Ph: Mauro Rey

Entrevista a Leonardo Di Lorenzo

Por Sabrina Sosa

Leonardo Di Lorenzo nació en Buenos Aires en 1981. Es jugador de fútbol profesional. En su carrera pasó por clubes como San Lorenzo y Argentinos Juniors, en Argentina; Montreal Impact, en Canadá; y Deportes Concepción y Universidad de Concepción, en Chile. Actualmente juega como mediocampista en Temperley. En 2013 co-produjo y fue conductor durante 3 años del programa de radio “Final del juego” junto a Ignacio Bogino y Javier Berensztein. En 2018 participó del libro “Pelota de papel II” (Ed. Planeta). En el mismo año hizo pública su posición a favor de la lucha de las mujeres por el aborto legal. En 2019 promovió una circular de apoyo, a la que adhirieron un centenar de jugadores, jugadoras, entrenadores y personalidades del fútbol, a la fórmula presidencial de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner. En 2019, a partir de una entrevista del periodista Fernando Soriano fue el primer jugador en Argentina en declarar sobre el efecto positivo del uso medicinal de cannabis (CBD) para tratarse una lesión. Rara avis del fútbol, es profuso lector y cinéfilo.


Tenés una mirada particular sobre el fútbol, sobre el hecho de ser futbolista, ¿de dónde viene esa conciencia? 

En verdad, de chico nunca la tuve. Esa mirada diferente que vos decís me la dio la literatura, me la dieron los libros. Creo yo que a partir de leer, de empezar a leer, pude conocerme, entenderme y pensarme. Sobre todo, pensar en qué era lo que yo quería. No solo respecto al fútbol, sino lo que quería en mi vida en general. Lo que hizo que pudiera tomarme la carrera de otra manera. A partir de ahí, pude darme cuenta de lo que había a mi alrededor; creo que eso es básicamente lo que hizo la literatura conmigo. Me explotó la burbujita en la que vivía, donde ningún problema me afectaba. Por ejemplo, era la crisis del 2001: piquetes, gente a la que le sacaban la guita; y a mí no me pasó nada con eso. Es decir, ¡no me conmovió esa crisis! Lo pienso hoy y me da vergüenza. Porque en ese entonces, a mí no me rozaba, no me tocaba en nada. Iba a entrenar en auto, vivía con mis viejos, estaba empezando a ganar mi plata, hacía lo que quería, me iba bien. “Problema de otro”, pensaba, qué se yo. No pude ver ni siquiera cómo afectaba en mi familia. Mi viejo, a partir de esa crisis perdió su laburo, el de toda la vida, en donde era gestor de autos, y estuvo 5 ó 6 años en casa, sin laburo. Y todo eso me pasó por al lado. Ayudaba económicamente como un mandato no como un compromiso. 

Al día de hoy, ¿pensás que es común en el ambiente en el que te movés o hay más conciencia social, más conciencia de clase?

Por lo que veo, estamos ahí. Recién ahora las nuevas generaciones, los más jóvenes, los pibes, con toda la lucha de las mujeres, con la profesionalización del fútbol femenino y todo lo que eso trajo aparejado, ven las cosas de otro modo. Por ejemplo, hoy hay un montón de clubes que tienen departamento de géneros, departamento de la mujer, eso hace que los pibes se empiecen a formar de otra manera. Y los pibitos también que no tuvieron esa formación, pero que están empezando hoy, ya ven otra cosa. Y es un cambio que va a llevar mucho tiempo, que hoy, para nuestra generación y las anteriores, es mínimo; estamos todavía adentro de la burbuja. Son muy pocos los que pueden salir, romper eso y mirar un poco al costado. Más que nada lo veo en la Primera División porque en el Ascenso, la realidad es otra.

En esto que contás de tu historia particular, el proceso viene dado por la literatura. Me imagino que tampoco habrá sido de un momento a otro y que habrá llevado su tiempo. ¿Pensás que al día de hoy hay cuestiones en las que todavía estás dentro de lo que le llamás “la burbuja”?

Sí. Fue algo paulatino. No pensé nunca o hasta ahora, en detenimiento, mi acercamiento a los libros. Lo pensaba ahora mientras pensaba la respuesta. Pienso que ya había una búsqueda de chico, que algo me hacía ruido y que me costó muchísimo. Empecé a leer a los 27, 28 años. Y sí, fue de a poco. Y sigue. Es algo constante. Eso es lo que tiene la literatura de mágico, de transformador. A mí me transformó la literatura, en el fondo es eso. Me dio una sensibilidad que no tenía o me despertó una sensibilidad que no tenía. Antes de eso no había tiempo para otra cosa. Era lo que tenía que hacer y no había más. 


A mí me transformó la literatura, en el fondo es eso. Me despertó una sensibilidad que no tenía. Antes de eso no había tiempo para otra cosa. Era lo que tenía que hacer y no había más. 


En general, si tenés que hacer un panorama de tu carrera, ¿siempre hubo una bajada de línea sobre lo que se tenía que hacer o sobre lo que se debía ser, el cómo es ser futbolista? Me refiero a la construcción en torno a esa identidad.

Sí, claramente. Hay una bajada de línea, constante y de todos lados. Desde los entrenadores, compañeros, allegados, dirigentes, representantes, de tu propia familia. Porque también pasa que, en la mayoría de los casos, la familia pone toda la esperanza ahí. A parte de ser una presión tremenda, te dicen cómo tiene que ser y qué tenés que hacer. Si vos querés jugar en Primera, tenés que hacer esto. Si querés llegar, si te querés mantener, tenés que hacer esto. Y es todo así.

Pienso en los jugadores que tuvieron la posibilidad (y la suerte) de hacer una carrera profesional, una vez que “llegan” ¿qué es lo que los hace pertenecer?

No podés tener miedo; no podés tener inseguridades. La duda no existe. En ese sentido, la literatura es una pérdida de tiempo. Tenés que estar mirando un partido de fútbol, o haciendo algo relacionado a tu carrera. Podés ir a entrenar, al gimnasio. Todo lo que te saca la mente de la carrera está mal visto. Entonces, ¿cómo hacés? ¿Cómo hace un pibe que durante toda su carrera fue formado así, si no llega, a dónde va? Y después, los que sí, los que llegan a tener una carrera profesional, cuando terminan, ¿qué hacen? Si lo único que me dijeron que hiciera fue esto, si no sé hacer otra cosa. 

Ph: Mauro Rey

¿Creés que tu acercamiento a la literatura y a todo ese mundo que abre la literatura, tiene que ver con algún momento cúlmine de tu carrera?

No me acuerdo bien cuál fue el primer acercamiento, pero el hecho de haber tenido que ir a jugar a Canadá, después de haber quedado libre en San Lorenzo, ir a Argentino Juniors y estar seis meses sin jugar, ser lo peor de lo peor, y estar yendo a jugar a un lugar donde el fútbol prácticamente no existe, creo que eso fue como un “uy, y ahora, ¿qué pasó con la Selección? ¿Europa? Eso no está y no va a estar”. Entonces, fue todo inconsciente. Lo pienso ahora. Este mundo se abre cuando se cierra una posibilidad. No había lugar para que sucediera antes. Mi mente estaba en otro lado: en el éxito y la fama. Estaba todo ahí, no había lugar para otra cosa.

El éxito y la fama, ¿también vienen como algo autoimpuesto o que les inculcan? ¿de dónde viene? En tu relato pareciera que hay una única manera de ser futbolista y es ser exitoso.

Sí, lo de exitoso va un poco con la competencia misma que implica este deporte profesional, donde la competencia es intensa hasta con tus propios compañeros. Tenés que ser exitoso y te dicen cómo es ser exitoso. La única manera de ser exitoso es ganar, ganar, ganar, y tener plata. Todo el tiempo hay que ganar, todo el tiempo tenés que ser ganador. No podés pensar en otra cosa. Hasta cuando jugamos un picado para distender y tenés que pensar hasta en ganar en eso. Eso es ser ganador, esa mentalidad. ¿Escuchaste algún jugador orgulloso de ser segundo? Es lo peor. Y es muy difícil. Y la fama es lo que te muestran en la tele. Es el ideal. Desde chiquito querés ser Messi, querés ser Cristiano Ronaldo y andar en yate. Si los mejores tienen eso, vos también querés ser eso e ir por ahí. A ser exitoso y famoso llega una minoría; la gran mayoría nos la pasamos perdiendo.


Desde chiquito querés ser Messi, querés ser Cristiano Ronaldo y andar en yate. Si los mejores tienen eso, vos también querés ser eso e ir por ahí. A ser exitoso y famoso llega una minoría; la gran mayoría nos la pasamos perdiendo.


Es la imagen vinculada al futbolista, rodeada de un montón de prejuicios…

Ese imaginario de que el futbolista es millonario. Y millonario son solo los mejores, los menos. Después, la mayoría, el resto, somos laburantes. Aunque no lo veamos o sintamos de esa manera, pero todos queremos llegar ahí. Entonces, es muy difícil.

¿Cómo se hace en un ambiente en el que se rigen por estas lógicas que contás de éxito y meritocracia para romper con eso, cada uno desde su lugar, y tener lógicas comunitarias, de solidaridad y compañerismo?

No lo sé. Es algo que a mí me cuesta o no me sale. Esto de intentar que pase algo distinto. No es algo que venga naturalmente ni que uno se pregunte. En el medio, uno tiene que pertenecer y seguir moviéndose en el mismo lugar para ser parte. Hay una tensión o un conflicto constante. Sí, en cuanto a las cosas que veo y que me parece que no van, trato de intervenir, desde mi lugar y procurar que eso cambie. Pero no es fácil. Y no lo puede hacer cualquiera tampoco, no están todos habilitados a intervenir o a decir lo que piensan. Eso fue cambiando en el tiempo. Cuando yo empecé, los pibes no podíamos decir ni a. Llegabas a un plantel de Primera, con toda la alegría que implicaba ese logro, pero te querías ir a tu casa. Me quería ir, no quería entrenar. Tenía miedo, porque te trataban mal. Te hacían sentir mal, te cagaban a patadas, te contestaban mal. En el loquito, en la entrada en calor, cualquier pase mal hecho, tenía un compañero que me caía. Y así con todo. Y no podía decir nada. Era una suerte de derecho de piso que se repetía de los más grandes a los más chicos. Hoy, un poco eso cambió. Porque en los planteles hay más pibes que gente grande, por ejemplo. La relación con los más chicos es diferente. Entonces, ahí, como referente tenés el lugar para intervenir, hablar o que te escuchen.

Decías que parte de estas transformaciones tienen que ver con la lucha de las mujeres, de los feminismos que también tuvieron que disputar terreno en el mundo del fútbol, ¿cómo hacen para romper con las lógicas del machismo? ¿Cómo son esas revoluciones para lograr una transformación en cuanto a la conciencia sobre la igualdad de géneros?

Es muy difícil, por eso pongo en relieve la importancia de la lucha de las mujeres porque vino a visibilizar algo que sucedía sin que nadie dijera nada. Antes seguíamos todos en la misma, nos reíamos de lo mismo, opinábamos de igual manera. Y eso era una verdad. Ahora, más allá de que hacia adentro por ahí el discurso es el mismo, ya hay otro cuidado, hay una pregunta, ya no es tan fácil decir ciertas cosas ni mucho menos hacer las mismas cosas. Un poco por miedo y otro poco por conciencia. Pero incluso el miedo trae algo bueno porque genera la pregunta, el debate, una discusión sobre el tema. Hay cosas que entre compañeros ya podemos hablar. Con los cuerpos técnicos o con los dirigentes, es más difícil. Hay muchos intereses, uno a veces por no tener problemas, no dice nada. Nunca escuché a un técnico en 20 años de carrera que, ante alguna pregunta de un jugador, respondiera “no sé”. Nunca, ni una vez. Entonces, el líder del grupo, el que tiene poder, el que dice cómo se hacen las cosas, es infalible, no falla. Andá a decirle “a mí me parece tal cosa”. La mayoría de ellos lo toma como un ataque, entonces no hay ida y vuelta posible. Vienen con eso, no se permite la duda. Me pasó, en una pretemporada, que nos dijeran “ojo con mirar mucho a las mujeres porque hoy mirás un poco de más a una y te denuncian”. Y uno por dentro, “pero este tipo qué está diciendo”. Sin embargo, nadie dijo nada. Nadie dijo que existe el consentimiento, que hay cosas que se hacen y cosas que no. Ni siquiera a mí me salió decirlo. Pero, entre nosotros, con los que tenemos más confianza, después, surgió el debate. Lo preocupante es que posiblemente, muchos de los chicos que estaban en esa charla tomaron eso que dijo el técnico como una verdad, y eso es tremendo.


Pongo en relieve la importancia de la lucha de las mujeres porque vino a visibilizar algo que sucedía sin que nadie dijera nada.


Ph: Mauro Rey

Estás próximo a retirarte de tu carrera como futbolista, ¿cómo hacés para pensarte por fuera del fútbol, si es que lo hacés? Y sino, ¿desde qué lugar te pensás?

Lo que más me cuesta es pensarme fuera del fútbol, en verdad, pensarme por fuera del jugador. ¡Es el punto clave en terapia! No me puedo visualizar en otra cosa, pero es algo que vengo trabajando mucho y de a poco, me voy viendo por fuera. Lo empiezo a tomar como posibilidad. Recién ahora, estoy empezando a verme haciendo otra cosa. En los días buenos, eso me entusiasma.

¿Está dentro de las posibilidades seguir en el ámbito del fútbol?

Sí, es una posibilidad y que me gustaría probar. No tengo claro desde dónde. Tengo el curso de entrenador hecho pero no es lo que quiero hacer. O por lo menos, hoy. Me han surgido propuestas para ser parte de equipos técnicos, y con este trabajo de verme, me podría llegar a interesar. En Temperley, en otra función, más cerca del jugador, es algo que me gustaría ver o intentar. Tratar de hacer algo diferente a lo que hay. Porque también yo tenía una lucha interna, conmigo mismo, con los prejuicios y con no querer ser una suerte de dirigente, o representante. Pero formar parte de un equipo, con una función determinada en donde poder trabajar con chicos, es algo que me interesa. Pero, hasta hace poco me costaba mucho. Para mí los representantes son lo peor que hay, entonces, cómo voy a ser yo representante de alguien. Sin embargo, empecé a pensar que podría hacer algo diferente incluso desde ahí. O por lo menos, intentarlo. Hacer algo distinto en cuanto a tratar de formar desde otro lado, de humanizar el trato con el jugador.

Decías que a lo largo del tiempo hubo transformaciones en el fútbol, ¿cuáles creés que son los cambios que faltan y que son urgentes, los que no pueden esperar?

Hay muchos. Principalmente y como mínimo, el trato con el jugador. En la mayoría de los casos, sos un producto. Si te va bien, te trato de una manera y sino de otra. Pasa mucho en las negociaciones, los dirigentes que te quieren contratar y que están interesados en vos usan como estrategia para bajarte el precio el maltrato: “si vos hasta que habías llegado acá no habías hecho ni un gol”. Esa es la manera de seducirte y de decirte que te quieren: “no servís para nada, agradecé que te ofrezco esto”. ¡Imaginate a los que no quieren! Eso es terrible. El maltrato no es negociable. Por otro lado, lo que hay que cambiar urgente en el fútbol es el discurso horrible con el que nos forman. La carrera al éxito, el no poder sentir miedo, el no demostrar debilidad porque eso siempre está ligado al “sos puto”. El tabú más grande y el más difícil de romper en el fútbol es el de la homosexualidad. Porque eso está en el relato diario; cada dos palabras está el “puto, cagón, se bajó los lompa, te cojo, te cogí”. Me pregunto, ¿cómo hace un pibe para decir “yo soy gay”? Es imposible, no pasa. Es impensado. Tuve un compañero gay en Montreal. Cuando se retiró, le hicieron una nota en una cadena de Tv importante y él contó su historia. Hace poquito leí un posteo de él en una red social y decía que pensaba que al haber declarado públicamente su homosexualidad después de todo lo que padeció, las cosas iban a empezar a cambiar; pero “me equivoqué”. Al día de hoy, los casos son aislados en distintos deportes. Es algo urgente pero que, lamentablemente, va a llevar mucho tiempo.


El tabú más grande y el más difícil de romper en el fútbol es el de la homosexualidad.


Respecto de tus declaraciones y tomas de posición en algunas luchas sociales, tomar postura ¿te trajo algún tipo de consecuencia en tu carrera?

Cuando empecé a tomar posición en algunas luchas sociales, yo ya estaba en el final de mi carrera, por lo que no pasó eso, pero sí sentí que empezaban a mirarme de otro modo, que el ida y vuelta con mis compañeros, con los entrenadores, con los dirigentes era diferente. Pude empezar a ser yo, a decir lo que me parecía, lo que pensaba. Mis compañeros quizá me tomaban más para el chiste, pero con los dirigentes, la relación fue otra. No te dicen nada, pero después, en una discusión sale todo, todo eso que piensan te lo dicen “dejá de leer tanto y hacé tal cosa; mucho pañuelito verde, pero tal otra”. 

Y, ¿con tus compañeros?

Con un compañero en puntual me pasó que venía todas las mañanas, en los entrenamientos, y me decía “hoy tengo una pregunta para hacerte”, “hoy tengo dos preguntas para hacerte”. Y de esa pregunta salía una charla que estaba buenísima, que nos llevaba a un montón de lugares. Después también empezó a leer. Creo que ya leyó el 5% de mi biblioteca, algo que no es para nada común en este ambiente.

Hablando otra vez de literatura, hay una frase de Proust que dice que cuando leemos un libro, nos leemos a nosotros mismos. ¿Qué libros te hicieron leerte de un modo que de otra manera no hubiera sido posible?

Muchos, pero de todos los libros, los que más me gustan son esos: los que me conmueven. Los que me hacen leerme a mí y enterarme de algo. “Ah, era esto”. “Ah, esto pasa”. Hay muchos, pero te digo uno que estoy leyendo ahora y que es uno de los que más hizo que me leyera: Fin, la última parte de la serie de novelas autobiográficas de Knausgard. A lo largo de las seis novelas, esta fue la que hizo que más me leyera a mí mismo. El primero lo empecé en el 2014. A medida que van pasando los años y los libros, cada vez tengo más clara la búsqueda, entonces, los libros que elijo, en su mayoría, son estos: los que te movilizan.


De todos los libros, los que más me gustan son esos: los que me conmueven. Los que me hacen leerme a mí y enterarme de algo.


Ig: @leonardodilorenzo11


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