Entrevista a Micaela Montes Rojas y Pablo Guallar

Por Martina López y Alejandro Olivera


Micaela Montes Rojas es diseñadora de Imagen y Sonido por la Universidad de Buenos Aires (Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo). Docente y fotógrafa. Trabaja como camarógrafa en el área de comunicación del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación. Desde enero de 2016, se encuentra co-guionando el documental Por los caminos de la Andariega, sobre la vida del artista Javier Villafañe. Realizó varios cortometrajes, entre ellos Vidas maltratadas, ganador del Concurso Internacional de Piezas Audiovisuales de 1 Minuto (UNESCO). Ganadora del II Concurso “Raymundo Gleyzer” (INCAA) con el documental Crónicas de un Exilio, estrenado el pasado 20 de marzo en el BAFICI.

Pablo Guallar es licenciado en Artes por la Universidad de Buenos Aires (Facultad de Filosofía y Letras). Guionista, productor y realizador audiovisual. Entre sus producciones figuran cortos y largometrajes que han participado en diversos festivales alrededor del mundo, entre ellos Siestas (2018) que fue parte de la selección del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana. Fue becado por el Fondo Nacional de las Artes para impartir cursos de cine y elegido como ganador del II Concurso “Raymundo Gleyzer” (INCAA) con el documental Crónicas de un Exilio.


Sabemos que con el estreno de Crónicas de un Exilio, que recupera fragmentos de la vida de Octavio Getino, a nuestro entender una figura clave del cine nacional y latinoamericano, llega un momento muy esperado por ustedes. Nos gustaría que nos cuenten cómo surgió su encuentro como realizadorxs y cuál fue la génesis de este proyecto.

Micaela: Nos conocimos en el 2012 por medio de un amigo en común, que me dijo que estaba haciendo una película con Pablo sobre Octavio Getino. Casi de forma automática le dije: “Quiero formar parte”. Entonces nos encontramos los tres, con el proyecto ya como una idea. Pablo ya conocía a Getino, él lo  había entrevistado, pero yo no lo había conocido más allá de haberlo estudiado. Así fue que arrancamos a conocernos y a empezar a escribir, una escritura que nos llevó mucho tiempo. 

Pablo: Sí, además pegamos muy buena onda con Mica porque los dos somos hinchas de Racing. Yo en la UBA, en 2008, empecé a investigar sobre el cine político de las décadas de los ‘60 y ‘70. Ahí conocí sobre el Grupo Cine Liberación y Cine de la Base. En su momento me impactaron mucho los colectivos de cineastas que habían dado su vida por cambiar la realidad y el modo de hacer y de ver cine. Después de eso siempre me mantuve interesado en la temática, buscando las películas, viendo cómo acercarme a esas obras, porque en esa época algunas todavía eran difíciles de encontrar.

Después me pasó algo particular, en el 2010. Estábamos con mi viejo y mi hermano viendo el programa 678 y estaban entrevistando a Getino. Yo ya lo conocía de leerlo, de ver sus películas, pero escucharlo hablar me shockeó porque si bien tenía algo muy humilde, lo que decía tenía una elocuencia tremenda. Mi viejo me dijo: “Prestale atención”, me tiró una pista. Y en el 2011, por esas casualidades de la vida, me convocaron para participar en una serie de entrevistas a Octavio encabezadas por Gabriel Mateu y en las que participaron también Esteban Ramponelli, Berta Ferezin y Ariel Guallar. Le hicimos cinco entrevistas largas en las que nos contó todo sobre su vida. Ahí tuve la oportunidad de conocerlo personalmente y confirmé que tenía la humildad de los grandes, te trataba como uno más, era bien compañero. Cuando escuchabas cómo había sido su vida, no lo podías creer. Nació en el contexto de la Guerra Civil española, y en la Segunda Guerra Mundial vino a Argentina, durante el peronismo. Una historia muy fuerte: vivió el bombardeo del 55´, la resistencia peronista, hizo La Hora de los Hornos, entrevistó a Perón, y luego por toda su militancia fue perseguido y obligado a exiliarse de nuevo. Esas entrevistas del 2011 fueron casi como un homenaje en vida pero al no haber estado en la conducción,  sentí que algo me había quedado trunco: tenía ganas de entrevistar a la gente que lo había conocido y a partir de eso poder  realizar un retrato más polifónico. Entonces nació la idea de usar las entrevistas como un acervo para investigar y hacer otra cosa, una nueva obra. Hacia fines del 2011 tuve una conversación fundamental con Ricardo Manetti (director en ese entonces de la carrera de Artes de la UBA), en la que me sugirió la temática del exilio de Getino, como una faceta interesante para explorar. Luego me contactó Nicolás Mazzeo, interesado en ver las entrevistas porque estaba escribiendo un artículo sobre la participación de Octavio en el Ente de Calificaciones. En ese momento nos pusimos a trabajar en conjunto. Y después de eso, cerca del 2012, se sumó Mica. Nicolás finalmente no pudo continuar en el proyecto. Por otro lado, Getino muere en octubre del 2012 y para mí fue terrible; me quedé con una sensación de deuda, porque lo que habíamos hecho hasta entonces era una producción muy independiente, la hicimos como pudimos en ese momento. Capaz él esperaba que fuera otra cosa. Él se merecía otra cosa.  


A partir de esto, hicimos una serie de entrevistas a Humberto Ríos, a Nemesio Juárez (sus compañeros de militancia cinematográfica) y fuimos a visitar a Mariví Getino (su hermana). El encuentro con Humberto Ríos fue para mí una de las experiencias más lindas. Era un hombre de una sabiduría ancestral. Entrabas a la casa y tenía una foto con Picasso, una carta de Tarkovsky, sentías que estabas hablando con la historia viva. Fue impresionante. Contando con ese material y buscando productores, a fines del 2014 conocimos a Palta Films (Nicolás Cobasky, Hernán Figueroa, Nicolás Mikey) en Ventana Sur, y nos pusimos a trabajar en conjunto.

Comenzando con la producción en el año 2012, nos damos cuenta del esfuerzo que supuso la realización de este film: ¿nos podrían contar algunos hitos de estos años? ¿Cómo fue el proceso de trabajo que desarrollaron durante este tiempo?

Micaela: Habiendo decidido ambos ser directores y guionistas del proyecto, nos dimos cuenta de que no podíamos hacer también la producción, sino que necesitábamos ayuda extra. Por eso nos juntamos con Palta, con quienes armamos una carpeta para presentar al “Concurso Raymundo Gleyzer – Cine de la base” del INCAA. Quedamos seleccionados y tuvimos unas tutorías buenísimas de guión y de dirección con Carmen Guarini e Iván Tokman, y de producción con Johanna D’Alessio. Después de las tutorías nos dieron un mes para rearmar el proyecto y volverlo a presentar, y finalmente nos enteramos que ganamos. También quedó seleccionado un grupo que quería hacer un documental sobre Coppola, el fotógrafo. 

Pablo: Recuerdo que la experiencia del Gleyzer fue muy interesante porque nos obligó a entrar intensivamente en el proyecto, algo que era necesario. Nos ayudó a encontrar el foco de la película y fue muy revelador porque también empezaron a aparecer cruces con nuestras historias personales. Estamos muy agradecidos con Pablo Rovito, Celina de Franco, Carmen Guarini, Iván Tokman y Ezequiel Radusky. Como el Gleyzer en ese momento te permitía acceder a la segunda vía de financiamiento del INCAA, a la cual sin antecedentes no te podías presentar, haberlo ganado le dio un impulso al proyecto: se nos estaban abriendo oportunidades. Entonces nos sentimos listos para hacer una segunda etapa de guión y presentarlo al INCAA, para ver si lográbamos conseguir la declaración de interés. Llegamos a una segunda versión del guión, pero después lo seguimos elaborando e hicimos como cinco versiones más. En el guión del documental vos tenés que ir parafraseando lo que te imaginás que va a decir el entrevistado, por ejemplo, porque antes de hacer la entrevista no sabés qué te va a aportar para construir la narrativa.


Al documental uno lo va descubriendo a medida que lo rueda


Antes del rodaje, en el proceso de guión, hay que hacer mucha investigación, mucho trabajo. Mica vive en Palermo y yo en el Oeste (Haedo) y era un esfuerzo importante encontrarnos todas las semanas, tomarnos el 166 y viajar horas. Finalmente, en el 2017 logramos la declaración de interés del INCAA y ahí dijimos: “Esta película se va a hacer, todavía no sabemos cómo, pero se va a hacer”.

Micaela: Estábamos asustados, porque fue justo en el cambio de gobierno, con nuevos directivos en el INCAA, empezando el macrismo.  

Pablo: Cuando efectivamente nos dieron la primera cuota el proyecto se había devaluado catastróficamente. Nosotros teníamos una idea de proyecto y lo teníamos que ir recalculando a medida que iba cayendo el valor de la moneda.  

Micaela: A la vez, nos iban llegando avales muy importantes para nosotros, entre ellos el de Birri, que estaba en Italia y nos dio muchas palabras de apoyo, de la Escuela de San Antonio de los Baños en Cuba (EICTV), de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano. En varios lugares el proyecto iba despertando interés.


Nombrabas a Getino y te abrían la puerta, claramente había sido bueno y compañero con mucha gente


Había un montón de gente que lo había conocido, quizás más o menos, pero que te decían: “Qué bueno que estén haciendo una película sobre él”. Eso nos motivaba, nos hacía pensar que íbamos bien, por el buen camino.

Micaela: Y en el 2018 empezamos las entrevistas. Hicimos una con Mario Rodríguez y Oscar Smoje, que habían filmado el primer corto con Getino en la Asociación de Cine Experimental, titulado Trasmallos. También a Lita Stantic, Abelardo Kuschnir -sonidista de Cine Liberación-, Juan Carlos Macías -editor de La Hora de los Hornos-, a Pino Solanas…

Pablo: Entrevistar a Pino fue terrible. Estábamos todos re nerviosos, la presencia de Pino era muy fuerte, completamente distinta a la de Getino, con quien estabas muy relajado. Finalmente, Pino se abrió un montón, nos facilitó un montón de material. Agradecemos también a su hija, Victoria, que nos ayudó muchísimo. Este proyecto es una obra colectiva, en la cual intervino mucha gente. Los chicos de producción metieron mucho laburo, la lista de agradecimientos es casi infinita.


Todo el tiempo sentimos que estuvimos dialogando con una parte de la historia


Era muy gracioso también ver cómo nos veían, la gente estaba muy contenta de que estuviéramos haciendo esta película. Eso nos dio mucha fuerza, recibimos siempre mucho apoyo, y eso fue fundamental para sostener este proyecto en el tiempo.

Pablo: Un momento decisivo fue cuando entramos también en contacto con la familia. Ahí descubrimos  facetas de su historia que nos eran desconocidas. El relato de la familia terminó tomando mucho protagonismo finalmente. Todo esto nos dio la posibilidad de reflexionar sobre cómo construir el estatuto del personaje, con sus claroscuros. Cuando aparecen las cartas de Getino es otro hito. Iván, el hijo de Susana, criado por Octavio, aparece con una caja y nos dice: “Esto les va a cambiar el guión de la película”. Nosotros nos miramos con Mica y no lo podíamos creer.  Eran las cartas que le había escrito Octavio a Susana en el exilio, y pudimos acceder a todo ese universo íntimo, de una persona que en realidad era muy reservada. Ahí descubrimos el miedo que sintió muchas veces, la persecución en Perú, cuando secuestran a su amigo Maguid. 

Micaela: Iván nos dio un botín, era oro puro. Y nos voló la cabeza conocer como escribía. Lo leías y te dabas cuenta que le estaban pasando mil cosas.


Notamos que en Crónicas hay un trabajo realmente notable con el material de archivo. Les queremos preguntar cómo encararon este trabajo, en el cual además aparece con mucha potencia el testimonio de la familia Getino. 

Micaela: Cuando empezamos a escribir el guión, al ser un documental, no sabíamos con qué nos íbamos a encontrar. Nos teníamos que imaginar las escenas y el material de archivo que todavía no habíamos podido consultar. Luego, cuando fuimos a los archivos y al hacer las entrevistas terminaron apareciendo las cosas que nos habíamos imaginado al escribirlo. Me pasó, por ejemplo, con el relato de cómo las hijas de Getino se habían despedido de él. Yo me imaginé la escena en el Parque Lezama y realmente fue en el Ital Park, pero lo guionado coincidía mucho con el testimonio. Hubo una mezcla entre la ficción y el documental. 

Pablo: Otro episodio tuvo que ver con que, al escribir el guión, propusimos en ciertas escenas incluir un found footage de la dictadura militar, porque no queríamos volver a usar las típicas imágenes que ya tanto conocemos de los documentales sobre esa época. Una noche -y se me pone la piel de gallina de contarlo-, llevando a un amigo a su casa en Haedo, me encontré tirados unos rollos de 35 mm en la calle. Una escena muy irreal, con el rollo flameando en el asfalto. Estacioné, miré los rollos y mágicamente tenían un papel que decía “Desfile militar. Avión Pampa. Videla”. Me cargué todo en el coche y a partir de eso empecé a contactarme con gente para ver cómo digitalizarlo, hasta llegar al Archivo RTA. Nos terminamos enterando que el rollo que había encontrado tenía imágenes inéditas de la dictadura cívico-militar. Fue un proceso muy loco de trabajo con la materialidad del archivo, viendo fotograma por fotograma hasta encontrar la escalofriante imagen de Videla. Fue un proceso muy intenso e interesante hasta llegar al transfer de las imágenes. Finalmente muchas de estas imágenes quedaron en el documental. El hecho de haber escrito algo que al final apareció de casualidad tuvo un toque mágico -a veces pienso que fue como un guiño que Getino nos mandó desde el cielo. 

Otro tema interesante es el trabajo con el archivo familiar. Como de la familia Getino se había conservado únicamente un rollo de super 8, para contar su historia no sólo usamos materiales de su archivo, sino también de nuestras familias y de conocidos. Hay un material recuperado de mi familia de 1973 en Ezeiza, en el que aparecen mi abuela, mi viejo, mi abuelo, a quien yo no había visto nunca. Fue una decisión estética arriesgada. El documental está enteramente construido con material de archivo: son 93 minutos de película, pero muy poco original de Getino y su familia. Lo que buscamos fue contar parte de la historia argentina y de su familia a través de otros archivos y abrir así un despliegue de sentidos metafóricos para universalizar su historia. 


Micaela:  Nosotros empezamos la peli sabiendo que existía ese rollo de super 8 en el que Getino había filmado a sus hijas en 1975. Pero no podíamos hacer una película de una hora y media con un rollo de cinco minutos. Nos costó mucho encontrarlo en buena calidad, era casi el Santo Grial, hasta que cuando entrevistamos a Marina, la hija mayor, nos dijo que lo tenía. Y después, como necesitábamos más material, fuimos sumando todos los rollos en super 8 que había en nuestras familias, en las familias de nuestros amigos o conocidos. Hernán Figueroa, uno de los chicos de Palta, iba al Parque Centenario a comprar rollos. Cuando los conseguíamos, tocaba verlos para ver si coincidían y lograban contar una historia polifónica sobre los años setenta y ochenta. El trabajo de edición fue muy lindo. Destacamos mucho la labor de Carlos Cambariere y Hernán, quienes aportaron muchísimo al vuelo de la película. 
Pablo: Fueron muy importantes los debates que se armaban en torno al montaje, donde se terminó de cocinar la película; además del aporte de Hernán y Charly, fue muy importante el trabajo de Nicolás Cobasky y Nicolas Mikey a lo largo de la película.

Trailer – Crónicas de un exilio

Pensábamos que interesante es reflexionar sobre el uso del archivo para tramar estas historias, más en una película con esta temática y en un momento donde muchas de las expresiones con respecto a derechos humanos se trasladaron a los ámbitos digitales ¿Cómo piensan que dialogan estas imágenes con las políticas de memoria, verdad y justicia?

Pablo: No nos olvidemos que Getino sufre un intento de secuestro, logra escaparse y quien termina sufriendo la llegada de los milicos es su familia. Todo el tiempo lo que aparecía era eso, los crímenes de la dictadura como elemento central en el desgarro de miles de historia de vida. En el proceso, también descubrí cosas de mi historia familiar. Mi vieja se tiene que exiliar porque a su compañero se lo chupan en Córdoba. En eso conoce a mi viejo en Buenos Aires, luego ella se va del país y mi viejo la va a buscar y ahí está el origen de lo que iba a ser mi familia. La dictadura aparece como un abismo, un agujero negro que va chupando los destinos de miles de familias. Creo que eso está presente en Crónicas.. Y ahora, que justo pasen la película el 24 de marzo, es muy fuerte. El documental dialoga sobre la memoria, la verdad y la justicia. El nivel de impunidad que se manejó acá es tremendo, y hay cicatrices que todavía no se cerraron, y quizás sean imposibles de cerrar. Si bien nosotros nacimos en democracia, es algo que nos impacta. En los ‘90 no se podía hablar de esto. Yo me acuerdo la primeras veces que hablaba de estos temas con algún militante en la plaza de Morón. Después, de a poco, se pudo abordar desde otros lugares, pero fue algo muy difícil.

Micaela: Todas las familias tenían a alguien que había sufrido algún tipo de pérdida o algún conocido al que le había pasado algo, entonces la historia de una familia particular se vuelve la de miles. Todos fuimos marcados por esta vara. Y ahora es muy loco que la proyecten el 24 de marzo, Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia, cuando no podemos encontrarnos en la plaza, como hubiésemos hecho en años anteriores. Entonces, desde nuestro lugar, este va a ser nuestro granito de arena a la rememoración, y es muy movilizante. 

Gentileza Archivo Familia Getino

Es cierto, volver a mirar estas imágenes y la historia de Getino en un contexto así activa un carácter simbólico muy singular. En este sentido: ¿Qué creen que este documental suma al conocimiento de la figura de Getino? ¿Y puede decirse que representa una contribución al campo cinematográfico local? 

Micaela: Con el tiempo Getino se fue más al campo teórico, dejó de hacer cine, y al principio nos parecía interesante saber por qué pasó esto. Porque estaba bueno lo que estaba haciendo, con La Hora sentís que tenés que romper todo. El Familiar, para mí, se encuadra dentro de todo el movimiento cinematográfico latinoamericano, tiene mucho que ver con el cine brasilero, bien disruptivo. Y “de repente”, Getino se vuelca a escribir. Porque ahí entra justamente algo que quizás quería hacer desde antes: enseñar, investigar. Y, desde ya, la historia misma de su exilio lo lleva por ese camino. Por eso, que ya se conozca un poco más su figura, y no sólo para los estudiantes de arte o cine, es un pequeño aporte que me parece estamos haciendo con la película. Es la peli que pudimos hacer, que quisimos contar. Y bueno, ahora queremos que la vean varios, y que digan qué piensan. Para nosotros está buena, nos llena de orgullo, y como dijimos, tuvo muchas idas y vueltas hasta llegar acá.

Pablo: Sí, yo creo que sí, que la peli ayuda a acercar al espectador a la vida y obra de Getino, a su pensamiento y a su legado, y eso está buenísimo. El aporte de Getino para la historia del cine fue muy novedoso. El concepto de un Tercer Cine, pensarlo como un instrumento de liberación, el cine acto, es algo que después llamó mucho la atención de la cinematografía europea. Getino es alguien que ha brindado su vida a la cultura y eso, quizás, le trajo todo lo otro que no pudo contener, por ejemplo su propia familia. Trabajar en  el aspecto privado de su vida puede resultar algo chocante, pero también es algo súper valioso. Los testimonios de sus hijxs son fundamentales para completar el relato. La última entrevista, que fue a su hijo menor, Santiago, nacido dos días antes de su exilio, me dejó careta, me hizo replantear un montón de cosas sobre la construcción que tenía sobre el personaje.


En el montaje surgió la idea de que la película funcionaba un poco como una redención, para sanar algo de los vínculos familiares, que siempre intentamos cuidar y manejar con muchísimo respeto


Por suerte hubo una buena recepción de parte de la familia y eso nos dio la pauta de que habíamos hecho las cosas más o menos bien. La sensación que tengo antes del estreno es de tranquilidad.

Entonces ¿Con qué se va a encontrar el público que vaya a ver Crónicas?

Pablo: La historia de Getino nos permite universalizar simbólicamente el exilio de otras familias. Creo que la película se puede ver dos o tres veces y le vas encontrar cosas nuevas, algún detalle revelador.

Micaela: Se va a encontrar con una película que desde el trabajo de archivo intenta transmitir algo novedoso. Mucha gente nos dijo que tiene imágenes que nunca vio, incluyendo los rollos que mencionaba Pablo. Por ejemplo, imágenes del bombardeo del ‘55: buscamos otras imágenes, no las que ves siempre en un resumen de televisión. Todo el super 8, el found footage, todas las familias que donaron material. Hay una búsqueda y una revisión interesante. 

Pablo: La película llega a su estreno en un momento muy especial. Hubo veces que pensábamos que no la íbamos a terminar. Fue todo tan desde abajo, tan a pulmón, y llegar hasta donde llegamos es una satisfacción muy grande. Haber estado en Perú y todas las cosas que fueron pasando en este tiempo fueron muy fuertes, crecimos mucho con este proyecto. Esperamos de corazón que los espectadores puedan disfrutar de la obra.


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