Ph: Pablo Jantus

Entrevista a Inés Armas

Por Martina López y Alejandro Olivera


Inés Armas es bailarina, coreógrafa y docente. Formada en Danza en el Teatro San Martín de Buenos Aires, donde integró el Elenco de Ballet Contemporáneo, y en la Escuela Municipal de Danza de Rosario, complementando su formación en la Escuela Graham y Alvin Ailey de New York. En 2004, obtuvo la beca “Dance Web Europe” para estudiar en Viena. En 2006 y durante ocho años, codirigió Cía.Móvil, un grupo de investigación y producción expresiva interdisciplinaria. Desde 2010, codirige el Programa de Formación para Artistas Contemporáneos de la Escena (FACE) y Galpón FACE, espacio cultural independiente del barrio de Parque Patricios. En 2016 se integra al Colectivo Dominio Público (CDP), grupo que entrecruza los mundos del arte, las tecnologías y el activismo. Entre algunas de las producciones en las cuales dirigió y participó figuran Los procesos de Franz (2008), Asociaciones Libres (2009), Objetos (2010), Cuerpo Extranjero (2011), Copia Original (2017), entre otras, participando en encuentros y festivales a nivel local e internacional. Como docente, se desempeña en el Taller de Danza Contemporánea del Teatro San Martín, la Compañía Nacional de Danza Contemporánea y la Universidad Nacional de las Artes (UNA), además de dictar cursos y seminarios en distintas provincias del país. Actualmente, trabaja en los proyectos “Impulso” e “Instalar Danza”, de la Fundación Cazadores; se encuentra desarrollando la nueva producción del CDP, Feed Carne Digital, originada en “algoRitmo”, proceso creativo que dirigió en el marco de “Proximidades Expositivas”, residencia realizada en Casa Sofía; y colabora con distintos espacios, proyectos y artistas contemporáneos.


En primer lugar, nos gustaría que nos puedas compartir una reflexión, a modo más general, sobre cómo lees el campo cultural y artístico en este contexto inédito que nos toca atravesar.

Creo que estos tiempos tan extraños, más allá de su lógica dificultad, son materia prima para la creación. Lo veo en muchas propuestas. En estos días, por ejemplo, me tocó ser jurado de una convocatoria  en Fundación Cazadores, una propuesta de residencia que se llama Impulso Cazadores y dirige Mariana Obersztern en la que leí muchos proyectos, y es muy rica la cantidad de disparadores que emergen de la situación de pandemia, de cuarentena y de encierro. Digamos que, quizás, esto potencia ciertas ganas de creación. También me ha pasado que al cambiar la perspectiva empezás a mirar otras cosas y evaluar el aporte que podés hacer como artista a la sociedad, y empieza a surgir mucho material que nos hace más conscientes de la capacidad de transformación que tiene el arte por la necesidad en estos tiempos. En este sentido, aportar cultura es pilar en sostener a las personas.

Desde la danza, particularmente, me dedico mucho a la docencia. En algunos espacios se pasó rápidamente a la modalidad virtual y en otros no tanto. Y bueno, fue todo un proceso de adecuación pedagógica al medio virtual, las clases las dicto por Zoom y moodle que es donde subimos material. Yo doy técnica Graham, que habilita un trabajo en casa, porque se trabaja todo un fragmento en el piso, se puede, digamos. Hay pibes que practican en uno y medio por uno y medio, hay ejercicios que tienen que ver con movimientos del torso que los pueden hacer. Después hay una segunda parte que es más espacial, bueno, como se pueda. Me pareció que les estudiantes le pusieron todo y han conseguido hacer un proceso muy interesante, trabajando otros aspectos también. Por ahí no tienen el espacio ideal para bailar, pero al estar en esa situación se conectaron con otros tipos de energías que me resultaron interesantes de ver. Tal vez lugares más íntimos que no se animaban tanto a probarlos en presencial los han explorado estando en su casa. Esto en el ámbito de los que están formándose como profesionales, pero también se vio mucha voluntad en las personas que quieren tomar clases para ellas, para sí mismas. Mucha gente se animó, dijo “bueno, voy a hacer danza” o “siempre quise bailar y ahora tengo más tiempo”, y vi con mucha alegría también este fenómeno, dar clases para gente no bailarine. Creo que ahí descubren algo, una conexión con el cuerpo, sensaciones para pasar al movimiento, muy interesante. Por último, la dimensión política, a través de un movimiento enorme de bailarines que nos hemos agrupado en el Frente de Emergencia de la Danza y estamos gestionando políticas públicas y acciones solidarias desde el Colectivo. 

Justamente te queríamos consultar sobre este último punto. Entendemos que en este marco las artes escénicas y, específicamente, de la danza tienen problemas singulares: ¿qué está pasando hoy en el ámbito?

Históricamente, se puede decir que la danza es una de las disciplinas menos organizadas por diferentes cuestiones. Por un tema de informalidad, porque a veces estamos con muchos trabajos dispersos. Tampoco tenemos un sindicato como sí tiene el teatro o los músicos o una ley nacional de danza, como sí pasa en otros sectores. No tenemos tampoco un instituto como el INT, por ejemplo. Entonces, todas esas luchas que les bailarines en algún momento abordaban siempre se veían interrumpidas, pero esta vez pareciera ser que esta fuerza, muy grande a nivel federal, se está encaminando hacia algo muy interesante. Y hay una escucha de parte del gobierno, más del Nacional, pero también estamos hablando con la Ciudad, que es un poco más difícil. Hay cosas importantes dando vueltas, que no siempre son buenas, pero yo les veo algunas cosas para aprovechar. 


En la danza hay organizaciones, pero muy atomizadas, entonces el contexto ayudó, la energía y la necesidad, a la creación del Frente. Hay muchos espacios en todo el país, la danza no es solamente la contemporánea que hacen algunos o tiene más presencia en las ciudades. Hay mucha danza en la provincias, en todos lados hay estudios para niñes, flamenco, tango, folclore.


Nos parece muy positivo que se estén organizando de esta manera, bienvenido que el contexto permita estas posibilidades. En concreto: ¿cómo se organizan y qué acciones están llevando a cabo?

Primero hicimos un plenario nacional donde se contó la iniciativa, tuvimos que gestionar un Zoom porque éramos más de trescientas personas. Después hay una asamblea semanal y también comisiones en las cuales se van agendando reuniones. Yo estoy en la de Ciudad de Buenos Aires, donde el Gobierno nos dio primero una entrevista con el Ministro Avogadro, que luego nos derivó con su Jefa de Gabinete, con quien se van haciendo reuniones quincenales. Ahora estamos trabajando en la Ley de Prodanza en la Ciudad, por ejemplo. Estamos intentando tener esta constancia, no sin dificultades. Aparte de este diálogo que venimos impulsando, también estamos haciendo acciones solidarias dentro del propio sector. La última de esta semana, que fue un boom, fue una oferta de clases virtuales becadas para gente que no las pueden pagar. Y no paran de llegar mails y mensajes. Ahi ves que hay un montón de gente que quiere hacer danza pero no se le daba, y bueno, aprovecha. Un poco lo que estaba pasando es que el gobierno nos ve como “Los que piden, los que piden”, pero no están viendo lo que hacemos y damos, y cuando pasó esto fue como, “Apa, pero también ofrecen”. Fue interesante.

En la danza hay organizaciones, pero muy atomizadas, entonces el contexto ayudó, la energía y la necesidad, a la creación del Frente. Hay muchos espacios en todo el país, la danza no es solamente la contemporánea que hacen algunos o tiene más presencia en las ciudades. Hay mucha danza en la provincias, en todos lados hay estudios para niñes, flamenco, tango, folclore.

Todos esos espacios, que muchas veces están en la informalidad, de repente empezaron a necesitar esto: o cerramos o hacemos algo, nos juntamos y pedimos un rescate. Esa fuerza se está empezando a sentir porque de verdad que es mucha gente, se empieza a ver circulación de trabajadores, economías. Este lugar vino a habilitar un diálogo con más peso con las autoridades y una mirada específica sobre el sector. El Fondo Desarrollar, lanzado por el Ministerio de Cultura de la Nación, por ejemplo, contempla por primera vez la categoría “Estudios de danza”, y esto es un poco por el empuje de este Colectivo y de otras organizaciones que están empujando esto.

Ph: Pablo Jantus

Contamos ahora un poco sobre tu formación y tu oficio de coreógrafa, bailarina y docente de danza. 

Yo bailo desde muy chica, desde niña, ni recuerdo. Vivía en Rosario y me formé más como bailarina clásica en la Escuela Municipal. Cuando tuve edad de decidir cosas, empecé a venir a Buenos Aires a estudiar y conocí a algunos profesores del Teatro San Martín, y me empezó a gustar el contemporáneo. En ese momento estaba Oscar Araiz como director, un gran coreógrafo, me interesó mucho. Fui a audicionar a esa escuela, que era para muy poca gente. Rendí y quedé seleccionada. Y ahí, con apoyo familiar, pero también con bastante duda, porque era un todo esfuerzo, evalué venirme de forma permanente. En ese momento no había mucha alternativa si te querías dedicar de una manera profesional a la danza. Hoy es distinto. Así que bueno, ya tenía aprobado tercer año de abogacía, que era también todo un tema en la familia, pero decidí venir a Buenos Aires con la condición de seguir estudiando en la UBA, cosa que hice y me recibí unos años después de terminar en el San Martín. Y bueno, esta etapa me cambió mucho el día a día, porque pasó a ser una vida dedicada a la danza, más allá de que seguía yendo a la universidad a la noche. Bailaba todo el día y a la noche estudiaba, un tiempo muy sacrificado también.

En esta época empecé a conocer los ambientes de la danza contemporánea, los grupos, el arte independiente, la movida cultural de la Ciudad, los festivales internacionales. Fue una formación intensiva de cuatro años donde conocí a mis amigues de la vida, de la formación, que aún son como hermanes. Viven por todo el mundo porque al terminar ese periodo era más fácil viajar, así que muches emigraron a hacer sus carreras en el exterior. Yo entré en la Compañía del San Martín y estuve dos años como bailarina profesional. Después de eso viajé, fui a estudiar una temporada en Nueva York, en la Escuela Marta Graham, que es la técnica que yo dicto. Y después gané una beca para ir a Viena donde estudié con David Zambrano, un artista muy renombrado, uno de los pioneros de todo un movimiento de danza contemporánea, y también con otros maestros. 

Acá participé de varias producciones de compañías independientes. Me di cuenta, al salir del San Martín, que me gustaba mucho la investigación. Porque si bien ahí tenés una formación de alto nivel técnico, la danza se queda en el formato más tradicional, de cuerpo de baile. Sentí que lo mío iba a estar en la investigación de la danza, pero en cruce con otras disciplinas. Empecé a ver obras que me rompieron la cabeza y a investigar con otros artistas. La danza profesional independiente en Buenos Aires requiere a veces de trabajos complementarios, es más bien inestable la situación. 

Entonces, la docencia y la práctica artística van de la mano, para poder hacerte un bagaje de trabajo. La docencia yo la veo también como práctica artística. Lo que yo trabajo en mis clases es pura investigación, trato de cruzar esas dos facetas, y de hecho lo que me sostiene es ese medio. Cuando doy clases estoy investigando cosas que después me van a servir para las obras y así. Lo escénico lo pruebo en las clases también. 

Me interesan mucho esos cruces con la ciencias sociales y duras, la salud. Estoy investigando con Andrea Manso, kinesióloga, osteópata y una gran investigadora, ella es una inspiración muy grande sobre cómo abordar el cuerpo desde la salud y la potencia, porque en la danza las lesiones son un problema, como te exponés a eso.

Hace ya catorce años conocí a Fagner [Pavan] en Brasil, que es dramaturgo, director y actor. Empezamos a hacer obras juntos en un momento en que yo estaba lesionada, entonces empecé a investigar y escribir desde la dirección, que nunca lo había hecho. Formamos un grupo que se llamó Compañía Móvil, con el cual hicimos varias obras, y al mismo tiempo generamos FACE [Formación para Artistas Contemporáneos de la Escena] con Victoria Viberti, una compañera de la danza y de la vida. Y luego entramos en lo que es el Galpón FACE,  a tener un espacio propio, que es un trabajo enorme. Y, por último, me integré al Colectivo Dominio Público, que es una plataforma de investigación en lo performático en cruce con la danza, el periodismo y el artivismo.

Hoy, en situación de cuarentena, ¿cómo estás llevando el trabajo de experimentación y creación?

Actualmente, dentro del Colectivo Dominio Público, estamos trabajando un fragmento de una obra en proceso que se llama Feed Carne digital, que tiene que ver con la tecnología, se trata de cómo nosotres mismes alimentamos al sistema a través de nuestras imágenes y nuestros datos. Por el momento estamos experimentando alternativas visuales para la virtualidad, desde la imagen y el movimiento. Al principio, sentimos mucho rechazo hacia pasar “cómodamente” algunas cuestiones a este lenguaje y pensamos en esperar a que se levantara la cuarentena para empezar a ensayar, porque nos agotaba trabajar tanto con las pantallas, y nos costaba encontrar el tiempo. Pero surgió una convocatoria del grupo CRÍA, que se llama Testeos Performáticos, para presentar una propuesta virtual, y decidimos probar en ese formato. De todas formas, todavía hay algunas resistencias dentro del grupo, porque una cosa es pensarlo y otra es probar dentro del cuadradito.

Hay una incomodidad en la falta de contacto, de corporalidad, de sentir a le otre. Siempre los ensayos fueron espacios muy felices para el Colectivo, para todos los grupos de teatro en general. Eso se extraña mucho, el disfrute del encuentro. No tenerlo te genera como un vacío. Pero vamos manejando esa angustia y buscamos explorar para traspasar esta dificultad.

Es muy difícil pensar en una vuelta a lo presencial con la pandemia circulando, creemos que va a ser larga. Lo nuestro es lo corporal, necesita el contacto, rodar en el piso por donde le otre pasó, y transpirar, no podés evitar eso. No vemos mucha posibilidad de encontrarnos presencialmente hasta que no haya un freno a la pandemia, una vacuna.


Hay una incomodidad en la falta de contacto, de corporalidad, de sentir a le otre. Siempre los ensayos fueron espacios muy felices para el Colectivo, para todos los grupos de teatro en general. Eso se extraña mucho, el disfrute del encuentro. No tenerlo te genera como un vacío. Pero vamos manejando esa angustia y buscamos explorar para traspasar esta dificultad.


Sin embargo, con estudiantes he hecho movidas performáticas o muestras virtuales, a pesar de las mismas angustias. Hay un fragmento de una obra, que como repertorio la enseño yo siempre en el San Martín, que es de un coreógrafo americano que se llama Alvin Ailey. La compañía que él creó es de bailarines principalmente negros, fue un éxito muy grande en la danza americana. Casi todas las obras están basadas en la musica religiosa de los negro spirituals. Tiene mucho contenido espiritual. Este año enseñé un solo y, justo cuando lo empiezo a enseñar, sucedió lo de George Floyd en Estados Unidos. En la obra original que estaba enseñando hay un solo de un bailarín. Y cuando vi las imágenes de George Floyd, de cómo el tipo lo estaba sometiendo, me recordó mucho a ese solo, fue una coincidencia. Estuvo bueno, porque lo estudiamos virtualmente con mis estudiantes jóvenes, que tienen 18, 19 años, y no estaban enterades del hecho. Les mostré el video y la coreografía, avisándoles que no era algo lindo pero que era importante conocer lo que estaba sucediendo. Fue muy fuerte. Después hice un video con eso. Para mí esas cosas tienen significación, y cada pibe le ponía también su momento, su contenido a la súplica, a la lucha. Porque es como una súplica la coreografía. 

Es muy interesante ese cruce entre la situación de creatividad en la intimidad que comentabas respecto a les estudiantes, esta situación particular de cuarentena, que genera algo insospechado en la danza. Y al mismo mismo tiempo poder proponer el acercamiento con hechos políticos como el que mencionás. 

La docencia es un rol de formación en la cultura. Por temas de espacio, yo por suerte voy al Galpón [Face]. Tengo ahí un espacio muy grande en el cual estoy sola. Eso también es muy fuerte, muy chocante. Entrás ahí y decís: nos costó tanto tener este espacio; tantos años, tanto trabajo, tanto dinero… y ahora que lo tenemos, está vacío. Es enorme. Hubo algunas clases que las tuve que dar en mi casa, porque al principio de la cuarentena no podía ir, pero hace un tiempo empecé a ensayar en el Galpón, porque puedo llegar caminando. Como docente, a veces veo a les chiques ensayar en lugares muy chiquitos, ves cómo pasa la madre, el hermano, el hermanito jugando, el perro, el gato. 

Hay muches que viven en espacios muy pequeños y bailan igual. Es fuerte, porque ves el esfuerzo que están haciendo, cómo siguen tratando de estudiar, de aprender, de practicar, de ensayar. Tienen pasión. Si no tenés pasión, esto no lo hacés. 

Actualmente, te toca codirigir Galpón FACE: ¿cómo nace este proyecto y cuáles son sus lineamientos principales? ¿cómo es trabajar desde el rol de gestora de un espacio independiente de estas características?

El proyecto de formación FACE empezó en 2010. Empezamos a trabajar en una sala alquilada en el barrio del Once. Después de varios años de trabajo, y de haber desarrollado una trayectoria y cierto reconocimiento, decidimos formalizar el grupo en una Asociación Civil para poder gestionar becas a través de subsidios, por ejemplo. Y luego empezamos a buscar espacios, para tener uno propio. Necesitábamos un espacio grande, que es algo que la danza no suele tener. Apareció en 2015 un galpón en Parque Patricios, que estaba muy venido abajo y no se usaba hacía años, eso nos permitió alquilarlo a un precio conveniente. Fue una decisión fuerte, estábamos en un momento en que comenzaba el gobierno macrista y sabíamos que lo que se venía iba a ser difícil para la cultura. Pero Fagner va muy para adelante, pone riesgo en lo que hace y yo lo seguí, porque vi que esa energía estaba buena para el momento. Alquilamos el galpón en junio y en agosto empezamos a dar clases. Hacía mucho frío, porque no había lana de vidrio, ningún tipo de calefacción ni aislación. De a poquito lo fuimos acondicionando. 

A partir de ese primer programa de formación de artistas como trayectoria de dos años, FACE se empezó a ampliar hacia otros proyectos. Siempre tuvimos interés en lo social: gestionábamos becas y había muches becaries de otras provincias. Eran pibes que venían a estudiar y les dábamos el espacio para ensayar. Organizamos la logística, a veces lo hacíamos con intercambios por laburo en el espacio: de mantenimiento, de boletería. Luego, en 2017, se integró también el proyecto ABISMO de danza aérea, aprovechando la altura del espacio para poder usar arneses. Y el año pasado nos llegó la propuesta de incorporar el proyecto Adolescencia, que tiene como eje la transformación social a través de talleres para adolescentes que viven en condiciones de vulnerabilidad social. Era un proyecto que ya venía desarrollándose y que nos propusieron y aceptamos albergar, generando un convenio entre FACE y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires para poder llevarlo a cabo. Fue muy transformador para nosotres y para el espacio recibir a les jóvenes y ponerles en contacto con les jóvenes que ya estaban formándose como bailarines en FACE. Se empezó a gestar una cuestión más territorial, de armar una red de distintos grupos de artistas que se estaban formando y que a la vez estaban  gestionando proyectos. 

Muches egresades de FACE, después de estos 10 años de trayectoria, están entrando a trabajar como docentes y como artistas, proponiendo sus propios trabajos escénicos. Todo esto hizo que se armara una “Colectividad FACERA”, como la llamamos nosotres: “seres faceres” que rondan este espacio y se organizan en diferentes formatos, grupos, propuestas. Está la pata de la formación, la pata de talleres, la pata escénica; también el Colectivo Dominio Público, que ensaya en el espacio. El año pasado hicimos un ciclo de obras de todes les “faceres” de las distintas generaciones, por los 10 años del proyecto. Mi rol en Galpón FACE pasa por coordinar algunos aspectos, como la gestión de financiamientos, subsidios, fondos. En la Asociación Civil ocupo el rol de Presidenta, Fagner es el tesorero y Victoria es la secretaria, nos vamos rotando los cargos. Pero además Victoria se dedica mucho a la parte pedagógica de FACE y Fagner a la programación y coordinación de la sala, que implica el contacto con las compañías y grupos.

Ph: Abismo Danza

A mi entender, las obras performáticas ganan mucho cuando hay un trabajo desde la expertise del movimiento del cuerpo en escena. Cuando no lo tienen, siento que falta un trabajo fino, que hay mucho ruido. Esto no significa que toda performance tenga que convertirse en una obra de danza, sino que haya decisiones claras en el cuerpo de le artista que pone el cuerpo.


Mencionaste el Colectivo Dominio Público: ¿nos podés contar un poco qué función cumplís allí y que venís aportando a ese Proyecto?

El proyecto Colectivo Dominio Público comenzó cuando Fagner, con el periodista Esteban Magnani y el investigador y dramaturgo Maxi de la Puente, comenzaron a escribir una obra basada en la autobiografía de Julian Assange. Trabajaron en la investigación y la escritura del guión durante un año, que derivó en la obra Ciberpunks. A partir de eso fueron adoptando este nombre, “Colectivo Dominio Público”, con la propuesta de una interacción entre el periodismo -como base de investigación de la “realidad”- el teatro y la performance. 

Mi participación en ese proyecto fue más bien de asesoramiento, porque fué muy cerca del nacimiento de mi segundo bebé. Lo que me interesó aportar al Colectivo fue una mirada sobre el movimiento, desde la observación y el acompañamiento. 

A mi entender, las obras performáticas ganan mucho cuando hay un trabajo desde la expertise del movimiento del cuerpo en escena. Cuando no lo tienen, siento que falta un trabajo fino, que hay mucho ruido. Esto no significa que toda performance tenga que convertirse en una obra de danza, sino que haya decisiones claras en el cuerpo de le artista que pone el cuerpo.

Más adelante ya participé como coreógrafa y bailarina de la obra Copia Original, que estuvo principalmente basada en la danza. Buscamos referentes, coreógrafes famoses y tradicionales para usar y revisitar su material. Hicimos un “remix” de distintas obras de distintes autores para pensar el tema de la autoría y el original en el arte y en la cultura. Es una obra que hizo muchas funciones en el Galpón y también participó de festivales. Luego, en la obra Sinfonía Big Data, volví a participar como asesora dentro del colectivo multidisciplinar. Trabajé fino el estudio del movimiento como una herramienta más de la obra, que estaba más centrada en lo performático y visual, como una experiencia inmersiva. Algunas de las performers que participaron eran bailarinas formadas en FACE, y pude aportar con ellas este tema más profundo de qué calidades del movimiento se podían abordar, o qué tipos de cuerpo se podían elegir para cada momento. Entonces, en el Colectivo, a veces estoy presente como performer, y otras veces acompaño como asesora, pero siempre sobre el movimiento.    

¿En qué proyectos personales y colectivos estás trabajando actualmente, sean artísticos o de gestión (o ambos)? Contanos un poco qué planes tenés en carpeta para el futuro cercano.

El año pasado hice un trabajo cortito de residencia en Casa Sofía que se llamó AlgoRitmo, donde nos preguntamos por el destino de la corporalidad en la era digital, donde todo se vuelve más virtual y menos corporal: ¿Qué va a pasar con el cuerpo, con nuestros cuerpos? En esa línea creamos una especie de set de foto publicitaria con una mesa donde apoyar los objetos para sacarles fotos, en la cual interactuaba una bailarina -Laura Peña- como un cuerpo objeto, que iba mutando. Trabajamos sobre imágenes de la publicidad, como cuerpos-objetos que se venden, dejando ver el conflicto de la interioridad de la materia misma al estar siendo expuesta en sentido comercial. El conflicto de la transformación de ese ser como algo rentable. En base a eso empezamos a investigar una propuesta en formato virtual para Feed. La propuesta es generar una experiencia en la que a les participantes se les va a decir que son libres de elegir navegar por cinco salas virtuales diferentes. En cada una de ellas entrarían en un lugar donde se les propondría mucho confort y placer, pero al mismo tiempo se les obligaría a dejar algo, a otorgar algún tipo de dato que después va a ser usado. La idea es mostrar cómo funciona el sistema. Algunas salas van a tener un tono más irónico o de humor y otras un tono más poético, de construcción de estados. Esta obra, que este año se propone de forma virtual, también va a tener un formato presencial e inmersivo. Ya veremos cuándo. 


Redes y contactos

Fb: @inesarmas

Ig: @inesarmas


Escribir un comentario