Imagen: Carlos Villamayor

Por Valeria Cardelle y Paola Torrandella


En el contexto de cuarentena y aislamiento producto de la pandemia del COVID 19 nuestra vida cotidiana se vio afectada en todos sus aspectos. Lo mismo sucedió, por supuesto, en el mundo del arte y la cultura. Desde algunos sectores culturales, en el mes de octubre se declaró la “emergencia cultural” en Buenos Aires -con el hashtag #EmergenciaCulturalBA en redes- y teniendo en cuenta que el ballet clásico generalmente no está muy presente en este tipo de “movidas” nos surgieron un montón de preguntas. ¿Qué quiere decir esto para el ámbito de la danza clásica oficial de Buenos Aires? ¿Existe esa emergencia en el ballet? ¿Ya existía desde antes? ¿Cómo lo viven sus protagonistas?

Sabemos que la danza clásica posee requerimientos específicos, una técnica y un entrenamiento del cuerpo que difícilmente pueden reemplazarse de cualquier modo, por eso

nos preguntamos también ¿Cómo se baila en un marco de pandemia y aislamiento? ¿Es posible? ¿Es distinto bailar danza clásica u otro tipo de danza en este contexto? ¿Qué problemas y desafíos se presentaron para los bailarines clásicos en la relación cuerpo-pandemia-virtualidad? ¿Qué pasa con el cuerpo?

Pensando en esta nueva etapa de distanciamiento (DISPO) en la que se empezaron a habilitar actividades artísticas con ciertos protocolos, entre ellas, los teatros, nos surge entonces una pregunta más: ¿cuáles son las posibilidades que se abren (o se cierran) a futuro?

Para responder estas preguntas entrevistamos a tres bailarines profesionales: Dolores Fernández, integrante del Ballet Estable del Teatro Argentino de La Plata; Sofía Menteguiaga, ex primera figura del Ballet de Tulsa (EEUU), Royal Ballet de Flanders (Bélgica), Teatro Colón y Teatro San Martín (Bs. As.), actualmente bailarina independiente en Buenos Aires y Federico Fernández, Primer Bailarín del Ballet Estable del Teatro Colón. 

Cuerpo y espacio

Como primer eje a destacar de las entrevistas surgió la relación entre cuerpo y espacio. Los tres bailarines mencionaron la significación que tiene para ellos este entrecruce. La necesidad de contar con un lugar amplio para saltar, girar, desplegar los movimientos que requieren más desplazamiento y ocupar con el cuerpo un espacio que desde que estalló la pandemia no existe, no está ya disponible como antes, cambió. Desplegar el cuerpo en el espacio. Un espacio que tuvo que trasladarse de la sala del teatro o el salón del estudio de danza, con barras, tapetes, espejos y pisos flotantes de madera, al living u otra habitación de la casa con muebles que correr, pisos de cerámica y en algunos casos, la familia muy cerca.

Esta imposibilidad de moverse libremente en el espacio sin dudas trajo consecuencias. En palabras de Sofía Menteguiaga: “En mi caso las dificultades que encontré fueron, por un lado, de espacio, porque mi casa es muy chiquita, y tiene piso de baldosa y no de madera. Pero la mayor dificultad en realidad fue motivacional”. En esa última frase de Sofía no solo lo físico se pone en juego, sino también lo emocional. Transitar este tiempo desde una falta: la falta del espacio escénico, que abarca tanto lo corporal como la expresión artística. El cuerpo que antes bailaba en un escenario, se transforma en estos días, en un cuerpo que apenas puede hacer clases para mantenerse en forma, desde la intimidad del hogar y a la par de los problemas técnicos y de condiciones materiales, aparecen los otros, vinculados a lo más profundo de la expresión del arte, del baile, que tal vez sean los más difíciles de solucionar. Federico Fernández lo contó así: “Me afectó directamente, solo barra sin saltar, girar, es tremendo. El cuerpo, la musculatura, está costando muchísimo poder mantener algo de lo que uno tenía. Todo esto hablando de lo físico. Lo espiritual y lo artístico totalmente lastimado”.


Desplegar el cuerpo en el espacio. Un espacio que tuvo que trasladarse de la sala del teatro o el salón del estudio de danza, con barras, tapetes, espejos y pisos flotantes de madera, al living u otra habitación de la casa con muebles que correr, pisos de cerámica y en algunos casos, la familia muy cerca.


Para Dolores también fue muy importante la falta de entrenamiento: “El pasar de entrenar cinco horas diarias a entrenar una hora, una hora y media y estar mucho tiempo en mi casa hizo que por un lado gane bastante peso y por otro, pérdida de training principalmente. Sobre todo la parte cardiorrespiratoria que es lo que más trabajamos cuando tenemos un entrenamiento más aeróbico que es el que en general no podemos hacer en nuestras casa por la falta de un piso acorde y demás”.

Soledad y abandono de las instituciones.

Teniendo en cuenta que dos de los bailarines entrevistados pertenecen a compañías oficiales, nos interesó preguntarles cómo se había enfrentado esta situación particular de crisis desde dos ballets clásicos tan importantes de nuestro país como son el Ballet del Teatro Colón y del Teatro Argentino de la Plata. Ambos (y también Sofía) coincidieron en que atravesaron este momento en soledad, se sintieron abandonados por sus lugares de trabajo.

Dolores y Federico nos contaron que no recibieron propuestas o materiales para hacer clases virtuales desde sus casas, ni tampoco un acompañamiento más vinculado al aspecto emocional, artístico, u otro tipo de contención o apoyo por parte de las instituciones.

En el caso del Ballet del Teatro Argentino, nunca, en todos estos meses de aislamiento se organizaron clases virtuales y siguen sin hacerlo hasta el día de hoy. Los bailarines tuvieron que ir pasándose información y materiales entre ellos para poder entrenar. Nos dijo Dolores: “Desde la Institución no nos acompañaron con el tema de seguir un entrenamiento, de tener una clase. Bueno, hoy no tenemos ni director de cuerpo de baile a la fecha. Sí nos propusieron hacer unos videos, por el día de la danza, mostrando un poco desde nuestras casas algo. Pero esa fue la única propuesta que surgió de la Institución, sin demasiado guión ni ayuda”.

Tanto Dolores como Federico y muchísimos bailarines pertenecientes a los cuerpos estables de ballet oficiales, también forman parte de otras compañías independientes más pequeñas pero en las que tienen la posibilidad, muchas veces, de bailar más que en el Colón o el Argentino. “El director de Kuns (compañía privada independiente a la que también pertenezco) a la semana de la cuarentena empezó a dar clases gratuitas por Zoom. Algunos días cuando no podía hacer clase en los horarios que impartía Ángel Gómez, el director de Kuns, hacía clases que estaban en YouTube, del Royal Ballet de Inglaterra, que ellos ya habían colgado material gratuito y bueno, iba haciendo la clase así”. Federico nos comentó haber vivido una situación muy similar desde el Teatro Colón, aunque en este caso, en algún momento al menos se empezaron a organizar clases virtuales desde la institución: “Sólo clases por Zoom, recién en julio después de reiterados pedidos para que eso sucediera, pero en lo general, no se pensó para nada en cómo acompañarnos en este momento espantoso, al contrario, nos abandonaron”.

En las compañías de ballet existen conflictos previos a la pandemia que datan de hace años, como por ejemplo en el plano artístico, las pocas funciones que realizan por temporada, el escaso repertorio, la falta de obras nuevas o la nula existencia de giras tanto dentro del país como en el exterior. Tampoco hay muchos cupos para el ingreso de bailarines nuevos a las filas de los cuerpos de baile, incluso para los que egresan de la propia escuela, en el caso del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, es muy difícil poder acceder a un trabajo dentro del Ballet y la mayoría de las veces los bailarines son contratados por el período que dura la puesta de una determinada obra.

Pero particularmente en el caso del Argentino de La Plata hay muchos problemas de tipo edilicio que han empeorado en los últimos años, como falta de calefacción, de matafuegos, pisos en malas condiciones o techos que se caían. Durante el año 2019 los cuerpos estables del Teatro se mantuvieron muy activos con protestas por redes sociales con el hashtag #SalvemosAlTeatroArgentinoDeLaPlata, haciendo funciones en la puerta de entrada del Teatro, buscando adhesiones, etc. Actualmente el cuerpo de baile no tiene autoridades designadas, por lo tanto es un poco difícil pensar en un acompañamiento a los bailarines en este momento especial. Nos dijo Dolores sobre esto: “La situación del Ballet de la Plata no tenía que ver tanto con el ballet sino con el teatro en sí que venía de muchos años de no tener presupuesto para su mantenimiento o por lo menos no se destinaba el presupuesto para eso. Eran problemas si se quiere más estructurales como con respecto al espacio, por lo cual nosotros desde principio de año ya no estábamos trabajando porque no había medidas de seguridad e higiene aptas para ingresar al edificio y el teatro estaba parado. Con respecto al Ballet la situación era que estábamos sin director y eso con el cambio de gobierno siempre sucede. Y bueno, las autoridades tardaron en nombrarse, hasta el día de la fecha no tenemos un director con el cual conectarnos por Zoom o empezar a tener algún tipo de conexión tanto en las clases o para crear alguna posible coreografía cuando todo esto pase. Y a nivel teatro, problemas principalmente de presupuesto que venía siendo muy malo en los últimos años sobre todo y con esto seguramente vaya empeorando”.

Imagen: Carlos Villamayor

Las compañías autogestivas e independientes que también existen en la danza clásica y como dijimos, muchos de sus integrantes son, además, bailarines de las compañías oficiales, pudieron llevar este momento con algo más de creatividad y sobre todo acción. Según Sofía “En Argentina costó mucho, lo digo por conocimiento de excompañeros porque las instituciones, tanto el San Martín o el Colón, que son en las que yo trabajé, no se preocuparon ni siquiera de darles un piso y una barra donde poder hacer una clase decente como en el resto del mundo. Los chicos se tuvieron que arreglar solos, como pudieron. En mi caso no pertenezco a una institución, por lo tanto está perfecto que me las haya tenido que arreglar sola o me las esté arreglando ahora que voy a volver a bailar. Porque los ballets independientes no tienen presupuesto, hacen todo a pulmón. Pero todo lo que he escuchado de los chicos de compañías estables de acá es terrible”.

Virtualidad y danza

Es interesante pensar a la danza clásica en este contexto, por su particularidad y su diferencia en relación con otras danzas. Los bailarines clásicos repiten movimientos, no los inventan. Y esos movimientos clásicos, que tienen su origen en el Renacimiento italiano y se consolidan en el Siglo XVII en Francia, son difíciles de recrear en las condiciones que esta pandemia nos impone. Nos preguntamos cómo vivieron esto los bailarines y sus respuestas nos enfrentaron por un lado con esas dificultades y por otro, nos mostraron algunos atajos y caminos alternativos.

Dice Sofía: “Cualquier otro tipo de danza, sobre todo lo más contemporáneo, es más adaptable, creás cosas. La danza clásica ya está creada. Es como es, más allá que uno versiones la versión de tal o cual, pero es lo que es y tiene pas de deux y tiene danzas en grupo y es súper difícil, de hecho prácticamente imposible de hacer en las circunstancias que vivimos hoy. Podés sacar un extracto o un solo y tratar de hacerlo pero también el tema de las puntas es súper complicado, usar puntas en los pisos de cerámica de las casas. Es 100% más difícil de adaptarse a estas circunstancias que cualquier otra danza”.

Dolores tiene una mirada similar en cuanto a este tema: “Pienso que la danza clásica es más difícil de adaptarse a lo virtual, por supuesto. Por sus requerimientos específicos, por su complejidad… No sé si la relacionaría con otras danzas, pero tiene más impacto, más necesidades estructurales para poder llevarla a cabo por lo menos sin lesionarse”. En cambio Federico abrió un poco la mirada en relación a este tema: “No creo que sea así, (que la danza clásica sea más difícil de adaptarse a la circunstancia actual) lo que sucede es que no hay quiénes quieran generarla. Imaginate lo que se podría hacer desde el Teatro Colón, teatro con el 40% de todo el presupuesto de cultura de la Ciudad (dos mil cuatrocientos millones de pesos al año)”. También Federico encontró un lado positivo de este momento viéndolo como oportunidad para que surjan en la escena “nuevas cabezas y artistas”.

Como ya mencionamos, hay mucho movimiento de compañías autogestivas en el mundo del ballet. Una de estas compañías es Buenos Aires Ballet, dirigida y fundada por Federico. Durante los primeros meses de pandemia, desde este espacio, empezaron a pensar la manera de volver a un escenario, ese escenario que tanta falta les hizo a los bailarines durante la cuarentena. En el mes de noviembre, después de meses de trabajo y habiéndose flexibilizado un poco el aislamiento pudieron hacerlo, convirtiéndose en la primera compañía argentina de ballet en volver a bailar sobre un escenario, pero sin público presente. Federico nos contó un poco sobre este proceso: “Nosotros con Buenos Aires Ballet, compañía autogestiva e independiente, estaremos este 14 de noviembre haciendo una función por streaming. Somos la primera compañía de ballet de Argentina en volver al escenario y la segunda compañía del continente después de Uruguay. Sin dudas las crisis como estas nos enfrentan a la introspección, a la creación, a la catarsis y a lo que queremos gritar y bailar. Esta función encontró su lugar y las creaciones específicas se realizaron con el protocolo de salud. Todas coreografías con distanciamiento social y sin ningún contacto. Se brindaron a este espectáculo no solo figuras del Teatro Colón, también artistas independientes como Sofía Menteguiaga y músicos en vivo”. Esta función de la que habla Federico se llamó “Resiliencia”. Se filmó el día 7 de noviembre en el Teatro Regina de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y se transmitió el 14 de noviembre, de manera online, con la modalidad de entradas virtuales que se pudieron adquirir a través de la plataforma Ticketek. Una vez hecha la compra de la entrada, se habilitaba mediante un código, el acceso al link por el que se transmitió la función a varios países de América y también a España.

Imagen: Carlos Villamayor

Esta experiencia nos parece un ejemplo ilustrativo como muestra de creatividad y exploración de un ballet independiente en contraposición a la falta de iniciativa y propuestas de nuestras compañías de ballet oficiales. Como espectadoras de la función lo que encontramos fue como un juego en los límites entre lo clásico y lo moderno o contemporáneo. De las 7 obras de “Resiliencia”, solo una fue clásica (“Guilermo Tell” con coreografía de Bournonville, un pas de deux con la particularidad de que la bailarina y el bailarín no tienen contacto físico en ningún momento). Por otro lado, todos los bailarines que participaron tienen formación clásica, sin embargo, muchas de las obras de estreno eran un híbrido entre clásico y contemporáneo. Ser público de esta función fue una experiencia sin dudas diferente. Al haberse filmado previamente teníamos la posibilidad de poner pausa, atrasar o adelantar momentos. Cuando terminaba cada obra, los bailarines en escena hacían el típico saludo al público, en un total silencio, sin aplausos, sin público, lo que nos generó una sensación de extrañeza. Nada fue comparable respecto a la presencialidad del teatro, otro espacio, otro soporte, otro tipo de narración.

Luego de la función volvimos a contactar a Sofía y nos contó un poco cómo vivió ella la experiencia: “De las funciones vía streaming pienso que está bárbaro, que es una forma de mantener la conexión del público con la danza y creo que es fundamental no desaparecer. No es lo mismo, no me parece que sea mejor. Creo que es lo que hay hoy disponible, pero bajo ningún punto de vista creo que sea mejor porque es necesario el contacto del público y el vivo en las artes escénicas”. “Todo es con protocolo, no sólo la función: uno llega para ensayar, mantiene el distanciamiento, tiene el barbijo puesto todo el tiempo salvo que estemos sobre el escenario. La verdad, para mí es una experiencia rarísima. Estoy agradecida de participar, un poco demuestra que cuidando los protocolos y con interés y dedicación se puede. Esto también de pensar coreografías para la ocasión nos ayudó a poder ensayar en casa. Porque por ejemplo, personas como yo en espacios reducidos, con pisos de cerámica no hubiésemos podido ensayar algo con saltos o en puntas. Entonces todas las coreografías se pensaron en base a los recursos que cada uno tiene y eso estuvo bueno”.

“La función fue extraña, fue por un lado la alegría de volver a pisar el escenario, pero por otro lado el vacío de la platea, del público… Y creo que lo que a mí más me hizo sentir como que no tenía ese ánimo de función fue el hecho de que al ser grabado, para cuidar bien el tema de los protocolos, no había una continuidad. Decían “acción” uno entraba al escenario, bailaba y cuando terminaba no había una continuidad. No había esto de que hasta que no estoy fuera del escenario no terminé y enseguida viene el que sigue, como todo un clima. Uno terminaba su parte, se cortaba la filmación, podías conversar, salir caminando normalmente y todo eso me cortaba el clima de función de teatro. Igual, no dejó de ser lindo volver al escenario, sobre todo en mi caso que no sabía cuándo iba a ser mi próxima función al ser independiente y ya estar cerca de retirarme.”

Esta situación tan particular y única que nos toca vivir, creemos que puede servirnos para pensar y repensar infinitos aspectos de nuestra cultura. Muchas veces la danza clásica queda como una esfera lejana, aparte, inaccesible o intocable dentro del arte y poco explorada desde los estudios culturales. Pensamos entonces, que este es un buen momento para empezar a poner el ojo ahí y problematizar, revisar y por qué no, modificar algunas cuestiones ligadas a todo lo que significa el ballet clásico, a cómo se inserta en nuestra cultura hoy y qué pasa con nuestros cuerpos estables estatales. Podemos seguir haciéndonos muchas preguntas más sobre la danza clásica y para responderlas, sin dudas, es fundamental escuchar las voces de sus protagonistas. Por ahora vimos que las propuestas, la creatividad y las acciones del ballet frente a la pandemia, se encuentran y se bailan por fuera de las compañías oficiales.


Escribir un comentario