Ph: Carolina Celeste González

“El hombre que construye a Robot

necesita primero ser un Robot él mismo,

vale decir podarse y desvestirse

de todo su misterio primordial”.


Leopoldo Marechal, Poema del robot


1. En estos días hubo una polémica noticia en torno a un concurso de poesía que fue ganado por un supuesto Bot. El escritor venezolano Rafael Cabaliere ganó el III Premio Espasa de Poesía y como no era alguien conocido en el mundillo editorial y en el mundillo de la poesía en red comenzaron a surgir fuertes rumores en base a su identidad. Entre todos los rumores que surgieron, el más difundido consideraba que el autor del libro “Alzando Vuelo” era un robot informático, un bot programado para escribir poesía a partir de un algoritmo. La historia termina con la editorial aclarando públicamente que Rafael Cabaliere existe, que es un informático y publicista venezolano y que se había puesto en contacto con la editorial para cobrar el premio de 20.000 euros. Hay dos cosas profundamente decepcionantes de la noticia: la primera es que sólo hayan pensado que era un bot a partir de que casi no tenía fotos en sus redes sociales al contrario que los otros poetas; la segunda, la poética de autoayuda con la que ganó el concurso. Está bien, no es la primera vez que la realidad es menos interesante que la ficción. A partir de esa noticia se me ocurrió repasar algunos tópicos vinculados a la poesía y los algoritmos de escritura sobre los que vengo rumiando hace un tiempo. 

2. En 1950, Alan Turing pensó un test para responder la pregunta “¿Pueden pensar las máquinas?”, él creía que si una máquina podía mantener una conversación basada en un material escrito por un humano, con un dominio tal que el humano no pudiera discernir si estaba hablando con una máquina o un humano, se podría decir entonces que la máquina tiene inteligencia. En el 2013, Benjamin Laird y Oscar Schwartz diseñaron el test de Turing de poesía Bot or not donde quien participa debe leer poemas y discernir si fueron escritos por robots o por personas. Si tipean “Bot or not” en un buscador de internet lo van a encontrar rápidamente y ahí pueden probar el test, si pueden leer en inglés los invito a que lo hagan. 


La poesía robótica como un sistema axiomático, relega la semántica a un segundo plano. 


3. Raymond Kurzweil es el Director de ingeniería de Google y unos de los fundadores de la Singularity University en Silicon Valley. Antes de eso, a mediados de los noventa, diseñó el RKCP –un software– que todavía corre para Windows 95 y 98 capaz de trabajar con un texto fuente que se le proporcione. El programa analiza y detecta cómo se usa el lenguaje en ese texto, para luego volver a generar uno nuevo que emule el estilo del anterior. Veamos:

Un ciervo herido salta más alto.

he escuchado el narciso

he escuchado la bandera hoy

he escuchado al cazador decir:

No es sino el éxtasis de la muerte.

Y luego el freno está casi hecho.

Y el amanecer crece tan cerca

Que podemos tocar la desesperación

y la esperanza frenética de todas las épocas.

Esto último es la traducción de un poema que fue creado a base de cientos de poemas escritos por la poeta Emily Dickinson. RKCP analizó la forma en que ella usaba el lenguaje, aprendió el modelo y luego volvió a generar un modelo siguiendo la misma estructura. Pero lo importante a saber del algoritmo es que no conoce el significado de las palabras que usa. El lenguaje es la materia prima con la que trabaja, podría ser algo en alta o baja poesía, podrían ser discusiones de Twitter o posteos en Facebook. La poesía robótica como un sistema axiomático, relega la semántica a un segundo plano. 


un algoritmo puede escribir poemas con el estilo de un autor de un modo similar que un fanático de dicho autor puede escribirlos ¿pero puede escribir de un modo tal que marque un antes y un después?


4. Frente a la posibilidad de vernos totalmente superados por los robots en el campo de la literatura cabe preguntarse por una de las figuras centrales de la filosofía del arte kantiana: el Genio. En su imprescindible análisis sobre el juicio estético y el juicio teleológico desarrollado en Crítica del Juicio, Immanuel Kant define al Genio como el talento innato del artista productor que le da la regla al arte, más específicamente al arte considerado como bello. El artista genio se define por ser original respecto a sus antecesores, por ser un ejemplo para los artistas posteriores y para colmo muchas veces ni siquiera tiene una explicación coherente sobre cómo realizó sus obras. Ahora bien, las potencias intelectuales que confluyen en el genio son la imaginación y el entendimiento pero con fines distintos al conocimiento; es a partir del juego de estas facultades que se da una proporción –que ninguna ciencia puede aprender y que ninguna escuela de bellas artes puede enseñar, como nos dice Kant– encontrada por el genio mediante la expresión de aquello inefable en el estado del alma en la representación propia de los distintos formatos artísticos. 

A partir de esto nos queda la pregunta: un algoritmo puede escribir poemas con el estilo de un autor de un modo similar que un fanático de dicho autor puede escribirlos ¿pero puede escribir de un modo tal que marque un antes y un después? Supongo que no, pero no estoy tan seguro. Con que uno pueda hacerlo es suficiente, después de todo, son muy pocos los artistas que alcanzan el difuso estatuto de Genio.

5. ¿O acaso la obra del Genio es un código de programación que aún no sabemos leer?

6. En el año 2014, el artista de pop psicodélico japonés, Shintaro Sakamoto, compuso la canción “You can be a Robot, too” para su disco Let’s Dance Raw donde la letra, que significativamente es cantada por el coro de niños de Kamome, nos habla de la posibilidad de convertirnos en robots a partir de un chip que nos colocamos entre las cejas, mediante esa transformación práctica y para nada costosa, nos liberamos de la ansiedad y de la angustia. El tema y la letra son alegres, lo cual encierra un magnífico gesto irónico que bien podría dialogar con el concepto de positividad de Byung-Chul Han o con el tratamiento que Mark Fisher hizo sobre la depresión, pero no me quiero ir tanto por las ramas. Un detalle no menor es la aceptación creciente del avance tecnológico por parte de la sociedad: “20% de Japón está de acuerdo” dice el primer estribillo de la canción, “50% de Japón está de acuerdo” el segundo. Asistimos a una mutación sensitiva a partir de los avances tecnológicos en el campo de la informática, la teoría de sistemas y la comunicación que podría llevar a preguntarnos si la escritura ya no está siendo modificada a partir del momento en que nuestra experiencia pasa a estar mediada por algoritmos. 


¿O acaso la obra del Genio es un código de programación que aún no sabemos leer?


7. En una entrevista del año 2005 recopilada en el libro Para una autopsia de la vida cotidiana, uno de los escritores ingleses de ciencia ficción más prestigiosos,  J. G. Ballard, dijo: “Muchas de las cosas que he escrito hace 20 o 30 años están empezando a hacerse realidad”. Ballard es un escritor que ha volcado su atención a la modernidad técnica y rechazó el sentimentalismo sobre el regreso a la autenticidad humana. Curiosamente, una de sus novelas cortas Estudio 5, las estrellas, publicado en 1961, nos contaba la historia de Paul Ransom, editor de una revista de poesía de vanguardia, Ola IX, que publicaba los textos de poetas residentes de la ciudad ficticia en la que se ubican la mayoría de sus historias del futuro, Vermilion Sands. En este escenario filo-distópico, la poesía es generada automáticamente por unos aparatos, denominados VT –Verse Transcriber– capaces de escribir poesía perfecta al ser programados con los parámetros adecuados como ritmo, rima o tema. La historia se centra en la aparición de una musa –Aurora Day– que convoca a una nueva manera de escribir, sin la ayuda de los VT. Ahora bien, cabe preguntarse: ¿Nos encontramos hoy frente a ese problema o ni siquiera podemos decir que haya un punto de retorno posible?


Asistimos a una mutación sensitiva a partir de los avances tecnológicos en el campo de la informática, la teoría de sistemas y la comunicación que podría llevar a preguntarnos si la escritura ya no está siendo modificada a partir del momento en que nuestra experiencia pasa a estar mediada por algoritmos. 


8. “Premisas de la edad de las máquinas. La prensa, la máquina, el ferrocarril, el telégrafo son premisas cuya conclusión literaria nadie se ha atrevido a extraer todavía” Friedrich Nietzsche, El caminante y su sombra, § 278.

9. Nietzsche señaló que los útiles de escritura participan en la formación del estilo de la misma, a raíz de la incorporación de la máquina de escribir a su actividad intelectual tanto él como críticos y amigos se percataron de las modificaciones en su prosa. Así de maleables y plásticos son nuestros pensamientos. Como señala Friedrich A. Kittler: “bajo el influjo de la máquina la prosa de Nietzsche cambió de argumentos a aforismos, de pensamientos a juegos de palabras, del estilo retórico al telegráfico”. A riesgo de terminar realizando una reducción del problema, el punto no es probar lo que ya hace tiempo fue probado, que los robots pueden escribir poesía (incluso más decente que la de muchos ganadores de premios internacionales) sino dar pie al pensamiento sobre aquello que la literatura y la técnica pueden hacer hablar una sobre la otra.  


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