Ph: Mariángeles Silva

Hicimos un “ping-pong” con algunas preguntas que nos motivaron a reflexionar sobre los ejes de este proyecto, sobre la situación presente y sobre el significado de lo Molecular para cada unx de nosotrxs. Les compartimos algunos fragmentos de la conversa!


En primer lugar, nos preguntamos qué lugar ocupa el arte en nuestras vidas. 

Martina: El arte ocupa un lugar protagónico en mi vida. Por elección, pero a veces también por defecto. Trato de ir a buscarlo y de compartirlo, me atrae y me apasiona, me permite pensar y sentir más allá de los límites de lo que sé y conozco. Mi actividad profesional, mis momentos de ocio, mis instancias de reflexión, mi vida social y mi desarrollo creativo y sensible están en constante vínculo con el arte. Creo que hay algo muy enriquecedor en poder relacionarme con él desde distintas actividades: la producción, el análisis, la recepción o el consumo, la historización, la educación, entre otras, porque finalmente encuentro que hay un proceso en común, que sucede a nivel social. Ese proceso, que se encuentra en todas estas actividades, implica fabricar, encontrar, develar, algo que no estaba o no era perceptible anteriormente gracias a una desautomatización, un parate, un quiebre, una instancia alternativa dentro de lo que ya conocemos. Liliana Heker afirma que lo que le da sentido a su trabajo es que un texto suyo haya marcado a otro, lo haya llevado a pensar, lo haya movilizado. Y por eso mismo me siento movilizada a participar: para que ese proceso suceda en mí y en otrxs.  

Sabrina: El arte en mi vida también ocupa un lugar importante, sobre todo en lo que respecta a la literatura. Sin embargo, no podría decir que es el único ni el más importante. Trasciende, eso sí. Lo que quiero decir es que está en todo. Hay literatura en cada cosa, hasta en lo que pueda parecer más absurdo e intrascendente. No podría, desde ya, afirmar qué lugar ocupa para otros. Puedo decir lo que significa para mí. Tampoco podría pensar en el lugar que “debería” ocupar, porque pensarlo de ese modo le otorga un carácter prescriptivo que hasta se contradice con la idea de arte que yo tengo.

Agustina: Sí, en este mismo sentido, no creo en el arte como algo que ocupa un lugar, sino como algo que abre espacios o permite atravesarlos de una manera otra que no es la convencional-racional. El arte en mi vida es la fisura entre el pensamiento y el quehacer, me gusta dar lugar a ese quiebre para que las cosas respiren. La sociedad también respiraría un poco mejor con la irrupción eventual de lo artístico.

Rocío: Desde pequeña comprendí que la vida es arte. No como una institución, claro, sino como punto de fuga de todas aquellas actividades cotidianas que, sin arte, serían una tortura. Arte en los museos, arte en el barrio, arte en la mesada de la cocina y en el jardín de casa. Arte en el trabajo y arte en las escuelas. Son estos puntos de fuga los que conducen los cambios. Una sociedad “desartizada” es una sociedad estanca.

Roma: El arte es parte de mi vida, la pregunta sería qué quedaría de ella sin el arte. Y la respuesta sería probablemente un mundo que no puede ser nombrado más allá de las funciones vitales mínimas. ¿Pero eso sería un mundo? Si no hay forma de hablar de la vida y la muerte, del amor y el dolor, la incomprensión y la soledad dominan todo dejando tras de sí fragmentos de cotidianidad incongruentes. No quiere decir que con el arte la vida manifieste mayor congruencia, pero al menos hay un horizonte, cierto sentido: el sol nace por el oriente y se pone por el occidente. Por otra parte, creo que el arte “rodea” a la sociedad, pero ha prevalecido una mirada elitista que distingue “el gran arte” de “las obras menores”, cuando en realidad solo hay continuidad. En mi opinión, esa fue una batalla perdida, aunque no creo que esto sea algo definitivo.

Guillermo: El arte está entre mi vida. Va y viene todo el tiempo, muchas veces no es parte de mí, pero muchas otras sí. El hecho de crear, por lo general es por autosatisfacción, por placer, pero cuando estoy del lado del tipo que contempla, es imposible no hacerlo desde un contexto cultural y temporal. Ahí es cuando empiezo a replantearme la manera de concebir el arte como creador, porque personalmente siento que es necesario, además de satisfacer las necesidades personales, no dejar de lado la influencia que puede tener en una comunidad. Creo que quitándole un poco de mística al concepto de arte y faltándole más el respeto se vuelve más poderoso, sale del elitismo de aquel que supuestamente puede entenderlo, explicarlo y venderlo, para entrar en otro lugar en donde puede ser generador de nuevas ideas, transformar, e incluso perdurar. Creo que muchas veces no hay recursos o sentido de comunidad para generar movimientos capaces de romper con este elitismo, o al menos generar algo más que un hermoso ruido. Hay que ser parte, pero no desde afuera, sino organizarse, participar y ensuciarse más. Me gustaría que el arte sea transformador y que salga de los límites de la vanidad.

Alejandro: Aunque de forma un poco tardía, el arte se volvió una dimensión importante en mi vida, para aprender cosas, reflexionar, expresarme y, también, entretenerme. Me pude vincular más a partir de formarme académica y profesionalmente en este campo, y encontré un lugar para hacer cosas que a veces aportan un granito de arena a la transformación social y cultural, que es algo que me interesa de forma particular. Creo que las prácticas artísticas, en términos generales, nos dan la posibilidad de conocer mundos múltiples, formas de contar y mostrar, formas de intercambiar símbolos y significados, es un modo de estar, expresarnos y comunicarnos mientras pasamos este tiempo que nos toca. 

Más allá de sus múltiples posibilidades, nos preguntamos qué significa cultura o lo cultural para cada unx de nosotrxs:

Alejandro: De nuevo, creo que la cultura inscribe una serie de significados, de sentidos que se dicen y se disputan. “Lo cultural” es una dimensión de las relaciones sociales que no podemos pensar de forma escindida de otros campos como el económico, el político o el tecnológico. El profesor peruano Víctor Vich tiene una propuesta interesante para pensar estas cuestiones, que es “Desculturizar la cultura”, verbo-concepto que titula uno de sus libros. Esta acción implica, por un lado, dejar de pensar lo cultural como si fuera una esfera separada y estática, solo una bolsa donde entran nuestras ideas, valores, costumbres y ahí se queda. Esto es decir que la cultura no es solo lo cultural, sino que se entrama con otras vertientes. Por el otro, esta idea supone la necesidad establecer una estrategia de pensamiento y acción destinada a deconstruir imaginarios, discursos y técnicas propias y ajenas que a veces plantean una realidad social como natural y definitiva. Creo que por acá aparecen algunas puntas valiosas para ir pensando.

Roma: Yo creo que la cultura es el mundo humano, desde cómo comemos hasta cómo nos comportamos con otros. Es un código que nos permite vivir junto a otros, además de ser un refugio de la intemperie. La cultura es el fuego y la fragua. Y otra vez hay que salvarla del capitalismo para que produzca sociedad y no capitalismo, aunque la cosa está muy difícil.

Sabrina: Me gusta pensar en la cultura como “totalidad”. Muchas veces se suele reducir “la cultura” a las expresiones artísticas; pero desde ya que no es solo eso. Es un poco lo que se suele definir desde una mirada clásica, pero también algo vinculado al origen, el de dónde venimos, eso que nos identifica; todo lo que hace a nuestra identidad. Y si hablamos de identidad, hablamos de una construcción; lo cultural es construcción y es movimiento.

Martina: Pienso también que la cultura tiene que ver, en principio, con algo construido. Algo que tejemos lxs seres humanxs en conjunto para convivir, para relacionarnos, para pensarnos, para expresarnos. No tiene que ver con lo que nos viene por defecto, sino con cómo concebimos nuestro mundo y actuamos en consecuencia. Y cómo eso da lugar a encuentros y desencuentros, pero es siempre en relación con otrxs. Creo que lo interesante de la cultura es su capacidad de variación, de un lugar a otro y de un momento a otro. Cómo conviven tantas culturas juntas dentro de un mismo territorio, de una misma sociedad, de una misma persona, también. Y cómo las sociedades vamos empujando, además, para que se produzcan esos cambios, hasta que somos incapaces de recordar cuándo sucedieron. Para recordarlo y ser conscientes de ello, para seguir produciendo cambios, necesitamos la historia y la memoria, que existen gracias a la cultura y son parte de ella.  

Rocío: Entiendo a la cultura como aquel lugar “pseudo-sacro”en el que se alojan determinadas prácticas (artísticas y no artísticas) hegemónicas, normalizadas y aceptadas por la sociedad. La cultura es una institución. Y no reniego de ella, por el contrario, me sumerjo y me fascina. Con lo que no puedo estar de acuerdo es con aquel recorte que supone la institucionalización de la cosa. Los márgenes se convierten en abyecciones de un sistema cultural depurado. El estatuto de la cultura asfixia lo cultural, todas esas manifestaciones culturales que conforman una suerte de “contra archivo”, aunando todo aquello que en el marco de la cultura no puede ser dicho. La cultura y lo cultural se trenzan en un juego dialéctico de acción/reacción que genera aquellos puntos de fuga que hacen caminar a las sociedades. 

Agustina: En algunos aspectos la cultura es la canonización de las prácticas artísticas e intelectuales socialmente aceptadas bajo un criterio de categorización, normalización y/o exposición; frente a eso lo cultural aparece bajo aquellas expresiones artísticas o intelectuales amorfas, desinstitucionalizadas, anómalas o disímiles que por algún motivo permanecen dispersas y no llegan a ocupar el espacio de aquello que se reifica como “la” cultura. 

Guillermo: Hoy en día pienso que la cultura puede ser una definición de diccionario, o un producto que se puede vender, para beneficiar a muchos o a unos pocos, incluso dejando afuera a los que son parte de esa cultura; en cambio a lo cultural lo veo más relacionado con la acción, con las ideas, el aprendizaje, la educación, el mapa que marca el camino tanto de lo individual como de lo colectivo.

Ph: Mariángeles Silva

Como tercer eje, ensayamos respuestas al por qué y el cómo lo político atraviesa el campo cultural y artístico:

Sabrina: Es imposible pensar en una cosa escindida de la otra; lo político atraviesa y es constitutivo de cualquier manifestación del campo social.

Martina: Si, coincido. Igualmente hay muchas formas de analizarlo, tomo brevemente algunas. Por un lado, por lo que explicaba anteriormente: las políticas de Estado, las políticas institucionales y la política en términos comunitarios tienen la posibilidad de ampliar y actuar en pos del acceso y la difusión del arte. También creo necesario pensar y considerar las obras, movimientos, artistas y expresiones culturales como sumamente imbricadas con la situación política del tiempo en el que se desarrollan (y lo que vino antes y lo que vendrá después). Por último, y lo que creo muy importante, me parece que lo cultural-artístico y lo político actúan sobre el mismo campo y existen en términos similares: ambos nos permiten repensar, volver a percibir el mundo, producir aquello que antes no existía. La capacidad de lo cultural de modificarse y cambiar existe, en gran medida, gracias tanto al arte como a la política. 

Roma: Me parece que habría que distinguir entre la política y lo político para responder bien esta pregunta, desde ya que hay que estudiar bastante el asunto para dar un argumento más elaborado. Pero sí puedo decir que lo político es indisociable de la vida cultural. La cultura transmite la tensión política dentro del seno de una sociedad. Por otra parte, se puede operar en la cultura para generar modificaciones políticas. Respecto a la relación de lo político con el arte me inclinaría por otro tipo de afirmaciones. Para mí, el arte es libre, el artista debe ser libre incluso de la política, es difícil, pero creo que por ahí va la cosa. Tal vez porque el artista siempre vive un poco en el futuro, que no debe estar atado a nada para expresar lo que ve. Pero bueno es un tema importante, hay que pensar mucho al respecto.

Agustina: Entiendo lo político como el hiato que divide a una sociedad en campos antagónicos que definen la identidad de los sujetos a partir de su posición frente a lo otro, en este sentido, no creo que el arte siempre manifieste una posición al respecto. Puede hacerlo, pero no creo que deba hacerlo necesariamente o que efectivamente lo haga.

Guillermo: Lo político vinculado a lo cultural es, por un lado, aquellas decisiones de los que influyen directamente en la “venta” de la cultura y, por el otro, las ideas románticas de los generadores de un hecho cultural. Cuando los del primer grupo se arriman a los del segundo, ocasionalmente salen cosas buenas, pero en el mejor de los casos son pequeñas transformaciones controladas por el primer grupo. Estaría bueno que los del segundo grupo transformen en acción las ideas románticas, pasar a lo concreto y tangible, convertirlas en disparadores reales de cambio social.

Alejandro: Como decía antes, me parece interesante pensar cómo los campos se entrelazan, qué implica eso, y coincido con muchos de los puntos que se expresaron acá, sin dudas es un tema para seguir debatiendo y debatiendo!

Rocío: No creo que lo político atraviese el campo cultural y artístico sino que, más bien, lo constituye. No pienso en una representación, que no se malinterprete. Pero sí creo que la esfera artística trabaja indefectiblemente con  elementos de lo real. No voy a teorizar sobre la autonomía artística, pero creo que todo arte es político.

Este proyecto surge en un contexto muy particular para la sociedad y para el sector cultural en específico. Opinamos sobre las políticas culturales en tiempos de pandemia, sobre las necesidades que como artistas y gestorxs vemos en el sector y sobre qué posibilidades creemos que existen para las organizaciones en este marco.

Martina: La situación generada por la pandemia inaugura escenarios diferentes e inciertos. Más allá de que es posible pensar algunos aspectos “positivos” para el campo cultural en este tiempo, la mayoría asociados a la creatividad de artistas y gestores para habitar los espacios digitales, la parte negativa es sin duda mayoritaria. El encuentro presencial y corporal es muchas veces central para las industrias creativas. En términos económicos, es innegable la cantidad de trabajadorxs vinculados al sector cultural que por la pandemia han perdido su empleo de un día para el otro. Los centros culturales, los clubes de barrio, las sociedades de fomento, las escuelas, los espacios donde a veces se juega la cultura “no-oficial” ni comercial se encuentran con monstruosas dificultades, aparte de los que lograron encontrar alguna alternativa para sustentarse. Considero positivo que se le haya dado lugar a políticas estatales que contribuyen a sostener una multiplicidad de sectores de la cultura. Es un momento en que el Estado tiene la posibilidad de ocupar un lugar clave para encontrar un “equilibrio” entre evitar un colapso en términos sanitarios, en términos económicos y en términos humanitarios. En este sentido, rescato algunas acciones, por ejemplo, la creación de canales y agendas culturales virtuales que permiten continuar con la actividad a nivel oficial. También muchas instituciones culturales, tales como Tecnópolis o el Teatro Cervantes, prestan su espacio y el tiempo de sus trabajadorxs para contribuir a la salud de lxs argentinxs, realizando barbijos y prestando sus instalaciones como unidad sanitaria para albergar a pacientes leves que necesitan estar aislados, teniendo en cuenta que en este momento no existe la posibilidad del ingreso de público a esos espacios. Sin duda el reciente DNU de Presidencia que establece los servicios de telefonía, internet y cable como servicios públicos esenciales permitirá a muchxs continuar accediendo, difundiendo y produciendo los contenidos culturales disponibles en Internet. Estoy segura de que queda por delante seguir profundizando estas medidas, teniendo en cuenta que muchas de ellas han llegado con retraso o incluso no han llegado en esta situación de urgencia. Recientemente, se difundió una campaña del Frente Multisectorial que exige la declaración de la Emergencia Cultural en la Ciudad de Buenos Aires, y esto se replica a nivel federal en casos como los de Salta y Córdoba, por solo mencionar algunos. Me parece que estas iniciativas del sector organizado y de la sociedad civil es fundamental también para demandar lo que corresponde y activar también acciones desde la comunidad. Lo que sabemos es que todavía nos quedan al menos unos meses por delante de la pandemia, y no se puede seguir sosteniendo una situación cultural “provisoria” o “paliativa”. 

Rocío: Creo que, independientemente de las políticas públicas que puedan implementarse hoy en día, este contexto de emergencia pone de manifiesto las profundas desigualdades estructurales que se vienen arrastrando desde hace demasiado tiempo. La realidad es que les artistas en los barrios autogestionan su producción artística y sobreviven en un terreno que ya antes era hostil. Durante la pandemia todos ellos quedaron absolutamente desamparados, sin poder trabajar ni crear, y recibiendo una ayuda por parte del Estado que no termina de ser suficiente. Entiendo que es un momento complejo a nivel mundial, pero les artistas constituyen uno de esos sectores que han quedado muy al margen y en emergencia, teniendo que reinventarse y buscar lugar en una virtualidad, cada vez más abarcadora, para poder sobrevivir.

Guillermo: Estuve dos años y medio viviendo en otro país, y cuando pegué la vuelta, llegué justo unas semanas antes de que explote todo, así que no pude notar con claridad “el cambio”. Y al día de hoy no veo que haya cambiado mucho tampoco. No veo políticas claras que involucren a las industrias creativas, pero, por otro lado, veo que la creatividad es más necesaria que hace dos años y medio, entonces salen a la luz nuevas voces, o viejas, pero voces que intentan adaptarse a la realidad. Cualquier tipo de beneficio que puedan obtener las industrias creativas de todo este quilombo va a ser por iniciativa propia, a fuerza de rebusque, prueba, error y aprendizaje, pero ahora es solo subsistir, ya veremos si todo esto se convierte en cambios concretos. En cuanto a las necesidades que tienen los artistas, gestorxs y organizaciones, las más básicas y complejas son económicas, las necesidades artísticas creo se pueden ir resolviendo de una forma más intuitiva.

Roma: Creo que la gestión de los gobiernos, tanto nacional como de la Ciudad de Buenos Aires, es mala. En términos de Ciudad, creo que principalmente porque no entienden cómo funciona la movida cultural. No saben quiénes estamos gestionando, qué proyectos hay y qué esquemas de trabajo existen. Si pretenden dar impulso a diez espacios culturales grandes y con eso tener la política cultural cerradita, se equivocan. Después están los grandes festivales, de lo que sea, que organizan a lo largo del año. No sé si no se dan cuenta que los organizan sin la participación de los gestores y espacios que trabajan no un día al año, sino los 365 días para sostener su actividad, la que sea. En mi opinión, tendrían que dar participación a todos los gestores culturales, saber quiénes son, en qué trabajan, cómo trabajan y obviamente qué necesitan, e impulsarlo no solamente con recursos económicos, sino también con una legitimación simbólica, básicamente reconociendo que somos los que impulsan la cultura, desde los barrios haciendo comunidad y llegando a donde el Estado muchas veces no puede llegar. Por otra parte, creo que los límites que tiene la virtualidad se hicieron evidentes. La cultura como la trabajan muchos, desde el encuentro en espacios físicos, desde el intercambio entre muchos, no se puede reproducir por una pantalla. Tal vez esta experiencia funesta de la pandemia nos permita reflexionar sobre este modelo de actividad y sobre el valor de compartir con otros cultura cara a cara y en tiempo real. En otras palabras, no hay cultura sin cuerpos interactuando. Esta podría ser una conclusión provisional para abrir el debate.

Alejandro: Sin dudas atravesamos un contexto inédito y por supuesto el sector cultural no está exento. Más allá de las medidas que puede implementar el Estado –  y no todo en el Estado es lo mismo, no podemos cometer el error de meter todo en la misma bolsa, desde ya!-, lo que nos muestra esta pandemia es lo mucho que hay que hacer con respecto al colectivo de agentes que construyen nuestro campo. Hay una necesidad muy fuerte de políticas concretas de desarrollo y sostenibilidad a nivel federal, en los barrios y en las ciudades. Si no comenzamos por diagnosticar las problemáticas estructurales del sector cultural, su falta de planificación y la precarización generalizada, es difícil avanzar. De todos modos soy optimista. tenemos una comunidad creativa en movimiento y el empuje de miles de subjetividades en el Estado, la sociedad civil y el sector privado que queremos lo mismo, una verdadera transformación de nuestra cultura por y para el bien de toda la ciudadanía.

Sabrina: En línea a lo que decía Alejandro, sin dudas estamos viviendo un momento completamente excepcional y plagado de incertidumbres y angustias. No solo nosotros, el mundo!  Y, en ese sentido, todo se puso en cuestión, todo fue, de pronto, puesto patas para arriba. Hubo que, en ese marco, gestionar salud siendo que, la gestión anterior, lo que menos hizo fue gestionar en invertir en salud. Y eso fue y es lo prioritario. En el campo de la cultura, como en muchos otros, las cosas se complejizan. Existe una crisis que no viene de ahora, sino de hace mucho tiempo; particularmente, en la Ciudad de Buenos Aires, los espacios culturales se están organizando para exigir una respuesta frente a la crisis que provocó y provoca la pandemia, pero la crisis de este sector viene de hace rato. Lo que más puedo ver por estos días, y lo que sin dudas fue fundamental en este contexto, es la autogestión y la organización colectiva. Esas son las formas que hacen que los espacios sobrevivan en momentos tan ásperos y desiguales. Sin embargo, no podemos decir que no hay políticas públicas o que no hay respuesta de ningún tipo frente a eso. Las hay, pero en un momento así, posiblemente nada sea suficiente.

Por último, les contamos a lxs lectores qué es lo “Molecular” para nosotrxs:

Guillermo: Para mí, lo molecular es algo que parece minúsculo, que está en movimiento y es parte de un mecanismo simple pero poderoso, es como la chispa de un encendedor antes de romper el gas y prenderlo fuego. Es la chispa de un encendedor antes de la combustión.

Agustina: Para mí lo molecular es un modo de subjetivación creativo y disidente respecto a las formas de jerarquización establecidas, una figura del devenir por la que se establece una comunidad entre el singular y sus pares por los que siempre se halla atravesados.

Alejandro: Pensar en clave Molecular implica posicionarse y relacionarse desde una mirada micropolítica, ver qué pasa por ahí. Hay un concepto muy lindo de Rodolfo Kusch para pensar esta concepción, es lo que llama suelo, que es un domicilio en el mundo, nuestras circunstancias y nuestro estar siendo a nivel personal, familiar, vecinal, en fin, nuestro requerimiento de comunidad y nuestro intento por singularizarnos, como dice Guattari, adquirir algún tipo de libertad para vivir nuestros propios procesos y la capacidad para leer esta situación y aquello que pasa a nuestro alrededor. 

Rocío: Molecular es un modo de relacionarse. Las relaciones moleculares crean un tejido comunitario, opuesto a las relaciones más atomizadas que se dan en las sociedades modernas. En un mundo en donde prima el átomo, el individuo, el mirar hacia adentro de forma permanente; un mundo en el que cada une de nosotres ocupa un lugar en alguna cadena, lo molecular es casi revolucionario, es romper la cadena y trabajar en círculo, en conjunto, cruzades, formando unidades.

Roma: Molecular es la unidad hecha de otros que ceden un poco para dar cabida a lo nuevo. Lo molecular entonces es la comunidad. En lo común no se suprime lo singular, al contrario, se pone en comunicación. Molecular es sustantivo y verbo. Lo pienso también con la metáfora química: átomos, moléculas, moléculas cada vez más desarrolladas. Molecular por tanto es la sustancia, una buena sustancia nutre y da vida. No está bueno ser solo átomos, seamos moléculas.

Sabrina: Lo molecular es una forma de articular y de crear comunidad. Y es también una manera revolucionaria de hacerlo, en el sentido en que constantemente estamos inmersos, tentados y arrastrados a tener prácticas y lógicas individuales. En ese marco, cualquier forma de comunidad es revolucionaria porque atenta contra la que forma hegemónica de situarse en el mundo.

Martina: Lo Molecular es para mí una forma de pensar la cultura no únicamente desde sus grandes eventos, sus grandes procesos, sus grandes personalidades, sus grandes historias, sino más bien desde lo que sucede de forma particular, pequeña, única, dispersa, a nivel local, vecinal. Las historias, en lugar de la Historia. Todo eso que sucede y no se conoce en gran medida, pero que igualmente tiene que ver con nuestro origen y nuestra humanidad, lo que nos compone y nos hace. Puede ser un conocimiento, una idea, un proyecto, una obra artística, un movimiento político, etc. Como esas breves luciérnagas que se descubren en medio de la noche y la naturaleza, las que describía Pasolini. Esas que escapan de los reflectores de los grandes medios de comunicación, del gran mundo del espectáculo y los grandes poderes policiales y políticos, esas que igualmente brillan: resistencias lumínicas. Escurridizas y tan necesarias.  


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