido y domesticado a través de mecanismos democráticos.


Probablemente la grieta no pueda ni deba cerrarse para mantener una forma franca de política y poder reafirmar la propia identidad. Después de todo, las identidades políticas se configuran dialécticamente siendo lo que el otro no es. En esa distinción nosotros-ellos es preferible, mínimamente, estar del lado de los que admiten estar de un lado y no de los que combaten toda diferencia desde un lugar pretendidamente pacífico y neutral. Una oda a la grieta podrían decir algunos, yo preferiría citar a Serrat: “Se arman hasta los dientes en el nombre de la paz / Juegan con cosas que no tienen repuesto / Y la culpa es de el otro si algo les sale mal / Entre esos tipos y yo hay algo personal”.


Foto: Google

Por Martina Leunda


En medio de la pandemia, Martín Kohan publicó Me acuerdo (Godot, 2020)un libro que se inserta en una tradición inaugurada por Joe Brainard en la que también se anotó Georges Perec, que consiste en una lista de recuerdos reales pero fragmentarios comenzados siempre por la formulación “Me acuerdo de”— y Confesión (Anagrama, 2020) —una novela compuesta de tres partes conectadas por Mirta López, la abuela del narrador, y Jorge Rafael Videla—. Dos libros que se incorporan a una prolífica lista de novelas, ensayos y cuentos. Es escritor de ficción y crítico literario. Pero como él mismo dice: “fundamentalmente docente, que es de lo que yo vivo”. En 2020 dio, por Zoom, 102 clases y otras tantas entrevistas. Y ahora está acá, de nuevo en el Zoom, con la bandera de Boca siempre de fondo, dispuesto hablar de la docencia y de la literatura, de lo que vive.


¿Cómo viviste este año la docencia?

Fue una exigencia y un esfuerzo muy grande. Hoy hablamos de Zoom como hablamos del subte, pero en marzo no era así. Nadie estaba listo o casi nadie, para pasar de formato. La Facultad de Filosofía y Letras de la UBA en aquella primera instancia no nos aportó herramientas ni protocolos ni capacitación. La indicación que recibimos en marzo fue que nos manejáramos exclusivamente con ejercicios escritos y guías en el campus. En el equipo que yo integro de la materia que se da el primer cuatrimestre, nos pusimos de acuerdo en que no era un modo suficiente lo que yo llamaba “cursos por correspondencia”. La correspondencia es más ágil vía internet pero el mecanismo es el mismo. Nos pusimos de acuerdo en dar clases. Por suerte contamos con posibilidades. Algunos integrantes del equipo damos clase en otras universidades donde nos trataron mejor, nos dieron condiciones de trabajo. Una compañera trabaja en estas formas de educación en la Universidad de Quilmes desde hace años, entonces tiene un conocimiento considerable que nos permitió indagar por nuestra cuenta. Para el segundo cuatrimestre instrumentan la plataforma Teams, desde la facultad. En el primero quedamos completamente librados a lo que pudiésemos hacer. En un momento del primer cuatrimestre nos mandan información que fue copiar y pegar una página de internet. A esa altura nosotros ya habíamos hecho reuniones para probar Jitsi, Zoom, alternativas para el problema del corte a los cuarenta minutos, probamos recursos de intervención. Cuando nos mandaron las primeras coordenadas, muy generales e imprecisas, ya íbamos por el octavo o noveno teórico. Ya estábamos funcionando y lo habíamos resuelto con puro esfuerzo.

Esfuerzo en herramientas que no se sabía por cuánto tiempo iban a servir

Sí. Al mismo tiempo en ese momento y todavía ahora hacen falta. El resultado para mí fue muy satisfactorio y lo que yo comentaba primero a los compañeros y después a los estudiantes era que no comparáramos Zoom con el aula, sino con el cuatrimestre perdido. Yo lo valoro porque era eso o nada, porque yo estoy convencido de que la teoría literaria, que es la materia que yo dicto, no se enseña con guías de lectura. Me parecía y me sigue pareciendo un disparate. En la facultad donde se enseña Ciencias de la Educación y donde hay un programa de educación a distancia lo que tenían para decirnos era que hiciéramos ejercicios y guías de lectura sin ningún contacto sincrónico con los estudiantes. Eso lo cumplimos porque era la indicación del empleador, y mientras tanto fuimos instrumentando la posibilidad de dar clase, y dimos la totalidad de las clases previstas con la condición indispensable en una situación dialógica como es la de una clase, que es que la palabra del otro afecte la propia. Si la exposición es una secuencia organizada, que se supone que una clase lo es, si no despejás la duda en el momento, o la retomás, la elaborás o la ubicás cuando surge, no estás incorporando eso a tu propia exposición. Hay aportes, ampliaciones, observaciones de aspectos que uno no había pensado, discusiones. Una clase se compone de todo eso. Por suerte. Por eso la docencia es tan apasionante. El Zoom dio la posibilidad de la interacción, lo más parecido al estar ahí que se puede lograr. A mí me sirvió mucho el chat porque por un lado se parecía al pizarrón del modo en el que uno lo usa en clase, que es para subrayar algunos conceptos permitiendo que se arme una secuencia en el planteo y se siga esa secuencia. Funcionó. Siento que enseñamos y aprendimos. Ahora, con el entusiasmo que fui teniendo de ver cómo funcionaba, como el aula y la presencialidad no hay. He leído con preocupación artículos que planteaban que con estos nuevos formatos se termina la clase magistral en el aula del docente hablando y los estudiantes escuchando. Me parece increíble que supongan que lo que pasa en un aula es eso.


El problema es de la concepción de la docencia, no del aula o del Zoom. Quienes apostamos a la interacción y al dialogismo para enseñar, donde incorporar la palabra del otro es decisivo, lo podemos hacer en Zoom y se puede hacer, mucho mejor, en las aulas.


Y que lo que pasa en un Zoom no es eso

El docente que se para en la clase y habla dos horas solo, conecta Zoom y habla dos horas solo. El problema es de la concepción de la docencia, no del aula o del Zoom. Quienes apostamos a la interacción y al dialogismo para enseñar, donde incorporar la palabra del otro es decisivo, lo podemos hacer en Zoom y se puede hacer, mucho mejor, en las aulas.

En estos momentos de excepción, como también fueron las tomas del 2018, surge lo que en una de tus columnas en Perfil planteás como “un elogio abstracto, difuso y general a la educación con un desprecio concreto a los docentes, a nuestro trabajo y a nuestras prácticas concretas”, ¿qué reflexión te merecen esos discursos?

Primero yo apoyo el reclamo por el regreso a las aulas. Inicialmente se marcó muy fuertemente la idea de que adentro estábamos protegidos y afuera estábamos expuestos. Hacia mayo o junio, aun en el descalabro de vacilación de los saberes científicos se avanzó en el sentido de que el riesgo del contagio en los espacios abiertos era mucho más bajo de lo que se suponía. Eso cambió radicalmente un imaginario de los espacios. La calle que había sido sospechosa, amenazante, perdió esa carga. Pero creo que este dato no cambió el estado de cosas tanto como lo debería haber cambiado. Se seguían anunciando directivas para ninguna realidad. Ya había una vuelta hacia los espacios, no porque fuéramos negligentes y no tomáramos cuidados, justamente porque había información nueva. Hablo de Buenos Aires, que es donde yo estoy, porque la Patagonia, donde di clases muchos años, plantea otro problema para lo que voy a decir, y sé que el problema es nacional. El clima de Buenos Aires es una maravilla, podés tener quince grados una tarde de invierno. Hay posibilidades de recuperar espacios en las escuelas sin riesgo, espacios comunes, patios, plazas. Se abrieron posibilidades que no se usaron para la educación. Entonces la primera cuestión es que suscribo al reclamo de la vuelta a las escuelas, lo que involucra la discusión sobre las condiciones. Por lo pronto sobre los desplazamientos y las condiciones edilicias. Cosa que nos lleva a otro problema en la ciudad de Buenos Aires, que es el problema de las vacantes en las escuelas públicas, por lo pronto las primarias, para que los estudiantes puedan ir a la escuela de su barrio y no tengan que tomar transporte público. Esto, la condición deficiente y a veces deplorable de nuestros espacios de trabajo y de cursada plantean un problema que estaba antes de la pandemia. En la Facultad de Filosofía y Letras tenemos baños sin agua caliente, sin jabón, sin algo con que secarse las manos. Y lo digo no porque limpien o no limpien…

Cursamos en condiciones insalubres desde hace mucho

Estamos los que nos venimos preocupando por las condiciones de la educación en Argentina y los que parecen haber reaccionado frente a la pandemia y el reclamo de la vuelta a clases. Cuando pedíamos mayor presupuesto hemos sido denostados por quienes ahora lucen repentinamente preocupados. Entonces me permito interrogar en qué consiste esta repentina preocupación. Se puede comparar, efectivamente, con otras situaciones. Yo me acuerdo de las tomas de los estudiantes secundarios. Hubo una que trajo mucha repercusión mediática…

Tu debate en el programa de Eduardo Feinmann

Mirá hasta dónde llegaron las cosas que uno llegó hasta ahí. Había una reforma que se estaba por introducir y de la que estábamos todos negligentemente desinformados. Reaccionamos ante las tomas. Una vez que esto se produce fue muy claro el dilema de cuánto se ponía el foco en las tomas como tales y cuánto en lo que las tomas estaban tratando de dar cuenta que era el carácter deficiente desde el punto de vista educativo de la reforma. Uno notaba una preocupación mucho mayor por aleccionar a los díscolos, mandarlos a callar y volver a las aulas. Y efectivamente se resolvieron las tomas, se volvió a clase y la educación en cuanto a sistema de planes educativos, lineamientos generales, les dejó de importar otra vez, hasta la próxima toma donde volverán a discutir la toma, a disciplinar al que se retobó y cerrar la puerta del aula para desentenderse otra vez. Me interesa muchísimo la discusión, por eso en la columna de Perfil le daba la bienvenida a muchos que cuando esto ya se estaba cayendo a pedazos hablaban de otra cosa o desestimaban nuestra lucha. Cuando pase la pandemia no se olviden de que hay problemas en la educación, que las condiciones edilicias son malas, que la precarización laboral de los docentes trae consecuencias.


Estamos los que nos venimos preocupando por las condiciones de la educación en Argentina y los que parecen haber reaccionado frente a la pandemia y el reclamo de la vuelta a clases.


Con la condición social de la literatura creo que se da un mecanismo hipócrita bastante parecido. De la literatura todo el mundo habla bien, dicen que les gustaría que sus hijos o sus sobrinos lean más, porque, además, siempre piensan que el que no lee es el otro y ese otro siempre es un niño. Entre ese gesto y el interés real por la literatura la disparidad es notoria. Creo que hay una analogía posible con ciertos modos declamativos de la preocupación por la educación y a eso me refería con lo abstracto. Hablemos de lo concreto. ¿Cuál es el estado de los baños en las escuelas hoy? ¿Cuál es la proximidad de los estudiantes respecto a las escuelas donde cursan? ¿Cuál es la condición laboral de los docentes? Lo digo para volver a las aulas, porque esa es mi postura. Pero pretendo que eso habilite efectivamente la discusión sobre el estado de cosas en la educación argentina.


De la literatura todo el mundo habla bien, dicen que les gustaría que sus hijos o sus sobrinos lean más, porque, además, siempre piensan que el que no lee es el otro y ese otro siempre es un niño.


Pensemos en las clases habituales. Cuando se habla de figura autoral se suele pensar en lo que un escritor es por fuera de la literatura. En tu caso a veces se hace referencia al fanatismo por el fútbol pero para vos literatura y fútbol no se tocan. En la cancha no pensás en Borges, y en la literatura no se te asocia a la tradición de los escritores de fútbol. Ahora bien, ¿qué sucede en las clases con algo así como una figura del docente?

No hay estrategia ahí. Creo que la docencia tiene algo de actuación. Sobre todo en la medida en la que uno no es exactamente como es cuando baja de la tarima, porque estás haciendo otra cosa. Ahora, no hay algo así como un personaje, o por lo menos no desde una premeditación. Por lo tanto cómo funciona lo tienen que responder los estudiantes. ¿Cómo les funciona que al docente que está ahí también lo vieron discutiendo en la tele o en un meme donde está en la cancha de Boca? A mí el fútbol me gusta, no es una estrategia de escritor. La ropa es la ropa que a mí me gusta, punto. No lo traigo como puesta en escena porque no lo es. Dejo que funcione en las clases cuando veo que funciona. Ahora, dentro del desarrollo de una clase sí hay aspectos que están pensados, que son estrategias de la docencia. Uno es lo que yo llamo recreos dentro de la clase. Cuando venís de un concepto que exigió una carga de concentración muy grande, no es bueno seguir en ese registro. Porque no puedo decir “¿alguna duda?” “No” y seguir. Las dudas no vienen tan claras. Son dudas. Uno porque duda muchas veces no puede definir ni la duda. Hay que manejar momentos de tensión conceptual y de distensión. En ese sentido uno puede elegir que el desarrollo o la ejemplificación vengan de otro mundo, lo que tiene que poder sostener conceptualmente lo que uno está explicando y al mismo tiempo traer un poco de aire al nivel de concentración que tenemos que tener.

La digresión de la que hablaba Barthes

La digresión justamente es parte del dispositivo. Es importante el cambio de registro. Y como bien decías, el cambio de registro pueden ser Los Simpson para el que lo maneja;  yo manejo más el mundo del fútbol, pero depende del asunto. Si estamos dando Bajtín, por supuesto que no vamos a trasladar mecánicamente las características de la cultura popular, como las define Bajtín en la edad media y el Renacimiento, a un presente. Ahora, en la conceptualización algunas resonancias podrían funcionar. Si estás dando Bajtín, el desborde como cualidad de la cultura popular en términos de las prácticas en los espacios frente al control y la delimitación de los espacios oficiales, Estado e Iglesia, por qué no sería pertinente hablar de lo que pasó en la Casa Rosada el otro día. Si advertís que hay un cierto grado de densidad, no podés seguir adelante si estás pensando realmente en la posibilidad de absorber, elaborar, potenciar, lo que estás enseñando. El Zoom te quita bastante del registro de la atmósfera, del clima.


El espacio del aula no determina ninguna unidireccionalidad, al contrario, abre y posibilita más formas, incluso las más dinámicas y menos verticales.


El aula genera un clima de la clase mientras que en el Zoom cada uno está con su propio clima, con sus propios ruidos, sus propias interrupciones

Exacto. El espacio del aula no determina ninguna unidireccionalidad, al contrario, abre y posibilita más formas, incluso las más dinámicas y menos verticales. En el Zoom, además, desaparece, como vos decís, la interacción entre los estudiantes. En un aula ustedes no solo están en presencialidad con el docente sino entre ustedes. En el Zoom es más difícil, pero bueno hubo una pandemia, era eso o nada. Se logró razonablemente y voy a terminar el año habiendo dado 102 clases.

Tenés más relación con el Zoom que…

La pandemia no la estoy pasando exactamente en mi casa, la estoy pasando en el Zoom. Porque además están las entrevistas. Este año salieron dos libros que podrían haber pasado de largo….

¿Alguna vez pasó desapercibido un libro tuyo, por lo menos, de los últimos veinte años?

No. No me puedo quejar. Yo estoy muy feliz y muy agradecido. Hablo como si hubiera recibido un Martín Fierro y le estuviera agradeciendo a APTRA. Pero la verdad es que me salen esas palabras. Este año fue muy particular. La perspectiva era que salían los libros en abril, después venía la feria del libro…

Plan de estrella de rock

Hasta donde lo permite la literatura. Por ahí una banda de garaje. Pero bueno, parte de lo que hice acá sentado fue participar en mesas sobre literatura en Barcelona, feria del libro en La Rioja, feria del libro en San Luis, feria del libro en Montería, Colombia, feria del libro en Cali. Todo eso es muy gratificante porque fue un año muy atípico. Cada uno que se interesa por lo que escribo, a mí, desde lo más sincero y sin pose, me despierta un agradecimiento muy genuino. Y este año tanto Me acuerdo como Confesión agotaron la primera edición en meses.

Pensando en Me acuerdo y en “La muerte del autor” de Barthes, como el texto de bienvenida a la carrera de Letras, ¿cómo ves la tensión entre eso y las escrituras del yo? 

A mí me parece que la posición más interesante es inscribirse en esa  tensión entre los dos planteos. Sin desistir del gesto fundamental de “la muerte del autor”, que es desplazar el eje al lector, la posibilidad de recuperar una figuración de autor que no implique la restitución de la autoridad social del escritor como autor. La figura de autor como autoridad clausura la significación, los sentidos, los recorridos. Vos decías bien que cuando entrás a la facultad lo primero que te dicen es eso, pero porque cuando salís impera lo contrario. En ferias del libro, mesas redondas, se sigue presuponiendo que cada texto tiene un soberano que como tal detenta la patria potestad de los sentidos del texto. Qué bueno que existe la facultad, hay que seguir dando “La muerte del autor”, para poner en crisis esa premisa, de tal manera que si se restituye el autor se lo haga de otro modo. Cuando Graciela Speranza publica su libro de entrevistas Primera persona (Norma, 1995), en el prólogo Beatriz Sarlo dice: han matado al autor pero acá está, nos sigue importando lo que dicen. El libro es buenísimo, tiene retratos de Alejandra López buenísimos, y me parece un buen ejemplo de que esa restitución no era exactamente una restitución.

Esto lleva a lo que puedo decirte sobre la cuestión de las literaturas del yo. Si consisten en la plasmación directa del yo autoral, ahí la palabra a subrayar para mi es “directa”, falta de mediación. Y para mí la mediación es la literatura. Sería necio decir “no a la literatura autobiográfica”. Cuando doy Lukács siempre digo que uno no puede suscribir a una teoría de la literatura en la que Kafka o Joyce no entran. No voy a ser tan necio de refractar un tipo de literatura que llevaría a renunciar a Proust. Lo que uno lee en Proust, por tomar el caso máximo, es lo que hace el lenguaje, la narración, la sintaxis. El trabajo del lenguaje con la memoria y la memoria en el lenguaje, pueden producir un yo. Es pura mediación, puro espesor del lenguaje. Todo lo contrario a la trasposición directa. Que el sujeto del enunciado es siempre una construcción, incluso en la autobiografía, sobre todo en la autobiografía, creo que efectivamente es así. Hay textos grandiosos: los Diarios de Kafka, de Pavese, los de Piglia… Cuando Alan Pauls escribe en tercera persona, desplazando el punto de vista, asignándole la condición testimonial y a la vez reconfigurando sintácticamente, es una operación literaria y me interesa mucho, porque además lo hace muy bien. En algunos casos uno tiene la impresión de que la literatura está ahí como un medio del que hay que valerse para ir a lo que realmente importa que es la exhibición del yo, y se reduce al mínimo soporte para que el traspaso entre el yo y el yo sea lo más directo posible. No me interesa ningún uso de la literatura de esta índole. Cuando se hace en nombre de una literatura política y se hace del mismo modo, tampoco me interesa, incluso estando de acuerdo con lo que es expresado políticamente. Me interesa cuando algo es irradiado por la literatura misma, no solamente instrumentado.



En Confesión surge la tensión entre la memoria individual de los personajes y memoria colectiva. En el 2002, además de Dos veces junio se publica El secreto y las voces de Carlos Gamerro y se produce la película Los Rubios de Albertina Carri. En esas obras, como ahora en Confesión, sucede algo que nace de un momento en el que la memoria como relato está en plena construcción. Es un año en el que ya existía H.I.J.O.S pero todavía no se había consolidado un relato de memoria colectiva como se constituyó con la llegada del kirchnerismo. ¿Cómo ves este proceso de construcción de la memoria?

Vamos otra vez a la cuestión del autor y la literatura. El autor como sujeto de invención que tiene algo claro y lo va a expresar o la literatura como un campo de problematización y de indagación que está abierta. Yo pienso en el menemismo y en el 1 a 1, con todo lo que eso supone. No solo la implementación del plan económico sino la ideología y los imaginarios activados de ese plan, es decir, la ficción del primermundismo argentino. Una ficción verosímil, como son verosímiles las ficciones que tocan el deseo de creer. Eso es lo que se descalabra en diciembre del 2001 aunque Menem ya no estaba en el poder. Porque un indicador de que ese descalabro no fue pleno podría ser que las elecciones del 2003 las gana Menem en primera vuelta. Yo pondría el foco en el menemismo cuya política de olvido como política de Estado fue muy fuerte en un plano muy concreto con los indultos y con algo que fue de la amnistía a la amnesia. Pero también produjo una cultura de la frivolidad que acompañó ideológicamente esa apuesta al olvido. Eso no está terminado del todo. Puede ser un poco reductivo llamar a todo eso Tinelli, pero como condensación: Tinelli, pizza con champagne o distintas formulaciones de la cultura de época, sin que decir frivolidad suponga colocarse en el lugar de la solemnidad o pomposidad. Como sabemos desde el marxismo, el colapso de la estructura económica genera otro colapso. Entonces la fecha que vos subrayás del 2002, podría inscribirse ahí. Al mismo tiempo, como decíamos sobre el autor, la memoria no se reestablece como estaba antes porque tenés que dar cuenta también del estado de amnesia a la que la sociedad argentina se predispuso. 2002 me parece una fecha muy atendible, más allá de Dos veces Junio porque tiene que ver efectivamente con lo que hablábamos. Las tres expresiones que mencionaste funcionan no como la afirmación de una memoria sino como la indagación entre memoria y olvido.

El gesto del nombre de la película de Carri, teniendo en cuenta que sus padres no eran rubios…

Y por algo en la novela de Gamerro se habla del secreto. En vez de decir “contra el olvido la memoria”, en Dos veces junio se podría decir que se juega entre lo que se sabe y lo que no se sabe, con la complejidad que esto puede tener. Y en la novela de Gamerro también, no es el gesto asertivo de la literatura de denuncia, es todo un trabajo sobre el silencio.  


Creo que la memoria no funciona sin una dinámica respecto del olvido. No el olvido entendido como aquello que contrarresta la memoria sino como aquello que la hace posible.


En una de las entrevistas que diste a raíz de Confesión hablabas de la idea preconcebida de que el silencio es represivo y la palabra liberadora

Porque también la memoria como mandato a mí me parece cuestionable. Creo que la memoria no funciona sin una dinámica respecto del olvido. No el olvido entendido como aquello que contrarresta la memoria sino como aquello que la hace posible. Me parece que el 2002 es un momento. Por algo pudo ocurrir el kirchnerismo después, hay que preguntarse qué estaba pasando con la memoria y el olvido en ese momento.

Para terminar no puedo no preguntarte si escribirías algo sobre Maradona

No. No me es posible porque el dolor es demasiado. Hay un punto del dolor que uno lo pasa no diciendo nada porque no hay nada para decir. Yo no puedo decir nada.

No digamos más nada

No digamos nada.


Ph: Carolina Celeste González

“El hombre que construye a Robot

necesita primero ser un Robot él mismo,

vale decir podarse y desvestirse

de todo su misterio primordial”.


Leopoldo Marechal, Poema del robot


1. En estos días hubo una polémica noticia en torno a un concurso de poesía que fue ganado por un supuesto Bot. El escritor venezolano Rafael Cabaliere ganó el III Premio Espasa de Poesía y como no era alguien conocido en el mundillo editorial y en el mundillo de la poesía en red comenzaron a surgir fuertes rumores en base a su identidad. Entre todos los rumores que surgieron, el más difundido consideraba que el autor del libro “Alzando Vuelo” era un robot informático, un bot programado para escribir poesía a partir de un algoritmo. La historia termina con la editorial aclarando públicamente que Rafael Cabaliere existe, que es un informático y publicista venezolano y que se había puesto en contacto con la editorial para cobrar el premio de 20.000 euros. Hay dos cosas profundamente decepcionantes de la noticia: la primera es que sólo hayan pensado que era un bot a partir de que casi no tenía fotos en sus redes sociales al contrario que los otros poetas; la segunda, la poética de autoayuda con la que ganó el concurso. Está bien, no es la primera vez que la realidad es menos interesante que la ficción. A partir de esa noticia se me ocurrió repasar algunos tópicos vinculados a la poesía y los algoritmos de escritura sobre los que vengo rumiando hace un tiempo. 

2. En 1950, Alan Turing pensó un test para responder la pregunta “¿Pueden pensar las máquinas?”, él creía que si una máquina podía mantener una conversación basada en un material escrito por un humano, con un dominio tal que el humano no pudiera discernir si estaba hablando con una máquina o un humano, se podría decir entonces que la máquina tiene inteligencia. En el 2013, Benjamin Laird y Oscar Schwartz diseñaron el test de Turing de poesía Bot or not donde quien participa debe leer poemas y discernir si fueron escritos por robots o por personas. Si tipean “Bot or not” en un buscador de internet lo van a encontrar rápidamente y ahí pueden probar el test, si pueden leer en inglés los invito a que lo hagan. 


La poesía robótica como un sistema axiomático, relega la semántica a un segundo plano. 


3. Raymond Kurzweil es el Director de ingeniería de Google y unos de los fundadores de la Singularity University en Silicon Valley. Antes de eso, a mediados de los noventa, diseñó el RKCP –un software– que todavía corre para Windows 95 y 98 capaz de trabajar con un texto fuente que se le proporcione. El programa analiza y detecta cómo se usa el lenguaje en ese texto, para luego volver a generar uno nuevo que emule el estilo del anterior. Veamos:

Un ciervo herido salta más alto.

he escuchado el narciso

he escuchado la bandera hoy

he escuchado al cazador decir:

No es sino el éxtasis de la muerte.

Y luego el freno está casi hecho.

Y el amanecer crece tan cerca

Que podemos tocar la desesperación

y la esperanza frenética de todas las épocas.

Esto último es la traducción de un poema que fue creado a base de cientos de poemas escritos por la poeta Emily Dickinson. RKCP analizó la forma en que ella usaba el lenguaje, aprendió el modelo y luego volvió a generar un modelo siguiendo la misma estructura. Pero lo importante a saber del algoritmo es que no conoce el significado de las palabras que usa. El lenguaje es la materia prima con la que trabaja, podría ser algo en alta o baja poesía, podrían ser discusiones de Twitter o posteos en Facebook. La poesía robótica como un sistema axiomático, relega la semántica a un segundo plano. 


un algoritmo puede escribir poemas con el estilo de un autor de un modo similar que un fanático de dicho autor puede escribirlos ¿pero puede escribir de un modo tal que marque un antes y un después?


4. Frente a la posibilidad de vernos totalmente superados por los robots en el campo de la literatura cabe preguntarse por una de las figuras centrales de la filosofía del arte kantiana: el Genio. En su imprescindible análisis sobre el juicio estético y el juicio teleológico desarrollado en Crítica del Juicio, Immanuel Kant define al Genio como el talento innato del artista productor que le da la regla al arte, más específicamente al arte considerado como bello. El artista genio se define por ser original respecto a sus antecesores, por ser un ejemplo para los artistas posteriores y para colmo muchas veces ni siquiera tiene una explicación coherente sobre cómo realizó sus obras. Ahora bien, las potencias intelectuales que confluyen en el genio son la imaginación y el entendimiento pero con fines distintos al conocimiento; es a partir del juego de estas facultades que se da una proporción –que ninguna ciencia puede aprender y que ninguna escuela de bellas artes puede enseñar, como nos dice Kant– encontrada por el genio mediante la expresión de aquello inefable en el estado del alma en la representación propia de los distintos formatos artísticos. 

A partir de esto nos queda la pregunta: un algoritmo puede escribir poemas con el estilo de un autor de un modo similar que un fanático de dicho autor puede escribirlos ¿pero puede escribir de un modo tal que marque un antes y un después? Supongo que no, pero no estoy tan seguro. Con que uno pueda hacerlo es suficiente, después de todo, son muy pocos los artistas que alcanzan el difuso estatuto de Genio.

5. ¿O acaso la obra del Genio es un código de programación que aún no sabemos leer?

6. En el año 2014, el artista de pop psicodélico japonés, Shintaro Sakamoto, compuso la canción “You can be a Robot, too” para su disco Let’s Dance Raw donde la letra, que significativamente es cantada por el coro de niños de Kamome, nos habla de la posibilidad de convertirnos en robots a partir de un chip que nos colocamos entre las cejas, mediante esa transformación práctica y para nada costosa, nos liberamos de la ansiedad y de la angustia. El tema y la letra son alegres, lo cual encierra un magnífico gesto irónico que bien podría dialogar con el concepto de positividad de Byung-Chul Han o con el tratamiento que Mark Fisher hizo sobre la depresión, pero no me quiero ir tanto por las ramas. Un detalle no menor es la aceptación creciente del avance tecnológico por parte de la sociedad: “20% de Japón está de acuerdo” dice el primer estribillo de la canción, “50% de Japón está de acuerdo” el segundo. Asistimos a una mutación sensitiva a partir de los avances tecnológicos en el campo de la informática, la teoría de sistemas y la comunicación que podría llevar a preguntarnos si la escritura ya no está siendo modificada a partir del momento en que nuestra experiencia pasa a estar mediada por algoritmos. 


¿O acaso la obra del Genio es un código de programación que aún no sabemos leer?


7. En una entrevista del año 2005 recopilada en el libro Para una autopsia de la vida cotidiana, uno de los escritores ingleses de ciencia ficción más prestigiosos,  J. G. Ballard, dijo: “Muchas de las cosas que he escrito hace 20 o 30 años están empezando a hacerse realidad”. Ballard es un escritor que ha volcado su atención a la modernidad técnica y rechazó el sentimentalismo sobre el regreso a la autenticidad humana. Curiosamente, una de sus novelas cortas Estudio 5, las estrellas, publicado en 1961, nos contaba la historia de Paul Ransom, editor de una revista de poesía de vanguardia, Ola IX, que publicaba los textos de poetas residentes de la ciudad ficticia en la que se ubican la mayoría de sus historias del futuro, Vermilion Sands. En este escenario filo-distópico, la poesía es generada automáticamente por unos aparatos, denominados VT –Verse Transcriber– capaces de escribir poesía perfecta al ser programados con los parámetros adecuados como ritmo, rima o tema. La historia se centra en la aparición de una musa –Aurora Day– que convoca a una nueva manera de escribir, sin la ayuda de los VT. Ahora bien, cabe preguntarse: ¿Nos encontramos hoy frente a ese problema o ni siquiera podemos decir que haya un punto de retorno posible?


Asistimos a una mutación sensitiva a partir de los avances tecnológicos en el campo de la informática, la teoría de sistemas y la comunicación que podría llevar a preguntarnos si la escritura ya no está siendo modificada a partir del momento en que nuestra experiencia pasa a estar mediada por algoritmos. 


8. “Premisas de la edad de las máquinas. La prensa, la máquina, el ferrocarril, el telégrafo son premisas cuya conclusión literaria nadie se ha atrevido a extraer todavía” Friedrich Nietzsche, El caminante y su sombra, § 278.

9. Nietzsche señaló que los útiles de escritura participan en la formación del estilo de la misma, a raíz de la incorporación de la máquina de escribir a su actividad intelectual tanto él como críticos y amigos se percataron de las modificaciones en su prosa. Así de maleables y plásticos son nuestros pensamientos. Como señala Friedrich A. Kittler: “bajo el influjo de la máquina la prosa de Nietzsche cambió de argumentos a aforismos, de pensamientos a juegos de palabras, del estilo retórico al telegráfico”. A riesgo de terminar realizando una reducción del problema, el punto no es probar lo que ya hace tiempo fue probado, que los robots pueden escribir poesía (incluso más decente que la de muchos ganadores de premios internacionales) sino dar pie al pensamiento sobre aquello que la literatura y la técnica pueden hacer hablar una sobre la otra.  


Ilustración: Pilar Fontova

Por Agustina Trupia


Mi derecho a explorarme, a reinventarme, hacer de mi mutar

 mi noble ejercicio, /Veranearme, /Otoñarme, /Invernarme 

las hormonas, /las ideas, /las cachas, /toda el alma.

Susy Shock, “Reivindico mi derecho a ser un monstruo”

Suena una melodía enlatada. Abro los ojos en mi cama; despierto y acaricio a mi gato. Agarro el celular para detener ese ruido. Estiro mi cuerpo, me refriego los ojos y me levanto. Voy hacia el baño, me siento y hago pis. Me lavo los dientes. Vuelvo a mi habitación para estirar las sábanas y, por encima, el acolchado para dejarlo prolijo. Tomo la ropa interior del placar y me la pongo. Elijo un jogging diferente al de ayer y la misma remera que usé el sábado. Voy al living y corro las cortinas para que entre la luz del día. Entonces camino hacia la cocina, abro la heladera y tomo dos frutas para desayunar: elijo una mandarina y una manzana. Las llevo al living, abro la computadora y, mientras se enciende, corto las frutas. Busco en internet la misma radio que escucho todos los días a esta hora. Traigo una botella de agua, me sirvo en un vaso y, cada tanto, tomo sorbos. Como los trozos de fruta, respondo algunos mensajes que dejé pendientes la noche anterior, escucho la radio. Respondo un mensaje de mi mamá, otro de un amigo, mails de trabajo. Busco algunos libros de la biblioteca que pueden ser útiles para lo que tengo que escribir. Apago la radio para poder concentrarme, me acerco a la computadora y me pongo a tipear. 

La pregunta por su identidad de género hace meses, tal vez años, que a Euge le está rondando agazapada. A veces se acerca y entonces la siente respirando atrás, en su nuca. Otras, logra alejarla y mansamente obedece. Se dice a sí misma que no es razonable que, frente a otras personas que realmente lucharon por poder ser quienes son, ella tenga esta duda. A lo largo de su vida, las personas que la fueron rodeando siempre la trataron como mujer cisgénero. Eso fue constitutivo en el modo de verse a sí misma. Unos días atrás, leyó Yo nena, yo princesa y pensó que eso es luchar por la propia identidad; “eso es sentirse en disconformidad con lo que nos dicen que somos y con cómo el resto nos llama e identifica”, pensó. Hace un tiempo, también leyó Clara, el relato de una mujer trans que, en su adultez y estando lejos de su país de origen, tomó la decisión de transicionar y entonces reflexiona sobre el tiempo en que no pudo ser quién quería ser. Sentada en su escritorio, Euge piensa en Las malas, en Testo yonqui, en Trans*, en Marilyn, en Marlene Wayar, en Soy Sabrina, soy Santiago, en La virgen cabeza, en Paul B. Preciado, en Susy Shock…

Siente un nudo en la garganta. “¿Estaré perdiendo tiempo?”, se pregunta. Desde hace años, está leyendo y escuchando relatos de personas que encuentran una liberación de algunos mandatos sociales al mostrarse como se sienten. ¿Es acaso posible que ella tampoco se identifique con el género con el que se la reconoce desde que nació? No sufrió como sufrieron esas personas a las que tantas veces leyó y escuchó. Tampoco siente una molestia cuando se refieren a ella en femenino, pero a veces le gustaría que también lo pudieran hacer en masculino o con la “e”. 

Cuando estaba en la facultad y leyó por primera vez que el género era una construcción cultural, algo explotó adentro suyo. ¿Cómo era posible que aun aquello que siempre había dado por sentado (su género) resultara ser una construcción cultural? Al igual que lo es el hecho de comer con cubiertos, el modo en que respondemos a un chiste, la forma en que dormimos o en que vamos al baño. La implosión fue tal que marcó su deseo posterior en relación con lo académico. A partir de ese momento, siente una gran atracción por las lecturas que abordan la cuestión de los géneros y de las identidades disidentes. Al encontrarse con esos textos, halla una posibilidad para seguir pensándose.


¿No sería en definitiva más razonable abogar por la supresión de los géneros o establecer que hay tantos como personas?


Euge suele sentirse tensionada entre dos extremos: piensa que el género, la orientación sexual y la expresión de género no se eligen. Pero, a veces, siente que, en su caso, están en construcción. Se acuerda de de Beauvoir y su idea del género adquirido. Y se imagina a ella misma como un laboratorio de experimentación. “¿No sería en definitiva más razonable abogar por la supresión de los géneros o establecer que hay tantos como personas?”. Con el correr de los años, cuando se encontró siendo parte del movimiento transfeminista, comenzó a creer que, en términos de colectivización y de representación política, todavía, no es conveniente la absolución de los géneros. Entonces continúa.

Es habitual que Euge piense en su rutina diaria. Mientras camina por la calle, viaja en colectivo o ahora, que está en su casa en cuarentena con su gato sin que haya otros sujetos que la vean, piensa en qué parte de su día está siendo mujer cisgénero. Entonces hace para sí misma el relato con el que empezó este texto. Lo extiende a todos los momentos del día, incluso a los más íntimos y personales. Y piensa: “¿en qué momento, en qué acción fui mujer cis?”.


Su expresión de género, a raíz del modo en que le enseñaron a moverse, hablar, acomodar sus rasgos físicos, se entiende que es propia de una mujer cisgénero. Pero no comprende qué es eso. “¿Cómo es posible que otres decodifiquen socialmente, por ejemplo, el modo en que camino como perteneciente a una de solo dos opciones dadas?”.


Como primera respuesta, se le ocurre que es la mirada de la gente la que entiende su modo de accionar y de moverse como propio de una mujer cisgénero. Si la acción de (su) género es, como recuerda que propone Judith Butler, una actuación reiterada de significados determinados socialmente, debe preguntarse entonces por sus acciones y su carácter público. Su expresión de género, a raíz del modo en que le enseñaron a moverse, hablar, acomodar sus rasgos físicos, se entiende que es propia de una mujer cisgénero. Pero no comprende qué es eso. “¿Cómo es posible que otres decodifiquen socialmente, por ejemplo, el modo en que camino como perteneciente a una de solo dos opciones dadas?”.

Entiende qué implica ser mujer cisgénero si contrapone sus vivencias a las de las mujeres travestis y trans; las diferencias y desigualdades son evidentes, por ejemplo, en materia de privilegios. Pero intenta hacer referencia al género que se le atribuye, sin pensarlo en contraposición con las identidades trans. O sí, pero no solo en relación con ellas.

 En un libro de Monique Wittig, leyó que la “mujer” como construcción política e ideológica niega a “las mujeres”. Habría que matar al mito de la mujer, como estrategia política, pero sin perder de vista la importancia de lo colectivo. Hace carne la incomodidad que le genera correrse de esta identidad política de mujer por las tensiones que trae consigo al interior del feminismo (o al menos de cierto feminismo que cree que es la mujer biológica y en singular el sujeto a quien representa). 

Al mirar hacia atrás, recuerda los recreos en los que jugaba al fútbol con sus compañeros varones, lo poco que le interesaron las revistas destinadas a un público femenino, la atracción sexo afectiva que sintió por personas de distintos géneros desde que es adolescente. Pero cree que los juegos, lo que leemos, las personas que nos atraen no definen nuestra identidad de género. Desde chica, tiene la costumbre de mirar a su alrededor a las mujeres cisgénero que la rodean. Era habitual que, en reuniones de cumpleaños, cuando recién había comenzado el colegio secundario, mirara a su mamá, su tía, sus abuelas, las amigas de su mamá e hiciera fuerza para imaginarse de grande parecida a ellas. No se sentía cómoda con esa idea, y tampoco comprendía qué era aquello que las unía y permitía que se las llame mujer cis al igual que a ella.


Habría que matar al mito de la mujer, como estrategia política, pero sin perder de vista la importancia de lo colectivo


Ahora que ya es adulta se pregunta: “¿en qué parte de mí o de mis comportamientos estoy siendo mujer?”. Más allá de la mirada de otras personas que la identifican como mujer cis, sabe que comparte con otras muchas identidades una historia de dominación. Reconoce que las une la violencia sobre sus cuerpos que sufren desde que nacieron y el haber tenido que hacer el doble de esfuerzo que hacen los varones heterosexuales cisgénero blancos de clase media o alta para habitar el mundo. Estas vivencias de dominación y violencias la unen con otras mujeres cis, identidades travestis, trans, lesbianas, intersexuales, no binaries, maricas, y todas las otras que existen y sienten este tipo de violencias. Pero también piensa que la unen con otros varones que se corren de las normas impuestas por la masculinidad hegemónica. 

A Euge le resulta incómodo definirse por la negativa o desde el lugar de víctima; pero hay violencias insoslayables. Abraza esta incomodidad. Entiende el poder de lo colectivo. Mientras se busca y define, necesita la unión política con otres compañeres. Recuerda que Marlene Wayar sugiere que aquello que no somos nos define tal vez más que lo que sí somos, en relación con la pregunta de quiénes estamos siendo. Por el momento, se piensa unida a quienes desean enfrentar el orden patriarcal heterocisexista que intenta dominar, callar y, en última instancia, aniquilar. Cree también que habría que encontrar nuevos modos afectivos de socialización desde posicionamientos antiespecistas. 


¿Cómo me identifico? ¿Vale la pena preguntarme esto, si desde la expresión de género a nadie más, salvo a mí, parece quedarle dudas de que soy una mujer cisgénero? ¿Es siquiera respetuoso hacia otras identidades preguntarme esto? ¿No hay otras urgencias que resolver? ¿Y si me lo pregunto en voz alta y después resulta que confirmo que soy una mujer cis?


Vuelve a encontrarse consigo. “¿Cómo me identifico? ¿Vale la pena preguntarme esto, si desde la expresión de género a nadie más, salvo a mí, parece quedarle dudas de que soy una mujer cisgénero? ¿Es siquiera respetuoso hacia otras identidades preguntarme esto? ¿No hay otras urgencias que resolver? ¿Y si me lo pregunto en voz alta y después resulta que confirmo que soy una mujer cis?”. Euge apoya la cabeza en su escritorio. Piensa que podría levantar la compuerta y darle espacio al caudal de incertidumbres para que se desparramen. No está segura. Por el momento, continúa con la indagación silenciosa a cada paso que da y se sigue preguntando si ahora, mientras mueve los dedos en el teclado, está siendo mujer cis.   


Ph: Melina Gómez

Por Sofía Arriola


Los tiempos de la Revolución Digital han traído aparejada la aplicación de la inteligencia artificial y con ella algoritmos hasta en el mundo del trabajo, por ejemplo.  

La configuración de un algoritmo puede ser interpretada a simple vista como un proceso tecnológico ajeno a subjetividades o discriminaciones. Sin embargo, si profundizamos esta visión podremos observar que la formulación de un algoritmo arrastra estereotipos y roles largamente arraigados en el ámbito sociocultural como lo son aquellos que tienen que ver con los colectivos de mujeres, un grupo en estado de vulnerabilidad que por el uso de estas tecnologías pueden ver reducidas sus posibilidades de acceso, mantenimiento y ascenso en el mercado del trabajo. Ahora bien, ¿cómo se hace visible una discriminación que se encuentra tejida de manera invisible? ¿cómo se produce el sesgo algorítmico, sus implicancias y por qué es tan difícil detenerlo? 

Debido a las modificaciones en el sistema de producción y la introducción de cambios tecnológicos hay aristas sobre las formas de contratación y selección que parecen escaparse. Los sistemas de intermediación de tecnología en sistemas de búsqueda de personal parecen ser neutrales y prometen que no pueden efectuar per se una diferencia arbitraria entre los sujetos analizados. Sin embargo, la realidad parece demostrar que el uso de algoritmos para definir el mejor perfil de cobertura de vacantes continúa reproduciendo barreras y estereotipos sociales arraigados en la historia y la cultura de nuestras sociedades. 

Es por eso que entender cómo funcionan y cuál es su verdadera acción se torna fundamental para prevenir la reproducción de estas dificultades amparada por la normativa nacional como la Ley 23.592: Penalización de actos discriminatorios y otras leyes sobre discriminación, la normativa internacional como los Convenios 100 y 111 de la Organización Internacional del Trabajo (C100 – Convenio sobre igualdad de remuneración y C111 – Convenio sobre la discriminación, empleo y ocupación) y la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer, entre otros acuerdos internacionales que han buscado subsanar.

Primero es preciso aclarar ¿qué es un algoritmo?: en matemáticas, lógica, ciencias de la computación y disciplinas relacionadas, un algoritmo (del latín, dixit algorithmus y este del griego arithmos, que significa «número») es un conjunto prescrito de instrucciones o reglas bien definidas, ordenadas y finitas que permiten llevar a cabo una actividad mediante pasos sucesivos que no generen dudas a quien deba hacer dicha actividad. Cotidianamente se emplean algoritmos frecuentemente para resolver problemas. 

En este caso, si los inputs y procesamientos de los algoritmos utilizados se basan en las ideas extraídas a través de diversas redes sociales, compras online, encuestas al consumidor, etc., extraídas de la mirada de las personas que integran la sociedad ¿la modificación del algoritmo será suficiente para evitar resultados discriminatorios?


¿qué es un algoritmo?: en matemáticas, lógica, ciencias de la computación y disciplinas relacionadas, un algoritmo (del latín, dixit algorithmus y este del griego arithmos, que significa «número») es un conjunto prescrito de instrucciones o reglas bien definidas, ordenadas y finitas que permiten llevar a cabo una actividad mediante pasos sucesivos que no generen dudas a quien deba hacer dicha actividad.


En términos de programación un algoritmo es una secuencia de pasos lógicos que permiten solucionar un problema. En general y a modo de resumen tratan de conjuntos de datos que siempre tendrán en común las tres propiedades de: tiempo secuencial, estado abstracto y exploración acotada. Luego pueden generarse distintos tipos de algoritmos, en el caso planteado se estarían analizando algoritmos de búsqueda: estos están diseñados para localizar un elemento con ciertas propiedades dentro de una estructura de datos, como por ejemplo ubicar el registro correspondiente a cierta persona en una base de datos o el mejor movimiento en una partida de ajedrez. Lo que se genera a partir de la existencia de estos algoritmos son grandes cantidades de datos, generalmente estadísticos, para poder crear brechas de información y desarrollar con esta misma, conclusiones sobre las características y un comportamiento potencial de las personas teniendo en cuenta categorías de representación como pueden ser mujer/varón ya que se van a considerar predominantes y típicamente expuestas en los portadores del rasgo. 

Ahora bien, los algoritmos se están vinculando con el mercado laboral en tanto actúan en los procesos de selección de personal, en el resultado de los mismos o en el tratamiento de datos que hacen a la órbita personal de los trabajadores. Aquellos datos extraídos de la realidad y cuyos parámetros formatean el procesamiento en búsqueda de un resultado, restringen de por sí el ámbito de selección a determinadas configuraciones de acuerdo a los datos suministrados. Es en esta parte del proceso, que la transparencia en el uso de datos y su articulación para la generación de algoritmos adquiere principal importancia. Cierto es que las grandes compañías tienden a pretender mantener este contenido fuera del alcance del público, en aras a preservar el denominado know how, en términos de confidencialidad y no competencia. No obstante, como bien indicara ut supra, son éstos los primeros factores que pueden acarrear en el ámbito laboral procesos cargados de “sesgos” que pueden tener por base el género, la etnia, la religión, el estrato social, etc. 

La segunda etapa de análisis comienza con el procesamiento de los datos y las estructuras utilizadas a esos fines: la creación de categorías de representación que los propios algoritmos crean en base a datos tomados de la “realidad” y su utilización para enseñarse a sí mismo a determinar y arribar a nuevas conclusiones, por ejemplo, los trabajadores que resultan más adecuados para determinada función. Por otro lado, en el mundo tecnológico existen los denominados algoritmos de Caja Negra, cuya oscuridad radica en esconder el entendimiento de la razón de ser de sus resultados detrás de fórmulas no-abiertas al público, ya sea qué códigos están fuera de la visibilidad de los usuarios para evitar filtraciones de datos o la detección de patrones concretos. La mayoría de ellos se esconden en los buscadores. 

Por ejemplo, a principios del mes de Julio del año 2018, una noticia relacionada con los algoritmos de reconocimiento de contenido que utiliza Google causó gran polémica y disgusto entre la población afroamericana, al etiquetar a una pareja como “gorilas”. Ante el error, Google tuvo que pedir disculpas y mencionó que este tipo de problemas quedarían resueltos con el lanzamiento de Google Fotos y su función para editar el etiquetado automático. A su vez, una investigación realizada por la Universidad de Washington encontró que al realizar una búsqueda en Google Imágenes para “CEO” los resultados obtenidos sólo mostraron a un 11% de mujeres, a pesar de que el 27% de los directores ejecutivos de los Estados Unidos son mujeres. Por si esto fuera poco, la primera imagen de una mujer que aparecía en la segunda página era la muñeca Barbie CEO.  

Investigadores de Carnegie Mellon hicieron un estudio en el que construyeron una herramienta para simular usuarios de Google que comenzaron sin historial de búsqueda y luego visitaron sitios web de empleo: más tarde, en un sitio de noticias de terceros, Google mostró un anuncio para un cargo ejecutivo 1.852 veces a hombres y 318 veces a las mujeres. “Incluso si no están diseñados con la intención de discriminar a esos grupos, si se reproducen las preferencias sociales, incluso de una manera completamente racional, también se obtendrán formas de discriminación” dijo David Oppenheimer, profesor de la Universidad de Berkeley, California. 


en el mundo tecnológico existen los denominados algoritmos de Caja Negra, cuya oscuridad radica en esconder el entendimiento de la razón de ser de sus resultados detrás de fórmulas no-abiertas al público, ya sea qué códigos están fuera de la visibilidad de los usuarios para evitar filtraciones de datos o la detección de patrones concretos. La mayoría de ellos se esconden en los buscadores. 


Si el “ser mujer” para el algoritmo es negativo, sólo es por presentar las desventajas estructurales de las mujeres trabajadoras. Si se ignorara el hecho de que ciertos grupos enfrentan discriminación en el mercado laboral, no se los podría respaldar de manera correcta. Por ende, los algoritmos de nuestra sociedad serán discriminatorios en la medida que la realidad social lo sea y al reproducir la realidad solamente están consagrando una injusticia existente. Cabe preguntarse ¿cuál es el rol que tienen los Estados frente a esta reproducción discriminatoria? 

La no discriminación por razón de sexo o género está contemplada en el Convenio 111 de la Organización Internacional del Trabajo, el artículo 2, párrafo 2 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales (cuestión que fue desarrollada por el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales en su Observación General Nº 20), entre otras normas. 


¿de qué forma los legisladores podrán controlar lo que pasa detrás de las pantallas ahora que las herramientas son otras, nuevas y desconocidas? 


El contenido del derecho fundamental a no ser discriminado por razón de sexo abarca la igualdad de trato y la de oportunidades. La igualdad de trato comprende, a su vez, la prohibición de discriminaciones directas e indirectas. La igualdad de oportunidades remite al mandato de acciones positivas a favor de la igualdad real y efectiva de mujeres y hombres. La exclusión de hecho de las mujeres en el mercado laboral exige que se tomen medidas y acciones que reviertan esta situación ampliamente conocida, entonces ¿de qué forma los legisladores podrán controlar lo que pasa detrás de las pantallas ahora que las herramientas son otras, nuevas y desconocidas? 

Es necesario un rol activo en la implementación de los estándares mínimos laborales aplicados también en el área de las ciencias informáticas, así como la concientización y sensibilización de las temáticas de género y puede que esto sólo sea posible cuando opere un cambio a nivel social y así se traslade a una modificación en el espacio digital para remover los sesgos de género y discriminación que ocultos en formulas agrandan las brechas y diferencias que la normativa propone hace años erradicar. 


Ph: Federico Bini

Por Sofía Arriola


¿Cuáles son los aspectos que dejó al descubierto el Aislamiento Social Preventivo Obligatorio? ¿Qué pasa con los colectivos que forman parte de una discriminación y exclusión estructural? 

Los últimos años en Latinoamérica han sido marcados por contextos de globalización y el neoliberalismo tardíos que han avanzado junto a la derecha, potenciando y configurando una discriminación interseccional extrema en distintos niveles. Teniendo en cuenta las mencionadas desigualdades, consideradas estructurales y de base, sumándose también la vulneración constante de derechos humanos, podríamos afirmar que el colectivo travesti trans, por ejemplo, es de las minorías más vulneradas actualmente en un presente atravesado por políticas de cuidado a raíz de la pandemia y del mencionado ASPO, lo que lleva a preguntarnos: ¿cómo se ejecuta la política #QuedateEnCasa para quienes no tienen una? ¿cómo podrían asegurarse necesidades básicas cuando la mayoría sólo accede al trabajo informal? ¿cómo se habita en este contexto, sufriendo la violencia de una triple marginación por género, por clase y por cuestiones raciales? 


…el colectivo travesti trans es de las minorías más vulneradas actualmente en un presente atravesado por políticas de cuidado a raíz de la pandemia y del mencionado ASPO, lo que lleva a preguntarnos: ¿cómo se ejecuta la política #QuedateEnCasa para quienes no tienen una? ¿cómo podrían asegurarse necesidades básicas cuando la mayoría sólo accede al trabajo informal? ¿cómo se habita en este contexto, sufriendo la violencia de una triple marginación por género, por clase y por cuestiones raciales? 


Las problemáticas que atraviesa el colectivo trans no son nuevas para ellxs sino que son una herencia del orden internacional, originado por las desventajas del sistema capitalista colonialista, que es mantenido por la permanencia de dicho sistema y aumentadas por el corrimiento (o ceguera) del rol del Estado en contextos de globalización donde se han aplicado políticas funcionales y heterocisnormadas continuamente frente a minorías invisibilizadas que no cuentan con un sistema de cuidados asegurados. La falta de estos últimos opaca los triunfos que han alcanzado estos colectivos en los últimos años al no tener un sentido en la práctica y la realidad que lxs compete hoy en día, lo que hace que en cada crisis sean lxs mismxs quienes vuelven a quedar unos centímetros más afuera de ese sistema (en términos capitalistas y globales) del que ya no estaban siendo parte. 

Históricamente y hasta en la actualidad, el colectivo travesti trans sufre opresiones principalmente por su género, ya que gran parte de la sociedad opta por invisibilizar su identidad, no reconocerla y negarla, lo que genera una subordinación de estatus como plantea Nancy Fraser: ésta deviene en acoso sexual, violaciones, violencia, menosprecio en la vida cotidiana y medios de comunicación, negación de derechos y marginación en lo público. Esta discriminación se presenta en distintas áreas como en la educación (64% cuenta con el nivel primario, un 7% comenzó estudios superiores, pero solo el 2% finalizo un nivel universitario), en la inserción laboral o en la posibilidad de ingresar a un sistema de salud que pueda atenderlxs. Generalmente, las personas trans son excluídxs del seno familiar y de su hogar, muchas veces teniendo que migrar a distintos países o ciudades. Junto a la caracterización anterior de su situación frente a la inserción en el sistema, esto hace que se pertenezcan a una clase media baja. Específicamente el 90% de las personas trans se encuentra fuera del mercado formal, vive en la pobreza y el 95% ejerce el trabajo sexual.  

Este colectivo es víctima de una doble colonización por las políticas imperiales y por las ideologías patriarcales que se sostienen mutuamente, ya que la globalización sostiene la heterocisnorma y las identidades sociales funcionales a esta jerarquía imperial. Refiriendo al patriarcado, me gustaría remitir a Pedro Di Pietro quien lo define como “la diferenciación de sujetos sociales según jerarquía de privilegios o desventajas y la reproducción social de las condiciones materiales del privilegio y desventajas que adscriben roles o expectativas”. 


Este colectivo es víctima de una doble colonización por las políticas imperiales y por las ideologías patriarcales que se sostienen mutuamente, ya que la globalización sostiene la heterocisnorma y las identidades sociales funcionales a esta jerarquía imperial.


Así, podemos ver como vuelve a polarizarse la cuestión entre quiénes pueden mantener un estatus y un privilegio frente a quienes no, como sucede con el colectivo travesti trans. Profundizado más aún por la ideología y el contexto marcado por un fuerte carácter androcéntrico donde todo está montado en la sociedad y la cultura para que la figura masculina sea la “normal”. Sostiene al respecto Preciado: “la transexualidad no existiría fuera de una epistemología colonial y capitalista que privilegia las prácticas sexuales reproductivas en beneficio de una estrategia de gestión de la población, de la reproducción de la fuerza de trabajo y de la población que consume”. De esta manera, queda demarcada la relación entre el sistema y la no inserción de la transexualidad, teniendo que ver este fenómeno con una red de discursos y relaciones de poder trazados por el mismo régimen político. 

Contrariamente a lo mencionado, se han alcanzado triunfos para el colectivo dentro de los que podemos nombrar la Conferencia de Beijing (1995) que dió mayor institucionalidad al género o los Principios de Yohiakarta (2006) que dieron mecanismos y protecciones legales internacionales. En Argentina, específicamente, la Ley de identidad de género (Ley 26.743), donde se reconoce la identidad auto percibida de modo despatologizante, ha sido un hito junto a las leyes que obligan al cumplimiento de un cupo laboral trans y el acceso a la salud integral. No está de más decir que estas medidas han sido logradas gracias a la resistencia y militancia del feminismo y los colectivos LGBTI frente al avance de la derecha y el neoliberalismo tardío de los últimos años, específicamente tras la crisis financiera del 2008. Sin embargo, la discriminación continúa como un factor protagonista en los distintos aspectos y con un peso capaz de detener la expansión económica, por ejemplo, como indica el Informe de CEPAL de 2019, estableciendo una desigualdad naturalizada y estructural en una cultura de privilegios y lejos de asegurar garantía de los derechos humanos, lo que sugiere repensar la eficacia de estas políticas para que sean realmente dinámicas y no una mera hoja de papel. 

Frente a este panorama histórico, en el mes de marzo de 2020, la pandemia del COVID19 generó una pausa global y los Estados debieron responder con distintos tipos de medidas para cuidar a sus poblaciones a raíz de la inexistencia o el desconocimiento de una solución efectiva para frenar el contagio del virus. Aquí en Argentina, se dispuso como política oficial el Aislamiento Social Preventivo Obligatorio (ASPO) que comprende diferentes fases y excepciones para circular o trabajar.

 Se evalúa que la pandemia llevará a la mayor contracción económica en la historia siendo esta del -5,3% en el año 2020, o sea la peor contracción desde 1914 y 1930, acorde a los datos del Informe de la CEPAL. También traerá como consecuencia un deterioro en los indicadores laborales con una tasa de desempleo en torno al 11,5% que también afectará los ingresos en los hogares. Este contexto resulta poco beneficioso para la mayor parte de la población, pero aún más para quienes son marginadxs por el desarrollo desigual del mundo y afectados por los procesos de la globalización neoliberal. En Argentina se implementaron medidas de elección por la vida y la salud como la política “quédate en casa”: aun así, es necesario replantear el carácter de ésta y la carencia de su perspectiva de género considerando que las políticas de cuidado y de trabajo siguen respondiendo implícitamente al orden heterocisnormativo. 

¿Dónde se puede cumplir esta política cuando no se tiene un hogar donde quedarse? La mayoría de la población travesti trans vive en espacios de contención como hoteles o cuenta con alquileres informales donde no aplica el congelamiento de precios de alquiler o la prohibición de desalojo impulsado en el marco del ASPO. El acceso al alquiler formal o a un techo propio se ven obstaculizados por la discriminación que suele ser por género, por raza y clase, e incluso por cuestiones laborales, ya que no pueden presentar un certificado a causa de su informalidad. El hecho de que el 90% ejerza como trabajadorxs sexuales configura otra forma de discriminación, como también un perjuicio, ya que su trabajo se da necesariamente en las calles y sigue siendo criminalizado. A todo esto se puede agregar la falta de acceso al sistema de seguridad social y a la salud, teniendo en cuenta que su expectativa de vida no supera los 35 años (diferenciándose de la expectativa de vida general que es de 75 años) y convirtiéndose en este contexto en población de riesgo, que no sólo queda desprotegida y sumida en la violencia, sino también vulnerable a la falta de suministros para tratamientos hormonales que serían asegurados por el Estado. 


¿Podrán los estados asegurar un Estado de derecho que promueva la universalidad de los derechos realmente incluyendo diversidades y generando un sistema de cuidados que sea acorde o los procesos globalizadores y neoliberales seguirán sobrepasando a los Estados y marcando los límites heteronormadxs de la periferia donde existe un todxs que siempre queda ahí afuera?


El colectivo trans percibe el acceso a un programa llamado Potenciar trabajo que da acceso al subsidio de $8.000 mensuales, incompatible con el IFE (Ingreso Familiar de Emergencia) implementado a partir de la situación de la pandemia, al que corresponde un monto de $10.000, e incompatible también con otros subsidios o con el reparto de bolsones de frutas en municipios. Aunque tuvo gran impacto por suscriptxs del colectivo trans en marzo del presente año, el acceso a este primer programa ni siquiera nombra explícitamente al colectivo trans sino a las “víctimas de violencia de género o explotación sexual”, ni contempla la situación de migrantes sin documento nacional.Han habido una gran cantidad de autores que plantearon desde el comienzo de la pandemia (por ejemplo en la publicación Sopa de Wuhan) que la configuración de un nuevo mundo post pandemia podría ser posible o que incluso estamos ante una “nueva normalidad”, pero ¿cómo podemos realizar ese planteo cuando lxs marginadxs de siempre continúan experimentando la misma realidad de violencia y vulneración en un contexto de incertidumbre y ausencia de políticas que lxs tengan presentes como sujetos políticos? ¿Podrán los estados asegurar un Estado de derecho que promueva la universalidad de los derechos realmente incluyendo diversidades y generando un sistema de cuidados que sea acorde o los procesos globalizadores y neoliberales seguirán sobrepasando a los Estados y marcando los límites heteronormadxs de la periferia donde existe un todxs que siempre queda ahí afuera?


Ph: Melina Gómez

Por Josela Aramburu


Pandemia 

Por el covid-19 vivimos un paro general que detuvo la economía. Se calcula un decrecimiento económico entre un 4% y un 9% mundial. En Latinoamérica la situación es grave y dolorosa porque no se cuentan con los recursos sanitarios ni económicos que existen en otros países. En el ranking mundial USA es el país con más muertes, Brasil está en segundo lugar, México en el sexto, Perú en el séptimo y Chile en el octavo. Ya pasaron más de 7 meses del momento en que el virus comenzó a expandirse, sin embargo en América Latina se viven los picos más altos de contagio. 

Impacto del Covid-19 en mujeres 

“La desigualdad social y económica asegurará que el virus discrimine. El virus por sí solo no discrimina, pero los humanos seguramente lo hacemos, modelados como estamos por los poderes entrelazados del nacionalismo, el racismo, la xenofobia y el capitalismo” (Butler, 2020; 62). Esta crisis afecta principalmente a las mujeres, profundizando la desigualdad existente. La ONU Mujeres a comienzo de la pandemia dictó una serie de recomendaciones a los poderes de los Estados, como una respuesta efectiva para prevenir, atender y eliminar la violencia contra las mujeres y las niñas, antes y después de la crisis. Argentina es el primer país del mundo que implementa medidas con perspectiva de género para combatir la pandemia. 


Argentina es el primer país del mundo que implementa medidas con perspectiva de género para combatir la pandemia. 


El confinamiento busca salvar vidas y controlar el contagio, sin embargo, si no se articulan políticas de género exhaustivas, traerá como consecuencia un aumento de todos los tipos de violencias. ¿Por qué las mujeres y el colectivo lgbtiq+ están más expuestos al virus? En este contexto aumentan los femicidios, la violencia física y psicológica. Mujeres y niñes conviven con su agresor; la violencia de género se prolonga en el tiempo, y tienen mayores dificultades para realizar la denuncia. En Argentina, según el Observatorio MuMaLá, en cuarentena se asesinaron a 97 mujeres, mientras que 193 niñes se quedaron sin madre. En este contexto también la ciberviolencia y ciberacoso se hacen eco: miles de niñas, niños y adolescentes se ven expuestos en sus casa con el uso de las TICs. Los hogares pasaron a ser el centro de sociabilización. En este espacio las mujeres ya se hacían cargo de las tareas del cuidado. La CEPAL define las tareas del cuidado como “todas aquellas actividades que son indispensables para que las personas puedan alimentarse, educarse, estar sanas y vivir en un hábitat propicio para el desarrollo de sus vidas. Abarca, por lo tanto, el cuidado material, que implica un trabajo, el cuidado económico, que implica un costo, y el cuidado psicológico, que implica un vínculo afectivo”. Bajo este contexto, aumentan las cargas, sumando también el rol de educadoras en aquellas mujeres con hijes en preescolar o primaria. Este aumento de carga impacta negativamente en el trabajo remunerado, generando mayor explotación y vulnerabilidad. También las mujeres son más pobres que los hombres, están más endeudadas, son quienes más sufren la crisis económica, porque son las primeras en ser despedidas de sus trabajos, las primeras que ven reducido sus salarios y son el porcentaje más alto de trabajo informal. Muchas jefas de hogares tienen que conciliar la doble responsabilidad sin protección social. La lista de violencia continúa y crece en adolescentes del colectivo LGBTIQ, que tienen que padecer a sus familiares violentos que no respetan su identidad. También llega a niñas y madres, bajo el nombre de violencia obstétrica, que no consiguen tener un parto respetado o que quieren realizarse una interrupción voluntaria del embarazo. Los grupos en situación de mayor riesgo como las mujeres pobres no acceden al agua potable, vivienda digna, productos de limpieza y de alimentación. El virus presenta un riesgo particular en mujeres adultas, según datos del INDEC, en Argentina la población mayor de 60 años está compuesta un 58% por mujeres, la feminización aumenta a medida que aumenta la edad, así es que en la población mayor de 75 años, el 63% está integrada por mujeres frente al 37% por varones, estamos frente a lo que se denomina “feminización del envejecimiento”, es decir que la población de adultos mayores, está integrada por más mujeres que varones. Como si fuera poco, las mujeres que acceden a una educación superior, son quienes enfrentan el covid-19 dado que estos trabajos están asociadas a las tareas del cuidado, como ser médicas, enfermeras, camilleras, asistentes: ellas son las primeras en el frente de batalla. Las migrantes, afrodescendientes e indígenas también atraviesan violencias, abusos e inconvenientes, no pueden dejar de trabajar y se ven expuestas al virus, no acceden a la protección social y padecen la discriminación y racismo en los sistemas de salud. Las mujeres con discapacidad se ven violentadas en la falta de atención de salud pública o en la imposibilidad de circular. Muchas de ellas necesitan el aire libre para recrearse y precisan una ayuda profesional, que por lo general esas tareas las hacen otras mujeres; frente a esta situación no pueden ser acompañadas. Las personas transexuales y transgénero también se ven afectadas. Este sector generalmente es marginado y discriminado por su identidad, tienen grandes dificultades para acceder a una vida digna, con vivienda, trabajo, salud y educación. Esta población tiene una esperanza de vida promedio de 35 años. Frente a un contexto de pandemia, esta situación se encrudece. 

Para la economista Amaia Pérez Orozco, estas desigualdades son producto de las estructuras socioeconómicas en las que vivimos, que ponen la vida humana al servicio del capital y definen ese “estilo de vida”, vinculado estrictamente a lo mercantil. Así se constituye un circuito compuesto entre producción y reproducción que además del consumo también crea subjetividades, normas, deseos, cosmovisiones, donde los seres humanos se van realizando. Esta subordinación de la vida al capitalismo la separa de pensar la naturaleza en un ecosistema integrado y potencia la visión androcéntrica del humano. Esta perversa noción de la vida hace que haya vidas que merecen vivir y otras que no. “Es una noción de vida vivible no universalizable y que no respeta la diferencia. Sustenta un sistema en el que se acepta que unas vidas (las más cercanas al sujeto privilegiado de esa Cosa escandalosa: el BBVAh1) sean consideradas dignas de ser rescatadas en un  contexto de crisis, mientras que las que difieren sean irrelevantes o puedan incluso perderse para el rescate de aquellas. A esto añadimos que la diversidad sexual y de género es constreñida en aras de garantizar sujetos invisibilizados que asuman la responsabilidad de sostener la vida en un sistema que la ataca”. (Pérez Orozco, 2014; 79) 


Así se constituye un circuito compuesto entre producción y reproducción que además del consumo también crea subjetividades, normas, deseos, cosmovisiones, donde los seres humanos se van realizando.


Feminismo interseccional 

Bell Hooks define al feminismo como antirracista, anticlasista, antihomofóbico, anticolonialista, antisexista y antipatriarcal: “entender la manera en que la dominación masculina y el sexismo se expresaban en la vida diaria concientizó a las mujeres sobre cómo eran acosadas, cómo trabajaban para otros y, en el peor de los casos, cómo no tenían ningún control sobre sus vidas” (Hooks, 2017; 29). Hooks deja al descubierto cómo las violencias se entremezclan con la etnia, la situación económica, edad, clase social, etc. La lucha de clases dentro del feminismo fue un puntapié: mientras las mujeres blancas con educación superior, propietarias, lograron acceder de manera más rápida a nuevos derechos y privilegios, las mujeres negras, migrantes, pobres quedaban relegadas en la órbita de las demandas de las blancas, invisibilizando las violencias y los padecimientos sobre esos cuerpos. 


Este enfoque llamado interseccional conlleva ver la desigualdad desde una multiplicidad de características que pueden acentuar la discriminación y violencia


Existe una inmensa cadena de desigualdades que entrecruza sexo, orientación sexual, color de piel, religión, estatus social, clase social, edad, nacionalidad, discapacidad, situación económica, geografía, hábitat. Este enfoque llamado interseccional conlleva ver la desigualdad desde una multiplicidad de características que pueden acentuar la discriminación y violencia. Ana Bach asegura que la interseccionalidad “trata a la situación en la que un tipo de discriminación interactúan con dos o más grupos discriminados y crea una situación única” (Bach, 2015; 49). Es una herramienta análitica que mejora la acción política, ya que nos permite analizar con mayor precisión las diferentes realidades en las que se encuentran las mujeres. Este paradigma nos permite crear soluciones más precisas a las situaciones de opresión en las personas.


1 Blanco, burgués, varón, adulto, heterosexual.


Referencias: 

-Butler, Judith (2020) “El capitalismo tiene sus límites” en Sopa de Wuhan, ASPO.  

-CEPAL (2012) Consulta de opinión sobre las políticas de cuidado de las personas dependientes en América Latina. https://www.cepal.org/es/publicaciones/35375-consulta opinion-politicas-cuidado-personas-dependientes-america-latina-ninas

-Hooks, Bell (2017) El feminismo es para todo el mundo, Madrid, Traficantes de sueños. 

-Pérez Orosco, Amaia (2014) Subversión feminista de la economía. Aportes para un debate sobre el conflicto capital-vida, Madrid, Traficantes de sueños.

Ph: Pablo Jantus

Entrevista a Inés Armas

Por Martina López y Alejandro Olivera


Inés Armas es bailarina, coreógrafa y docente. Formada en Danza en el Teatro San Martín de Buenos Aires, donde integró el Elenco de Ballet Contemporáneo, y en la Escuela Municipal de Danza de Rosario, complementando su formación en la Escuela Graham y Alvin Ailey de New York. En 2004, obtuvo la beca “Dance Web Europe” para estudiar en Viena. En 2006 y durante ocho años, codirigió Cía.Móvil, un grupo de investigación y producción expresiva interdisciplinaria. Desde 2010, codirige el Programa de Formación para Artistas Contemporáneos de la Escena (FACE) y Galpón FACE, espacio cultural independiente del barrio de Parque Patricios. En 2016 se integra al Colectivo Dominio Público (CDP), grupo que entrecruza los mundos del arte, las tecnologías y el activismo. Entre algunas de las producciones en las cuales dirigió y participó figuran Los procesos de Franz (2008), Asociaciones Libres (2009), Objetos (2010), Cuerpo Extranjero (2011), Copia Original (2017), entre otras, participando en encuentros y festivales a nivel local e internacional. Como docente, se desempeña en el Taller de Danza Contemporánea del Teatro San Martín, la Compañía Nacional de Danza Contemporánea y la Universidad Nacional de las Artes (UNA), además de dictar cursos y seminarios en distintas provincias del país. Actualmente, trabaja en los proyectos “Impulso” e “Instalar Danza”, de la Fundación Cazadores; se encuentra desarrollando la nueva producción del CDP, Feed Carne Digital, originada en “algoRitmo”, proceso creativo que dirigió en el marco de “Proximidades Expositivas”, residencia realizada en Casa Sofía; y colabora con distintos espacios, proyectos y artistas contemporáneos.


En primer lugar, nos gustaría que nos puedas compartir una reflexión, a modo más general, sobre cómo lees el campo cultural y artístico en este contexto inédito que nos toca atravesar.

Creo que estos tiempos tan extraños, más allá de su lógica dificultad, son materia prima para la creación. Lo veo en muchas propuestas. En estos días, por ejemplo, me tocó ser jurado de una convocatoria  en Fundación Cazadores, una propuesta de residencia que se llama Impulso Cazadores y dirige Mariana Obersztern en la que leí muchos proyectos, y es muy rica la cantidad de disparadores que emergen de la situación de pandemia, de cuarentena y de encierro. Digamos que, quizás, esto potencia ciertas ganas de creación. También me ha pasado que al cambiar la perspectiva empezás a mirar otras cosas y evaluar el aporte que podés hacer como artista a la sociedad, y empieza a surgir mucho material que nos hace más conscientes de la capacidad de transformación que tiene el arte por la necesidad en estos tiempos. En este sentido, aportar cultura es pilar en sostener a las personas.

Desde la danza, particularmente, me dedico mucho a la docencia. En algunos espacios se pasó rápidamente a la modalidad virtual y en otros no tanto. Y bueno, fue todo un proceso de adecuación pedagógica al medio virtual, las clases las dicto por Zoom y moodle que es donde subimos material. Yo doy técnica Graham, que habilita un trabajo en casa, porque se trabaja todo un fragmento en el piso, se puede, digamos. Hay pibes que practican en uno y medio por uno y medio, hay ejercicios que tienen que ver con movimientos del torso que los pueden hacer. Después hay una segunda parte que es más espacial, bueno, como se pueda. Me pareció que les estudiantes le pusieron todo y han conseguido hacer un proceso muy interesante, trabajando otros aspectos también. Por ahí no tienen el espacio ideal para bailar, pero al estar en esa situación se conectaron con otros tipos de energías que me resultaron interesantes de ver. Tal vez lugares más íntimos que no se animaban tanto a probarlos en presencial los han explorado estando en su casa. Esto en el ámbito de los que están formándose como profesionales, pero también se vio mucha voluntad en las personas que quieren tomar clases para ellas, para sí mismas. Mucha gente se animó, dijo “bueno, voy a hacer danza” o “siempre quise bailar y ahora tengo más tiempo”, y vi con mucha alegría también este fenómeno, dar clases para gente no bailarine. Creo que ahí descubren algo, una conexión con el cuerpo, sensaciones para pasar al movimiento, muy interesante. Por último, la dimensión política, a través de un movimiento enorme de bailarines que nos hemos agrupado en el Frente de Emergencia de la Danza y estamos gestionando políticas públicas y acciones solidarias desde el Colectivo. 

Justamente te queríamos consultar sobre este último punto. Entendemos que en este marco las artes escénicas y, específicamente, de la danza tienen problemas singulares: ¿qué está pasando hoy en el ámbito?

Históricamente, se puede decir que la danza es una de las disciplinas menos organizadas por diferentes cuestiones. Por un tema de informalidad, porque a veces estamos con muchos trabajos dispersos. Tampoco tenemos un sindicato como sí tiene el teatro o los músicos o una ley nacional de danza, como sí pasa en otros sectores. No tenemos tampoco un instituto como el INT, por ejemplo. Entonces, todas esas luchas que les bailarines en algún momento abordaban siempre se veían interrumpidas, pero esta vez pareciera ser que esta fuerza, muy grande a nivel federal, se está encaminando hacia algo muy interesante. Y hay una escucha de parte del gobierno, más del Nacional, pero también estamos hablando con la Ciudad, que es un poco más difícil. Hay cosas importantes dando vueltas, que no siempre son buenas, pero yo les veo algunas cosas para aprovechar. 


En la danza hay organizaciones, pero muy atomizadas, entonces el contexto ayudó, la energía y la necesidad, a la creación del Frente. Hay muchos espacios en todo el país, la danza no es solamente la contemporánea que hacen algunos o tiene más presencia en las ciudades. Hay mucha danza en la provincias, en todos lados hay estudios para niñes, flamenco, tango, folclore.


Nos parece muy positivo que se estén organizando de esta manera, bienvenido que el contexto permita estas posibilidades. En concreto: ¿cómo se organizan y qué acciones están llevando a cabo?

Primero hicimos un plenario nacional donde se contó la iniciativa, tuvimos que gestionar un Zoom porque éramos más de trescientas personas. Después hay una asamblea semanal y también comisiones en las cuales se van agendando reuniones. Yo estoy en la de Ciudad de Buenos Aires, donde el Gobierno nos dio primero una entrevista con el Ministro Avogadro, que luego nos derivó con su Jefa de Gabinete, con quien se van haciendo reuniones quincenales. Ahora estamos trabajando en la Ley de Prodanza en la Ciudad, por ejemplo. Estamos intentando tener esta constancia, no sin dificultades. Aparte de este diálogo que venimos impulsando, también estamos haciendo acciones solidarias dentro del propio sector. La última de esta semana, que fue un boom, fue una oferta de clases virtuales becadas para gente que no las pueden pagar. Y no paran de llegar mails y mensajes. Ahi ves que hay un montón de gente que quiere hacer danza pero no se le daba, y bueno, aprovecha. Un poco lo que estaba pasando es que el gobierno nos ve como “Los que piden, los que piden”, pero no están viendo lo que hacemos y damos, y cuando pasó esto fue como, “Apa, pero también ofrecen”. Fue interesante.

En la danza hay organizaciones, pero muy atomizadas, entonces el contexto ayudó, la energía y la necesidad, a la creación del Frente. Hay muchos espacios en todo el país, la danza no es solamente la contemporánea que hacen algunos o tiene más presencia en las ciudades. Hay mucha danza en la provincias, en todos lados hay estudios para niñes, flamenco, tango, folclore.

Todos esos espacios, que muchas veces están en la informalidad, de repente empezaron a necesitar esto: o cerramos o hacemos algo, nos juntamos y pedimos un rescate. Esa fuerza se está empezando a sentir porque de verdad que es mucha gente, se empieza a ver circulación de trabajadores, economías. Este lugar vino a habilitar un diálogo con más peso con las autoridades y una mirada específica sobre el sector. El Fondo Desarrollar, lanzado por el Ministerio de Cultura de la Nación, por ejemplo, contempla por primera vez la categoría “Estudios de danza”, y esto es un poco por el empuje de este Colectivo y de otras organizaciones que están empujando esto.

Ph: Pablo Jantus

Contamos ahora un poco sobre tu formación y tu oficio de coreógrafa, bailarina y docente de danza. 

Yo bailo desde muy chica, desde niña, ni recuerdo. Vivía en Rosario y me formé más como bailarina clásica en la Escuela Municipal. Cuando tuve edad de decidir cosas, empecé a venir a Buenos Aires a estudiar y conocí a algunos profesores del Teatro San Martín, y me empezó a gustar el contemporáneo. En ese momento estaba Oscar Araiz como director, un gran coreógrafo, me interesó mucho. Fui a audicionar a esa escuela, que era para muy poca gente. Rendí y quedé seleccionada. Y ahí, con apoyo familiar, pero también con bastante duda, porque era un todo esfuerzo, evalué venirme de forma permanente. En ese momento no había mucha alternativa si te querías dedicar de una manera profesional a la danza. Hoy es distinto. Así que bueno, ya tenía aprobado tercer año de abogacía, que era también todo un tema en la familia, pero decidí venir a Buenos Aires con la condición de seguir estudiando en la UBA, cosa que hice y me recibí unos años después de terminar en el San Martín. Y bueno, esta etapa me cambió mucho el día a día, porque pasó a ser una vida dedicada a la danza, más allá de que seguía yendo a la universidad a la noche. Bailaba todo el día y a la noche estudiaba, un tiempo muy sacrificado también.

En esta época empecé a conocer los ambientes de la danza contemporánea, los grupos, el arte independiente, la movida cultural de la Ciudad, los festivales internacionales. Fue una formación intensiva de cuatro años donde conocí a mis amigues de la vida, de la formación, que aún son como hermanes. Viven por todo el mundo porque al terminar ese periodo era más fácil viajar, así que muches emigraron a hacer sus carreras en el exterior. Yo entré en la Compañía del San Martín y estuve dos años como bailarina profesional. Después de eso viajé, fui a estudiar una temporada en Nueva York, en la Escuela Marta Graham, que es la técnica que yo dicto. Y después gané una beca para ir a Viena donde estudié con David Zambrano, un artista muy renombrado, uno de los pioneros de todo un movimiento de danza contemporánea, y también con otros maestros. 

Acá participé de varias producciones de compañías independientes. Me di cuenta, al salir del San Martín, que me gustaba mucho la investigación. Porque si bien ahí tenés una formación de alto nivel técnico, la danza se queda en el formato más tradicional, de cuerpo de baile. Sentí que lo mío iba a estar en la investigación de la danza, pero en cruce con otras disciplinas. Empecé a ver obras que me rompieron la cabeza y a investigar con otros artistas. La danza profesional independiente en Buenos Aires requiere a veces de trabajos complementarios, es más bien inestable la situación. 

Entonces, la docencia y la práctica artística van de la mano, para poder hacerte un bagaje de trabajo. La docencia yo la veo también como práctica artística. Lo que yo trabajo en mis clases es pura investigación, trato de cruzar esas dos facetas, y de hecho lo que me sostiene es ese medio. Cuando doy clases estoy investigando cosas que después me van a servir para las obras y así. Lo escénico lo pruebo en las clases también. 

Me interesan mucho esos cruces con la ciencias sociales y duras, la salud. Estoy investigando con Andrea Manso, kinesióloga, osteópata y una gran investigadora, ella es una inspiración muy grande sobre cómo abordar el cuerpo desde la salud y la potencia, porque en la danza las lesiones son un problema, como te exponés a eso.

Hace ya catorce años conocí a Fagner [Pavan] en Brasil, que es dramaturgo, director y actor. Empezamos a hacer obras juntos en un momento en que yo estaba lesionada, entonces empecé a investigar y escribir desde la dirección, que nunca lo había hecho. Formamos un grupo que se llamó Compañía Móvil, con el cual hicimos varias obras, y al mismo tiempo generamos FACE [Formación para Artistas Contemporáneos de la Escena] con Victoria Viberti, una compañera de la danza y de la vida. Y luego entramos en lo que es el Galpón FACE,  a tener un espacio propio, que es un trabajo enorme. Y, por último, me integré al Colectivo Dominio Público, que es una plataforma de investigación en lo performático en cruce con la danza, el periodismo y el artivismo.

Hoy, en situación de cuarentena, ¿cómo estás llevando el trabajo de experimentación y creación?

Actualmente, dentro del Colectivo Dominio Público, estamos trabajando un fragmento de una obra en proceso que se llama Feed Carne digital, que tiene que ver con la tecnología, se trata de cómo nosotres mismes alimentamos al sistema a través de nuestras imágenes y nuestros datos. Por el momento estamos experimentando alternativas visuales para la virtualidad, desde la imagen y el movimiento. Al principio, sentimos mucho rechazo hacia pasar “cómodamente” algunas cuestiones a este lenguaje y pensamos en esperar a que se levantara la cuarentena para empezar a ensayar, porque nos agotaba trabajar tanto con las pantallas, y nos costaba encontrar el tiempo. Pero surgió una convocatoria del grupo CRÍA, que se llama Testeos Performáticos, para presentar una propuesta virtual, y decidimos probar en ese formato. De todas formas, todavía hay algunas resistencias dentro del grupo, porque una cosa es pensarlo y otra es probar dentro del cuadradito.

Hay una incomodidad en la falta de contacto, de corporalidad, de sentir a le otre. Siempre los ensayos fueron espacios muy felices para el Colectivo, para todos los grupos de teatro en general. Eso se extraña mucho, el disfrute del encuentro. No tenerlo te genera como un vacío. Pero vamos manejando esa angustia y buscamos explorar para traspasar esta dificultad.

Es muy difícil pensar en una vuelta a lo presencial con la pandemia circulando, creemos que va a ser larga. Lo nuestro es lo corporal, necesita el contacto, rodar en el piso por donde le otre pasó, y transpirar, no podés evitar eso. No vemos mucha posibilidad de encontrarnos presencialmente hasta que no haya un freno a la pandemia, una vacuna.


Hay una incomodidad en la falta de contacto, de corporalidad, de sentir a le otre. Siempre los ensayos fueron espacios muy felices para el Colectivo, para todos los grupos de teatro en general. Eso se extraña mucho, el disfrute del encuentro. No tenerlo te genera como un vacío. Pero vamos manejando esa angustia y buscamos explorar para traspasar esta dificultad.


Sin embargo, con estudiantes he hecho movidas performáticas o muestras virtuales, a pesar de las mismas angustias. Hay un fragmento de una obra, que como repertorio la enseño yo siempre en el San Martín, que es de un coreógrafo americano que se llama Alvin Ailey. La compañía que él creó es de bailarines principalmente negros, fue un éxito muy grande en la danza americana. Casi todas las obras están basadas en la musica religiosa de los negro spirituals. Tiene mucho contenido espiritual. Este año enseñé un solo y, justo cuando lo empiezo a enseñar, sucedió lo de George Floyd en Estados Unidos. En la obra original que estaba enseñando hay un solo de un bailarín. Y cuando vi las imágenes de George Floyd, de cómo el tipo lo estaba sometiendo, me recordó mucho a ese solo, fue una coincidencia. Estuvo bueno, porque lo estudiamos virtualmente con mis estudiantes jóvenes, que tienen 18, 19 años, y no estaban enterades del hecho. Les mostré el video y la coreografía, avisándoles que no era algo lindo pero que era importante conocer lo que estaba sucediendo. Fue muy fuerte. Después hice un video con eso. Para mí esas cosas tienen significación, y cada pibe le ponía también su momento, su contenido a la súplica, a la lucha. Porque es como una súplica la coreografía. 

Es muy interesante ese cruce entre la situación de creatividad en la intimidad que comentabas respecto a les estudiantes, esta situación particular de cuarentena, que genera algo insospechado en la danza. Y al mismo mismo tiempo poder proponer el acercamiento con hechos políticos como el que mencionás. 

La docencia es un rol de formación en la cultura. Por temas de espacio, yo por suerte voy al Galpón [Face]. Tengo ahí un espacio muy grande en el cual estoy sola. Eso también es muy fuerte, muy chocante. Entrás ahí y decís: nos costó tanto tener este espacio; tantos años, tanto trabajo, tanto dinero… y ahora que lo tenemos, está vacío. Es enorme. Hubo algunas clases que las tuve que dar en mi casa, porque al principio de la cuarentena no podía ir, pero hace un tiempo empecé a ensayar en el Galpón, porque puedo llegar caminando. Como docente, a veces veo a les chiques ensayar en lugares muy chiquitos, ves cómo pasa la madre, el hermano, el hermanito jugando, el perro, el gato. 

Hay muches que viven en espacios muy pequeños y bailan igual. Es fuerte, porque ves el esfuerzo que están haciendo, cómo siguen tratando de estudiar, de aprender, de practicar, de ensayar. Tienen pasión. Si no tenés pasión, esto no lo hacés. 

Actualmente, te toca codirigir Galpón FACE: ¿cómo nace este proyecto y cuáles son sus lineamientos principales? ¿cómo es trabajar desde el rol de gestora de un espacio independiente de estas características?

El proyecto de formación FACE empezó en 2010. Empezamos a trabajar en una sala alquilada en el barrio del Once. Después de varios años de trabajo, y de haber desarrollado una trayectoria y cierto reconocimiento, decidimos formalizar el grupo en una Asociación Civil para poder gestionar becas a través de subsidios, por ejemplo. Y luego empezamos a buscar espacios, para tener uno propio. Necesitábamos un espacio grande, que es algo que la danza no suele tener. Apareció en 2015 un galpón en Parque Patricios, que estaba muy venido abajo y no se usaba hacía años, eso nos permitió alquilarlo a un precio conveniente. Fue una decisión fuerte, estábamos en un momento en que comenzaba el gobierno macrista y sabíamos que lo que se venía iba a ser difícil para la cultura. Pero Fagner va muy para adelante, pone riesgo en lo que hace y yo lo seguí, porque vi que esa energía estaba buena para el momento. Alquilamos el galpón en junio y en agosto empezamos a dar clases. Hacía mucho frío, porque no había lana de vidrio, ningún tipo de calefacción ni aislación. De a poquito lo fuimos acondicionando. 

A partir de ese primer programa de formación de artistas como trayectoria de dos años, FACE se empezó a ampliar hacia otros proyectos. Siempre tuvimos interés en lo social: gestionábamos becas y había muches becaries de otras provincias. Eran pibes que venían a estudiar y les dábamos el espacio para ensayar. Organizamos la logística, a veces lo hacíamos con intercambios por laburo en el espacio: de mantenimiento, de boletería. Luego, en 2017, se integró también el proyecto ABISMO de danza aérea, aprovechando la altura del espacio para poder usar arneses. Y el año pasado nos llegó la propuesta de incorporar el proyecto Adolescencia, que tiene como eje la transformación social a través de talleres para adolescentes que viven en condiciones de vulnerabilidad social. Era un proyecto que ya venía desarrollándose y que nos propusieron y aceptamos albergar, generando un convenio entre FACE y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires para poder llevarlo a cabo. Fue muy transformador para nosotres y para el espacio recibir a les jóvenes y ponerles en contacto con les jóvenes que ya estaban formándose como bailarines en FACE. Se empezó a gestar una cuestión más territorial, de armar una red de distintos grupos de artistas que se estaban formando y que a la vez estaban  gestionando proyectos. 

Muches egresades de FACE, después de estos 10 años de trayectoria, están entrando a trabajar como docentes y como artistas, proponiendo sus propios trabajos escénicos. Todo esto hizo que se armara una “Colectividad FACERA”, como la llamamos nosotres: “seres faceres” que rondan este espacio y se organizan en diferentes formatos, grupos, propuestas. Está la pata de la formación, la pata de talleres, la pata escénica; también el Colectivo Dominio Público, que ensaya en el espacio. El año pasado hicimos un ciclo de obras de todes les “faceres” de las distintas generaciones, por los 10 años del proyecto. Mi rol en Galpón FACE pasa por coordinar algunos aspectos, como la gestión de financiamientos, subsidios, fondos. En la Asociación Civil ocupo el rol de Presidenta, Fagner es el tesorero y Victoria es la secretaria, nos vamos rotando los cargos. Pero además Victoria se dedica mucho a la parte pedagógica de FACE y Fagner a la programación y coordinación de la sala, que implica el contacto con las compañías y grupos.

Ph: Abismo Danza

A mi entender, las obras performáticas ganan mucho cuando hay un trabajo desde la expertise del movimiento del cuerpo en escena. Cuando no lo tienen, siento que falta un trabajo fino, que hay mucho ruido. Esto no significa que toda performance tenga que convertirse en una obra de danza, sino que haya decisiones claras en el cuerpo de le artista que pone el cuerpo.


Mencionaste el Colectivo Dominio Público: ¿nos podés contar un poco qué función cumplís allí y que venís aportando a ese Proyecto?

El proyecto Colectivo Dominio Público comenzó cuando Fagner, con el periodista Esteban Magnani y el investigador y dramaturgo Maxi de la Puente, comenzaron a escribir una obra basada en la autobiografía de Julian Assange. Trabajaron en la investigación y la escritura del guión durante un año, que derivó en la obra Ciberpunks. A partir de eso fueron adoptando este nombre, “Colectivo Dominio Público”, con la propuesta de una interacción entre el periodismo -como base de investigación de la “realidad”- el teatro y la performance. 

Mi participación en ese proyecto fue más bien de asesoramiento, porque fué muy cerca del nacimiento de mi segundo bebé. Lo que me interesó aportar al Colectivo fue una mirada sobre el movimiento, desde la observación y el acompañamiento. 

A mi entender, las obras performáticas ganan mucho cuando hay un trabajo desde la expertise del movimiento del cuerpo en escena. Cuando no lo tienen, siento que falta un trabajo fino, que hay mucho ruido. Esto no significa que toda performance tenga que convertirse en una obra de danza, sino que haya decisiones claras en el cuerpo de le artista que pone el cuerpo.

Más adelante ya participé como coreógrafa y bailarina de la obra Copia Original, que estuvo principalmente basada en la danza. Buscamos referentes, coreógrafes famoses y tradicionales para usar y revisitar su material. Hicimos un “remix” de distintas obras de distintes autores para pensar el tema de la autoría y el original en el arte y en la cultura. Es una obra que hizo muchas funciones en el Galpón y también participó de festivales. Luego, en la obra Sinfonía Big Data, volví a participar como asesora dentro del colectivo multidisciplinar. Trabajé fino el estudio del movimiento como una herramienta más de la obra, que estaba más centrada en lo performático y visual, como una experiencia inmersiva. Algunas de las performers que participaron eran bailarinas formadas en FACE, y pude aportar con ellas este tema más profundo de qué calidades del movimiento se podían abordar, o qué tipos de cuerpo se podían elegir para cada momento. Entonces, en el Colectivo, a veces estoy presente como performer, y otras veces acompaño como asesora, pero siempre sobre el movimiento.    

¿En qué proyectos personales y colectivos estás trabajando actualmente, sean artísticos o de gestión (o ambos)? Contanos un poco qué planes tenés en carpeta para el futuro cercano.

El año pasado hice un trabajo cortito de residencia en Casa Sofía que se llamó AlgoRitmo, donde nos preguntamos por el destino de la corporalidad en la era digital, donde todo se vuelve más virtual y menos corporal: ¿Qué va a pasar con el cuerpo, con nuestros cuerpos? En esa línea creamos una especie de set de foto publicitaria con una mesa donde apoyar los objetos para sacarles fotos, en la cual interactuaba una bailarina -Laura Peña- como un cuerpo objeto, que iba mutando. Trabajamos sobre imágenes de la publicidad, como cuerpos-objetos que se venden, dejando ver el conflicto de la interioridad de la materia misma al estar siendo expuesta en sentido comercial. El conflicto de la transformación de ese ser como algo rentable. En base a eso empezamos a investigar una propuesta en formato virtual para Feed. La propuesta es generar una experiencia en la que a les participantes se les va a decir que son libres de elegir navegar por cinco salas virtuales diferentes. En cada una de ellas entrarían en un lugar donde se les propondría mucho confort y placer, pero al mismo tiempo se les obligaría a dejar algo, a otorgar algún tipo de dato que después va a ser usado. La idea es mostrar cómo funciona el sistema. Algunas salas van a tener un tono más irónico o de humor y otras un tono más poético, de construcción de estados. Esta obra, que este año se propone de forma virtual, también va a tener un formato presencial e inmersivo. Ya veremos cuándo. 


Redes y contactos

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Ph: EPA Cine

El Festival Internacional de Cine Independiente de El Palomar -EPA CINE-, organizado por la productora Teorema, en conjunto con el Cine Teatro Helios, nació en el año 2016 con la propuesta de descentralizar la difusión cinematográfica y consolidar un espacio en el conurbano bonaerense para el diálogo de películas y nuevo públicos. Actualmente, además del Helios, EPA tiene como sedes el Auditorio UNTREF Caseros II, UNTREF Ciudad Jardín, Biblioteca Popular Ciudad Jardín y Cine Paramount.

Tal como mencionan en su presentación, lxs organizadores del EPA CINE, se parte de “producciones locales e internacionales interesadas en ofrecer imágenes que se desmarquen del espectáculo meramente comercial, acercando a la comunidad visiones del mundo más comprometidas con la realidad, desde sus diversas poéticas”.

El Festival, que se realiza desde su creación con precios accesibles o entrada directamente gratuita, busca el cruce de experiencias singulares y la participación comunitaria. Para cada edición, el equipo de EPA Cine programa aproximadamente sesenta películas, entre largos y cortometrajes, distribuidas en secciones específicas que incluyen producciones en competencia, panoramas, retrospectiva, cine infantil, musicalizadas en vivo, entre otras. Hasta el momento, el Festival ha contado con la participación de más de 6000  espectadores, ha realizado más de 100 funciones y premiado una serie de películas internacionales y nacionales de distintas geografías. Además, se realizan actividades de formación y divulgación en escuelas y espacios culturales, que se suman a las “Itinerancias” planteadas por el Proyecto y por las cuales el EPA ha realizado proyecciones en el espacio público, talleres en escuelas de la localidad y eventos de debate en bibliotecas y casas culturales.

El Festival se concibe como un espacio de articulación con diferentes actores del sector cultural y audiovisual, en este sentido articula acciones con el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, la Municipalidad de Tres de Febrero, el Instituto Francés, el Goethe Institut, Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF), Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS), Universidad Nacional de Moreno (UNM), Directores Argentinos Cinematográficos (DAC), Asociación Cultural Toscana, Autores de fotografía Cinematográfica de Argentina (ADF), Centro Universitario de Cultura y Arte de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (CUCA), Cinecolor Argentina, Asociación Argentina de Editores Audiovisuales (EDA), entre muchos otros. Fue declarado de Interés Cultural por la Subsecretaría de Cultura de la Municipalidad de Tres de Febrero y de Interés Legislativo y Cultural de la Provincia de Buenos Aires por la Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires.


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Contacto: epacine.com.ar/contacto

Ph: Andrew Milligan


“Del otro lado de la reja está la realidad, de este lado de la reja también está la realidad; la única irreal es la reja” (Fragmento de La verdad es la única realidad, de Francisco Paco Urondo, Cárcel de Villa Devoto, abril de 1973).


Se trata de un espacio de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos donde confluyen actividades académicas y artísticas emergentes y en permanente diálogo y transformación. Actualmente, dirigido por el Profesor Nicolás Lisoni, el CCUPU integra un equipo profesional de coordinadorxs, asesorxs, especialistas y docentes que gestionan las distintas áreas del Centro Cultural (Visuales, Escénicas, Música, etc.).

Entre su oferta en formación figuran la Diplomatura en Proyectos Culturales y Producción en Espacios de la Cultura (DIPOC), orientada a la sistematización de prácticas culturales a partir del aprendizaje de herramientas concretas de gestión; la Diplomatura en Dramaturgia (DD), realizada junto a entidades del sector teatral como la  Asociación Argentina de Empresarios Teatrales y Musicales (AADET), Argentores, Sociedad Argentina de Gestión de Actores Intérpretes (SAGAI) y Asociación Argentina de Actores, y las Residencias Creativas en Danza (BROTE), donde se desarrolla un programa de acompañamiento para procesos de creación orientados en danza contemporánea. En todos los casos, la formación incluye la realización de mesas y jornadas, seminarios y talleres abiertos a la comunidad.

El Paco Urondo fue y es sede de eventos y actividades que abordan temáticas de interés contemporáneo, problemáticas sociales, tendencias tecnológicas y agenda de género, por ejemplo: Bienal Sur, Festival de Cine Migrante, Festival de Cine Ambiental, Encuentro Nacional de Escritura en la Cárcel, Ciclo de Música Urondo Contemporáneo, Micro Ciclo Escénico en el Centro,  Ciclo Mujeres en Escena, entre muchos otros.

Como centro cultural de la universidad pública, el Urondo tiene como uno de sus objetivos centrales la articulación de programas de formación y producción  artística-académica a nivel nacional e internacional, contribuyendo a la ampliación de derechos y a la democratización de las expresiones culturales.


Dirección

25 de mayo 201 – Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Redes y contacto

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Ig: @ccpacourondo

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