Entrevista a Agustina Russo y Matías Álvarez

Por Martina López


Agustina Russo y Matías Álvarez nacieron en Necochea, una pequeña ciudad de la costa atlántica.
Agustina es Licenciada en Artes Combinadas (U.B.A). En su paso por la capital se formó en diferentes áreas artistas incluyendo el teatro, el cine, la danza y la expresión corporal. Actuó y asistió obras de la escena porteña tales como Presente (2018) y En la sombra de la cúpula (2016-2017). Llega al tango en el año 2016, formándose con diverses maestres tanto de CABA como de La Plata. Ente los años 2017 y 2018 formó parte del equipo de asistentes de la escuela DNI tango.
Matías estudió Artes visuales (orientación grabado y arte impreso) en la UNLP. Su recorrido por las artes visuales inicia en el año 2012 y ha expuesto en distintas galerías y centros culturales de las ciudades de Necochea, Junín y La Plata. Hace tres años que forma parte de la Cátedra Lenguaje Visual 2b de la UNLP en carácter de Adscripto. En el 2018 tomó sus primeras clases de tango y de Chi Kung en la ciudad de la Plata; desde entonces ha participado de diversos talleres de tango tanto en La Plata como también en Buenos Aires.
Bailan juntes desde hace tres años, formándose en diversas escuelas. En el 2019 fueron parte del seminario intensivo que dictó DNI, así como también de las clases del festival TIN. Hace tres años que en el verano viajan a distintos puntos de Sudamérica llevando su tango por diferentes países (Brasil- Uruguay-Chile- Argentina) bajo el proyecto “Tango Itinerante”. Actualmente se encuentran en Necochea gestando una nueva propuesta virtual, llamada “El tango late en el interior”, donde convocan bailarines de CABA para generar un intercambio que visibilice el tango del interior del país y lo retroalimente.


Para empezar, ¿quieren contarnos cómo funciona una milonga?

Agustina (A): En el tango hay dos expresiones muy marcadas: el tango social y el tango escenario. Hay parejas que fusionan ambas, y hay otras que se dedican a una o la otra. Y después está la milonga, que es el evento o espacio social de quienes bailamos tango, de otras personas que quieren bailar. Es un espacio que se ha transformado mucho, culturalmente, al igual que la sociedad.

Algo que nos parece muy bueno es que las milongas son un lugar donde socialmente suceden o se aceptan cosas que en la calle, en el mercado, o mismo en tu casa, no.

El ejemplo más claro es el hecho de abrazarte a alguien que no conocés. Eso, como expresión política o expresión social, es algo que el tango tiene a favor, y que está muy bueno que no se pierda. En este contexto de pandemia es lo que más sufrimos quienes somos amantes del tango. Y es un desafío para quienes quieren aprender tango. Vos no vas caminando por la calle y decís “hola, ¿cómo andás?” y te abrazás con alguien que no conocés. 

Matías (M): Una milonga clásica de antaño, que es lo que nos interesa deconstruir, es un evento al cual van hombres y mujeres. Los hombres se sientan de un lado y las mujeres del otro. Cada une lleva sus zapatos, van súper empilchades y súper perfumades. Los hombres mueven la cabeza para invitar a bailar, las mujeres siempre dicen que sí.

Y eso es otro quilombo, entender que te están cabeceando a vos y no a la piba de al lado. Y cuando empiezan a bailar el hombre propone y la mujer acompaña. Hoy lo que está pasando es otra cosa: van pibes, pibas, disidencias, todes se sientan juntes. 

A: Ya no es tan binario. 

M: Claro, la gente baila de zapatillas, de ojotas, de lo que quiera. En la milonga se baila tango, se baila trap, se baila de todo. Con el mismo abrazo, el abrazo se rompe, no se bailan las tandas completas… suceden otras cosas. 

A: Y sin embargo todo esto sigue existiendo en muchas milongas muy conocidas, mismo en Capital Federal. Los varones por un lado y las mujeres por el otro, y no vayas a sentarte en otro lugar porque literalmente te sacan del espacio. Si todavía funciona, es porque todavía hay mucho terreno por desandar, hay mucho por hacer.  


… las milongas son un lugar donde socialmente suceden o se aceptan cosas que en la calle, en el mercado, o mismo en tu casa, no. El ejemplo más claro es el hecho de abrazarte a alguien que no conocés.


¿Nos pueden contar sobre su mirada particular del tango y cómo ven que ha cambiado ese mundo con respecto a como era antes?

M: El tango no deja de ser una expresión de la sociedad, de personas que viven, que se mueven, que se manifiestan. Por eso, todos los cambios que hay, como la incorporación de la perspectiva de género, lo atraviesan para bien. Pero eso no quita que el tango haya dejado de ser lo que era.

Yo, por ejemplo, tuve el privilegio de estudiar tango en La Plata, que es como un paréntesis de lo que sucede en el tango a nivel mundial, porque ahí la mayoría de los espacios son autogestivos, tienen una incorporación de la perspectiva de género súper instalada, súper militante. Donde la gente baila descalza y el vino sigue costando ochenta pesos.

Es un lugar muy privilegiado en ese sentido, hay una conciencia muy fuerte no solo de género, sino también de clase.

Pero eso no sucede en todos lados. Cuando vuelvo a Necochea, me choco con un paredón inmenso, porque acá la gente se sigue empilchando de pies a cabeza para bailar, los hombres bailan solamente con mujeres, siguen cabeceando para invitarlas a bailar. Siguen estando instaladas y operan un montón de prácticas que a nosotres hoy nos parecen nefastas.

Si bien la lucha de género está atravesando el tango, está recién iniciando y queda muchísimo camino por andar y muchísimas estructuras por derrumbar. Y nos toca a nosotres, es una tarea que hacemos con gusto. Hoy en día, estando en Necochea, nos ponemos a pensar proyectos y nos resulta difícil no desalentarnos. Porque el público que consume tango tiene tal cantidad de estructuras instaladas que es muy difícil convocar desde otro lado.

Para mí, son muy importantes los cambios que se están dando, porque en muchos lugares el tango dejó de ser rojo y negro, pero en otros no. Y para alguien que vive del tango, que es gestore, que organiza milongas, es muy difícil elegir a qué público convocar, cómo hacer funcionar su milonga.

Hay como dos lados de una brecha, y si te vas de un lado o del otro, hay mucha gente a la que dejás de convocar. Se hace muy difícil sostener un espacio y militar al mismo tiempo, aunque sea súper necesario.

A: El tango es como un espejo, porque es una manifestación cultural y social, entonces refleja lo que pasa en la calle. Vos entrás en una milonga y te encontrás con el machista, la feminista, la persona trans, están todes. Y ya que esta lucha de empezar a abrirnos mentalmente está empezando a fortalecerse a nivel social, el tango va por el mismo camino.

Como gestores culturales, queremos lograr que esa lucha social que se vive en la calle también entre en la milonga, en las clases de tango, en el imaginario social y cultural que se crea del tango. Porque eso también es muy difícil de romper: cuando vas a otro país, para la gente el tango es rojo y negro, es usar tacos, es la mujer semidesnuda, mostrando su cuerpo, sus piernas, y el hombre llevándola. Rojo y negro es a lo que se reconoce como el color del tango en términos de vestuario: la mujer de rojo y el hombre de negro. 

Otra cosa que queremos cambiar es el lenguaje.

Cuando vos entrás a una clase de tango sin perspectiva de género, te horrorizás de la agresividad y la violencia de las palabras que se usan. Es un camino que recién está empezando, todavía hay mucha resistencia… Y eso no quiere decir que bajemos los brazos, sino que nos hace darnos cuenta de que tenemos que seguirnos empoderando y levantando la bandera. Entendemos que no vale quedarnos de brazos cruzados, solo de la boca para afuera, porque entonces ¿con el cuerpo qué hacemos?    

M: Sí, mismo militar cuando vamos a milongas. Nosotres vamos a la milonga, y la mitad de los tangos propone une y la otra mitad propone le otre. Es algo muy notorio, porque quien propone tiene siempre la mano izquierda arriba y con la otra mano, abraza a la otra persona.

Cuando vamos a la milonga, por la forma del abrazo, se ve claramente quién está proponiendo. Eso también es posicionarse, porque en muchos lugares hay un montón de personas que están ahí mirando y no les cabe ni medio, les choca, les perturba; capaz hasta se van de la milonga por eso. Eso también es una forma de militar, de demostrar que pasan otras cosas. 


Si bien la lucha de género está atravesando el tango, está recién iniciando y queda muchísimo camino por andar y muchísimas estructuras por derrumbar. Y nos toca a nosotres, es una tarea que hacemos con gusto.


A: Claro, porque en la concepción tradicional de lo que es el tango, el hombre es el que propone. Esto en el sentido de que, cuando estás bailando tango, tiene que haber dos roles definidos, por lo menos en un principio, para saber quién propone el movimiento y quién alimenta ese movimiento para que después se genere otro. Tiene que ser siempre cincuenta y cincuenta.

Hay lugares, la mayoría, en los que se concibe a esto como que si yo te propongo y yo te marco que hay que ir para allá y vos no fuiste para allá, te confundiste vos, porque sos mujer y yo te estoy llevando. Lo que nosotres buscamos es un estudio mucho más profundo del cuerpo.

Porque tanto para proponer como para alimentar una propuesta, tenés que tener una conciencia corporal muy amplia: la magia que propone el tango es poder comunicarte con une otre sin hablar. Sin que esté la palabra de por medio, sino pasando todo por el cuerpo. Entonces tengo que descubrir cómo hago para generar y para invitar a la otra persona a ir para allá, ir para acá.

Como mucha gente no quiere o no sabe cómo pasar por ese conocimiento, por ese entendimiento del movimiento, se quedan en la idea de que en el tango el hombre propone y la mujer se deja llevar. Y no te cuento lo que pasa cuando ven bailar a dos mujeres juntas. Es como “¡échenlas!”.

Es así, como en toda revolución, va haber gente que no le cierre o que le cueste un poco más entender a lo que vamos. Si le tuviera que explicar a alguien que no entiende de qué se trata el tango o nunca vivió la experiencia de entrar a una milonga, le diría que es comparable a lo que pasa a nivel social y que eso se traspola al cuerpo.

M: No te explico cómo reaccionan muches cuando ven a un hombre que se pone tacos, que en La Plata se ve más, especialmente en las parejas de tango queer, pero en otros lugares nunca, y les resulta súper disruptivo. Por eso, si bien en muchos lugares el tango no dejó de ser rojo y negro, también hay un tango travesti, un tango diverso, un tango que se baila en zapatillas. Conviven muchos tangos. 

¿Pueden contarnos un poco más sobre estas prácticas que están tratando de deconstruir, por ejemplo el “cabeceo”? 

A: El cabeceo es el gesto, o la expresión corporal, que hace el hombre para invitar a bailar a una mujer desde una distancia.

M: Cuando yo empecé a bailar tango en algunos espacios de La Plata, el cabeceo no existía, me enseñaron que para sacar a bailar a un hombre, una mujer, a quien quisieras, vos te tenías que acercar a la mesa, saludar e invitar a bailar a la persona. Yo no entendía el concepto, y decía: ¿qué es, te dan un cabezazo, te dan un golpe con la cabeza?   

A: Por otro lado eso que le pasó está bueno, porque si vos te formás en un lugar donde no te enseñan qué es el cabeceo, es mucho más fácil, porque después no tenés que darte cuenta de que está mal y deconstruirlo. Nunca te lo enseñaron, no lo aprendiste, quizás ves a les demás y te preguntás qué están haciendo. 

M: Mismo en La Plata ya hay un montón de milongas que funcionan con un protocolo que hicieron las pibas, que es muy importante. Con el protocolo de respaldo lo que lograron es cambiar estas reglas que imponen que el hombre saca a bailar a la mujer, baila llevando a la mujer y que cuando saca a bailar a una mujer tienen que terminar una tanda, que son tres o cuatro tangos.

Con el protocolo, baila quien quiere con quien quiere, la cantidad de tangos que quiera y en el momento en que te sentís incómode podés cortar la tanda e irte. Entonces se volvió mucho más ameno: los espacios que se generan, las clases que se dan, todo va de la mano con esto que estamos contando. Yo cuando voy a bailar a capital siento que es otro mundo. Porque por más que compartas la danza te resulta muy extraño el espacio. 

A: Sí, también hay muchos espacios que dicen cumplir con el protocolo, pero es todo de la boca para afuera, entonces vos –y en este caso hablo como mujer- no te sentís acompañada para decir: “bueno, sí, dejo a esta persona plantada en la pista” porque se le bajó la manito y en vez de tenerla en la cintura, la tiene un toque más abajo, o porque me dice cosas mientras bailo. Si ese protocolo no está acompañado de conciencia cultural, de educación, de deconstrucción, no sirve.

Hay muchos espacios que parecen re progres, pero después cuando vas a una de las clases de tango que dan, te dicen que el hombre lleva a la mujer. Sabemos que nuestra idea del tango todavía es bastante utópica, que hay pocos espacios que la pueden llevar a cabo, y los que pueden es porque vienen luchando hace un montón.


Hay muchos espacios que parecen re progres, pero después cuando vas a una de las clases de tango que dan, te dicen que el hombre lleva a la mujer.


M: Sí, son pocos los espacios y los exponentes del tango, muchas de las parejas que a nosotres nos gustan y que vemos como referentes, no dejan de ser hombre y mujer, el hombre proponiendo y la mujer siguiendo. Más allá de que los movimientos tengan otra gracia, se genere otra empatía en la pareja, no dejan de ser eso binario con lo que de alguna manera queremos romper.

Es muy difícil para las disidencias meterse a un espacio que, hegemónicamente, o históricamente, fue del hombre. ¿Cómo hacer una milonga más diversa cuando no hay clases y espacios que les integren, por ejemplo? Nos damos cuenta de que hay algo que está avanzando y transformándose, pero es una parte mínima del tango. 

A: Pero está buenísimo que podamos hablar de eso. Y que haya muchas parejas conocidas que lo digan. Falta mucho todavía. 

¿Cómo piensan la relación entre sus formaciones en otras áreas artísticas y la práctica de tango? 

A: En mi recorrido, yo llegué al tango después de haber atravesado otras manifestaciones artísticas, y me parece muy enriquecedor poder probar, poder jugar a vincularlas con el tango. Tanto desde la práctica como desde la teoría.

En mi experiencia de haber podido acceder a la Universidad, acceder a tanto conocimiento, y haberme dado cuenta allí que la práctica y la teoría son lo mismo, poder generar una reflexión teórica sobre lo que une hace, ya sea el tango u otra disciplina, me parece muy enriquecedor, y fortalece la idea de para qué lo hago.

Si bien está muy bueno atravesar otros lenguajes artísticos, yo creo que pondría en primer lugar el haber podido atravesar mi carrera en Filosofía y Letras, en términos de lo que me enriqueció a nivel práctico. Me explotó la cabeza. Es algo que no está muy valorado, ¿viste?, la gente tiene una idea de que si bailás no te sirve de nada estudiar teoría.

Sin embargo es lo mismo, es una reflexión sobre lo que vos hacés, lo que otres hacen. Cuando pasé por otras danzas, entendí también que es lo mismo pero con otro lenguaje: explorar tu cuerpo y tu movimiento es lo mismo en el tango, en la expresión corporal, en contemporáneo, en árabe (que hice cuando era chica). Es el descubrir qué es lo que puedo hacer yo con mi cuerpo, cómo puedo expresarme con él, cómo puedo generar vínculos en eso. Pasé por muchas manifestaciones artísticas distintas y hoy el tango es lo que más me llena. 

M: Quizás esa falta de teoría y reflexión en el tango, no en todo, pero sí en la mayoría de les bailarines, sea lo que hace que todavía le falte tanta evolución desde la perspectiva de género, desde un movimiento más popular. Porque hay una idea de que por dedicarse a bailar no corresponde plantearse cosas, sino pensar que son así y listo. 

A: Es como si la gran mayoría viera las dos cosas por separado, como si no pudieras hacerlas al mismo tiempo. Y yo las veo como las dos caras de la misma moneda. Creo que es algo que pasa en muchas disciplinas artísticas, que si te dedicas a la práctica no se puede investigar, no se puede reflexionar, no se puede conversar de por qué hacemos lo que hacemos. Me parece súper necesario. 

En algunos de los videos que filmaron aparecen bailando músicas distintas al tango. ¿Perciben un enriquecimiento de su práctica en el tango por experiencias en otros géneros de la danza u otras disciplinas físicas?

M: Hoy hay un movimiento importante en ese sentido, se están empezando a aunar otros tipos de danzas con el tango. O aparecen bailarines que llegan al tango ya habiendo hecho una carrera muy grosa en otra danza, y se nota en su calidad de baile, en sus movimientos.

Yo en lo particular, cuando empecé a bailar tango en La Plata, les profesores con quienes me formé abordaban el tango desde el Chi Kung, que es un disciplina similar al Tai Chi. Se proponía otra calidad de movimiento y era súper notorio, porque se enseñaba desde otro lugar a tierra, con otro peso, con otra forma de proponer el paso, con otro abrazo.

También ahora, que estamos haciendo un profesorado de yoga, vemos que nuestro tango está virando para otro lado, porque empezás a juntar otras cosas que funcionan bien. En el ensayo empezás a probar cosas que aprendiste en yoga y te das cuenta de que también aplican al tango. Nos interesa ponerle otra impronta, aunar esos caminos.

A: En lo que a nosotres nos interesa construir, se hace difícil ver qué pasos son de tango y qué pasos no. En cambio, si vas a una clase tradicional de tango, te dicen: “Este es el paso básico”. Pero ahí también nos metemos en otra cuestión enorme, que es la pedagogía. Por un lado, preguntarnos qué tanto les bailarines están preparades para ser transmisores de ese conocimiento.

Y por otro, cuán importante es prepararse para poder transmitir ese conocimiento. Porque si yo la quiero hacer fácil, digo: los ocho pasos del tango son estos. Y salís de la clase pensando que sabés los ocho pasos del tango. Pero cuando vas a una milonga, no te sirve para nada. Porque los pasos que te enseñan son lineales, y en la milonga se baila de forma circular. Es muy contradictorio. 

M: También por esas carencias que tiene la pedagogía se genera que muy poca gente se acerque al tango. Hay un profesor de tango muy conocido, que dice que cuando tenés la suerte de poder ser le primere profesore de une alumne cuando recién se acerca a una nueva disciplina (la disciplina que sea), tenés una tarea enorme. Porque podés iniciarle y que le encante, o matarle: si le das una mala clase, la persona no vuelve a bailar nunca más.

A mí me pasó: la primera clase que tomé fue en Necochea y dije que no iba a bailar tango nunca más, que no era para mí. Dos años después probé de nuevo en La Plata y fue otra cosa. Allá, por ejemplo, no se enseñan esos ochos pasos básicos. 

A: Por suerte. Por eso la pedagogía del tango es un mundo de reflexión enorme e importante. Porque aunque se haya estudiado un montón a nivel corporal, saber transmitirlo es otra cosa.

Ser buena bailarina no me hace una buena docente. No se trata solo de explicarlo con las palabras, sino de cómo hago para enamorarte de eso, cómo darte lugar a que lo experimentes. Porque lo que me funciona a mí, por ahí a otre no le funciona. Es importante invitar a la exploración. Por más que a mí me hayan dicho cómo se hace el ocho, tengo que atravesarlo en el cuerpo, y quizás hasta encontrar otra manera.

M: En los profesorados de tango que existen te enseñan que él tiene que llevar y ella tiene que seguir. Siguen violentando con esas palabras de las que nos quejamos. En ese sentido, la pedagogía sigue estando un poco atrasada. Como seguramente pasa en muchas otras áreas. 

¿Podrían contarnos sobre su proyecto “Tango itinerante”? ¿Qué les fue pasando en las distintas experiencias que les trajo?

M: Te contamos un poco cómo nació. A nosotres nos gustaba viajar y bailábamos, y nos dábamos cuenta de que seguía habiendo, en el imaginario colectivo, una idea del tango que nos parecía nefasta: queríamos contar otra cosa. La idea de Tango Itinerante es ir bailando por distintos lugares, sobre todo en la calle. Lo que sucede con el tango es que a veces es muy elitista, ir a un show de tango es carísimo.

Nuestra idea era bailar a la gorra, que lo viera quien pasara por ahí, y si tuviera ganas de colaborar, podía, tanto como no. Nos interesaba mucho el diálogo con la gente. En Chile, por ejemplo, nos sucedió mucho que la gente se parara a vernos bailar y se pusiera a hablar con nosotres, dándonos la oportunidad de contarles lo que pensamos del tango, todo esto que estamos conversando con vos. Esa otra instancia también nos parecía muy enriquecedora.

La idea del proyecto es eso, ir contando nuestra forma de ver el tango, contando que no somos les úniques que lo ven así, pero sí somos la minoría. Difundirlo por nuevos lugares para, de a poquito, ir cambiando ese imaginario. Y ayudar a que más gente se acerque, sin ningún costo, porque, como decía antes Agus, el tango también es un espacio muy “evolucionado” en muchos sentidos. 

A: Sí, la idea es que la gente se sorprenda también, que rompa esa concepción que tiene del tango. En Brasil, por ejemplo, nos pedían: “Bailen el de ‘Perfume de mujer’”. Se sorprendían, porque no era el tango que habían visto en Perfume de mujer, era otra cosa. 

M: Sí, era otra cosa, pero a la vez no dejaba de ser tango. Nos interesaba ver qué pasaba: si a la gente le gustaba o no le gustaba. Es un proyecto bastante experimental, porque cada lugar es distinto, entonces nos tenemos que ir adaptando a lo que pasa. Y como siempre vivimos en ciudades diferentes, el proyecto se vigoriza más en verano, porque es el tiempo en el que podemos viajar juntes.

Durante el año lo vamos manteniendo vivo cuando tomamos clases, cuando ensayamos. Ahora estamos viendo cómo vira o se transforma.  

A: Es un proyecto que en este momento está parado por la pandemia. Parado, en el sentido de que no lo podemos llevar a cabo en las calles. Pero no se detuvo, lo seguimos desarrollando a nivel individual y juntes como pareja. 
Hasta ahora, el proyecto recorrió Brasil, Uruguay, Chile y el sur de la Argentina. En esa experiencia el tango no solo nos dió de comer sino que nos vinculó con gente con la cual, de otro modo, no nos hubiéramos acercado. 

M: Sí, bailar en la calle era una forma de proponer un vínculo. No es lo mismo conocer a alguien en un bar que alguien que se acerca a verte bailar. Ese tacto, esa sensibilidad previa, era desde donde nos interesaba entrar. Nos dió muchas alegrías. 

¿Y visitaron milongas que no conocían durante esos recorridos?

A: Sí, varias. Nos enamoramos de una milonga que queda en El Bolsón. Es al aire libre, en plena plaza. En el interior hay mucho tango, por más que no se visibilice. De hecho, hay mucho tango en otros países también. No hubo lugar, de los países que conocimos, que no supieran lo que es el tango, o que no se generara algo con el tango. 

Con respecto a la movida tanguera que hay en el interior del país, ¿qué otros proyectos pudieron acercar a Necochea?

A: Yo, después de varios años de vivir en Capital Federal, volví a vivir a Necochea. Y lo primero que hice fue contactarme con Romina Moreschi, con quien decidimos empezar a dar clases. Fuimos las primeras dos mujeres presentándose como profesoras y como bailarinas en Necochea.

Fue algo muy desafiante, pero también muy enriquecedor. Nos hizo darnos cuenta de muchas de las carencias que había en el tango en Necochea. Y de lo privilegiadas que fuimos de haber podido acceder a otro conocimiento. Porque si yo me hubiese quedado en Necochea, posiblemente no hubiese conocido el tango, pero si lo hubiese conocido, hubiese conocido otro tipo de tango.

Con Romina también organizamos un encuentro en la Escuela de Arte de Necochea y dimos un taller de tango y perspectiva de género, al cual vinieron solo cinco personas. Pero a las propuestas de tango más tradicionales asistía mucha más gente. Estuvo muy bueno, porque por más que al principio había gente que nos criticaba, o no nos daba lugar, por algo se empieza y alguna tenía que empezar. 

M: Sí, para mí, que lo vi desde afuera, lo que fue muy interesante de ellas es que fueron las primeras mujeres juntas en Necochea que proponían el tango desde otro lugar. No se vestían como dos mujeres del tango, súper empilchadas, reproduciendo el mismo sistema. En ellas había algo que era más disruptivo. Fue una alegría saber que se estaba generando. 

¿Cómo están viviendo la práctica de tango en cuarentena? ¿Y cómo ven que funciona para sus colegas? ¿Aparecen alternativas?

A: Lo que podemos rescatar como positivo de la cuarentena es que nos unió físicamente en el mismo lugar. Nosotres, desde que nos conocemos, vivimos en ciudades separadas. Entonces, si bien ambes tomábamos clases a nivel individual, no teníamos tantas oportunidades para ensayar o investigar juntes. Con el aislamiento empezamos a vivir juntes y eso nos permitió dedicarle un montón de tiempo a la exploración del movimiento en la disciplina. 

M: Pero en cuanto a les compañeres, se ve muy difícil. Hay muches que antes podían y hoy no están pudiendo sostenerse con clases o con una milonga, por más que traten de trasladarlas a lo virtual.

Lo que pasa con el tango, como con el teatro, es que es muy corporal. Y si bien se pueden seguir haciendo cosas, porque es cierto que hay que trabajar la individualidad para después juntarte con otre, es muy difícil pasar tanto tiempo sin ese encuentro. Y nos resulta muy desesperanzador no saber cuándo va a volver ese encuentro.

Nosotres tentemos la suerte de estar juntes, pero hay parejas que hace un montón de meses que no bailan juntes. Podés entrenar mucho, pero hay algo del sabor de bailar con otre que no se da. Es muy difícil. 

A: Se generaron alternativas: dar clases por zoom, vivos. Pero quien tiene un espacio cultural, esto le partió al medio. Porque cuando no hay encuentro de cuerpos… 

M: Lo que creo que estuvo bueno es que hubo una gran descentralización del tango. Por ejemplo, mucha más gente tuvo acceso a clases que antes se daban solamente en la capital.  Entonces yo creo que cuando vuelvan a abrir las milongas, se va a bailar otro tango, van a pasar otras cosas. Va a ser interesante. 

A: Otra cosa que hicimos ahora en cuarentena es un encuentro, llamado “El tango late en el interior”, con unes profesores de Buenos Aires. La idea fue tomar esto positivo que nos está dando la cuarentena: que el conocimiento que elles tienen se pudiera traer al interior del país. Fue la primera vez que se dio este encuentro en Necochea. Fue una entrevista en vivo, que hicimos desde un espacio cultural de Necochea, una milonga muy conocida que también está en emergencia y se llama Almacén Murillo. 


Cuando vuelvan a abrir las milongas, se va a bailar otro tango,

van a pasar otras cosas.


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